Capítulo 11
QUÉDATE.
Kate no solía quedarse en las reuniones, sobre todo desde que se hacía pasar por la prometida de Aleksi, pero vio a este tan pálido que se quedó. El ambiente estaba cargado de tensión, aunque ella no sabía por qué.
-Parece que nos cuesta coincidir -dijo Zakahr con un pronunciado acento ruso.
-Yo he hecho todo lo posible por reunirme contigo -replicó Aleksi-. Pero, al parecer, no estabas disponible.
Zakahr se encogió levemente de hombros.
-Ahora estoy aquí. ¿Dónde está Nina?
-Yo dirijo Kolovsky. Puedes hablar conmigo.
-Por supuesto. Como ya sabrás, tengo una visión muy clara de cómo llevar Casa Kolovsky de manera que mis organizaciones benéficas obtengan unos ingresos de...
Aleksi alzó una mano para interrumpir a Zakahr.
-Eres un hombre de negocios brillante, como yo. Supongo que sabrás que lo que propones solo aportará beneficios a corto plazo. En un par de años, el prestigio que tanto nos ha costado conseguir se verá arrastrado por el fango.
-Mi prioridad son mis organizaciones benéficas. Nina me ha asegurado...
-Nina dice muchas tonterías -lo interrumpió Aleksi-. Si hiciéramos lo que propone, todos acabaríamos sin trabajo. De manera que haz el favor de no escudarte con el tema de tus organizaciones benéficas en este despacho -concluyó con dureza.
-De acuerdo.
La amarga sonrisa que curvó los labios de Zakahr hizo que Kate se sintiera incómoda. Era la misma que solía esbozar Aleksi cuando tenía una buena mano, y de pronto sintió miedo.
-Kolovsky aporta millones a tus organizaciones benéficas, y eso solo seguirá siendo así si mantenemos nuestra línea actual. El plan que has propuesto a mi madre solo generaría más ingresos al principio, pero se terminarían muy pronto. Kolovsky se secaría como un arroyo en el desierto si seguimos adelante con ese plan... y eso lo sabes tú tan bien como yo. Tu propósito es acabar con Kolovsky.
-¿Y por qué iba a querer acabar con Kolovsky? -preguntó Zakahr con el ceño fruncido-. Me tomo muy en serio mis organizaciones benéficas.
-No juegues conmigo -dijo Aleksi con frialdad-. Di la verdad, o vete.
-¿Seguro que quieres escuchar la verdad?
-Quiero saber cómo planeas hundir la empresa, como esperas...
-Aleksi... -Kate nunca se habría atrevido a interrumpir una conversación como aquella, pero las acusaciones de Aleksi parecían tan descabelladas que no pudo contenerse. Sentía que estaba metiéndose de lleno en una trampa y quería advertirlo.
Lo que no sabía era que Aleksi ya estaba al tanto.
-Tienes razón -admitió Zakahr abiertamente-. Espero ocupar tu puesto dentro de dos años, en mi visita anual a Australia, y espero que sea la Casa Belenki la que produzca a partir de entonces las telas y vestidos que hacen llorar a las mujeres de codicia.
Kate se quedó boquiabierta.
-Tu madre me traerá el café, o tal vez se ocupe de limpiar las escaleras cuando yo entre con mis sucios zapatos... -Belenki se interrumpió-. Ese es mi sueño... pero me conformaré con la realidad. Admitiré la transferencia completa de Casa Kolovsky -al ver que Aleksi no decía nada, añadió-: ¿No quieres saber por qué?
-Ya sé por qué -dijo Aleksi.
-No sabes nada -replicó Zakahr en tono despectivo-. Estabas borracho cuando, en un baile de beneficencia al que asistí, te estuve hablando de mi infancia, de cómo tuve que llegar a prostituirme para sobrevivir. Tú te limitaste a chasquear los dedos para que te trajeran más champán... y al día siguiente el mundo lloró cuando te estrellaste contra un árbol. Tú extiendes un cheque y consideras que ya has cumplido. Iosef al menos se esfuerza, Levander también; incluso tu hermana trata de reparar el daño hecho. Pero tú has olvidado tus raíces, Aleksi.
-Eso nunca.
-Vives una vida disipada, codiciosa, basada en la vergüenza...
