Capítulo 7

ESTARÁ perfectamente -dijo Aleksi con un suspiro después de que Kate cuestionara por tercera vez en pocos minutos si realmente debían salir-. La finalidad de todo esto es que seamos vistos en público.

-Es su primera noche aquí -contestó Kate, aunque lo cierto era que Georgie parecía estar perfectamente.

Aunque Georgie solo había estado algunas veces con Aleksi, este siempre había sido encantador con ella y lo consideraba un tipo fantástico.

Kate le había contado que era su novio, algo que no era totalmente falso, pues lo cierto era que estaba totalmente loca por él.

-¿Vais a casaros? -había preguntado Georgie.

-Antes tendremos que ver qué tal nos llevamos.

-Pero te ha comprado un anillo... -Georgie había bajado la mirada hacia la esmeralda del anillo que llevaba su madre, cuyo precio habría bastado para pagar su educación hasta la universidad-. Eso significa que vais a casaros.

Kate había permanecido en silencio y, en aquellos momentos, Georgie estaba en la pista de tenis jugando con Sophie, su nueva niñera, gritando y riendo mientras su madre se preparaba para pasar una fastuosa noche con la familia Kolovsky, algo que no le apetecía lo más mínimo.

-Pensaba que pretendías demostrar lo responsable que te habías vuelto.

-Precisamente por eso hemos contratado a una niñera especializada que va a dedicarse a jugar con Georgie y a divertirla -era evidente que para Aleksi no había ningún problema-. Solo estaremos fuera un par de horas. Lo último que quiero es una velada larga con mi familia -añadió mientras trataba de hacerse el nudo de la corbata sin ningún éxito.

-¿Quieres que te eche una mano?

-No necesito que me vistas -murmuró Aleksi.

Kate se mordió la lengua porque sabía que estaba sufriendo. Aleksi no había vuelto a tomar ningún analgésico desde la noche en que decidió dejarlos. Pero era más que eso. Desde que se había reunido con su madre en el despacho y había escuchado sus crueles comentarios, su humor había empeorado claramente.

Y, al parecer, también había perdido parte de su sensibilidad.

-No puedes llevar eso -dijo cuando vio el vestido que se estaba poniendo

Kate.

-¿Disculpa?

-Llevaste ese vestido en la última fiesta de Navidad.

-¿Debería conmoverme el hecho de que lo recuerdes?

-Lo recuerdo porque tuviste la etiqueta colgando por fuera toda la noche... como ahora -Aleksi hizo un gesto desdeñoso-. Mi verdadera prometida nunca compraría en unos grandes almacenes.

-Y seguro que tu «verdadera» prometida no utilizaría mi talla -replicó Kate, dolida-. Debo de haber olvidado traer mi surtido vestuario de diseño.

-¡Pues cómprate uno! La asignación que te he dado es más que generosa -Aleksi entrecerró los ojos y miró a Kate con suspicacia-. Pero supongo que eso lo estás ahorrando.

-No me pareció bien cobrar el cheque -admitió Kate.

-Entonces, ¿estás haciendo todo esto por nada? ¿Solo por la bondad de tu corazón? -preguntó Aleksi irónicamente.

Kate le había visto comportarse así a menudo en el trabajo, con su familia, pero nunca lo había hecho con ella.

-Mañana se ocupará Nikita de arreglar lo de tu vestuario. Es la principal diseñadora de Kolovsky -Aleksi no ocultó su exasperación al ver que Kate se disponía a utilizar las tenacillas con su pelo-. ¿Por qué no has pedido a alguien que se ocupe de eso? Sabes perfectamente cómo ocuparte de esas cosas.

Kate lo sabía porque se había ocupado en muchas ocasiones de arreglar todo lo necesario para las citas de Aleksi con sus «amigas»... amigas que no tenían una niña de cinco años de la que ocuparse. Estaba acostumbrada a hacer todo en un tiempo récord; a fin de cuentas, era algo que tenía que hacer cada mañana para poder ir al trabajo. Y también estaba teniendo que prepararse en un tiempo récord.

Aleksi la observó con creciente impaciencia mientras Kate empezaba a maquillarse.

-No estaría mal un poco de empatía -murmuró ella cuando terminó, molesta por su actitud mientras guardaba rápidamente en el bolso el lápiz de labios y el móvil.

-Tienes una carrera en las medias -dijo Aleksi con cara de pocos amigos a la vez que le señalaba las piernas.

