Capítulo 3

El mago financiero

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En este capítulo

Image Teletransportar o hacer que desaparezcan monedas

Image Cómo hacer que un billete pase a través de otro

Image Una “prueba de reflejos” para entretener a toda la familia

Image Asegúrate de que el dinero que queda sobre la mesa sea tuyo

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A los magos les encanta el dinero.

Con esto no me refiero a que adoren el dinero por las mismas razones que les encanta al resto de las personas: ganarlo, invertirlo y gastarlo (aunque a los magos también les interesan esos aspectos). Lo que quiero decir es que nos encanta jugar con el dinero, manipularlo, hacer trucos con él.

¿Y por qué nos gusta tanto? Por un lado, porque se encuentra en todas partes. Si sabes hacer un truco con monedas o billetes, jamás te vas a encontrar sin esos elementos. Por otro lado, el dinero nunca despierta sospechas. La gente está tan familiarizada con él y confía tanto en su carácter oficial, que no puede pensar que haya gato encerrado en las monedas o billetes que usas. (Claro, ése ya no es un supuesto muy válido, como bien sabe cualquier mago que haya comprado una moneda de doble cara en una tienda de magia.)

Y por último, algunos trucos con dinero son fabulosos porque implican correr un riesgo con una suma determinada, aunque no sea muy cuantiosa. Nada resulta más emocionante para un espectador que acaba de entregar un billete de 5 euros que la expectativa de que, a cambio, le devuelvan uno que cuadruplique su valor.

Ovejas y ladrones

Si tienes dificultades para mantener el parloteo necesario para condimentar un truco, éste te va a encantar. Además de ser increíblemente fácil y de resultar sorprendente, contiene una historia que hace que no pueda fallar.

El efecto: Mientras cuentas la historia de un par de ladrones de ovejas, pones cinco monedas en una mesa. Aunque recoges algunas de las monedas con cada mano, al final del cuento con pastores grandulones y astutos ladrones, las cinco monedas acaban en la misma mano.

El secreto: El principio de este truco es sencillo. Tienes un número impar de monedas, y por eso es imposible dividirlas equitativamente entre las dos manos, lo cual tendrá importancia a lo largo del truco.

Necesitas siete monedas iguales. Cinco servirán para representar las ovejas, y dos serán los cuatreros.

1. Sostén una moneda en cada mano, como se ve en la foto A de la figura 3-1. Deja las otras cinco monedas en la mesa.

Comienza contando la historia de los problemas con el ganado en los Alpes. “Había una vez cinco ovejas que habían obtenido muchos premios en ferias de ganado, y que estaban pastando alegremente en las laderas alpinas”, por ejemplo. Esta introducción atrae la atención de cualquier amante de las ovejas o de los Alpes que haya entre el público.

“Por otro lado, tenemos a dos astutos ladrones de ovejas que se dan cuenta de que estos preciosos animales podrían valer una fortuna en el mercado ovejero. Los ladrones se esconden en dos graneros que hay a cada lado de la pradera donde pastan las ovejas”.

Image Mientras relatas lo anterior, deja bien clara la metáfora. Al hablar de las ovejas, señala las cinco monedas que hay en la mesa, y al mencionar a los ladrones o los graneros, enseña las manos. De esa manera, no te interrumpirán para preguntarte qué simbolizan unas u otras monedas.

“Y como las ovejas tenían sus premios, quienes las cuidaban también. Eran dos ex jugadores de rugby de la antigua Yugoslavia. Tan pronto como los pastores dejaron a las ovejas en su pradera para pasar la noche, los dos ladrones salieron cada uno de su granero, y se dividieron los animales entre ambos”.

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Figura 3-1: Comienza con las cinco ovejas sobre la mesa (A). Al recoger las monedas, recuerda empezar con la mano derecha (B). Como nadie sabe cuántas monedas hay en tus manos (C), la sorpresa del final tiene mucho efecto (D)

2. Recoge las cinco monedas, una por una, alternando las manos. Es fundamental empezar con la derecha.

“Una, dos, tres, cuatro, cinco”.

Es muy importante recoger las monedas una a una, empezando con la mano derecha, luego la izquierda, la derecha, otra vez la izquierda, para terminar con la derecha (foto B).

Al final, no deben quedar monedas sobre la mesa, y tú debes tener ambos puños cerrados, para ocultar las monedas que tienes en cada mano (foto C). Continúa con el relato.

