Capítulo 6
YA no tengo que volver?
En los ojos de Georgie destelló una esperanza que hacía mucho que Kate no veía. Tras dejar a Aleksi había conducido un par de horas hasta la casa en la que vivía su hermana, Julie, y le había dado la noticia a su hija.
-¿No tengo que volver nunca a esa escuela?
-No, no tienes que volver.
Supuso un enorme alivio poder decir aquello. Kate sabía que huir de los problemas no era la solución, pero tampoco lo habría sido ver a su hija luchando y luchando por adaptarse, por encajar.
Pero hablarle de Aleksi iba a ser más difícil. Georgie estaba tan feliz con la noticia que a Kate le costó mirarla a los ojos.
Julie sonrió de oreja a oreja cuando Kate se reunió con ella en la cocina.
-¡Eres una caja llena de sorpresas, hermanita! Me siento tan feliz por ti...
-Aún es pronto...
-¡Te has comprometido! -Julie se negaba a permitir que nada enturbiara lo encantada que se sentía por su hermana, y le dio un abrazo-. Después de todo lo que has tenido que pasar, no sabes cuánto me alegra verte feliz. ¡Y ahora vete! -añadió-. Nosotros nos ocuparemos de Georgie mientras lo organizas todo. Vete y haz lo que tengas que hacer.
Mientras conducía de regreso, Kate comprendió que Julie no tenía ni idea de lo duro que podía resultar «hacer lo que tenía que hacer».
-Adelante.
Cuando Aleksi abrió la puerta, vestido con unos vaqueros, camiseta negra, el pelo húmedo y sin afeitar, Kate pasó al interior de su increíble casa y creyó percibir cierta incomodidad en él.
-¿Cómo se ha tomado Georgie la noticia?
-Está encantada -Kate trató de mostrarse animada. A fin de cuentas, había aceptado voluntariamente participar en aquella estratagema.
-Voy a enseñarte la casa.
Aleksi vivía en las afueras de la ciudad, algo que siempre había sorprendido a Kate. Un soltero tan cotizado debería haber tenido magníficas vistas a la ciudad desde algún ático de lujo. Pero Aleksi prefería utilizar los hoteles cuando quería estar cerca del trabajo, o cuando salía con alguna mujer.
Como era de esperar, la casa era deslumbrante. Tenía mucha luz y estaba amueblada con gran gusto. Sus zapatos resonaron en el suelo de mármol mientras caminaba y se fijaba en los enormes sofás blancos y en los exquisitos cuadros originales que adornaban las paredes. Todas las habitaciones daban a la bahía y había dos piscinas, dos pistas de tenis y un gimnasio. Además, la playa estaba a tan solo unos metros.
-Este es el nuestro -Aleksi sonrió con cierta tensión cuando abrió la puerta del dormitorio principal, y vio cómo se sonrojaba Kate al mirar la enorme cama que dominaba el centro-. Hay sitio de sobra en los armarios.
Kate captó de inmediato el olor de su colonia, de su loción para el afeitado y se sintió casi mareada al pensar que iba a compartir aquella habitación con él.
Aleksi abrió las puertas correderas de la espléndida terraza y se apartó para dejar pasar a Kate.
-Las vistas son increíbles -murmuró ella, maravillada mientras contemplaba la bahía de Port Phillip, que se extendía en forma de herradura desde Queenscliffe por un lado hasta los altos rascacielos de Melbourne por el otro. El agua del mar estaba tan cerca que se oía el sonido de las tranquilas olas que acariciaban la playa-. ¿Sueles nadar en la bahía? -preguntó, tratando de mantener un tono desenfadado de voz.
-Prefiero la piscina -contestó Aleksi mientras dedicaba una rápida mirada a la vistas-. Supongo que las vistas son bonitas cuando hay tormenta.
-¡Las vistas ya son preciosas ahora!
Aleksi se encogió de hombros.
-Uno se acaba acostumbrando a todo.
-¡Kate! ¿Kate?
Kate pudo escuchar la incredulidad del tono de Nina y luego el venenoso sonido de su despectiva risa.
-¡No me lo puedo creer! ¿Quieres explicarme cómo crees que va a ayudarte a convencer a la junta el hecho de comprometerte con esa torpe ballena que además tiene una hija ilegítima?