Kate se quitó los zapatos de tacón y las medias y volvió a calzarse.

-¿Qué pasa? -exclamó sin ocultar su irritación al ver la mirada de Aleksi-. ¿Se supone que tengo que sacarme otras de la chistera? -Aleksi no dijo nada, pero ella ya estaba lanzada-. ¿Te parece que tengo las pantorrillas demasiado pálidas como para que te vean saliendo conmigo?

A Aleksi no le estaba gustando aquello. Y tampoco le gustó ver cómo se despedía de Georgie con un beso antes de dejar en la encimera de la cocina una nota con su número de móvil y el número del restaurante al que iban, ni que le asegurara a la niñera antes de salir que estarían de regreso antes de medianoche.

Kate sintió la tensión de Aleksi cuando el conductor detuvo el coche ante el restaurante. No le sorprendía, porque ya había organizado varias reuniones familiares cuando era la secretaria de Levander y de Aleksi y ninguno de ellos se había mostrado especialmente encantado con estas.

Pero la cena de aquella noche era distinta y, cuando vio todos los periodistas que aguardaban en la entrada, los nervios se apoderaron inevitablemente de ella Tal vez aquello fuera una farsa para Aleksi y para ella, pero para el resto del mundo era muy real.

Empezaba a temer que iba a salir corriendo cuando Aleksi la tomó de la mano y acercó los labios a su oreja.

-Vas a hacerlo de maravilla -murmuró-. Estás preciosa...

-Habría sido agradable... -Kate le dedicó una sonrisa en beneficio de las cámaras mientras decía su verdad- que me hubieras dicho eso en casa.

-Lo he pensado... y ahora te lo he dicho -replicó él con otra sonrisa.

Cuando salieron del coche, fuera o no en beneficio de las cámaras, Kate agradeció que le pasara un brazo por los hombros para recorrer la escasa distancia que había hasta la puerta del restaurante. A Kate nunca le había gustado que le hicieran fotos, y la idea le desagradó aún más al ver que el coche de Nina acababa de llegar. Al parecer, iba a tener que saludar a su futura suegra ante toda la prensa.

-Supongo que ese es el motivo por el que te has retrasado un poco en salir del coche, ¿no? -susurró-. Recuérdame que no vuelva a creer nada de lo que digas o hagas.

Aleksi la sorprendió riendo abiertamente, algo que no había hecho en mucho tiempo. De hecho, resultó muy refrescante.

-¡Querida Kate! -exclamó Nina como si llevara toda su vida echándola de menos.

Kate también interpretó bien su papel, e incluso dejó que la tomara del brazo mientras entraban en el restaurante. Pero se sorprendió al ver que el camarero las guiaba hasta una zona descubierta del restaurante.

-Hace una noche tan agradable... -comentó Nina maliciosamente-. He pensado que deberíamos comer fuera. No seas tímida, Kate. Solo habrá algunas cámaras... el mundo quiere ver a los jóvenes amantes...

A pesar de que apenas había habido tiempo, Nina se las había arreglado para convocar a dos tías, a Iosef con su esposa, Annie, y a Annika, la preciosa hermana de Aleksi, que había acudido con su atractivo marido, Ross.

A Kate casi le dolió ver cómo se centraban en la carta, cómo eran capaces de seguir con sus conversaciones privadas a pesar de la presencia de las cámaras... y cómo sostenía todo el rato Ross la mano de Annika.

El amor no podía fingirse ante las cámaras, pensó con un estremecimiento de pánico mientras bebía un sorbo de champán, intensamente consciente de que estaba siendo observada.

-¿Qué sucede, Kate? -preguntó Nina en determinado momento-. Pareces un tanto incómoda.

Kate comprendió que no podía hacer aquello. No podía quedarse sentada y mostrarse recatada, como de plástico. Aunque fuera una falsa prometida, seguía siendo ella misma, y para seguir adelante con aquella farsa necesitaba serlo.

-Es que me siento incómoda -dijo, y se produjo un profundo silencio-. Debe de ser por la percha que he olvidado quitar de mi falda.

Fue agradable ver el momentáneo desconcierto de la expresión de Nina, pero lo fue aún más el sonido de la abierta risa de Aleksi, la sensación de su mano cerrándose en torno a la de ella.

-¿Ves por qué la quiero, mamá?