“Cuando los dos pastores yugoslavos, que van de vuelta a casa, se dan cuenta de que no se oyen los balidos, vuelven corriendo a la pradera. Los ladrones los ven venir, y rápidamente vuelven a soltar las ovejas”.

3. Deposita las cinco monedas nuevamente en la mesa, una por una, alternando manos. Esta vez, empieza con la izquierda.

“Una, dos, tres, cuatro, cinco”.

Image Si has prestado atención al leer, te habrás dado cuenta de que la mano izquierda ahora debe estar vacía. Y como eres un actor que sabe convencer a su público, no vas a decir nada al respecto. Seguirás manteniendo los puños cerrados mientras gesticulas y sigues con tu historia, como si aún quedara una moneda en cada mano.

Ahora tenemos cinco monedas en la mesa, dos en tu mano derecha y ninguna en la izquierda. Pero desde el punto de vista del público, estamos igual que al principio.

“Cuando llegan los pastores, todo ha vuelto a la normalidad, y hay cinco ovejas premiadas pastando alegremente. ‘¡Pues nos lo habremos imaginado!’, dice uno de los pastores con su acento yugoslavo. ‘No se ve ni un pelo de esos cuatreros sobre los que nos advirtieron’. Así que se van, camino a casa”.

“Eso era precisamente lo que esperaban los ladrones. ‘No hay moros en la costa’, dicen, y se lanzan a atrapar nuevamente a las ovejas, dividiéndolas entre ambos, para meterlas en los graneros”.

4. Recoge las cinco monedas, una por una, alternando las manos. Nuevamente, empieza con la derecha.

“Una, dos, tres, cuatro, cinco” (ver foto B, nuevamente).

¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Como no empezaste con la misma mano al colocar de nuevo las monedas en la mesa, estás acumulándolas en la mano derecha y, al mismo tiempo, estás vaciando la reserva de la izquierda. Debes acabar este paso con cinco monedas en la mano derecha y dos en la izquierda.

“Pero esta vez los pastores sí estaban seguros de no oír balidos en la pradera. Volvieron a toda prisa y, al no ver a las ovejas, empezaron a sospechar qué sucedía en los graneros. Al abrir el primero, ¿saben qué encontraron? A los dos ladrones profundamente dormidos”.

5. Abre la mano izquierda para mostrar las dos monedas que tienes en ella.

“Y en el otro granero, se encontraron a las cinco ovejas, sanas y salvas”.

6. Abre la mano derecha para dejar ver las cinco monedas (foto D). Déjalas caer sobre la mesa para acentuar el efecto.

¿Por qué es tan resultón este truco? Por dos motivos. El primero es que te muestra como todo un prestidigitador profesional que pasa seis horas al día practicando, pero en realidad el truco funciona por sí solo.

El segundo motivo es que gira alrededor de una historia de ovejas.

La moneda que desaparece, versión para dejar al público boquiabierto

No tendrías mucho de mago si no pudieras hacer que desapareciera una moneda, y ser capaz de hacerlo es uno de los requisitos del Reglamento de Magos (o lo sería, si existiera dicho reglamento).

Este truco no sólo contiene un acto de desaparición que sorprende por completo al público, sino que además implica algo de entretenimiento gracias a tus habilidades para atrapar una moneda.

El efecto: Pones una moneda en equilibrio sobre el codo y luego la atrapas de un manotazo. No es muy sorprendente, ¿verdad? Pero la segunda vez que lances la mano para atrapar la moneda, verás que ha desaparecido. Tienes las manos vacías, no está en tus bolsillos, y además te quedas el valor de la moneda.

El secreto: Para este truco, tendrás que practicar, pero no la parte de magia, sino la que tiene que ver con atrapar la moneda de un manotazo en el aire.

Image En privado, en tu casa, equilibra una moneda en tu codo, tal como se ve en la foto A de la figura 3-2 (para los propósitos de estas instrucciones, supongamos que eres diestro, así que pon la moneda en tu codo derecho). Ahora, lanza la mano hacia adelante, tratando de atrapar la moneda en el aire, como lo muestra la foto B. Practica hasta que logres atraparla en todos los intentos, pues nada le haría más daño a tu incipiente reputación de mago que dejar caer la moneda, o enviarla directa al ojo de algún espectador.

