Capítulo nueve

 

 

 

La suerte se le había acabado hacía mucho tiempo. Lo tenía claro. Y más cuando apenas unos minutos después de salir corriendo como si la persiguiera la mismísima muerte; y sí, su padre cuando se enfadaba conseguía atemorizar a cualquiera, el dragón la atrapó.

 

 

—No voy a volver a perderte de vista, preciosa. Tenemos que hablar.

Amanda se removió al ser abrazaba por el hombre, quien la apretó contra su cuerpo. Estaba confusa, con el corazón palpitando con furia contra el pecho y…

«Oh, eso que noto restregándose en mi culo es su…».

Nerviosa y asombrada por el giro inesperado de los acontecimientos, pues de pasar a correr por su vida porque creía que le perseguiría el dragón para comérsela a…, estar a un paso de ser asaltada por un hombre, desnudo, excitado y que le aseguró que no la iba a perder de vista.

Perfecto.

¿No había sido ella la que había preguntado si le podía pasar algo más?

Pues sí, chica, si que te puede pasar. Ahora enfréntate a un loco con una erección como un caballo que no tenía intención de liberarla.

—¡Suéltame! —le exigió, echándose hacia atrás, golpeándole en la mandíbula con la cabeza, consiguiendo así que abriera los brazos.

«¡Corre! ¡Corre!», gritó la molesta voz de su mente.

Así lo hizo, aunque no llegó muy lejos, al tercer paso, él volvió a atraparla entre sus brazos, levantándola del suelo.

—Lo siento, cielo, pero no te voy a dejar ir. Eres mi compañera, y tenemos mucho que hablar.

—No tengo nada que hablar contigo, maldito loco. Suéltame de una vez, o lo lamentarás.

La respuesta de Niall no fue la que esperaba ella pues se echó a reír, acercándola más contra su cuerpo, provocándole que temblara de pies a cabeza al sentir una mezcla de emociones que iban desde el miedo, a la sorpresa y el calor del deseo.

—No sabes lo que me pone que tengas fuego en la sangre —acabó respondiendo él tras acallar sus carcajadas, elevando el nivel de nerviosismo de Amanda.

«¿¡Qué le pongo!?», repitió en su mente, con el corazón desbocado en el pecho y un nudo en la boca del estómago. «¿Qué les sucede a los inmortales hoy en día?, ¡los muy imbéciles solo piensan con la polla!».

—¡No me vas a violar! —bramó con rabia, mientras retomaba los intentos por liberarse del incómodo abrazo. Estaba harta de todo lo que le estaba pasando últimamente, ya había tocado su límite con los dedos y estaba a un paso de comenzar a gritar a pleno pulmón, y que el mundo entero reventara por sus alaridos.

—¿Violarte? —repitió Niall, sin poder creer lo que escuchaba. Su dragón estaba rugiendo ofendido ante esa grave acusación. Un Drakonis se cortaría las manos antes de dañar a su compañera. ¿Cómo se atrevía su mujer a acusarle de algo así?—. ¿Cómo que voy a violarte? ¡Eres mi compañera! La mujer que el destino ha creado para mí y…

Amanda, consiguió soltarse tras morderle el brazo, dejándole la marca de los dientes, probando el amargo y metalizado sabor de su sangre.

—¡Joder, nena! ¿Por qué me muerdes? —espetó Niall, liberándola tras la sorpresa inicial del mordisco. No se lo esperaba.

Nunca soñó que el encuentro con su compañera fuera tan… aparatoso y doloroso. Bueno si era sincero, la verdad es que nunca esperó encontrar a la mujer que le ataría los huevos hasta el día de su muerte. Él deseaba vivir una alocada existencia en la que poder saborear cada noche a una mujer diferente, al menos pensó así hasta que percibió por primera vez el aroma de la destinada para él. Ahora sí comprendía la cruda necesidad de Liam de estar con su esposa, de la mágica unión que poseía un dragón y su destinada.

Pero aunque comprendía que el destino era una perra que disfrutaba burlándose de él, no esperaba para nada todo lo que le estaba pasando. Una compañera que le acusaba de violador, le golpeaba dos veces, echaba a correr de su lado por más que le decía que tenían que hablar, y…

Tenía una migraña horrible que le hacía sentir unos tambores dentro de su mente, tocando sin piedad la peor música del mundo. El cuerpo le dolía tras la caída deshonrosa al suelo desde una altura considerable, y tras comprobar que ella tenía una cabeza dura, que estuvo a punto de romperle el labio y de paso la mandíbula… ahora luciría durante una larga temporada las marcas de sus dientes en su brazo izquierdo.

Si la historia que contó Liam de su encuentro con su pequeña Cupido era asombrosa, pues no todos los días casi te atropella tu mujer predestinada, ahora él sin duda, iba a ganar la apuesta de “¿cómo conocí a mi compañera? El modo más surrealista”.