Aleksi debió de acercarse a la puerta de su despacho para cerrarla, pero Nina lo interrumpió.
-Si realmente va a pertenecer a la familia, puede escuchar lo que estoy diciendo. Pudiendo elegir a cualquiera la eliges a ella... ¿Estás seguro de que el accidente no te afectó también al cerebro?
Hacía décadas que Aleksi odiaba a su madre.
No era un odio palpable, expresado a base de portazos y gritos, sino más bien apático, un odio que hervía a fuego lento.
Le importaba tan poco Nina, y por tantos motivos, que tal vez habría hecho mejor desapareciendo tras la muerte de su padre y olvidándose de la Casa Kolovsky. Pero le gustaba el poder, la vida intensa, el bullicio...
O, al menos, le había gustado.
Si su cerebro había sufrido daños en el accidente, casi estaba agradecido por ello... porque ahora casi podía ver.
Casi.
Kate llevaba su anillo de compromiso, tenía todas sus pertenencias en su casa y al día siguiente iba a llevar a Georgie a su nuevo colegio. La prensa iba a ser informada, pero antes, como sucedía en las familias normales, había decidido compartir la noticia con su madre.
-La junta no se lo creerá -dijo Nina en tono despectivo.
-No lo hago por la junta. Lo hago por mí -contestó Aleksi mientras apoyaba la espalda contra el respaldo de su sillón-. Desde el accidente me he dado cuenta de lo mucho que Kate...
-¡Oh, vamos! -lo interrumpió Nina en tono despectivo-. ¿Tú asumiendo la responsabilidad de la hija de otro hombre? ¿Tú haciendo de padre? -echó la cabeza atrás y soltó una carcajada-. ¿Cuánto vas a pagarle? Supongo que no hará falta mucho. Le bastará con compartir tu cama y no tener que pagar el alquiler.
Aleksi solía reservar su formidable temperamento para la junta, pero se levantó, se acercó a su madre y, cuando miró sus pálidos ojos azules, la rabia que normalmente guardaba oculta afloró a la superficie, aunque Nina era demasiado tonta como para notarlo.
-Cuando sufrí el accidente estuvo a mi lado a diario -dijo Aleksi, despacio.
-¡Porque la pagas para que lo haga?
-Mientras estuve recuperándome en el Caribe me llamó a diario...
-Porque, como todas las mujeres de Melbourne, está loca por ti. No tienes por qué comprometerte con esa imbécil. ¿De verdad vas a dejar que incluya a su hija en el paquete?
-Viendo a Kate con su hija... -dijo Aleksi, alzando poco a poco la voz- he comprobado por primera vez cómo debería comportarse una verdadera madre -añadió mientras se detenía a escasos centímetros de Nina-. He visto cómo debería preocuparse un padre por su hijo -no dijo nada más, ni alzó una mano, pero miró a su madre hasta que esta tuvo que parpadear, nerviosa.
Aleksi abrió la boca y volvió a cerrarla, porque sabía que si se ponía a hablar la destrozaría. Y Nina debió de sentirlo, porque su voz no volvió a sonar tan despectiva y segura de sí misma cuando Aleksi volvió a ocupar su asiento.
-Si de verdad te preocupas por ella, ¿se puede saber qué diablos estás haciendo? La prensa la crucificará -dijo, casi con compasión-. El compromiso despertará un gran interés.
-Kate podrá superarlo -Aleksi habló con firmeza, pero ya no estaba tan seguro de sí mismo. Por primera vez experimentó una punzada de culpabilidad. Normalmente, a las chicas con las que salía les encantaba cualquier tipo de publicidad, pero ¿a Kate?
-¿Y su hija? -insistió Nina, y reprimió una sonrisa de satisfacción al darse cuenta de que aquel era un punto débil de su hijo-. Por supuesto, si estás enamorado, si eso es lo que quieres, eso es lo que debes hacer. Pero exponer a una niña inocente a los focos de la publicidad..., Espero que estés realmente seguro de tus sentimientos.
El corazón de Aleksi no fue el único que se encogió al escuchar las palabras de su madre.