Una vez que hayas conseguido ese objetivo, que es algo útil para la vida en general, puedes atreverte a hacer el truco en público.

1. Pide una moneda y ponla en tu codo.

“A ver, ¿quién puede hacer esto?”.

2. Lanza la mano hacia adelante y atrapa la moneda. Abre la mano para mostrar que allí la tienes.

De hecho, muchas personas pueden hacerlo. Más de un muchacho en edad escolar dedica sus horas de estudio a aprender destrezas como ésta.

Así que la respuesta a la pregunta del paso 1 puede ser sí o no, y eso no afecta al truco.

Estás a punto de fingir que vas a atraparla una segunda vez, pero el plan en realidad no es ése.

3. Gira la mano derecha, de manera que el público vea el dorso, y finge coger la moneda con la izquierda, pero vas a continuar con ella en el puño derecho. Sin detenerte, ponte de nuevo en posición, con el codo en alto. Finge depositar nuevamente la moneda en tu codo.

Image ¿Entiendes la belleza de este truco? Tu codo es una superficie plana que está por encima del plano de la vista del público, así que nadie puede ver que en realidad no hay moneda alguna allí. Pero todavía no has dicho que vaya a ser un truco de magia. Nadie tiene que sospechar que vas a hacer desaparecer la moneda, sino que vas a seguir demostrando un movimiento que aprendiste a hacer en secundaria.

Y aquí es donde viene el pase más sencillo del mundo, conocido por los maestros de la prestidigitación como “dejar caer dentro de la camisa”.

4. Deja caer la moneda por el cuello de tu camisa (foto C).

Este movimiento es del todo invisible, en parte porque el público está concentrado mirando tu codo, y en parte porque se está aburriendo con tus demostraciones. Y ya sabes también por qué tus padres siempre te dijeron que te metieras la camisa en los pantalones: para que no se cayeran las monedas que pudieras esconder allí.

“Pues les garantizo que esto no lo pueden hacer”. Debes decirlo muy alto, para asegurarte de que tu público está bien despierto para el gran final.

5. Lanza la mano hacia adelante, como si fueras a atrapar la moneda y luego, lentamente, levanta la mano derecha abierta para mostrar que no tienes nada allí.

Muestra que tampoco tienes nada en la mano izquierda. Si puedes, vuelve los bolsillos de tus pantalones, para mostrar que están vacíos. Sacude las mangas de tu camisa para mostrar que tampoco escondiste allí la moneda.

Nadie va a encontrar la moneda desaparecida (que reposa tan contenta a la altura del cinturón), a menos que decidan desvestirte. Queda a tu discreción aceptar ese ejercicio o no.

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Figura 3-2: Este truco comienza con el reto de “puedo poner una moneda en mi codo y atraparla en el aire de un manotazo” (A y B). Pero al segundo intento, se convierte a otro reto: el de “puedo hacer desaparecer una moneda en el aire” (C)

La ley del mayor (o del más fuerte)

Si tu público está harto de trucos de monedas, aquí hay uno con dinero en serio: con billetes. En parte es ilusión óptica y en parte es un enigma que los espectadores querrán resolver. En otras palabras, es magia.

El efecto: Pones un billete de poco valor sobre uno de mayor valor y los enrollas juntos. A pesar de que le pides a un voluntario que sostenga un extremo de un billete, al desenrollarlos, resulta que el billete de mayor denominación es el que está encima.

Verdades de la magia, parte 4.
El factor sorpresa

La mayoría de las veces, repetir un truco conlleva problemas. Hay muchos trucos, como este de la moneda que desaparece, que se basan casi por completo en el factor sorpresa. Durante casi todo el truco, ¡la gente no sabe que estás haciendo un truco! Si repitieras el truco, por ejemplo, o anunciaras lo que vas a hacer con anticipación, los espectadores no perderían detalle relacionado con la moneda. Si están advertidos, es muy probable que se den cuenta de que tomas la moneda con la mano derecha y luego la dejas caer por el cuello de la camisa.

Muchos de los grandes efectos del ilusionismo funcionan sobre ese mismo principio: si el público no sabe lo que viene a continuación, no sabrá a qué estar atento. Si les das una segunda oportunidad, estarán prevenidos y tu aura de carácter mágico se desvanecerá.