—Te muerdo porque estás loco, porque quiero que me dejes tranquila y porque no acepto que nadie me diga qué es lo que el destino me depara. Además, no fui creada para ti, fui creada para…

En ese momento se calló, era doloroso para ella saber el verdadero motivo de su nacimiento, por qué la creó su padre, y no quería ir gritándolo por ahí, aunque fuera para echarle en cara a ese increíble, sexy…

—Mierda —susurró al verlo de frente, al reconocerle. Al tenerlo a su espalda no pudo verlo, solo sentirlo y… —. Eres el hombre del parque —murmuró, sin poder evitar ponerse roja como un tomate al contemplarlo desnudo, y lo que era peor, que pese al mordisco, el cabezazo que le dio antes, este seguía duro y dispuesto para un buen revolcón sexual si ella se prestaba.

—Sí, soy el hombre al que ayer le salvaste la vida y también soy tu compañero. —Al ver que ella iba a contestarle, alzó las manos y continuó con su discurso. No era el que tenía en mente y el que había preparado mientras la buscaba por los cielos, pero…—. Sí, eres mi compañera. Sí, eres la mujer que tanto mi dragón como yo hemos reconocido como nuestra, al igual que nosotros somos tuyo, si nos aceptas. Sí, es el destino quien nos ha unido, y sí, espero follarte y hacerte mía cuando lleguemos a conocernos mejor y…

—¡Alto! —Esta vez fue ella la que alzó las manos por encima de la cabeza, a un paso de revolverse la melena de los nervios. Estaba en shock, era la única explicación posible a todo lo que estaba escuchando. ¿Destino? ¿Follar? ¿Unión?—. Tú estás loco, los golpes que te dieron ayer los lobos han debido de provocar un cortocircuito dentro de tu cabeza porque estás muy mal si crees en todo eso.

—¡¿Pero cómo es posible que seas tan terca, cojones?! —bramó Niall, cruzándose de brazos para no recaer en la tentación de abrazarla, de besarla hasta que gimiera y se derritiese en sus brazos y apoyarla contra un árbol para follarla hasta que el mundo explotara a su alrededor.

Amanda le imitó con el gesto, no dispuesta a dejarse intimidar. En todo momento mantenía la mirada clavada en su cara, evitando morirse de la vergüenza ante su desnudez y su salvaje belleza y atracción que la estaban poniendo muy nerviosa, sintiendo unas cosquillas dentro de ella que no deseaba identificar por temor a hacer una locura de la que más tarde se arrepentiría.

—¿Cómo actuarías tú si una loca se presenta ante ti gritándote que es el amor de tu vida, que estáis unidos por una magia que solo ella puede ver y que quiere ponerte a cuatro patas mirando para Londres y…?

Sí que es cierto que estaba disgustado ante la falta de colaboración de su compañera, su dragón aún seguía furioso por mostrarse débil y caer desmayado ante la hembra, pero escuchar su perorata fue…

Delirante. Un aire fresco a la discusión que provocó que de nuevo rompiera a reír, acallando a la joven que lo miró con gesto de enfado.

—¿¡Ves cómo estás loco!? No puedes ir por ahí gritando esas sandeces. Ni soy tu compañera, ni tenemos una unión mágica, ni…

La acalló con un beso.

La furia que sentía su dragón avivó el fuego que ardía en su interior, lanzándolo a devorar esos labios que le tentaban desde que la vio desde el aire. Quería besarla y… así lo hizo. Agarrándola por la cintura, posando sus labios contra los de ella, mordisqueándoselos y gruñendo al ver que no le daba acceso para probar su dulce sabor.

 

 

Amanda se agitó en cuanto lo vio tan cerca, y estuvo a punto de caer de rodillas al suelo cuando la abrazó por la cintura, pegándola a él. Pero cuando ya perdió todo sentido de la realidad fue cuando sintió sus labios, besándola, marcándola a fuego con aquella simple caricia.

¡Su primer beso!

Y no era como lo había soñado, como había deseado que sucediera. Sí, reconocía que era una lectora voraz de novela romántica, y ansiaba internamente ser la protagonista de algunas de las historias que eran sus favoritas y que releía varias veces al año. Pero en ninguna de ellas, la protagonista recibía el primer beso en medio del bosque, apestando a tierra y a humedad, en brazos de un hombre desnudo que necesitaba que su psiquiatra le cambiara la dosis de las pastillas porque no decía más que locuras.

 Todo lo que deseó y suspiró en el pasado, pasó velozmente por su mente, asombrándola al tener que reconocer que sentir aquellos labios sobre los de ella era más real, más auténtico, más…

Las rodillas le fallaron cuando entreabrió los labios ante la insistencia del hombre y notó como la conquistaba con su lengua. En el instante en que sus lenguas se rozaron el mundo se apagó a su alrededor, y solo fue capaz de dejarse llevar por la vorágine de pasión que explotó en su interior.