-¡Eso no es cierto! -exclamó Kate, pálida, sin poder contenerse. Zakahr estaba lívido de rabia, y parecía dispuesto a saltar sobre Aleksi en cualquier momento, pero lo que resultaba más confuso era que Aleksi se estaba limitando a escuchar sus acusaciones con los ojos entrecerrados-. Los Kolovsky ya saben lo que le pasó a Levander...
-No estamos hablando de Levander -dijo Aleksi con la mirada fija en Belenki.
-Tu falso prometido tiene razón -dijo Zakahr-. He repasado la contabilidad y no hay duda de que te paga bien -añadió en tono despectivo-. No se trata de Levander. Se trata de una venganza.
-¿Venganza? -repitió Kate, desconcertada.
-¿Quieres saber la verdad? -preguntó Zakahr a Aleksi en tono retador.
-Ya te he dicho que estoy al tanto de la verdad -dijo Aleksi, que miró a Kate antes de añadir-: Zakahr es mi hermano.
Kate vio la expresión de sorpresa de Zakahr, que tragó antes de hablar.
-¿Cuánto hace que lo sabes?
-Solo lo he sabido ahora con certeza -Aleksi continuó, hablando casi para sí mismo-. Ivan y Nina tenían otro hijo. Tuvieron una relación siendo jóvenes y rompieron una temporada. En ese periodo Ivan tuvo otro hijo, Levander. Tú eres mi hermano de sangre, Zakahr.
A continuación habló de los certificados de nacimiento que descubrió a los siete años de sus hermanos que estaban siendo criados en orfanatos. Riminic Ivan Kolovsky y Levander Ivan Kolovsky. No había ningún Zakahr.
-Me cambié de nombre -explicó Zakahr-. Pero no al principio. Hui y trabajé en la calle durante varios años, y ahí no es necesario tener un nombre.
Una organización benéfica parecida a las que dirijo ahora me ofreció una salida de esa vida. Cuando salí de las cloacas en que había estado viviendo y me hice un hombre juré venganza. Necesitaba un nombre, y supongo que comprenderás por qué no elegí el de mi padre -Zakahr dedicó a Aleksi una mirada cargada de desprecio antes de añadir-: ¿Te planteaste alguna vez ir a buscarme?
-No lo sabía. No podía recordar.
-Lo averiguaste cuando tenías siete años... y ya hace tiempo que eres un hombre.
Kate permaneció muy quieta, sin saber qué decir o pensar, porque Zakahr tenía razón. Con todos los medios que tenía a su disposición, Aleksi debería haberse ocupado de buscar a su hermano.
-Creí que me estaba volviendo loco -dijo Aleksi tras un largo silencio-. Pensé que mi cerebro había resultado dañado en el accidente. Llevo meses tratando de entender; pensaba que estaba sufriendo algún tipo de amnesia, aunque ahora comprendo que lo que sucedió fue que el accidente despertó recuerdos dormidos. Sabía que algo iba mal antes del accidente. Estaba totalmente descontrolado, pero no sabía por qué. Odié verte en aquella gala benéfica, pero traté de hablar contigo después de que te marcharas... conducía hacia el aeropuerto cuando tuve el accidente, y ni siquiera sabía para qué. No sabía que eras mi hermano.
-Acabas de decir que sabías que tenías un hermano en un orfanato en Rusia, que sabías que reaccionaste emocionalmente cuando me viste, cuando me escuchaste hablar sobre mi pasado... ¿y esperas que crea que nunca se te ocurrió pensar que era tu hermano? -preguntó Zakahr, incrédulo.
-Después del accidente recordé con toda claridad la paliza que me dio mi padre cuando tenía siete años. Recordé que encontré los certificados e interrogué a mi padre al respecto, exigiéndole que me informara sobre ti. Puedes creerlo o no, aunque juro que es verdad; hasta entonces no lo había recordado, ni siquiera cuando llegó Levander. Supuso una auténtica conmoción enterarme de su existencia -Aleksi agitó la cabeza como para despejarse mientras trataba de encajar las piezas de aquel rompecabezas-. Solo después del accidente recordé lo que había averiguado hacía tanto tiempo... pero ¿cómo? -volvió a mover la cabeza, genuinamente desconcertado.