El secreto: Claro que puedes usar dos billetes cualesquiera para este truco. Uno de mis colegas usa un billete de cinco euros y uno de otro país, que sea de un color totalmente distinto. Aquí usaremos uno de un dólar y otro de veinte. Puedes pedir prestados dos billetes, que devolverás al final del truco.

1. Coloca los billetes formando una V, cuyo vértice apunte hacia ti, como se muestra en la foto A de la figura 3-3. El billete de un dólar queda encima del de veinte.

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Figura 3-3:Comienza con el billete de un dólar a unos 2 cm del lado más corto del de veinte (A, desde tu punto de vista. Las demás fotos se tomaron desde el punto de vista del espectador). Empieza a enrollar los billetes (B) hasta que la esquina del de veinte esté a punto de desaparecer (C). Señala la esquina del billete de un dólar mientras tu otra mano oculta el giro que da la esquina del de veinte (D). Pide que el voluntario sujete la esquina del billete de veinte (E). Desenrolla los billetes y verás que el de veinte está en la posición superior (F)

El lado más largo del billete de un dólar no está alineado con el lado corto del de veinte, sino que está a un par de centímetros de la esquina, como se ve en la foto A.

“Hay algo curioso con respecto al dinero”, puedes decir para empezar. “En estos tiempos, los ricos siempre parecen estar en un lugar privilegiado. En el gobierno, en bienes raíces, en impuestos… Donde hay dinero, las grandes cantidades siempre están primero. Voy a demostrarles lo que estoy diciendo. ¿Ven que aquí la cantidad pequeña, el billete de un dólar, está por encima del billete de veinte?”.

El público seguramente estará de acuerdo, y quizás esboce una expresión que dé a entender que así es como son las cosas.

2. Levanta los extremos que se encuentran en el vértice (donde se unen ambos) y empieza a enrollarlos, como se muestra en la foto B.

A propósito, si te resulta más fácil, puedes enrollar los billetes en un lápiz. Es una de esas decisiones personales de estilo para la magia que tú, el mago principiante, tendrás que tomar.

Sigue enrollando hasta que llegues casi hasta las esquinas más distantes. Como verás en la foto C, se llega a la esquina del billete de veinte antes que a la esquina del de un dólar, gracias a la manera en que se dispusieron antes de empezar. Debe quedar una minúscula punta del billete de veinte a la vista, asomando por debajo del rollo.

“Lo que sucede en las transacciones financieras es que las cantidades grandes se mezclan con las pequeñas. Durante una fracción de segundo, no vemos bien qué sucede. Lo que necesitamos son unas cuantas regulaciones en estos asuntos. ¿Alguien podría ayudarme con esto? Mira, sujeta esta esquina, aquí”.

3. Señala la esquina del billete de un dólar que queda expuesta, y golpéala con el dedo, como se muestra en la foto D.

Todo parece indicar que lo que haces es indicarle a tu ayudante que sujete la esquina que señalas firmemente contra la mesa.

Image En realidad, lo que logras es que el asistente se concentre en el billete de un dólar, mientras tú haces el truco con el de veinte.

4. Aprovechando que tu mano izquierda cubre el otro extremo, enrolla lo suficiente como para que la esquina del billete de veinte ya no quede prensada bajo el rollo sino en la parte de encima.

Gracias a las propiedades del papel en el que se imprimen los billetes, la esquina se desenrolla naturalmente hasta quedar sobre la mesa. Los dedos de tu mano izquierda han ocultado toda esta maniobra (foto D) que tiene lugar en un abrir y cerrar de ojos.

5. Levanta la mano izquierda y con ella da golpecitos en la esquina del billete de veinte, que ha quedado expuesta.

“Sostén esta otra esquina también, por favor”, dices ahora, señalando la esquina del billete de veinte (foto E). “Son las cantidades grandes las que más debemos vigilar. ¿Tienes sujetos ambos billetes? No los sueltes. No dejes que se muevan”.

6. Empieza a desenrollar lentamente los dos billetes, mientras tu asistente sujeta los extremos libres contra la mesa (foto F).

“¿Ven? El problema es que, no importa cuántas regulaciones impongamos ni cuánta vigilancia establezcamos, las grandes cantidades siempre quedan primeras. ¡Esto es el capitalismo!”.

Y sí, ahora el billete de veinte está encima del de un dólar (foto F). A los ojos del público, lo que hiciste fue enrollar los billetes hasta cierto punto, y luego desenrollarlos. Y el billete de denominación mayor traspasó el menor.