La rabia de Kate ante la reacción inicial de Nina fue sustituida por la culpabilidad, por el miedo incluso. Porque, al margen de lo que ella estuviera dispuesta a hacer, lo último que quería era que afectara negativamente a su hija.
Pero aquella mañana, tras volver a ver el nuevo colegio de Georgie, había vuelto a reafirmarse en que estaba tomando la decisión adecuada. Su hija obtendría allí la educación que necesitaba.
Como Aleksi había dicho, las relaciones solían acabar rompiéndose, pero al menos así el futuro de Georgie estaría asegurado.
-Tú decides, Aleksi.
Kate casi pudo ver con la imaginación a Nina encogiéndose de hombros, para, a continuación, centrarse de nuevo en los negocios.
-¿Tienes ya la contabilidad de Krasavitsa?
-¿Disculpa?
-Dijiste que la tendrías lista, Aleksi -replicó Nina secamente-. Quiero repasarla. No trates de liarme con ese asunto. Me aseguraste que me la entregarías antes de la reunión con la junta.
-Un momento -dijo Aleksi a la vez que se levantaba.
-¿La tienes?
-Por supuesto -Aleksi salió de su despacho y fue hasta el escritorio de Kate-. Seguro que has escuchado todo lo que hemos dicho.
-Resultaba imposible no oíros -contestó Kate con ironía.
Aleksi la miró un momento con expresión pensativa.
-¿Estás segura sobre todo esto? -le preguntó.
-Es un poco tarde para preocuparse por eso, ¿no te parece? -contestó Kate, enfadada-. Ya he hablado con Georgie y sabe que empieza mañana en su nuevo colegio. Voy a recogerla dentro de una hora de casa de Julie para llevarla a su nueva casa, y de pronto te preocupas por nosotros -miró a Aleksi con severidad antes de añadir-: Prométeme que nunca le revelarás a nadie que esto es una estratagema.
-Te lo prometo -contestó Aleksi con firmeza.
-Júralo. Estoy dispuesta a venderme por el bien de mi hija, pero ella nunca debe enterarse.
-Y no se enterará. Nos enamoramos, ¿recuerdas?
Kate sintió que Aleksi se estaba burlando de ella, pero lo que en realidad le hizo sentirse mal fue la imposibilidad de lo que había dicho.
-Cuando llegue el momento diremos que nos hemos desenamorado, que cuando me recuperé del todo comprendí que el accidente me había vuelto un tanto sensiblero -Aleksi dedicó una sonrisa de aliento a Kate, que fue incapaz de devolvérsela-. Hablaremos de esto luego. Ahora necesito la contabilidad de
Krasavitsa -se pasó una mano por el pelo-. Tienes que ponerte con ello enseguida. Le diré a Nina que está casi lista y...
-Está lista -lo interrumpió Kate, que a continuación pulsó un botón de su ordenador para imprimirla-. Pero aún tienes que repasarla.
-Necesito la contabilidad real, no la que...
-Es la contabilidad real -dijo Kate. Cuando entregó los papeles a Aleksi frunció el ceño-. No lo recuerdas, ¿verdad?
Aleksi no contestó.
-No recuerdas que tu madre ya te había pedido esa contabilidad...
-Shhh..., -Aleksi la hizo callar como tenía por costumbre cuando estaba concentrado en algo, pero Kate no pensaba dejar el asunto fácilmente. Había notado que Aleksi había pasado por alto ya varios detalles a lo largo de aquellos días.
-Me voy a casa -dijo a la vez que se levantaba-. Quiero controlar un poco la mudanza.
Aleksi apartó la mirada de los papeles que sostenía.
-¿Cuándo volverás?
-¿Crees que debería volver al trabajo? -preguntó Kate, sorprendida-. Se supone que soy tu prometida.
-Sabes que te necesito aquí.
-No recuerdas que tu madre te pidió la contabilidad, ¿verdad? -insistió Kate, y vio que Aleksi tragaba saliva a la vez que volvía rápidamente la mirada hacia la puerta de su despacho para comprobar si estaba cerrada-. No lo recuerdas.
-Claro que lo recuerdo -replicó Aleksi con una mirada desdeñosa.
No podía admitir la verdad.
Jamás lo haría.