-El cerebro de un niño es capaz de borrar un recuerdo si su supervivencia depende de ello -dijo Zakahr-. Lo sé porque hay cosas que he hecho que no recuerdo. A veces me despierto en medio de la noche...
-Y sabes que has visto un destello del infierno -murmuró Aleksi, porque a él le pasaba.
Después de que aquella inquieta noche del baile benéfico lo llevara una vez más hasta casa de Kate, Aleksi condujo hacia el aeropuerto con la intención de aclarar las cosas con Zakahr, de enfrentarse a lo que se estaba enfrentando en aquellos momentos.
-Llevo mucho tiempo pensando en la venganza -dijo Zakahr-. Mi único objetivo era hundiros a todos.
-Véngate -dijo Aleksi-. No escucharás una sola queja por mi parte.
-Puede que antes quieras hablar con tu abogado -respondió Zakahr-, proteger tus activos, cerrar algunas puertas... -frunció el ceño al ver que Aleksi negaba con la cabeza-. Supongo que sí querrás proteger a las personas a las que amas.
-Levander, Iosef y yo podemos cuidar de nosotros mismos. Ya me he hecho cargo de las demás personas que importan.
-Comprendo -dijo Zakahr.
Y, de pronto, Kate también comprendió. Comprendió por qué se había empeñado tanto Aleksi en que cobrara el cheque. A pesar del daño que le había hecho aquella misma mañana, la había estado protegiendo, había estado ocupándose de ella.
-¿Y qué me dices de Krasavitsa? -preguntó Belenki-. Tu madre me dijo que nunca renunciarías a Krasavitsa sin luchar con uñas y dientes.
-Quédatela -dijo Aleksi en un tono carente de emoción-. Quédatela si así vas a sentirte mejor.
Lo había perdido todo.
La había perdido a ella.
Ya no había emoción, ni euforia, ni victoria, ni paz.
No tenía nada que dar, nada que ofrecer para compensar lo sucedido.
Aleksi supo todo aquello mientras conducía por última vez hacia su casa.
Su pasado, su vergüenza, la vergüenza de su familia, finalmente los había alcanzado. Después de su desconfianza, de cómo había tratado a Kate, sabía, porque finalmente se había permitido conocerla, que no había vuelta atrás para ellos dos.
Cuando volvió la mirada hacia ella supo que no se equivocaba respecto a lo que sentía por él; y no era vanidad, ni presunción, como lo había sido antes. Su amor había sido distinto, y tan poco común que no lo había reconocido. Un amor inquebrantable, que lo había acompañado durante los malos y los buenos tiempos, un amor que, debido a su comportamiento, había perdido para siempre.
-Lo siento -dijo.
El viejo Aleksi habría tratado de aliviar el silencio que siguió a su disculpa, habría confundido a Kate con palabras desenfadadas como «podemos terminar lo que hemos empezado». Habría hecho preguntarse a Kate si habría malinterpretado lo sucedido, hasta convencerla de que así era.
-¿Por qué? -preguntó ella.
-Por todo -dijo Aleksi mientras cruzaba con el coche las verjas automáticas de su casa-. De haberlo sabido, de haber sabido que Zakahr era mi hermano, de haber sabido lo espantosa que era la historia de mi familia, nunca te habría expuesto a ella, nunca os habría llevado a ti y a Georgie a mi casa. Sabía que algo iba mal, pero no sabía hasta qué punto.
-¡Me dan igual los errores de tu familia! Lo único que me preocupaba eras tú -Aleksi había detenido el coche ante la entrada de la casa y Kate salió.
-También siento mi comportamiento de esta mañana...
-¿Qué comportamiento? -Kate quería que lo dijera en alto.
-El de esta mañana -repitió Aleksi.
-¿Qué comportamiento? -insistió Kate.
-Pues... -Aleksi no sabía cómo describirlo, pero lo intentó-. Siento haberme contenido esta mañana, cuando estábamos haciendo el amor.
Kate se rio con dolida ironía mientras entraba en la casa.
-Te contienes en todo, Aleksi. Te contienes porque te asusta mucho caer.
Habría dicho muchas más cosas, pero el problema residía en que, a veces, ser padre incluía a los niños. Niñas pequeñas que llegaban a casa cuando no debían. Y a pesar de que lo que quería era gritar, dar patadas y pelear, Kate tuvo que sonreír, disimular su pérdida y su rabia y fingir que no le dolía, porque tenía que convencer a su hija de que irse era una buena idea, de que estarían mejor sin Aleksi...