Prueba de reflejos con siete monedas

A pesar de mi advertencia estricta de nunca repetir un truco para el mismo público, en el caso de éste tienes mi autorización oficial por escrito. Hay unos cuantos trucos que son milagros a pequeña escala (sin fuego, ni palomas, ni palomas en llamas) y la repetición les da un aura más contundente.

Este truco me encanta porque se basa en pura psicología. El público se distrae por su cuenta sin que el mago tenga que hacerlo, como verás.

El efecto: Desafía a un amigo a ver quién gana en una prueba de reflejos. Pon siete monedas, una por una, en la mano de tu amigo y, sin importar cuántas veces repitas el ejercicio, siempre logras coger la última moneda antes de que él cierre la mano.

El secreto: En realidad, nunca llegas a poner la sexta moneda en la mano de tu amigo. El secreto de este acto es la presentación donde, por un lado, engañas al voluntario por el simulacro que harás primero, y por el otro, haces que sufra de cierta ansiedad por estar ante la vista del público; por último, dejas caer la séptima moneda con la otra mano para así atraer la atención hacia ella.

1. Anuncia que estás a punto de hacer una prueba de reflejos. Muestra las siete monedas en la palma de tu mano.

Image Sigue mi consejo: dispón las monedas en un grupo de tres y uno de cuatro, como se ve en la foto A de la figura 3-4. (¿Por qué? Para que así tu público pueda confirmar mentalmente que realmente hay siete monedas. Lo último que necesitas es un espectador sabelotodo que alegue que nunca hubo siete monedas. Ver “Verdades de la magia, parte 3: Anticipa las soluciones absurdas”, en el capítulo 2).

“¿Alguien quiere participar en una prueba de reflejos? Ésta la leí en una revista y es muy divertida. ¿Quién quiere probar? ¿Eres diestro o zurdo? Bueno, pon tu mano derecha abierta y plana, como una mesa”.

Cuando tu ayudante lo haga, como se muestra en la foto B, sigue adelante con la explicación. En este truco, el parloteo es fundamental.

“Aquí tengo siete monedas. Voy a contarlas a medida que las traslado a tu mano, una por una. En el momento en que la séptima moneda toque tu mano, debes cerrarla de inmediato en un puño. Tan rápido como puedas. Es un asunto de reflejos. ¿Listo?”.

2. Empieza a trasladar las monedas, una por una, a la mano de tu ayudante, dejando que la siguiente caiga sobre las anteriores. Lo único que debes hacer es coger cada moneda con tu mano derecha y depositarla en la mano del ayudante (fotos B y C).

No tires las monedas en la mano de tu ayudante, ni tampoco presiones con ellas. Debes colocarlas de manera que hagan un leve sonido al tocarse. Cuenta en voz alta. No debes trasladar las monedas muy rápido, una por segundo o más despacio.

En la foto C se muestra cómo debes coger las monedas con la mano derecha: el pulgar hacia ti y los dos primeros dedos hacia el frente, de manera que la moneda escasamente se vea.

“Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis”. Eleva la voz con expectativa al pasar la quinta y la sexta monedas, pero no aceleres la velocidad con la que las trasladas de una mano a otra.

3. La séptima moneda sigue otras reglas. En lugar de tomarla con la mano derecha, déjala caer desde la palma de la izquierda, directamente en la mano del voluntario.

Si tu ayudante está atento, cerrará la mano tal como se lo indicaste.

Image Observa su puño cerrado, como si estuvieras haciendo cálculos mentales.

“Muy bien. Eres bueno. Pero ahora vamos a hacer algo un poco diferente, y las cosas se ponen interesantes. Voy a necesitar las monedas nuevamente, por favor”.

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Figura 3-4: (A) Comienza con las siete monedas en la palma de la mano. (B) Cuenta las monedas y ponlas en la mano del ayudante. (C) Desde tu punto de vista: debes colocar las monedas y no tirarlas. (D) La séptima moneda debe caer desde tu otra mano

4. Abre la mano para recibir las monedas.

Cuando te las entregue, disponlas nuevamente en un grupo de tres y uno de cuatro, en tu palma.

Ahora deberás explicar, por primera vez, el verdadero sentido del truco.

“Ahora, vamos a hacer lo mismo, pero esta vez voy a quitarte la séptima moneda de la mano antes de que puedas cerrarla. Así que son mis reflejos enfrentados a los tuyos, y vamos a ver quién tiene los impulsos nerviosos más rápidos. ¡Vamos allá!”.