Tenía que separarse de él, empujarle y asestarle un derechazo por atreverse a besarla de aquella manera, con pura necesidad y devoción; pero fue incapaz de moverse. Todo el miedo, el cansancio, la sorpresa y la preocupación al verse en medio de tantos problemas cuando intentaba volar del “nido de víboras” que era su hogar, se evaporó en brazos de él.

Su mente, su cuerpo y su corazón vibraron mientras disfrutaba de las caricias y del erótico beso, permitiéndose una vez en su vida ser solo Amanda, enterrando el hecho que fuera una banshee, hija de La Muerte que soñaba despierta desde que tenía uso de razón.

 

 

Sus lenguas danzaron y sus cuerpos se pegaron, mientras él le acariciaba el cuerpo, y sus suspiros y gemidos de placer se acallaban en los labios del otro. El beso fue abrasador, una caricia íntima en la que estaban descubriendo que el mundo giraba en torno a ellos, una experiencia única para Amanda al ser su primer beso, y mágica para Niall, quien escuchó rugir de felicidad a su dragón en su cabeza.

Su mente se llenó del aroma de su compañera, alterando a su bestia, la cual se mostraba impaciente exigiéndole que marcara a la hembra de una maldita vez. Quería que la tomara en aquel bosque, sin pensar en nada más que en saciar el deseo que los consumía desde que percibieron su esencia en el recibidor. El dragón quería que ella le conociera, quería que sintiera su necesidad, el anhelo que por tantos siglos llevaba asfixiándole hasta que por fin la encontró. Deseaba prometerle que la protegería con su vida, que le entregaría la piedra de la vida como muestra de su devoción, de su amor eterno.

«Mía», gruñó el dragón, arañando la mente de Niall, quien a duras penas podía contenerse. Pero él no iba a dejarse llevar por el fuego que los lamía por dentro, y poseer a su mujer en aquel húmedo y frío lugar. La primera vez debía ser algo memorable, que quedara grabado para siempre en sus corazones, que atesoraran como un regalo único que compartieron, y para eso la llevaría a un hotel para amarla todo el día y la noche.

«Nuestra», le recordó Niall, enviando mensajes de tranquilidad a su otra mitad para que dejara de avivar la lujuria, para que dejara de gruñir nervioso porque aún no le había arrancado la ropa y la estaba follando como si no hubiera un mañana. «Nuestra compañera, y merece nuestro respeto».

«Drake, razón».

«¿Cómo que mi hermano tiene razón?».

«Imbécil. Sin cerebro. ¡Ahora, follar!».

—¡Joder, no! —gritó, harto de escuchar la voz de su dragón. Cortando el beso sin percatarse. Tomando por sorpresa a Amanda quien le miraba con temor y otros sentimientos que un observador atento le habrían informado que estaba a un paso de romperse, y todo por verse en medio de una historia en la que todos sus sueños se estaban retorciendo, demostrándole que la realidad era una perra que le gustaba morder la mano que le daba de comer.

—¡Tú estás mal de la cabeza! —susurró ella, separándose otro paso, alejándose de la tentación que era el hombre.

Estaba consternada, asombrada por lo que acababa de pasar, por el beso que devolvió a un completo extraño que había conseguido que su corazón latiera velozmente en el pecho y sus bragas se humedecieran. Porque tenía que reconocerlo, el deseo que estaba aferrado a algunas partes de su cuerpo era como un parásito que se estaba burlando en esos momentos de ella, y que la conducía a un punto en el que sería ella la que le asaltara deseando mucho más, necesitando acallar las llamas de la pasión sintiendo como se volvían uno hasta que el mundo explotara a su alrededor.

—No vuelvas a llamarme loco, mujer. No estoy mal de la cabeza y…

—Amanda. —Le interrumpió golpeándole el pecho, atrayendo su atención. Esta vez la miró a los ojos, provocando que ella acallara el gemido de frustración que amenazaba con brotar de sus labios. Quería…

—¿Cómo dices?

—Que mi nombre es Amanda, así que deja de llamarme mujer, ese tono cavernícola ha pasado de época hace más de un siglo. Si me vuelves a llamar mujer te voy a dar una patada en los…

La sonrisa con la que le respondió la acalló esta vez a ella.

—Umm, nunca he sido muy partidario a eso de jugar a amo y sumisa, pero por ti, estoy dispuesto a que me ates y me hagas lo que quieras, preciosa.

Uno.

La violencia nunca era la solución.

Dos.

Le había salvado la vida ayer noche.

Tres.