Pero las ganas de llorar eran tan intensas en aquellos momentos que Kate comprendió horrorizada que no podía hacerlo en aquellos momentos. No podía ser valiente.
-¡Hola! -fue Aleksi quien se ocupó de llenar el aplastante silencio cuando Georgie bajó del coche-. ¿Qué tal te ha ido en el cole?
-¡Lo odio! -exclamó Georgie, que a continuación rompió a llorar-. ¡Lo odio y no pienso volver nunca!
-¿Qué ha pasado? -preguntó Kate, instantáneamente preocupada.
De algún modo acabaron en la cocina. Aleksi sacó de la nevera un zumo para Georgie. Kate pensó que lo rechazaría, pero Georgie lo aceptó y se lo bebió de un trago antes de hablar.
-No me gusta el cole -sollozó después-. Dime que no tengo que volver.
-Primero cuéntame qué ha pasado -insistió Kate, que, a pesar de su dolor, era consciente de que como madre no tenía opción. Debía atender a su hija-. Cuéntamelo, Georgie.
-Las otras niñas son malas.
-¿Qué han dicho? -preguntó Kate, en un tono tan estridente que el llanto de Georgie no hizo más que arreciar.
-¿Por qué no vas a nadar un rato en la piscina? -sugirió Aleksi.
A pesar de lo mucho que lo despreciaba, a pesar de saber que iba a estar mucho mejor sin él, Kate agradeció que tomara en aquel momento las riendas.
-Nada un poco mientras yo preparo algo para picar y luego puedes contar a tu madre lo que está pasando.
-¿Vienes tú también a nadar? -preguntó Georgie a su madre, esperanzada.
-Claro -dijo Kate, aunque aquello era lo último que le apetecía en aquellos momentos.
-¿Y tú? -preguntó Georgie a Aleksi-. ¿Vienes tú también a nadar?
-Por supuesto -respondió Aleksi de inmediato.
Kate remoloneó poniéndose el bikini, aunque Georgie solo tardó unos segundos en ponerse el suyo. Aleksi ya estaba fuera, y no se sentía con fuerzas para...
Al mirar por la ventana vio que Aleksi estaba lanzando una pelota a Georgie y se le encogió el corazón al pensar en lo que tenía que decirle a su hija. Que volvían a trasladarse, que su relación con Aleksi había acabado, que su padre se había ido permanentemente a Bali...
-¡Atrápame!
La voz de Georgie resonó fuera y Kate dejó escapar un instintivo grito de advertencia al ver que corría hacia el borde de la piscina mirando hacia atrás. Vio que resbalaba y sintió el corazón en la boca mientras el mundo parecía moverse a cámara lenta.
Afortunadamente, Aleksi se movió a la velocidad del rayo y atrapó a la niña en el aire, a tiempo de evitar que se golpeara en la cabeza con el duro borde de la piscina. Se produjo una sonora salpicadura y ambos se hundieron, y a Georgie se le llenó la boca y la nariz de agua, pero no pasó nada más.
-No vuelvas a hacer eso -casi gritó Aleksi, y Kate percibió auténtico miedo en sus rasgos-. Podrías haber sufrido un accidente.
-Pero tú me has salvado.
-Por suerte -dijo Aleksi mientras sentaba a Georgie en el borde de la piscina.
-¡No puedes echar a correr mirando hacia atrás! -dijo Kate con voz temblorosa, aunque en tono más vehemente del que habría querido-. Has resbalado y podrías haberte hecho daño de verdad.
-Pero Aleksi me ha salvado -insistió Georgie, a punto de llorar.
-No te preocupes -dijo Aleksi-. Ahora estás a salvo. Solo estoy disgustado porque... porque me preocupo por ti -concluyó, impotente ante las lágrimas de la niña.
-¡No! ¡Eso no es cierto! -exclamó Georgie a la vez que se volvía hacia su madre-. Todo el mundo en la escuela sabe que es mentira. La niñera de Lucy es amiga de Sophie... -dijo en tono acusador-. ¡Estaban hablando y le oyó decir a
Sophie que Aleksi no tardaría en librarse de nosotras!