Aquello no era cierto, por supuesto, se repitió Kate una y otra vez durante la cena, pero, desde que había decidido ser quien realmente era, la tensión se había aliviado visiblemente en la mesa. Incluso Iosef y Annie parecieron reacios a irse cuando sonó el busca de Iosef y tuvieron que excusarse.

-Es una de las ventajas de ser médico -comentó Aleksi en voz baja mientras se despedía de su hermano y de su cuñada.

-De haber sabido que iba a ser una noche tan agradable, lo habría arreglado para quedarnos al menos una hora más -murmuró Iosef a su gemelo.

A continuación se volvió hacia Kate-. Ha sido un verdadero placer conocerte.

Le resultó extraño besar en la mejilla a un hombre idéntico a Aleksi. Casi estuvo tentada de pedirle a Iosef que se cambiara por su hermano; así podría pasar el resto de la velada sin emoción, porque bastaba con que Aleksi la rozara para que se le desbocara el corazón.

Aleksi había temido aquella velada, y pensaba que sin duda lo lamentaría por la mañana, cuando la prensa se esforzara por burlarse de la reunión familiar y por ridiculizar a Kate, pero se sorprendió disfrutando del encuentro como no lo había hecho nunca con su familia.

Su madre estaba siendo tan irritante y cáustica como de costumbre, pero él estaba muy orgulloso de cómo se estaba comportando Kate. No había necesidad de fingir. Kate poseía una especie de confianza en sí misma, de fuerza, que lo tenía asombrado... era una faceta suya que nunca había visto o apreciado antes.

Por primera vez estaba disfrutando de un encuentro con su familia, e incluso Annika parecía relajada... al menos hasta que Nina introdujo un nuevo tema en la conversación.

-Me he enterado de que vas a ir a Inglaterra para tratar de disuadir a Belenki de sus planes -dijo a Aleksi.

-No voy solo para verlo -Aleksi ni siquiera miró a su madre mientras hablaba-. Me gustaría conocer a Riminic, mi nuevo sobrino...

Nina palideció visiblemente y tomó su vaso de agua.

-Se llama Dimitri -casi graznó.

-Ha sido un error -dijo Aleksi-. ¿Piensas ir a conocer a tu nuevo nieto? ¿O un chico del orfanato Detsky Dom no cuenta?

-Es demasiado pronto -Nina estaba teniendo que hacer verdaderos esfuerzos para mantener su falsa sonrisa mientras todos sus parientes esperaban una aclaración-: Levander y Millie quieren llevar las cosas con calma y no quieren demasiadas visitas seguidas.

-Desde luego, a ti nunca se te podrá acusar de excederte en ese terreno.

-De pronto Aleksi se ha vuelto un experto en niños -Nina acentuó su sonrisa-. La próxima vez deberías traer a Georgie. A todos nos encantaría conocerla.

Casi podría haberse oído caer un alfiler.

-¿Tienes una hija? -preguntó finalmente Ross, el marido de Annika.

-Sí. Se llama Georgie. Va a cumplir cinco años.

-Una edad encantadora -dijo Nina-. Seguro que le encantará que su madre se haya comprometido. ¿Qué niña no sueña con ser la dama de honor?

Unos minutos después, Annika y Ross se levantaron para irse.

-¿Podemos hablar un momento, Aleksi?

De toda su familia, Annika era la más cercana a Aleksi. Este sabía lo difíciles que habían sido las cosas para ella, las expectativas que habían caído sobre sus frágiles hombros y cuánto le había costado darles la espalda. Para horror de Nina, Annika estaba terminando sus estudios de enfermera y quería especializarse en cuidados de la tercera edad. Al margen de la familia y en brazos de Ross se estaba volviendo una persona cada vez más fuerte.

-Por supuesto.

-Pero en privado... -Annika parecía incómoda y frunció el ceño mirando a Ross, que apartó rápidamente la mirada. Aleksi sintió que se le encogía el corazón y le lanzó una tormentosa mirada por su traición.

Había temido que llegara aquel día.

Ross, médico, había visto las radiografías de Aleksi tras el accidente, radiografías que mostraban sus viejas heridas, y lo había interrogado al respecto. En un momento de debilidad, y también para asegurarle que Annika no había sufrido el mismo tratamiento por parte de su padre, Aleksi le confesó que había sido golpeado por este en el pasado. Ross había prometido no revelar nunca lo que le había contado.

-¡Ross no tenía derecho! -estalló en cuanto se hubieron alejado-. Me da igual que sea tu marido...

