Epílogo
Tres días después
El día de la Ceremonia de entrega de la piedra de vida había llegado.
Decir que estaba nerviosa era quedarse corta. Desde que se despertó sentía un nudo en el estómago y le temblaban las manos. No sabía a qué se enfrentaba y Niall no fue de ayuda, pues se negó en redondo a explicarle lo que se esperaba de ella en esa Ceremonia o lo que iba a suceder. Quería que fuera una sorpresa.
¡Y no le gustaban para nada las sorpresas!
Pero no solo estaba nerviosa por lo que le deparaba en la Ceremonia, aquella noche iba a ser la primera vez que se encontrara cara a cara con su padre tras haber discutido con él por teléfono.
A todos les sorprendió que este aceptara la invitación que le envió Drake. Como el jefe del clan era el responsable de enviar las invitaciones y de organizar la Ceremonia, además sería quien la llevara a cabo por lo poco que le contó Niall. Y envió a través del email que le facilitó Amanda una invitación a su padre, quedándose sin palabras cuando La Muerte le respondió en cuestión de minutos indicándole que iba a asistir.
Así que iba a verse en medio de una celebración Drakonis, rodeada de su nueva familia, su padre y vete tú a saber quienes más.
—¿Ya estás lista, Amanda? ¿O necesitas más tiempo?
La voz de su esposo la sacó de sus preocupaciones, devolviéndola a la realidad. Se lo encontró saliendo del baño, acicalado con un traje oscuro sin ningún adorno o toque de color. Los dos iban de negro, para que lo más importante de la Ceremonia fueran las palabras y lo que sucediera, no el aspecto físico, pues y palabras textuales de Niall:
Un dragón elige a su compañera por su esencia, por su alma, no por su culo o… Aunque tus tetas y tu culo me vuelven loco, preciosa.
—No lo sé —acabó confesando sin poder evitar mostrar el nerviosismo que la estaba consumiendo por dentro. Permanecía sentada en la cama, sin atreverse a levantarse pese a que ya estaba lista. Temía que acabara de rodillas en el suelo por los temblores de sus piernas.
Desde que Niall la despertó de la siesta lo único que hizo fue darse una ducha, ponerse el vestido negro que le entregó él junto a unas finas bailarinas a juego, para finalmente dejarse caer sobre el colchón, ahogándose con las preocupaciones que sentía.
Él se acercó hasta donde estaba y se arrodilló frente a ella. La tomó de las manos y se miraron fijamente.
—¿Tienes dudas? Esto solo es una Ceremonia para presentarte a la familia, una antigua tradición Drakonis que mantenemos por… —Se encogió de hombros, admitiendo a continuación—… Porque somos unos imbéciles que nos gusta recordar el pasado y nuestras arcaicas costumbres. Pero si no quieres, no la celebraremos. No te preocupes. Ya estamos unidos, mi dragón ya te conoce. No necesito más.
Se quedó sin habla, sin poder responderle. El amor que veía en sus ojos, que le mostraba cada día, era abrumador y a la vez un sueño del que no quería escapar.
Cuando despertaba lo primero que hacía era observarle en silencio mientras dormía a su lado y agradecer mentalmente a quien los unió, a quien se le ocurrió la alocada idea de que ella era la compañera perfecta para su dragón.
Y cuando él abría los ojos, medio dormido, y le sonreía… su corazón rebosaba de pura felicidad y de amor.
—Les voy a decir a los demás que no vamos a celebrar la Ceremonia.
La voz de él la devolvió a la realidad, y lo detuvo cuando este se estaba levantando del suelo. Lo tomó de la mano y se la apretó con fuerza, consiguiendo así que la mirase.
—No, por favor. Quiero participar en la Ceremonia, sé que es importante para tu familia y para ti, solo necesito algo de tiempo para relajarme.
—Lo más importante para mí eres tú, Amanda. No lo olvides nunca.
—Y tú lo eres para mí, los dos —corrigió ella, al escuchar los lamentos del dragón, sabiendo lo que le dolía a este que se olvidara de él. Aún la sorprendía escuchar su voz pero estaba agradecida, era amada doblemente y lo sería para siempre. Tomó aire y lo soltó lentamente, levantándose de la cama para poder abrazarle y darse el lujo unos segundos de escuchar los latidos de su corazón. Le encantaba abrazarle, apoyarse en su pecho y escuchar los latidos. Le tranquilizaba. Le llenaba de orgullo y de amor, pues Niall le susurraba muchas veces, cuando la veía hacer eso, que cada latido era por ella—. Vamos, es hora de reunirnos con nuestra familia —anunció finalmente cuando se separó de él.
Niall la besó, antes de conducirla hasta la puerta del dormitorio que compartían.
—Vamos entonces, mi amor.
Dos horas después
—¿Y eso es todo?
Niall se rio de su compañera.
