Capítulo 11
Histeria colectiva
En este capítulo
Magia
de salón
Magia
con grupos de personas
Magia
en grande
La mayoría de los trucos en los capítulos anteriores encajan en la categoría de magia de cerca o micromagia, que implica tener al espectador cerca, ya sea en la misma mesa o en la misma fila de espera. Pero no todos los trucos son apropiados para este tipo de presentación. Por ejemplo, nadie ejecutaría el truco de la guillotina ardiente mientras su público se come el postre en un restaurante. Y no sólo por el hecho de que la parafernalia que se necesitaría para hacerlo requiere espacio, sino porque probablemente te expulsarían del lugar.
Esas ilusiones a gran escala, como las que puedes ver en televisión, que requieren enormes baúles hechos por encargo, se catalogan como magia de escena. (En este libro no figura ningún truco de ese tipo, pues supuse que las probabilidades de que alguien tenga un baúl de acrílico en casa, y también tramoya y diversos útiles, son escasas.)
Entre esas dos categorías, hay un feliz punto medio conocido como magia de salón: trucos del tamaño adecuado para ejecutarse en un salón o en un patio o jardín. En este tipo de magia, el público por lo general está sentado frente a ti y tú estás de pie. (La línea divisoria entre las categorías de magia no es clara y hay grandes áreas grises: por ejemplo, los trucos de mentalismo pueden formar parte de una rutina de magia de cerca, o representarse en un salón o en un escenario. A pesar de lo anterior, los términos para denominar las categorías resultan útiles para describir la escala de la presentación y para que un mago defina su “campo de acción” preferido.)
La magia de salón es el tema de este capítulo, con trucos que pueden hacer las delicias de un grupo de gente no muy numeroso (lo suficiente para llenar un salón). Por eso, están diseñados para ejecutarse frente a un público y requieren la participación de los espectadores, con humor y diversión.
El papel higiénico irrompible
Por supuesto, todos sabemos que los magos son capaces de romper billetes, corbatas, periódicos, y volverlos luego a su estado original. Eso ya es cuento viejo, y por eso no vale la pena perder el tiempo tiempo con esas cosas. Pero si vas a una fiesta a desgarrar cuadritos de papel higiénico, puedes estar seguro de que los demás asistentes hablarán del asunto durante los días siguientes. Eso es lo que harás en este truco, uno de los preferidos de nuestro consejero Chris Broughton.
El efecto: Le entregas un cuadrito de papel higiénico a cada uno de los asistentes a la fiesta. Les das instrucciones de romperlo o desmenuzarlo en mil pedacitos, y haces lo mismo con el tuyo. Les muestras cómo frotar la bolita resultante con el codo, para volverlo a su estado original. Pero al final, sólo el tuyo vuelve a estar entero, y la incipiente carrera de magos de los demás naufraga, pues sólo se quedan con una triste bolita de pelusa de papel, y un renovado respeto por tus habilidades como mago.
El
secreto: Mientras estás en el baño, consiguiendo el rollo de
papel, toma un cuadrito, hazlo una bola y ocúltala tras tu oreja
derecha. El resto del truco es un asunto de distracción y de una
manipulación adecuada.
1. Ve al lavabo y vuelve con el rollo de papel higiénico.
Si me lo preguntan, la oportunidad de desfilar por una fiesta con un rollo de papel higiénico en la mano, para luego convencer a los asistentes de que tienes poderes mágicos, bien compensa el precio que has pagado por este libro.
En cualquier caso, no salgas del lavabo antes de haber ocultado tras tu oreja derecha un cuadrito de papel amasado en forma de bola. No te pongas nervioso por la posibilidad de que alguien lo vea. Cuando le hayas dado a cada quien su cuadrito, estarán más pendientes de sus propios avances que de lo que tú puedas ocultar.
2. Distribuye cuadritos de papel entre todos los asistentes (foto A de la figura 11-1).
Puedes ir de uno en uno entregando cuadritos, o simplemente pedir que hagan circular el rollo y que cada uno tome su cuadro (tú también, por supuesto).
Figura 11-1: Entra en escena en la fiesta con un cuadrito de papel higiénico tras la oreja (foto A, visto desde atrás). Desmenuza el papel (B). Mientras frotas la bolita contra tu codo, extrae el cuadrito que ocultas tras la oreja (C, visto desde atrás). Intercambia las bolitas (D) y luego deja caer la de papel desmenuzado por el cuello de tu camisa (E). Por último, desdoblas tu obra de magia: el cuadrito intacto (F)
“¿Quién quiere participar? ¿Quién quiere participar?”, no necesitas decir más mientras circula el rollo de papel. Créeme: todos tienen su atención centrada en ti.
