Epilogo
20 de Julio de 1979
Un barco carguero modificado algo antiguo estaba frente a las serenas costas de Tuvalu el cielo era azul estaba despejado el sol daba contra la nave reflejando, su casco remendado que dejaba ver lo viejo de aquel cascaron, su capitana era una mujer bastante mayor de fuertes rasgos anglosajones, de elegancia y porte sobresalientes, mas aun entre la tripulación de pequeños marineros asiáticos que se trasladaban de un lado a otro sobre la cubierta del viejo carguero, esta temperamental mujer usaba un viejo bastón de marfil con empuñadura de plata para apoyarse, daba órdenes a todos de una manera amable pero a su vez estricta, el buque que comandaba esta enérgica anciana, era un barco, que tenia por nombre, Kure, Al fondo se escuchaba por el altavoz de la torre de mando la popular canción de Peter Frampton, Baby I Love Your Way, la inusual tripulación estaba compuesta por varios jóvenes japoneses, mujeres y hombres, todos uniformados con franelas blancas y pantalones cortos de color azul marino, se veía una tripulación eficiente muy disciplinada,
Estos le recordaban a la anciana los valientes marinos del I-21, que abordaron el Cutty Sark aquel día de septiembre de 1945, su gran mayoría eran los hijos e hijas, sobrinos o sobrinas de los marineros muertos de aquel infortunado submarino, desaparecido en el pacifico al finalizar la segunda guerra mundial, ahora estos descendientes de aquellos valerosos marineros nipones recuperaban su herencia, la que por cosas del destino les pertenecía como pago del sacrificio de sus padres nunca recompensados, cincuenta toneladas de oro que les pertenecían por derecho, y que Jiro Itou y Greg Willianson habían salvado de las manos de hombres viles y malvados que con su nefasta intención, querían apoderarse de algo que no era suyo.
Poco a poco iban subiendo el cargamento que por años yacía en el fondo del mar, algunos jóvenes que estaban a bordo del Kure se encargaban de clasificar y anotar minuciosamente en libretas cada uno de los lingotes de oro que emergían del mar, abajo los buzos preparados para esta misión cargaban a una plataforma sujeta a una grúa el preciado cargamento. Cada cierto tiempo los buzos eran relevados por otros que continuaban el tedioso trabajo de sacar el oro del fondo, un rustico submarino guiado por control remoto estaba equipado con un sonar diseñado por uno de los jóvenes con el propósito de no dejar un solo lingote en el lecho marino.
Carolina no era curiosa por naturaleza pero su fiel Hugo sí que lo era, así que aquel día que el señor Willianson dejo el portafolio en custodia de Carolina, el fiel Hugo sin querer lo soltó desparramando su contenido sobre el piso, habían cartas, libretas con anotaciones y un rollo que atrajo la curiosidad de Hugo, este era el testamento escrito por Jiro Itou, con las coordenadas de la ubicación del tesoro del I-21 y una carta explicativa.
A los hijos de los hombres del I-21
Hoy 24 de Agosto de 1965, redacto esta carta con gran alegría más que una carta es un testamento póstumo si me llegase a suceder algo, durante veinte años he huido, sin detenerme, escondiéndome de los hombres que acabaron con todos los tripulantes del I-21, espero poder con esta ayudar a las familias de los marineros que dieron su vida durante la guerra, de las penurias que todos pasamos a bordo de una nave que estaba condenada a nunca llegar a tierra, después de mucho he encontrado bondad en un hombre que alguna vez conocí a bordo de un magnifico velero, este escucho mis palabras y me ayudo sin pedir nada a cambio, siempre estaré agradecido con el por ayudarme a tener fe en las cosas simples, fe que había perdido hace mucho, espero que si él o yo no cumplimos con nuestro cometido haya alguien que si lo cumpla, aquí en esta carta están las coordenadas exactas de donde se encuentra el tesoro del I-21, espero que este pase a manos de las familias de todos los tripulantes incluyendo a la del capitán y su primer oficial que fueron unos verdaderos héroes. Igualmente espero que pronto se pueda sacar todo el oro y que ninguna autoridad se quiera apoderar de él ya que pertenece única y exclusivamente a los descendientes de los marineros del I-21. El señor Charles. G Willianson ha sido de gran ayuda y espero que a él le toque una parte de este magnífico tesoro, ya que me ha ayudado mucho y se lo merece.
Jiro Itou jefe de maquinas del submarino I-21
7°30´40,25” S 178° 35´39 44” E-
Hugo corrió por los pasillos de la mansión e informo a Carolina su hallazgo de manera que Carolina estaba al tanto del tesoro cuando los detectives la visitaron pero jamás les diría nada nunca revelaría la fabulosa historia del I-21, Carolina era una perfecta actriz a lo hora de ocultar algo, de manera que tanto ella como Hugo se habían confabulado para no contar nada sobre su gran secreto, los detectives por su cuenta debían averiguar todo sobre el destino de aquel botín tan espectacular, jamás sabrían que el tesoro había sido sacado por los hijos y los nietos de la tripulación del I-21 aquel año de 1979, un año después de que muriera el viejo Greg y se develara el secreto en los pasillos de su castillo por un mero accidente.
-Si algún gobierno hubiera sabido sobre el tesoro en aquella época se habrían matado por él.
Contaba Carolina a los descendientes de la tripulación del I-21 que tanto sufrió las consecuencias de aquella nefasta guerra.
-No les habrían dado ni un solo centavo.
la sabiduría le indicaba a Carolina en aquel entonces que contactara a los familiares secretamente y que organizara una partida para el rescate de aquel valioso tesoro, una parte de este sirvió para obras de caridad en todo el mundo otra ayudo a las familias de los marineros o por lo menos a las que aun quedaban, Carolina cumplió con el testamento que dejo Jiro Itou, los jóvenes japoneses que participaron en el rescate del tesoro perdido del I-21, erigieron un monumento muy pequeño en la isla de Ofu, cerca de donde estaban los restos carbonizados de las barracas de prisioneros en 1945, los habitantes de la isla nunca sospecharon nada solo pensaban que era una escultura moderna que habían traído unos jóvenes turistas, aun hoy en día la supuesta escultura se encuentra en Ofu rodeada de maleza.
Los japoneses que se encontraban durante el rescate del submarino y su tesoro en el año 2010, ya sabían de antemano que en este no había ningún tesoro su código de honor por el cual habían jurado jamás revelar lo sucedido en 1979 los hacía cómplices secretos de Carolina.