—¿Qué es lo que esperabas? —le preguntó a su vez, pasando un brazo por su cintura para acercarla a él. Los demás se dispersaron por el salón donde celebraron la Ceremonia para dejarles privacidad.
—No lo sé, la verdad, pero algo más… pomposo, llamativo, más…
—¿Tal vez un sacrificio de sangre y bailar todos juntos en pelotas alrededor de una gran hoguera?
Amanda rompió a reír por las payasadas de su esposo.
—No, tonto, eso no. Pero no sé… ha sido un poco… simple.
—Mi amor, es que a los dragones no nos van esas gilipolleces. Mantenemos esta costumbre porque es un acto de entrega y amor hacia nuestra compañera. Te ofrecí la piedra de vida, un pedazo de mi corazón y de mi dragón que se desprendió de mi cuerpo cuando nací. Te la entregué como símbolo de nuestro amor y la Ceremonia es así, depositarla en tus manos, otorgándote la capacidad de destruirme. —Niall se encogió de hombros y continuó—. No le veo sentido hacer mucho más. Es entregar la joya y jurarte delante que te amo de mi familia. ¿No es suficiente?
Con ojos llorosos por la emoción, Amanda asintió con la cabeza.
—Sí que lo es. Es solo que estaba nerviosa, temía que fuera algo más… ¡Oh! —exclamó ella, tensándose y luciendo nerviosa. Niall miró hacia atrás, a donde ella mantenía los ojos fijos, encontrándose cara a cara con La Muerte.
Tembló. Tanto su dragón como él percibían la oscuridad que rodeaba a esa criatura. El gran poder que poseía se veía en sus ojos, en sus movimientos, en su grave y profunda voz. A todos les sorprendió que acudiera a la Ceremonia representando a la familia de la afortunada compañera. Y sí, todos se pusieron nerviosos cuando La Muerte hizo acto de presencia.
Fue el único que se apareció en medio del salón tras crear una grieta en el suelo desde la que emergió, como si fuera una película de terror, rodeado de una niebla espectral y escuchándose a lo lejos los gritos de auxilio de las almas en pena que permanecían condenadas a los infiernos del Inframundo. Pero lo peor sin duda fue el frío que se extendió por toda la mansión, poniendo a todos al borde de un ataque de ansiedad. Sintieron miedo y eso era algo que los dragones no reconocerían nunca.
—Padre, gracias por asistir —rompió el silencio Amanda, esbozando una nerviosa sonrisa, agradeciendo la presencia del dragón quien no se movió de su lado, sujetándola con fuerza por la cintura.
—Gracias a vosotros por invitarme —respondió a su vez La Muerte, observando con atención a su hija y al esposo de esta. Podía ver el amor que los unía y admiraba el coraje de los dragones, pues pese a que apestaban a miedo seguían mirándole a los ojos como si no estuviesen atemorizados de él—. Una ceremonia preciosa.
Niall estuvo a punto de atragantarse al ver que su suegro le tendió la mano en un gesto que era más propio de los humanos.
Carraspeó en alto y acabó aceptando el saludo, apretando con fuerza al ver que su suegro lo hacía también. Los dos mantuvieron el agarre y se miraron a los ojos unos segundos, evaluándose, hasta que Niall acabó cediendo y dejó floja la mano para que el otro lo soltara.
¿Cómo le iba a ganar a quien poseía el poder de arrancarte el alma y llevarte de una patada a las puertas del cielo o del infierno?
—Gracias —acabó respondiéndole, cuando le liberó la mano.
La Muerte asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa, disfrutando al ver la incomodidad que le producía su sola presencia a su “yerno”. Aún estaba asimilando que la más joven de sus hijas se había desposado con un Drakonis, y por si fuera poco, llevaba unos días con un perpetúo dolor de cabeza por culpa de sus otras hijas que chillaban, se quejaban y lamentaban que ellas se tuvieran que quedar en la mansión mientras Amanda permanecía en la Tierra. Escucharlas era una tortura que estaba pensando implantar como medio para castigar a los condenados.
—Nos veremos pronto, hija.
Cuando ya estaba convocando el portal para regresar a su Reino, La Muerte estuvo a punto de romper su imagen de criatura fría y sin corazón riéndose en alto, cuando escuchó como el dragón masculló entre dientes:
—Mejor que sea dentro de unos cuantos milenios.
Niall se mantuvo tenso y visiblemente nervioso, presenciando como la temida Muerte abría un portal en el suelo de su hogar. La tierra tembló y se abrió en dos, mostrando un gran agujero negro del que se escuchaban gritos y salía una neblina que provocó que bajara varios grados la temperatura del salón. Los demás presentes dejaron lo que estaban haciendo para presenciar como La Muerte levitó hasta el centro de la grieta y tras despedirse con un gesto de su hija fue succionado hacia su Reino.
—¡Joder, qué frío! Que alguien suba la calefacción.
La voz del molesto Valentine que se apuntó a la fiesta cuando habló con su hermana por teléfono el día anterior, provocó que varios se rieran en alto y la tensión que se percibía en el ambiente se diluyera un poco.