3. Da instrucciones para que tus amigos desmenucen el cuadrito de papel.
Puedes seguir diciendo: “Lo que vamos a hacer es un pequeño experimento de física de partículas. Pero antes que nada, vamos a necesitar unas cuantas partículas. Así que lo que haremos será romper este cuadrito por la mitad, de esta manera. A ver, ahora háganlo ustedes”.
Rasga el cuadrito por la mitad, junta las dos tiras y vuelve a rasgarlas por la mitad, y tendrás cuatro trozos. Continúa rasgando el cuadrito en pedazos cada vez más pequeños.
“Bien. Ahora rómpanlo en cuartos. Luego en octavos. ¿Alguien puede romperlo en dieciseisavos?” (ver foto B).
4. Amasa los trocitos en una bola apretada.
“Ahora, amasen los trocitos en una bola compacta, así. Y aquí es donde la ciencia entra en juego”.
5. Con la mano izquierda, presiona la bolita contra tu codo derecho, y comienza a frotarla en círculos.
“Lo que hemos hecho ha sido comprimir los trocitos, pero también podemos agilizar el proceso con otras formas de compresión. Si frotan la bolita contra su codo, así, las moléculas del papel desmenuzado empiezan a adherirse entre sí. ¡Caramba! Este material es realmente suave. Frótenlo, trazando círculos, así”.
6. Mientras examinas tu codo, tu mano derecha se echa hacia atrás y puedes coger la bolita de papel oculta tras tu oreja, como se ilustra en la foto C.
La
belleza del asunto de frotar la bolita en el codo es que el público
está distraído en dos aspectos. El primero, están pendientes de
frotar su bolita. El segundo, si alguien llegara a mirarte, te verá
frotando la bolita contra tu codo, y nada más.
7. Junta las manos, como si fueras a comprimir más la bolita que has estado frotando contra tu codo (foto D). Manipula las dos bolitas como si fueran una sola.
Aquí hay un motivo perfecto para justificar el hecho de que juntes las manos: “Si notan que la bolita se deshace, hagan una pausa para apretarla nuevamente, y sigan frotando”, y finge que comprimes la bolita con ambas manos.
A
pesar de que temas que este intercambio pueda notarse, tus manos lo
ocultan por completo. Además, como ya he dicho antes, tus
espectadores estarán completamente absortos en su propio
progreso.
Tus acciones parecen decir: “Aquí no hay nada que ver. Sólo mis dedos”.
8. En el proceso de comprimir más la bolita, intercambia la de la mano derecha con la de la mano izquierda.
La mejor manera de hacer esto consiste en rotar la bolita doble a medida que la manipulas, de manera que la que contiene el cuadro desmenuzado quede en tu mano derecha.
Cuando lo consigas, debes tener una bolita de papel desmenuzado en la mano derecha, y una de un cuadrito intacto en la izquierda.
9. Vuélvela a frotar contra el codo derecho (con tu mano izquierda). Mientras tanto, deja caer la bolita que tienes en la mano derecha por dentro del cuello de tu camisa (foto E).
Tal vez recuerdas este método para deshacerse de objetos pequeños, que ya mencioné en el capítulo 3 (en el truco de la desaparición de una moneda). Al igual que en ese truco, tu mano derecha está en la posición perfecta, gracias al codo levantado y flexionado.
“¿Notan algo?”, atrae la atención de todos los presentes y
compórtate como un líder. Empieza a entusiasmarte. “Puede que
sientan que el papel empieza a cambiar de textura. O quizás que se
calienta un poco. Es hora de que vayamos más lentamente, más y más
despacio. Y creo que podemos ver si lo logramos”.
10. Coge la bolita que frotas contra tu codo y, con mucho cuidado, despliégala hasta mostrar que es un cuadrito intacto (foto F).
“Y si todo ha salido como se esperaba, deben ver que la maravilla de la física de partículas ha operado para unir los bordes rasgados. Estos movimientos deben terminar en un cuadrito de papel higiénico entero y listo para usarse”.
Puedes desplegar el cuadrito con los dedos extendidos, en el aire,
para que todos los asistentes puedan ver que no ocultas nada.