-¡Nadie quiere librarse de ti! -murmuró Aleksi, sin aliento.
-Pero se va a acabar. Os he oído discutir...
-Los mayores discuten a veces -explicó Aleksi, aún anonadado.
-¿Cuándo nos vamos a casa, mamá?
Kate se sintió angustiada.
-Vamos a buscar una nueva casa, cariño -trató de sonreír, de sonar positiva mientras sentía que le estaba rompiendo el corazón a su hija-. Año nuevo, colegio nuevo...
-¡Así que es verdad! -exclamó Georgie y, con un desgarrador sollozo, subió corriendo las escaleras.
Al ver que Kate iba a salir corriendo tras su hija, Aleksi se interpuso en su camino.
-No has hecho nada malo, Kate. No te culpabilices. Georgie se recuperará en cuanto os asentéis en vuestra casa y se adapte definitivamente a su nueva escuela...
-No lo entiendes, ¿verdad? Crees que solo se trata de la casa, de la piscina y los coches bonitos, de llevarla a un colegio caro... ¡Pero todo eso le da igual a Georgie! Ella te quería, quería nuestra pequeña familia, y creía que tú también nos querías.
Aleksi no trató de detenerla cuando salió, pues era palpable la desesperación que sentía Kate por acudir junto a su hija. Permaneció quieto y oyó que Kate llamaba con suavidad a la puerta de Georgie.
Caminar había resultado doloroso para Aleksi desde el accidente, pero en aquellos momentos resultó una auténtica agonía dar cada paso. Su instinto lo impulsaba a marcharse corriendo de allí, pero se obligó a dar los pasos más difíciles de su vida.
-¿Por qué no nos quiere?
Aleksi escuchó los sollozos de Georgie y sintió que su frente se cubría de sudor. Deseaba desesperadamente abrir la puerta, negar las palabras de Kate, pero hizo precisamente lo que Kate le había acusado de hacer: se contuvo, se retrajo.
-Aleksi tiene muchos problemas en su vida en estos momentos -Aleksi notó que estaba tratando de sonar calmada, controlada-. Tiene problemas con su familia. Va a haber muchas peleas y discusiones y no quiero que nos veamos mezcladas...
-Pero nosotras podríamos ayudarlo -la interrumpió Georgie en tono de ruego-. Podríamos ser buenas con él mientras los demás están siendo malos.
-No es tan sencillo, cariño.
Aleksi cerró los ojos mientras escuchaba los intentos de Kate por tranquilizar a su hija.
-Aleksi no sabe lo que va a pasar con su trabajo, ni con su casa...
-¿Por qué no viene a vivir con nosotras en nuestra nueva casa? Has dicho que íbamos a buscar una cerca del nuevo cole.
-Así es, pero...
-Entonces, ¿por qué no puede venir Aleksi a vivir con nosotras?
-No es a eso a lo que está acostumbrado Aleksi -contestó Kate, que ya apenas podía disimular.
Derrotada, se sentó en la cama junto a su llorosa hija y le acarició el hombro para tratar de consolarla, porque todo lo que estaba diciendo la niña no era más que la cruel verdad. Aleksi no las quería. Sí, se preocupaba por ellas, y quería asegurarse de que estaban bien, pero su pequeño mundo no era para él. No tardaría en recuperarse y volver al terreno de juego, en resurgir de sus cenizas... y no sería con ella.
-Les había dicho a las niñas de mi clase que tenía un nuevo papi... -sollozó Georgie, desconsolada.
¿Y quién podía culparla por querer lo que casi todos los niños tenían?
Kate habría querido dejar de ser fuerte y razonable para tumbarse a su lado y sollozar con ella. Flaqueó unos instantes, sintió que las lágrimas atenazaban su garganta... y de pronto notó la mano de Aleksi en su hombro, consolándola como ella estaba consolando a su hija, y contuvo el aliento.
-Georgie... -el tono normalmente cortante de Aleksi sonó inesperadamente suave, aunque firme-. Nada me haría sentirme más orgulloso que ser tu padre.
Georgie volvió su cansada y enfadada carita hacia él.
-Entonces, ¿por qué nos echas de tu casa?
-No os estoy echando. Pero una parte de mí quiere que tu madre y tú os vayáis porque creo que así las cosas resultarían más fáciles para vosotras.