-¿De qué estás hablando, Aleksi? -preguntó Annika, desconcertada-. Solo está preocupado... y yo también. Kate tiene una hija.

Aleksi asintió, aliviado al comprobar que no se trataba de lo que se había temido.

-Se llama Georgie.

-Cuando mamá llamó dijo que estabas montando una especie de maniobra publicitaria y que debíamos seguirte la corriente. Sé que hay mucha gente a la que tienes que convencer de que estás sentando la cabeza, y no sé qué se trae mamá entre manos fingiendo apoyarte...

-No te preocupes por Kate y por mí.

-No estoy preocupada por vosotros -dijo Annika con firmeza-. Kate parece una persona encantadora y más que competente. Si tu compromiso fuera real no podría estar más encantada. Pero si no es así...

-Kate y yo hemos trabajado juntos mucho tiempo. Solo después del accidente nos dimos cuenta...

-Ahórrate eso para la prensa -lo interrumpió Annika-. Lo que estoy diciendo es que, si todo esto es una farsa para calmar a la junta, si solo se trata de un arreglo..., ¡Tiene una niña, Aleksi!

-Pienso cuidar de Georgie -protestó Aleksi.

-Así que para Kate solo es un asunto de dinero, ¿no?

-No sabes de qué estás hablando.

-Lo que sí que sé es que, si el amor no forma parte de esto, más vale que penséis a fondo en Georgie -replicó Annika, haciendo de nuevo consciente a Aleksi de su fuerza y capacidad de sentimiento-. ¿De verdad queréis que la niña se vea atrapada en todo esto? La prensa no os dejará ni un segundo en paz. ¿De verdad vais a hacer soportar todo eso a una cría de cinco años?

-Es muy razonable para su edad -contestó Aleksi a la defensiva, aunque su corazón no había parado de encogerse tras cada palabra de su hermana.

-Oh, en ese caso no pasa nada -dijo Annika con sorna, y, a continuación, se le quebró la voz-. A ti también va a quererte, Aleksi...

-Annika...

-¡No! ¿Qué niña no quiere un padre? ¿Qué niña no quiere ver feliz a su mamá y vivir en una casa preciosa -Annika movió la cabeza con pesar-. He visto cómo te miraba Kate. Está loca por ti, Aleksi, pero ese es su problema. Pero no le rompáis también el corazón a la pequeña.

Aleksi no había hecho caso cuando su madre lo había mencionado, pero escuchar a su hermana decirlo hizo que se sintiera realmente incómodo. Volvió la mirada hacia donde estaba Kate, charlando, sonriendo, sin tomarse en serio a su madre, y supo, como en el fondo siempre había sabido, que Kate sentía algo por él. Tantas mujeres lo habían sentido... Entonces ella se volvió y, al ver que la estaba mirando, le dedicó una sonrisa solo para él.

Una sonrisa que decía «Sácame de aquí».

Una sonrisa íntima que solo se daba entre amantes.

Iba a hacerle daño.

De eso estaba seguro... y allí estaba Annika, diciéndole que también iba a hacer daño a Georgie.

-Ten mucho cuidado -le advirtió Annika, pero Aleksi ya no la estaba escuchando. Para él, la velada había terminado.

Unos instantes después salían juntos del restaurante y las cámaras volvieron a disparar sus flashes. Kate volvió a encogerse cuando, una vez en el asiento trasero, Aleksi trató de besarla.

-Se supone que somos incapaces de mantener las manos quietas cuando estamos juntos -le recordó Aleksi, pero, aunque trató de cerrar los ojos, lo único que lograba ver Kate en su mente era el cheque que seguía en su bolso, esperando a ser cobrado.

Se sentía pagada.

-Es como besar a una tía carnal -Aleksi renunció y permaneció en silencio tamborileando con los dedos mientras los llevaban de vuelta a casa.

Pero lo peor fue cuando llegaron. Lo único que quería era llevarse arriba a Kate para convencerse de que lo que estaban haciendo estaba bien, para olvidar aunque solo fuera durante unos momentos que aquel era un juego peligroso... Pero cuando entraron en la casa encontraron a Georgie en lo alto de las escaleras, abrazada a su osito, con el pelo revuelto y una niñera muy agobiada a su lado.

-No ha querido dormirse hasta asegurarse de que habían vuelto.

-Probablemente está un poco inquieta -dijo Kate mientras Georgie bajaba corriendo las escaleras.

Georgie sacó de su error rápidamente a su madre. No estaba inquieta, sino totalmente encantada con su nueva casa.