Los demás estarán ocupados desplegando la bolita de papel desmenuzado, que definitivamente no ha vuelto a su estado natural. Finge que te sorprendes.
“¡Qué extraño! A mí me ha funcionado. A lo mejor ustedes no lo han frotado lo suficiente. Les propongo una cosa: llévense la bolita a casa y, cuando tengan un momento libre, vuélvanla a frotar. De repente tendrán el papel entero”.
Prueba de fuerza
A finales del siglo XIX, LuLu Hearst, una jovencita que se llamaba a sí misma “la maravilla de Georgia”, viajó por todos los Estados Unidos ejecutando un acto bastante poco común. Hacía increíbles demostraciones de fuerza. Una vez tras otra conseguía superar a todos sus contrincantes, fueran hombres o mujeres. Se convirtió en toda una celebridad y llegó a ganar una fortuna en apenas una semana. Incluso se la acusó de haber provocado un terremoto en 1884.
Los científicos del Instituto Naval del Smithsonian la sometieron a pruebas y concluyeron que su fama era real. No tenían idea, ni los científicos ni los forzudos contrincantes, de que en realidad lo que hacía era utilizar los principios de la magia y la psicología para engañar a las multitudes.
A continuación encontrarás una demostración de fuerza como las de LuLu Hearst. En realidad, no encierra ningún secreto, a no ser por los pequeños misterios y recovecos de la física de Isaac Newton.
El efecto: De pie frente a una pared, apoyas los brazos contra ésta, de manera que te inclinas un poco. Retas a los demás presentes a que te aplasten contra la pared. No importa cuántas personas se coloquen detrás de ti para intentarlo, ni con cuánta fuerza lo hagan, seguirás a la misma distancia de la pared (ver la figura 11-2).
El secreto: No hay ningún secreto. Debido a un recoveco en las leyes de la física, no sentirás más que la fuerza de una sola persona que te empuja contra el muro, y esa presión la puedes resistir. Si el salón fuera lo suficientemente grande, podrías tener a diez mil personas en fila india tras de ti, empujando en una gran cadena, pero para cuando el empuje llegara a ti, ya se habría disipado.
Figura 11-2: No importa cuántas personas te empujen. ¡Eres más fuerte que todas juntas!
1. Busca una pared firme.
Una pared de ladrillo es más que suficiente. Evita las que son de tabiques o paneles de madera o de materiales que no forman parte de los tabiques de la casa.
Puedes plantear el reto de la siguiente manera: “A ver, a ver. ¿Sabéis que en la oficina (o la escuela o lo que sea) nos tienen trabajando a un ritmo de locura? Casi como los esclavos que construyeron las pirámides de Egipto, o los que tenían que remar en las galeras o en los barcos vikingos. La única ventaja de trabajar así es que fortalece los músculos. Puede ser que no os lo créais al verme, pero de un tiempo a esta parte me he vuelto muy fuerte. Hagamos una apuesta: apuesto a que soy más fuerte que todos vosotros juntos. Venid y os los demuestro”, y si acompañas este parloteo con un gesto como arremangarte la camisa, le darás más énfasis.
2. Colócate frente a la pared. Pon las manos sobre ésta, con los brazos estirados, las palmas planas y los dedos apuntando hacia arriba.
Puedes adelantar una de las piernas para darte un apoyo en contra del empuje de los demás.
“Muy bien. Estoy preparado. Haced una fila detrás de mí, todos. Juan, pon las manos en mi espalda y prepárate para empujar. Susana, colócate detrás de Juan y toma la misma posición que él. Vamos a hacer una cadena de músculos”.
Ten
cuidado al escoger a la persona que estará justo detrás de ti, ya
que es la única cuya fuerza deberás soportar. Procura no escoger a
un debilucho, pero tampoco al más fortachón de los asistentes.
“Y aquí viene el momento de la verdad: cuando os diga ‘ya’, empujad para intentar que doble los brazos contra la pared. Lo creáis o no, soy más fuerte que todos vosotros juntos”.
(Si alguien te recuerda que hay una apuesta de por medio y quiere saber qué obtendrán ellos si ganan, mira a esa persona con ironía y dile: “Obtendrás la satisfacción de verme aplastado contra la pared”.)
3. Diles que empujen contra la pared (ver la figura 11-2).
“Cuando diga ‘tres’, empujad. A la una, a las dos, ¡a las tres!”.
Aunque parezca increíble, no importa cuántas personas intenten aplastarte contra la pared; no podrán hacerlo. La ley de la inercia, en el artículo 7 del capítulo XI, proclama que nadie puede transmitir más fuerza de la que es capaz de crear.