5. Repite todos los movimientos de traslado y recuento de las monedas.

“Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis”. Una vez más, pon cada moneda en la mano del asistente. Levanta la voz (pero no aumentes la velocidad) al acercarte a la séptima.

Y aquí viene la parte del truco.

6. No dejes la sexta moneda en la mano del asistente, sino que debes hacerla sonar contra las que ya tiene en la mano, y luego llevar tu mano hacia un lado mientras vuelves la vista hacia tu mano izquierda.

Tu mano izquierda debe levantarse, para dejar caer la séptima moneda, tal como lo hiciste durante el simulacro (foto D). Y luego sí la dejas caer.

7. Deja caer la séptima moneda de tu mano izquierda a la mano del voluntario.

“¡Siete!”, dices.

Image ¿Ahora entiendes el porqué del simulacro? No fue para probar la velocidad de tu oponente, sino para enseñarle cómo tu mano izquierda deja caer la séptima moneda. Ésa es la “prueba de reflejos”, porque lograste entrenar a tu público para mirar la mano izquierda que sube para dejar caer la moneda.

Y tu asistente cerrará la mano. Deja que pase un instante de silencio, y disfrútalo, para luego preguntar: “¿Cuántas monedas tienes en la mano?”.

El asistente abrirá la mano para encontrar seis, por supuesto. Esto te dará tiempo para mostrar en alto la moneda que aún conservas en la mano derecha.

“Eres bueno, sin duda, pero no lo suficientemente rápido”.

Image Permite que tu ayudante intente pasar la prueba de reflejos un par de veces más. Nunca descubrirá el secreto. ¿Sabes por qué? Porque no puede evitar que su mirada se distraiga. Ten en cuenta lo siguiente:

Después de dos o tres intentos, detente o prueba con otro miembro del público. Seguramente habrá alguno pidiendo que le dejen hacer la prueba. Permítele intentarlo, pero siempre deberás hacer el truco completo, con simulacro y todo. Ese ritual es importante para establecer las expectativas del voluntario, sus presupuestos y su nivel de nerviosismo ante el público.

Atrapa el billete

A diferencia del truco de las siete monedas, ésta sí es una verdadera prueba de reflejos que puede proporcionarle deliciosas horas de frustración a toda la familia.

Sostén por un extremo un billete que esté relativamente liso, tal como se muestra en la foto. Pídele a un miembro del público que ponga los dedos como una pinza, a la altura del centro del billete, sin llegar a tocar el papel (ver foto). El parloteo es muy eficiente: “Si consigues cogerlo, es tuyo”.

Espera un poco, entre dos y cinco segundos, y suelta el billete. Eso es todo. Tu voluntario no podrá cogerlo, no importa cuántas veces lo intente ni la atención con la que mire el billete. No es posible lograrlo. Para cuando el ojo envía la señal al cerebro de que los dedos deben cerrarse, el billete ya ha pasado entre ellos.

Es una manera muy divertida de pasar el rato en un viaje largo.

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Seguir la pista al dinero

¿Que si tienes ojos en la nuca? ¡Por supuesto! Si este truco no convence a tus amigos y familiares de que eres un brujo con el dinero, nada lo logrará.

El efecto: Una persona del público se sienta ante cuatro billetes (tres de cinco euros y uno de mayor valor), y deberá cambiar sus posiciones mientras tú le das la espalda. Y de alguna manera tú sabrás dónde está el billete valioso al final.

El secreto: Este truco no tiene pérdida (gracias a Harry Lorayne, miembro del panteón de consejeros y experto en trucos mnemotécnicos de fama mundial, quien lo recomendó para este libro). No tienes que dedicarle mucho tiempo, aunque debes prestar atención y hacer cierto trabajo mental.

1. Coloca cuatro billetes sobre una mesa: tres de cinco euros y uno de mayor valor (en la figura 3-5 se usaron billetes de cinco y veinte euros).

Puedes poner tus propios billetes, aunque hay una manera más divertida de hacerlo: tú proporcionas el billete de valor y pides los demás al asistente.

(También puedes pedirle al voluntario que disponga los billetes en el orden que quiera, pero nadie se ha quejado cuando yo he impuesto el orden.)