-Hemos cenado junto a la piscina y luego hemos ido a dar una vuelta con Bruce por la playa. Hay montones de canales en la televisión de Aleksi; ¡Os he visto llegar al restaurante y han hablado de la boda!

Aleksi miró a Sophie con el ceño fruncido.

-¿Qué hacía la niña viendo la televisión?

-Solo ha sido un momento. Estaba jugueteando con el mando a distancia...

-No hay que limitarse a plantarla delante de la tele...

-Yo le dejo verla de vez en cuando -intervino Kate-. Tampoco pasa nada...

-Ni siquiera tiene cinco años -advirtió Aleksi a la niñera-. No debe ver las noticias.

-Por supuesto, señor Kolovsky -contestó Sophie, totalmente ruborizada-. Vamos, Georgie, hay que acostarse.

-Yo me ocupo de acostarla -dijo Kate, porque era lo que quería hacer.

Necesitó un buen rato para lograr que Georgie se relajara. Su nuevo uniforme colgaba en la puerta del armario y, si su madre se lo hubiera permitido, se habría acostado con él.

-Me encanta estar aquí -susurró la niña cuando Kate apagó finalmente la luz-. ¿Tú también estás contenta?

-Por supuesto -dijo Kate, que dejó escapar un prolongado suspiro tras cerrar la puerta del dormitorio para encaminarse al suyo.

-¿Cómo está?

La ropa de Aleksi se hallaba amontonada en el suelo y él estaba en la cama. No dejó de mirar los mensajes de su móvil mientras hablaba y Kate se sintió repentinamente tímida.

Nunca se había desvestido delante de él. El sexo siempre había surgido entre ellos de forma natural, pero aún no se sentía lista para desnudarse ante él.

Además, al hacer su equipaje había descartado su vieja bata por «poco adecuada». De manera que decidió ir al baño.

Frente al espejo comprobó que tenía el pelo revuelto y que hacía rato que su maquillaje había desaparecido, pero, a pesar de ello, percibió algo nuevo en su reflejo, algo que faltaba desde hacía mucho tiempo. Aleksi había despertado algo en ella, algo intangible, pero de alguna forma visible, una exuberancia carnal, una turgencia que no podía explicar lógicamente. Tras desnudarse se subió a la báscula, que le dio la misma mala noticia de siempre, ¡y lo hizo en voz alta! Se bajó horrorizada de la báscula, esperando que Aleksi no hubiera oído nada.

¿Qué podía ponerse? Detrás de la puerta había varios albornoces colgados, tan anónimos como los de cualquier hotel. Finalmente decidió ponerse uno y, tras inspirar profundamente, salió al dormitorio y se encaminó a la cama experimentando un cúmulo de emociones encontradas, porque deseaba a Aleksi... lo deseaba tanto...

Pero no así.

-¿Vas a meterte en la cama con el albornoz? -preguntó Aleksi con el ceño fruncido.

Kate se mordió el labio inferior y se quitó el albornoz prácticamente a la vez que se metía entre las sábanas.

Aspiró instintivamente el viril aroma que emanó de debajo de la sábana y echó en falta la espontaneidad con que habían ido las cosas entre ellos hasta entonces, las caricias que simplemente sucedían, no aquella simulación que habían inventado.

El beso que le dio Aleksi fue realmente cualificado, sus caricias insistentes y concienzudas, y Kate trató de convencerse de que estaba disfrutando, trató de que su cuerpo recordara cuánto había anhelado que llegara el momento de sentir el peso del cuerpo de Aleksi sobre el suyo, el roce de sus muslos mientras abría las piernas para él... Pero su cuerpo se negaba a escuchar.

Le devolvió los besos, gimió e hizo ruiditos, pero Aleksi ya había saboreado a la auténtica Kate y supo que solo estaba obteniendo una imitación de la mujer a la que muy recientemente había seducido por completo con sus labios.

Y Aleksi era demasiado orgulloso como para pedir favores.

-Estás cansada -dijo a la vez que se apartaba de ella.

-Sí.

-Ha sido un día largo -comentó él al tiempo que apagaba la luz.

-Sí -contestó Kate, aliviada y decepcionada por igual.

-Están en el armario del baño, por cierto -dijo Aleksi mientras le daba la espalda. Kate cerró los ojos cuando oyó que añadía-: Me refiero a los analgésicos para el dolor de cabeza; seguro que pronto dirás que tienes uno.