Deja que se esfuercen durante unos 20 segundos, o tanto como te sientas capaz de soportar, y luego grita: “Ya está bien. Parad, ¡todos!”.
Haz el ademán de sacudirte el polvo de las manos, límpiate la frente, y sonríe. “Me encantaría deciros que podría intentar levantaros a todos con una sola mano, pero tengo que mantenerme en forma para ir a trabajar mañana”.
La foto fantasma
A medida que progresas como mago de salón, te vas ganando el derecho a ciertas ventajas, como la opción de ejecutar los trucos de pie ante un público sentado, y el derecho a usar una mesa. Estas condiciones son necesarias para este truco, creación del consejero George Schindler.
El efecto: Desmontas un marco de foto, mostrando cada pieza por separado (la parte trasera, de cartón o madera, el vidrio, y el marco en sí). Todo parece completamente normal. Montas nuevamente el marco y lo cubres con un pañuelo.
Luego, le das a escoger a un voluntario una entre cinco fotos de celebridades. Curiosamente, cuando descubres el marco, te das cuenta de que no está vacío, sino que contiene la foto de la estrella escogida.
El secreto: Al mostrar las piezas del marco, debes mostrar primero el panel trasero, y ponerlo en la mesa, bocabajo, justo sobre una foto con unas tiras de cinta adhesiva de doble cara. Y así es como la foto llega al marco.
¿Y cómo sabes cuál será la foto escogida? Fácil: para eso usas la técnica de la selección del mago. En otras palabras, fuerzas la selección.
Para
este truco necesitas algunos elementos:
Pon la foto duplicada bocabajo sobre la mesa, con tiras de cinta adhesiva en las esquinas. Más adelante, en la ejecución del truco, colocarás el panel trasero del marco directamente sobre la foto encintada, con lo cual quedará adherida y entrará bajo el vidrio y dentro del marco una vez que lo montes todo de nuevo.
El
montaje de la foto bocabajo y con cinta adhesiva va a estar sobre
la mesa desde el comienzo del truco, y el público no debe estar en
posición de verlo. Por esa razón, no es un truco que puedas
ejecutar durante una cena, o a la distancia de los trucos de magia
de cerca. A continuación, enumero las razones por las cuales la
foto queda fuera de la vista del público:
Ya tienes preparados los útiles del truco. Ya has practicado los movimientos y el parloteo. Ya te has aprendido de memoria los nombres de los personajes de las fotos. Ha llegado el momento de que empiece la función.
1. Muestra el marco.
“El otro día estaba leyendo sobre la fotografía del futuro. Dicen que dentro de unos años tendremos únicamente fotos digitales, y que las exhibiremos en pantallas dispuestas en las paredes”, puede ser el inicio de tu parloteo.
“Pues resulta que he estado experimentando con algo aún mejor. Éste es el equipo que se necesita. El prototipo fue muy caro. Probablemente ustedes no pueden ver los detalles electrónicos, y en realidad parece un marco común y corriente”.
2. Desmonta el marco en sus tres piezas.
Vas a mostrar cada uno de los tres componentes por separado, por delante y por detrás (foto A de la figura 11-3). Comienza por el panel trasero. “Por un lado tenemos el panel trasero...”.
3. Después de mostrar el panel trasero, deposítalo bocabajo (sujétalo del soporte o pata) justo sobre la foto duplicada y con cinta adhesiva que tienes sobre la mesa (foto B).
Figura 11-3: Muestra las tres piezas del portarretrato por separado (A), y luego coloca el panel trasero sobre la foto que tienes preparada (B). Cuando montes de nuevo el marco, ponlo de manera que el público no vea la foto, sino que mire hacia ti (C). Lleva a cabo la selección del mago (D) y por último levanta el pañuelo que cubre la foto enmarcada (E)
Y eso ha sido todo. Acabas de instalar la foto duplicada (supongamos que de Tom Cruise) en el panel trasero del marco.
Si consigues que la foto esté centrada y recta, fantástico. Pero no es crucial. Un tris de irregularidad no representa un problema si te permite mantener la acción en movimiento. Desde el punto de vista del público, lo que has hecho ha sido depositar el panel trasero en la mesa para poder mostrar la siguiente pieza del marco.
4. Muestra el vidrio y, por último, el marco vacío.
“... una lámina de vidrio translúcido” (que colocas sobre la mesa, separada del panel trasero) “y, por último, el marco en sí”.