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Figura 3-5: Posiciones para iniciar el truco de seguirle la pista al dinero

Puedes decirle al público algo como lo siguiente: “Desde hace años, cuando acaba el mes y viene el momento de hacer la contabilidad mensual, no me tardo más de media hora en terminarla. No me sobra ni me falta un céntimo al final, y nunca sé bien cómo cuadra con esta facilidad. Supongo que soy bueno para seguir la pista al dinero. ¿Quieren que se lo demuestre?”.

“Te diré lo que tienes que hacer”, le explicas al voluntario. “Tú me das los 3 billetes de cinco euros, y yo pongo el de veinte. Si al final me equivoco, te quedas con mi billete. Una buena ganancia por tu inversión, ¿cierto?”.

“Es un juego sencillo, en realidad. Me doy la vuelta y tú cambias la posición de los billetes. Cuando diga ‘cambio’, vas a intercambiar las posiciones del billete grande y de uno de los que tenga al lado”.

2. Muestra los cambios de posición deslizando los billetes sobre la mesa para que unos ocupen el lugar de otros.

Si el billete de veinte está en el extremo, intercámbialo con el de al lado.

“Fácil, ¿no? Bien, ahora me doy la vuelta”.

3. Antes de volverte, recuerda la posición del billete de veinte.

Imagina que las posiciones están numeradas como 1, 2, 3 y 4 (contando de izquierda a derecha desde el punto de vista del público). Fíjate en la posición del billete grande y grábatela en la memoria, como si tu vida dependiera de ese dato.

4. Vuélvete y pídele a tu asistente que haga cinco cambios de posición en total.

“Muy bien. ¿Estás preparado para empezar a hacer cambios? ¡Aquí vamos! Cambio. Y cambio otra vez. Otro cambio. ¡Qué divertido! Haz un nuevo cambio. Y otro más”.

En total, tu asistente no debe hacer más de cinco cambios, pero no debes mostrar que ése es el número mágico, sino que vas pidiendo un cambio tras otro según el momento. Presta atención al número de cambios. Yo suelo llevar la cuenta con los dedos.

En este punto, las cosas se ponen serias. “Bien. No he podido ver lo que has hecho. El billete grande podría estar en cualquiera de las posiciones. A ver… creo que voy a pedirte que cojas uno de los billetes y lo retires del juego”.

Image Finge que te concentras. Llévate la mano a la cabeza, haz un sonido de esfuerzo, mécete un poco sobre los pies. Si el efecto que produces es el de alguien que sufre de migraña, vas por el camino correcto.

5. Haz que tu asistente retire el billete del extremo derecho o el del extremo izquierdo.

Image ¿Cuál de los dos? Depende de si la posición inicial del billete era par o impar. Si estaba en las posiciones 1 o 3 (impares) cuando te diste vuelta, dile que retire el billete del extremo izquierdo (de la posición 1, que también es impar). Si el billete estaba inicialmente en las posiciones 2 o 4 (pares), dile que retire el billete del extremo derecho (de la posición 4, que también es par). Lee este párrafo una y otra vez. Es la única parte de este truco que puede considerarse difícil.

“Ahora quiero que retires… a ver, a ver… el billete que está en el extremo derecho/izquierdo, y que te quedes con él. Es tuyo”.

No me preguntéis por qué funciona, pero resulta. Aunque no puedas verlo, el asistente tiene ahora sólo tres billetes, y el de veinte está en uno de los extremos. Desgraciadamente, no sabes en cuál de los dos. Afortunadamente, eso no importa.

6. Pide que haga un último cambio de posición.

“Bueno, continuemos. Haz un nuevo cambio de posición”.

Hay sólo un lugar al cual el voluntario puede llevar el billete: a la posición central. El resto es pan comido.

“Muy bien. Ahora quiero que retires el billete que está… que está… en el extremo izquierdo. Eso nos deja sólo con dos billetes. Si mi sentido de rastrear el dinero funciona correctamente, uno de esos dos es el billete grande. Y ésta es tu última oportunidad de sacar provecho de tu inversión. Si me equivoco, te llevas el billete grande. Coge el billete que está en… en la posición de la derecha. Es tuyo. Y el que queda en la mesa es mío”.

7. Date la vuelta y señala triunfante el único billete que queda, el de veinte.

Cógelo y guárdalo en tu cartera o en tu bolsillo.

“Eso les enseñará a no intentar engañarme con el dinero”.