-¿Cómo?
Georgie se irguió en la cama y Aleksi se sentó.
-Tu madre te ha explicado que las cosas podrían ponerse difíciles si os quedáis.
-Eso me da igual.
-Me he dado cuenta de eso, Georgie, pero he vivido una vida complicada... -agobiado, Aleksi buscó con la mirada a Kate y le pidió ayuda en silencio.
Pero Kate no sabía bien qué decir.
-Aleksi no es la clase de hombre que se conforma con establecerse...
-Al menos, no lo era -la corrigió él-. Nunca me había planteado casarme, y menos aún ser padre.
-¿Por qué? -preguntó Georgie de inmediato.
-Pensaba que no se me daría bien -admitió Aleksi-. Me enseñaron a no confiar en nadie, y así crecí. Ni siquiera creía en mí mismo. Veo a mis hermanos con sus hijos y me pregunto cómo pueden estar seguros de estar haciendo lo correcto con ellos, de estar tomando las decisiones adecuadas...
Al notar que Aleksi no sabía qué más decir, Kate intervino.
-Ser padre supone una enorme responsabilidad, Georgie, y Aleksi no está seguro... -se interrumpió al notar que Aleksi le presionaba ligeramente el hombro con la mano.
-No estoy seguro de poder llegar a ser un buen padre, pero lo intentaré... -Kate sintió el latido de la sangre en los oídos mientras Aleksi seguía hablando-. Haré todo lo posible por cuidar de ti y de tu madre. Tengo un nuevo hermano, y también quiero hacer lo correcto con él, pero tú y tu madre sois lo primero para mí. Pienso luchar por lo que es mío... y espero que honorablemente.
Georgie lo miró con expresión de no haber entendido.
-Mi hermano mayor se llama Zakahr, y tiene derecho a quedarse con Casa Kolovsky. Pero yo voy a tener una esposa y una hija de las que ocuparme.
-A mami y a mí nos da igual el dinero -dijo Georgie-, ¡al menos mientras tengamos una televisión con muchos canales!
Aleksi no pudo contener una sonrisa.
-Te mereces lo mejor en tu vida. Y ahora tengo alguien por quien trabajar -así era. De pronto, todos los años de disipación, de búsqueda inútil, de imprudencias, se desvanecieron como humo, porque tenía ante sí lo único que de verdad importaba.
-¿Nosotras? -preguntó Georgie y Aleksi asintió.
-Vosotras dos.
-¿Y puedo decírselo a mis compañeros del colegio?
-Diles que vas a ser la dama de honor.
Aleksi volvió a sonreír y Kate se puso pálida.
-¿No se supone que deberías preguntármelo a mí primero?
-¿Vas a negarte?
Kate miró la carita esperanzada de Georgie y la expresión igualmente esperanzada de Aleksi. Luego volvió la mirada hacia su propio corazón y supo sin lugar a dudas que no podía rechazar el regalo que tenía ante sí: el regalo de su amor. No había mayor amor que el de un «chico malo» que se había vuelto «bueno», y lo único que tenía que hacer para obtenerlo era decir «sí».
-Te quiero, Kate.
Era la primera vez que Aleksi decía aquello, y lo hizo delante de Georgie, y Kate supo que era totalmente sincero. Tal vez fuera a veces temerario con su corazón, e incluso con el de ella, pero siempre se había tomado muy en serio el bienestar de Georgie, siempre se había preocupado por que estuviera bien, y no iba a dejarla en la estacada. De manera que, se fiara él de sí mismo o no, ella sí se fiaba.
-¡Puaj! -exclamó Georgie cuando se besaron.
Aleksi adoptó rápidamente su papel de padre.
-Y ahora puedes irte a tu cuarto a jugar un rato.
-Ya estoy en mi cuarto -dijo Georgie.
Y así era, de manera que Aleksi llevó a Kate al suyo.
-Al nuestro -corrigió, y entonces pensó que aquella casa estaba unida a las demás posesiones Kolovsky-. Hablaré con Zakahr -prometió-. Cuando he renunciado a todo solo estaba pensando en mí... -Kate abrió la boca para decir algo, pero él la interrumpió-. Tú también mereces algo.