Coloca el marco. Hazle un guiño cómplice al público: “Los componentes electrónicos están escondidos en el vidrio”, puedes decir.
5. Vuelve a ensamblar el portarretrato, de manera que la foto quede apuntando hacia ti, y que el público lo vea por detrás (foto C).
Empieza por poner el vidrio dentro del marco. Luego, coge el panel trasero, que ahora tiene la foto de Tom Cruise pegada. Y aquí viene el movimiento crucial: al levantarlo y colocarlo dentro del marco, no lo pongas de frente al público (pues vería la foto).
Hacerlo de esta manera no resulta sospechoso, ya que los broches o
pasadores que lo mantienen en su lugar sólo pueden verse desde
detrás. El público supondrá que tienes el marco girado hacia ti
para así poder mostrar la maniobra de montaje y ajuste.
“Por lo general, este nuevo sistema de fotografía digital requiere la visita de un técnico certificado que lo instale. Montarlo es un proceso muy complejo, como pueden ver. Afortunadamente, he recibido formación suficiente”, puedes decir mientras montas el marco. “Ya está”.
En este punto, debes tener el marco montado, sobre la mesa, girado hacia ti, y con Tom muy orondo y sonriente.
“Ahora, permítanme poner la cubierta protectora, para que no caiga polvo sobre los delicados componentes electrónicos”. Coge la servilleta o el pañuelo y muéstralo por ambos lados.
6. Cubre el marco con el pañuelo y luego vuélvelo para que el público lo vea al derecho.
Al fin, Tom Cruise está delante del público, pero cubierto por el pañuelo.
7. Muestra las cinco fotos de celebridades. Haz uso de la escogencia del mago para obligar a que el voluntario escoja la foto de Tom Cruise (foto D).
Si leíste el capítulo 10, que trata de los trucos de mentalismo, ya sabes lo que es la selección del mago. Es una artimaña bastante antigua, en la que uno ofrece varias alternativas a un voluntario. Tras un proceso de eliminación que uno controla, obligas al voluntario a escoger una alternativa determinada.
La
clave de la selección del mago es pasar por todo el proceso sin
titubear, y sin dar a entender que vas inventando las reglas sobre
la marcha. Ensáyala varias veces en privado de manera que consigas
manipular al voluntario siempre, sin vacilar. Cuando hayas dominado
esta técnica, te será útil en muchos otros trucos de magia en el
futuro.
Soy el primero en reconocer que la selección del mago con cinco objetos parece muy compleja en el papel. Lo que sigue a continuación no es lectura de vacaciones. Pero una vez que la pones en práctica, es muy sencilla.
Así
funciona: empieza por mostrar las cinco fotos (pon la de Tom Cruise
en el lugar 2 o en el 4, ya que, por alguna razón, las personas
suelen escoger más a menudo esas fotos que las de los
extremos).
“Debo confesar que me apresuro a comprar revistas donde vienen listas de personajes como ‘Los mejor vestidos’ o ‘Los más guapos del universo’, que se publican año tras año. Y aquí tengo algunos de los ganadores: cinco de las mejores y más deslumbrantes estrellas de Hollywood. ¿Podrías elegir dos de entre estas fotos?”.
Hay que tener cuidado con las palabras que usas en esta artimaña de la selección del mago. Si usas el verbo “escoger”, eso implicará que las fotos escogidas son las que siguen en el juego, cuando pueden ser las que vayas a eliminar.
Cuando el voluntario elige dos fotos, el camino se bifurca. Tu siguiente paso depende de si Tom Cruise fue o no una de las fotos que el voluntario cogió o si te quedaste tú con ella.
Si el voluntario ha elegido a Tom Cruise, de inmediato elimina las tres fotos restantes, dejándolas sobre la mesa. Ya han sido eliminadas. Con eso, las alternativas pasan de ser cinco a dos (si has mezclado a Tom Cruise con estrellas que desaten menos pasiones, hay muchas probabilidades de que esté entre las que ha elegido el voluntario).
“Bien. Ahora necesito que me entregues una foto de las dos que tienes”.
Nuevamente, vas a hacer un juego de rapidez mental. Si el voluntario te entrega la foto de Tom Cruise, sostenla para admirarla. “Ajá, Tom Cruise. ¿Te gusta este actor? Seguramente no has visto su película Cocktail. Bueno, entonces, nos quedamos con Tom Cruise”.