Jamás había reconocido sus debilidades ante nadie, y en aquellos momentos necesitaba ser más fuerte que nunca.
Kate lo miró con expresión preocupada.
-Necesitas un corte de pelo, Aleksi.
-Estoy ocupado.
-Siempre te has cortado religiosamente el pelo cada quince días.
-Me sienta mejor así -dijo Aleksi, retándola a contradecirlo.
Kate se acercó a él y tomó una de sus manos.
-¿Y desde cuándo te cortas tú mismo las uñas?
Aleksi retiró la mano de inmediato y se preguntó si Kate tendría razón.
Era cierto que tenía el pelo un poco más largo de lo habitual, y que la semana anterior había estado realmente ocupado, pero ¿tanto como para no acudir a hacerse la manicura?
Jamás olvidaba ni se perdía su cita en la peluquería. Nadie que lo mirara vería nunca un pelo fuera de su lugar, nadie debía ver otra cosa que a un hombre impecablemente arreglado y totalmente con el control de la situación.
Excepto que Kate tal vez lo amaba.
Lo que significaba que se fijaba.
-No pueden saberlo. La junta no puede enterarse -dijo con una voz repentinamente ronca-. Mi madre... Se lanzarían sobre mí como auténticos tiburones...
-No tardará en averiguarlo -dijo Kate, porque, a fin de cuentas, su madre también debía de quererlo... ¿o no?
-No debe enterarse.
-¿Qué sucede, Aleksi?
Aleksi odiaba haber hecho aquella revelación, odiaba estar ante Kate admitiendo... ¿qué? ¿Que había una grieta en su armadura y no podía soportarlo? No soportaba la debilidad, de manera que silenció a Kate besándola, algo que nunca olvidaría cómo hacer.
Su boca, su sabor, su aroma, su virilidad presionada contra ella, alejaron de la mente de Kate todo temor y duda. Aleksi alzó una mano para acariciarle el pelo mientras la besaba a la vez que deslizaba la otra hacia su cadera. Sus caricias hicieron que Kate se sintiera al mismo tiempo débil y fuerte. Fuerte porque Aleksi hacía que cualquier cosa fuera posible, y débil porque sabía que podía tomarla en cualquier momento que se lo propusiera.
Al sentir la presión de su poderosa erección entre las piernas, dejó escapar un gemido contra su boca.
-Aleksi, ¿cuándo...?
Nina abrió la puerta del despacho y fue testigo del apasionado abrazo que se estaban dando. Pero era la madre de los Kolovsky y hacía tiempo que había superado cualquier tipo de bochorno que pudieran producirle-. Necesito esos papeles -añadió mientras Aleksi soltaba a Kate-. Suponiendo que los tengas, claro.
-Aquí los tienes -normalmente, Aleksi nunca habría entregado aquellos papeles sin haberlos revisado atentamente, pero, sabiendo que Kate se había encargado de prepararlos, confiaba plenamente en que estaban bien.
-No los has firmado -dijo Nina tras echarles un vistazo-. No pienso trabajar con cifras que no has aprobado. Toma... -se acercó al escritorio de Kate a tomar un bolígrafo que Aleksi no tuvo más remedio que aceptar. Tras un momento, los firmó.
Nina miró a Kate, pero la sonrisa que le dedicó no alcanzó sus ojos.
-Cenaremos esta noche para celebrarlo.
-Es la primera noche de Georgie en su nueva casa y preferiría no tener que sacarla de noche -contestó Kate.
-¡No se lleva a los niños a cenar por la noche! Llama a alguna agencia de canguros -dijo Nina y, tras tomar los papeles que le entregó Aleksi, se alejó con paso firme del despacho.
-Eso la mantendrá ocupada un rato -dijo Aleksi cuando Nina desapareció de la vista.
-Es una suerte que tuviera los papeles en el ordenador -murmuró Kate, que no se sentía precisamente cómoda. La idea de tener que buscar a una desconocida para que se ocupara de Georgie la había desestabilizado. No le iba a quedar más remedio que empezar a asumir lo que realmente implicaba convertirse en una Kolovsky.
-Me refería al beso -aclaró Aleksi.
Kate habría preferido que la hubiera abofeteado.