Para los hijos de los dioses del Olimpo, La Muerte era Hades, quien cambió de nombre y se refugió en su Reino tras ser abandonado por su mujer. Muy pocos conocían que antes de que se convirtiera en esa criatura amargada que aterrorizaba con solo mirarlo, fue un hombre al que le gustaba cantar y tocar el arpa, y admiraba la belleza de la Tierra.
Sus padres hablaban de Hades muy de vez en cuando o más bien cuando acababan borrachos y comenzaban a divagar con voz pastosa acerca del pasado, comentando numerosos chismes que sus hijos juraron guardar.
Pero no era lo mismo que le describieran al huraño Rey de los muertos a verlo en acción y en persona. Por eso cuando su hermana le dijo que iba a acudir a la Ceremonia de entrega de la piedra de vida de Niall no se lo pensó dos veces, se coló en la fiesta, pese a no haber sido invitado.
Y valió la pena. Ya le mostraría más tarde el vídeo que grabó con la “despedida” de La Muerte a sus hermanos y a sus padres. Apagó la cámara y guardó el móvil en el bolsillo trasero del vaquero.
—¿Esto no era una fiesta? ¿Dónde guardáis el alcohol? —volvió a preguntar elevando la voz para hacerse oír. Su “tío” Hades sí que sabía cómo convertirse en el centro de atención de una ceremonia…
—Y a ti, ¿quién te invito?, maldito Cupido. No deberías estar aquí y…
Niall negó con la cabeza y sonrió al ver a Liam discutir acaloradamente con Valentine mientras Rose intentaba separarlos. Esos dos no iban a cambiar nunca, se portaban como niños pequeños que luchaban por la atención de la única mujer Cupido.
—¿No habría que pararles?
Desvió la mirada de la discusión para posar los ojos sobre su hermosa compañera.
—No, déjalos. Es un amor-odio el que se tienen, pero al final se respetan. Son familia.
—Y ahora Amanda, perteneces al clan Morgan. Te doy la bienvenida de nuevo, hermana —la voz de Drake los sobresaltó a los dos, pero sobre todo a ella que gritó en alto y pegó un pequeño bote.
—Oh, me asustaste.
—No era mi intención —reconoció Drake, esbozando una sonrisa. La banshee llevaba poco en la mansión y ya había dejado huella en todos al despertarlos dos veces de madrugada con sus alaridos, para luego al día siguiente mostrarse avergonzada y disculpándose por los gritos.
—Gracias por preparar la Ceremonia, hermano —intervino Niall quien hasta ese momento permaneció en silencio, observando con atención al mayor de los Morgan. Lucía cansado, con unas ojeras pronunciadas y con cada movimiento que hacía se notaba que se tensaba, como si estuviese herido. Tendría que preguntar a Foxter si sabía algo porque de Drake no esperaba sacar información.
Lo único que sabía de él era que pactó con las manadas de lobos para que entregaran a Isabelle duCraix a la Sede en cuanto la localizasen, donde el Rey de las gárgolas la esperaba para interrogarla y “castigarla” por haber secuestrada a su única hija. Drake optó por cederle al Rey el honor de la venganza, pese a que podía reclamar su parte de “carne” por el agravio hacia su hermano, entregándole a la loba como pacto entre los clanes. De este modo consiguió un acuerdo comercial con las gárgolas que iba muy beneficioso para ambos clanes de cara al futuro.
—No hay que darlas, Niall. Además, vacié tu cámara cobrándote todo lo que me debías y de paso los gastos en catering y bebida de esta reunión. —Se mostró divertido, burlándose de su hermano pequeño.
—Pues brindad en nuestro nombre que… —Atrapó a Amanda entre sus brazos, cargándola al hombro como si fuera un saco de patatas—… nos vamos a celebrar nuestra luna de miel.
—¡Déjame en el suelo, bestia! —chilló la banshee atrayendo la atención de todos sobre ella.
—Lo haré, preciosa, pero en cuanto lleguemos a nuestra cama —bromeó Niall, acariciándole la nalga derecha con la mano libre.
Lo que ella le llegó a responder no lo llegaron a escuchar porque el dragón salió corriendo del salón directo al dormitorio que compartía con su compañera, con la clara intención de encerrarse junto a ella para disfrutar de lo que los humanos llamaban “luna de miel”.
«Follar, follar», repetí una y otra vez su dragón dentro de él, consiguiendo que rompieran a reír los dos, enfureciendo más a Amanda.
—No te reirás tanto cuando te mande a recoger mi mochila que te dejaste en el bosque y a comprarme lo último de la autora Dark Moonlight. Recuerda que la venganza se sirve en un plato frío, dragón y…
No pudo decir nada más. Acabó boca arriba sobre la cama siendo devorada por un ardiente Drakonis, que se juró que iba a hacerla feliz el resto de su vida.
FIN