Pero si el voluntario te entrega la otra foto, descártala de inmediato (dejándola en la mesa). Tom Cruise queda en manos del voluntario. Señala la foto: “Así que nos quedamos con Tom Cruise, ¿no? Perfecto”.
Ya estás listo. El público estará convencido de que acaba de ver a un voluntario que escogió la foto de Tom Cruise. Ahora puedes agradecerle al voluntario su colaboración e invitarlo a que se siente de nuevo. Puedes saltar al paso 8.
Si Tom Cruise se queda en tus manos: “Muy bien, puedes dejar esas fotos a un lado por el momento”, le dices a tu voluntario (refiriéndote a las dos fotos que ha elegido). Tienes tres fotos en tus manos, y una de ellas es la de Tom Cruise.
“Ahora coge dos de las que me quedan”. Una vez más, tendrás que pensar con rapidez.
Si el voluntario elige las dos que no son la de Tom Cruise, ya llegaste adonde querías. “Y así nos quedamos con esta megaestrella de cine y taquilla, ¡Tom Cruise!”. Puedes pedirle a tu voluntario que vuelva a su lugar, y saltar al paso 8.
Pero si en esta segunda ronda el voluntario escoge la foto de Tom Cruise y otra, tendrás que pasar a una tercera ronda. Deshazte de la foto que queda en tus manos, señala las que tiene el voluntario y di: “Bien, será una de esas dos. ¿Cuál debo coger?”.
Mira
cómo funciona el poder de las palabras. Tal como preguntas, es
imposible saber si lo que quieres es que te diga qué foto escoge o
cuál descarta.
Si te entrega la foto de Tom Cruise, es el momento de enseñarla con gesto triunfante. Si te entrega la otra foto, señala la que tu voluntario tiene en la mano, la de Tom Cruise. De cualquier manera, remata toda la maniobra con una frase: “Entonces, nos quedamos con Tom Cruise”.
El esquema de la figura 11-4 ilustra todos los posibles resultados de esta selección del mago con cinco elementos. Ver el esquema te ayudará a seguir los pasos que acabo de explicar. Si lo que consigue es confundirte más, y hacerte pensar que soy un freeke informático desatado, olvídate del esquema. En lugar de eso, concéntrate en la lógica de esta artimaña: debes mantener a Tom Cruise en el juego, sin importar lo que suceda. Cíñete a las siguientes reglas:
• Siempre que te quedes con fotos que no incluyan la de Tom Cruise, deshazte de ellas.
• Siempre que tu voluntario tenga dos fotos en la mano, pídele que te entregue una.
De cualquier manera, tarde o temprano te quedarás únicamente con la foto de Tom Cruise.
8. Pon un toque de énfasis al momento crucial de descubrir el marco.
“Muy bien. Entre todas las estrellas del cine, escogiste a Tom Cruise. Lo más increíble de todo esto es que no hace falta controlar mi sistema de marco digital de altísima tecnología con botones o interruptores, sino que se pone a funcionar con la mente. Tiene sensores que detectan las ondas cerebrales y las convierten en imágenes digitales”.
Haz una pausa. Demuestra que te das cuenta de que nadie entre los asistentes cree una palabra de lo que estás diciendo.
“¿Cómo? ¿No me creen? Pero si soy un mago. ¿Para qué les iba a contar mentiras? Es cierto. Van a ver: somos un grupo de personas pensando en Tom Cruise. Si instalé correctamente las pilas, veremos que lo que hay en el portarretrato es...”.
9. Retira el pañuelo que cubre el marco, dejando ver la foto que contiene (foto E).
“¡Una foto de Tom Cruise!”.
Figura 11-4: La maniobra de la selección del mago implica pensar con rapidez, y aquí se muestran los resultados posibles
Lo que resulta especialmente impactante de este truco es que implica una sorpresa doble: por un lado, el marco de repente contiene una foto, ¡y además resulta ser la foto correcta!
El misterio del asesinato en la fiesta
En esencia, este último truco del libro no es más que un efecto de mentalismo muy bueno, a pesar de su sencillez. Son los artificios del mago (o sea, la sensación que evocas, la historia del cruel asesinato, la habilidad psicológica que despliegas, el hecho de que te estás enfrentando al grupo de asistentes) los que lo elevan al nivel de un misterio inolvidable.
No necesitarás muchos elementos para este truco, fuera de un grupo de personas entre las cuales haya al menos un amigo tuyo.