-Ya lo tengo todo. Nunca me he sentido más orgullosa de ti que cuando le has devuelto todo a Zakahr. Es tu hermano -Kate vio que Aleksi cerraba los ojos con fuerza y luego los abría para mirar a la mujer que iba a ser su esposa. Y su mirada le reveló con claridad que por fin estaba siendo capaz de confiar en alguien.
-¿Estarás a mi lado cuando se lo cuente a mi madre?
-Siempre estaré a tu lado -contestó Kate sin sombra de duda.
-No le valdrá, no tiene suficiente tela...
Aquella fue la respuesta de Nina ante la noticia de la boda. Sus lágrimas se secaron rápidamente y enseguida volvió a ser la arpía de siempre. Aquel comentario se refería al vestido de boda de Kate.
¡Y la planificación de la boda del año comenzó con su siguiente frase!
Y también los ruegos.
-Iosef es tu gemelo, por supuesto que debe ser el padrino...
-Quiero a Iosef, pero ya he hablado de esto con él -Aleksi estaba pálido, aunque su madre no lo notó. Había llegado el momento de la verdad y estaba temblando por dentro-. Iosef está de acuerdo en que lo correcto es que el padrino sea Zakahr.
-¿Zakahr? -repitió Nina con el ceño fruncido-. ¿Zakahr? ¿Por qué diablos has elegido a un desconocido? Ni siquiera es un colega...
-Creía que era tu mejor amigo -dijo Aleksi con sorna-, porque no has dejado de alabarlo durante meses.
-Solo es una cuestión de negocios. Nos ayuda con nuestras organizaciones benéficas.
-¿De verdad creías que le gustabas? -continuó Aleksi con desprecio-. ¿De verdad creías que se preocupaba sinceramente por la Casa Kolovsky? Menuda idiota.
-No te atrevas a hablarme así -contraatacó Nina-. Soy tu madre.
-Y Zakahr es tu hijo.
Kate nunca se habría imaginado que algún día llegaría a sentir lástima por Nina, por la mujer que había permitido que su hijo recibiera una brutal paliza de su marido y que luego se negó a llamar a un médico para no enturbiar la reputación de este, que había abandonado a otro hijo en un orfanato y que se había dedicado a humillarla a ella en todas las ocasiones en que había podido. Pero al ver lo pálida que se ponía y cómo se tambaleaba, la compasión le hizo acudir a su lado para ayudarla a sentarse.
-¡Riminic! -dijo Nina en medio de un incontenible sollozo, y Kate comprendió que debía de haber repetido esa palabra a diario durante todos aquellos años.
-¿Recuerdas las palabras de Zakahr el día del baile benéfico? -dijo Aleksi sin el más mínimo atisbo de piedad-. ¿Recuerdas lo que tuvo que hacer tu hijo para sobrevivir? Mendigó, robó, se prostituyó...
-¡Basta! -Kate interrumpió a Aleksi al ver que Nina parecía a punto de desmayarse-. Basta, Aleksi, ya ha escuchado suficiente.
-Ella no puede escucharlo, pero Zakahr tuvo que vivirlo -dijo Aleksi con desprecio.
-¡Perdóname! -gritó entonces Nina, tan alto que incluso Lavinia acudió corriendo al despacho-. Perdóname, Aleksi.
-No soy yo quien tiene que perdonarte, sino mi hermano, tu hijo.
-Déjalo, Aleksi -dijo Kate, que rompió a llorar por ambos, por todos, porque allí nadie había ganado. Tan solo iba a quedar una gran herida que ellos mismos tendrían que ocuparse de sanar.
De manera que dejaron a Lavinia consolando a Nina y ellos salieron de las oficinas. Aleksi respiró profundamente varias veces. El sol brillaba y el mundo parecía estar esperando, y Kate supo que todo iba a ir bien porque, en lugar de seguir avanzando por su cuenta, Aleksi la esperó para tomarla de la mano.
-¿Estás segura de que quieres ser una Kolovsky? -preguntó y, de algún modo, en el peor día posible, hizo reír a Kate.
-Totalmente -aseguró ella, y ambos miraron en dirección a la iglesia que había en la acera de enfrente.
Si hubieran tenido una licencia, Kate habría estado dispuesta a casarse en aquel mismo momento, pero, en lugar de ello, cruzaron la calle tomados de la mano para reservar una fecha.