El efecto: Recortas una silueta humana de papel, que hará de víctima indefensa. Pones esta figura de papel junto al arma asesina (un lápiz, por ejemplo) en el suelo, en el centro de la habitación. Sales del recinto y, mientras estás fuera, uno de los espectadores se levanta, apuñala a la figura de papel con el lápiz y vuelve a sentarse.
Luego, ya puedes volver a entrar en el cuarto. Te mueves despacio entre el público, miras a los ojos a cada persona, y retas a todos y cada uno a no delatarse respirando con nerviosismo o sudando copiosamente. Cuando el grupo empieza a preocuparse de verdad, te plantas frente a una persona y la acusas de asesinato. Y por supuesto, aciertas.
El secreto: Sabes quién fue el asesino porque alguien, tu cómplice, te hace la señal convenida. Hay más información sobre los cómplices de magos en el capítulo 6 (en el truco “Monte con tres objetos”). Por lo pronto, basta con decir que no debes usar la estrategia del cómplice con frecuencia en tu repertorio de trucos. Resérvala para trucos como éste, donde contribuyen a un impacto máximo.
En este truco, tu asistente silencioso te señala la identidad del asesino sentándose exactamente en la misma posición que el culpable. (Le habrás explicado el truco a este discreto amigo antes de ejecutarlo.) Cuando vuelves a entrar en la habitación, sabes quién es el asesino. El resto lo hace tu habilidad teatral.
1. Recorta una figura humana de papel mientras relatas la historia.
La
manera más sencilla de hacer una silueta humana de papel es doblar
una hoja por la mitad y cortarla, siguiendo el perfil esquemático
del lado de un cuerpo humano. Cuando despliegas la hoja doblada,
tendrás un cuerpo entero y simétrico para la víctima.
Empieza a relatar la historia mientras vas cortando la figura de papel. “Apuesto a que aquí hay muchos aficionados a las novelas de detectives o a las películas en las que hay que descubrir a un asesino. Les propongo que juguemos a un juego semejante, de crimen y suspense”.
Presenta al archimillonario señor Snee, y también al instrumento de su perdición.
“Éste es el señor Snee, un banquero poco conocido, que resulta ser el hombre más rico del mundo después de Bill Gates”.
“Lo que el señor Snee no sabe es que mañana va a amanecer muerto, con esta daga clavada en el corazón”.
“Y para jugar a nuestro juego, voy a salir de esta habitación. Cuando esté fuera, un voluntario entre ustedes hará de asesino, para lo cual deberá coger el arma y apuñalar al pobre señor en pleno corazón”.
Puedes añadir un toque siniestro al dibujar un corazón en el lugar indicado de la figura del señor Snee, para ayudar a que el asesino encuentre el punto débil de la víctima. Deja la figura de papel y el lápiz en el centro de la sala (bien sea en el suelo o en una mesa).
“Una vez que se haya cometido el crimen, el asesino puede volver a su lugar y se debe desatar el alboroto por la muerte, que servirá para que yo, el audaz detective, vuelva e intente resolver el misterio del asesino. ¿Entendido? Ya me voy”.
2. Abandona la habitación.
Debes
salir del cuarto, para que así ningún sabelotodo pueda decir
después que el éxito del truco se debe a que estabas mirando de
reojo, allí presente en el cuarto. Si puedes encerrarte en un
lavabo cercano o en un armario, genial. O si puedes salir y que te
vean por la ventana, de espaldas, también saldrá bien. En otras
presentaciones de este truco, pues es uno de los pocos que pueden
repetirse ante el mismo público, podrás llevarte a un miembro del
público que garantice que no ves el lugar donde se comete el
“asesinato”.
Cuando hayas salido del cuarto y alguien haya apuñalado a la figura de papel, te llamarán. Hay grupos de espectadores que arman un gran escándalo, fingiendo un asesinato real. Otros se limitan a mandar a alguien para llamarte. La respuesta del grupo depende de las personas que lo forman, de la hora del día y del lugar donde se hace el truco.
3. Entra de nuevo en la habitación, en tu mejor personificación de detective.
“¡Oh,
no!”, puedes exclamar, fingiendo estar horrorizado al ver el
cadáver. “No, no puede ser. ¡Es el señor Snee!”.
Levanta la figura de papel y el lápiz. Retira el lápiz, huélelo. Examina con cuidado la “herida” de la figura de papel.
“Alguien asesinó a un inocente que, a pesar de ser el segundo hombre más rico del mundo, era inocente. Este horrible crimen debe ser castigado y yo, el brillante detective Davidini (o cualquier otro nombre que se te ocurra, pues ése es el mío) intentaré encontrar al culpable”.
“Quien haya cometido este crimen seguramente cree que está a salvo, y que no hay evidencias en su contra. Pero ahí es donde se equivoca, mi estimado culpable, pues su propio cuerpo lo delata. Al mirar directamente a los ojos a todos y cada uno de los aquí presentes, sabré quién es, de la misma manera que un detector de mentiras sabe quién miente: por su respiración, porque transpira, porque se le acelera el pulso. Y más que nada, por sus ojos, porque uno no puede controlar la dilatación de las pupilas cuando se siente culpable”.
En este momento, ya sabes quién es el culpable. ¿Cómo? Muy sencillo. Ya le echaste una mirada a tu cómplice, que está sentado en la misma posición que el culpable. Los brazos, las manos, las piernas, la postura en general, todo debe parecerse.
Pero no hay que ser demasiado estrictos con este sistema. Supón que el asesino está sentado en el suelo y tu cómplice en una silla. No debe pasarse al suelo, pues no hace falta. Si el culpable tiene un vaso en la mano y tu cómplice no, no hay problema. Lo que debe hacer es imitar su posición, para verse aproximadamente igual. Eso te permitirá captar la idea, ya que no suele suceder que dos personas estén exactamente en la misma posición en una fiesta. (Y si el culpable cambia de posición, tu cómplice puede hacerlo también, aunque con discreción.)
Mira la figura 11-5. Tu aliado es el tipo de gafas que está en el centro del sofá, y está imitando la posición de otro de los presentes. ¿Sabes la de cuál? Por supuesto que sí, a pesar de que esta persona no esté en el sofá y tenga un vaso en la mano.
4. Deja el lápiz y el papel y empieza a caminar por el cuarto. Detente ante cada uno de los presentes, y míralos a los ojos durante un buen rato.
Figura 11-5: Tu cómplice es el hombre de gafas y camisa a rayas. ¿Sabes quién es el asesino?
Exagera tu actuación, parándote frente a cada uno de los asistentes el tiempo suficiente para hacerles pensar que quizás puedes ver cómo se les dilatan las pupilas.
Lleva
a cabo esta especie de interrogatorio silencioso de cada uno de los
presentes. A lo mejor te resulta extraño estudiar los ojos de tu
cómplice, pero recuerda que todo esto lo haces en nombre del arte
mágico. Examinar los ojos de tus amigos es raro, y aun más cuando
llegas a tu cómplice, pero debes hacerlo como parte de tu rutina de
detective. Hazlo siempre, pues es un punto crucial de este poderoso
truco. Además, aquí es donde descubres cuáles de tus amigos han
estado usando lentillas de colores desde hace años.
5. Tras examinar cara a cara a los presentes, colócate delante de uno de los inocentes.
Pronuncia la última parte del parloteo delante de uno de los invitados que no sea ni el culpable ni tu cómplice, de manera que todos piensen que vas a echar a perder el truco con una equivocación garrafal.
“Ahora sabemos que el culpable está en esta habitación. Sabemos que
nadie ha dicho nada, pero el cuerpo humano es muy particular. El
cerebro envía señales, aunque no lo sepamos, y no podemos hacer
nada al respecto. Menos aún cuando el asunto es de culpa y
remordimiento por un asesinato. Y así fue como supe que el asesino
es...”.
6. Gira sobre tus talones y señala al verdadero homicida.
“Éste... ¡Ja, ja, ja, ja, jaaaaaaa!”.
Haz que tu risa suene diabólica, e interrúmpela de repente. Pregunta con humildad: “¿Me equivoco?”.
Por supuesto que no.
No hay muchos trucos que puedan repetirse sin que el misterio quede al descubierto, pero éste sí. Puedes volver a pasar por el asesinato y el interrogatorio dos o tres veces, siempre y cuando el público quiera verlo de nuevo. Repetir el truco es muy útil cuando hay sabelotodos convencidos de que hiciste trampa, como mirar sin que nadie se diera cuenta, o adivinar la respuesta por pura suerte.
No esperes ver fuegos artificiales de entusiasmo en las caras de los asistentes después de este truco increíble. Te vas a encontrar con expresiones de sorpresa.
Pero en el fondo, todos estarán impresionados, y eso puedes verlo en sus ojos.