No importaba que le hubiera dado el mejor beso de su vida… Vale, rectificaba. Su único y primer beso, que por cierto la dejó temblorosa y con ganas de…

Cuatro.

Plaf.

El tortazo que le dio resonó en el silencio del bosque, tomando por sorpresa a los dos.

—¿Me has pegado? —masculló Niall, sin poder creerlo aún, notando como le ardía la mejilla izquierda donde le había pegado el bofetón.

—Yo… —dudó Amanda, sin saber muy bien qué decir.

Cuando estaba al borde de los nervios siempre la ayudaba contar hasta diez y pensar en todo lo bueno para olvidar lo malo y evitar el conflicto, un truco que empleaba casi a diario para poder soportar a sus hermanas, pero… con ese hombre, no era para nada efectivo, pues acabó golpeándole.

Antes de que él llegara a decirle algo, ella le miró a los ojos y se disculpó:

—Lo siento. No debí golpearte, pero llevo un día de mierda y que no dejes de decir que eres mi destino me pone nerviosa. No es excusa para pegarte, lo sé. La violencia es algo que aborrezco y…

Niall la atrapó de nuevo entre sus brazos, sin dejar de sonreír. La fuerza era algo que valoraban los de su raza, y el fuego que percibía en aquella mujer le atraía con tal intensidad que no veía la hora de hacerla suya.

«¡Yo razón! ¡Tú, tonto! ¡Unión, ya!».

«Al menos ya no eres monosílabo y solo me dices, follar», se burló de su dragón.

—No me hagas daño —susurró Amanda al sentir como la abrazaba con fuerza, todo el miedo que sintió desde que se encontró sola y en problemas a su llegada al mundo mortal explotó en su interior, llenándola de dudas, de temores y de miedos.

—Antes que hacerte daño, moriría, muj… Amanda —confesó Niall, deseando que sus palabras penetraran el miedo que se percibía en el ambiente, y que ella comenzara a confiar en él, que viera que estaban hechos el uno para el otro por muy “extraño” que fuera sus primeras “citas” o más bien desencuentros.

—Pero te he golpeado, y ahora me vas a castigar y…

Niall rompió a reír, sorprendiéndola de nuevo.

—No. —Negó con la cabeza, acariciándole la espalda con suavidad, tomándose su tiempo, pues en esos momentos lo que deseaba tocar eran otras partes de ese delicioso cuerpo—. Nunca te castigaría, nunca. Eres mi compañera, y te daré el tiempo que necesites para que sientas la unión que tenemos, para que me conozcas mejor y termines amándome como yo te amo a ti. Ni se te ocurra pensar que te voy a hacer daño, antes moriría. Además… —Esbozó una sonrisa llena de promesas sensuales—. Los dragones somos criaturas del fuego, y queremos que nuestras compañeras nos traten como a iguales, sean capaces de enfrentarse a nosotros sin temor. Si estuviéramos en los primeros siglos del hombre, las mujeres eran las que debían cortejar al hombre mostrándoles su fuerza.

—¿Cortejar a los hombres? —No debía preguntar. ¿Por qué demonios tenía que ser tan curiosa? Por culpa de su curiosidad estaba atrapada con sus palabras, sin notar que la estaba acariciando suavemente la espalda, y que estaban apenas separados por unos centímetros. Pero de nuevo se dejó llevar por su imperiosa necesidad de saberlo todo y acabó soltando—. ¿Y cómo lo hacían? Quiero decir, ¿cómo os cortejaban las mujeres?

—Con una lucha de espadas.

—¡¿Qué?! —gritó sin poder contenerse, abriendo mucho los ojos—. ¿Las mujeres debían combatir con los dragones para cortejarlos? Eso no tiene sentido. —Negó con la cabeza, enfatizando con ese gesto sus palabras. 

—Ese combate como tú lo llamas, era más bien una danza de apareamiento. La mujer debía mostrar al dragón la fuerza que poseía, que sería una digna compañera, y el dragón… —Se lamió la boca, atrayendo la atención de su compañera, quien parpadeó muy rápido y tragó con dificultad. Toda ella era un bocadito delicioso que temblaba en sus brazos y no de miedo precisamente, pues por fin su aroma era de deseo y no de temor—. Digamos que él le mostraba su poder y su fuerza de otra manera más… divertida y ardiente.

—Los dragones estáis mal de la cabeza —aceptó finalmente Amanda, sintiéndose un poco más calmada. Al menos ahora no tenía ganas de echar a correr sin mirar atrás.

—Puede ser. —Le dio la razón Niall, encogiéndose de hombros—. Pero ya te acostumbrarás a tener un dragón en tu vida.

Amanda se cruzó de brazos.

—¿Cómo que me voy a acostumbrar a un dragón? ¿Aún crees que voy a aceptar tu declaración cavernícola de que te pertenezco?

El que esta vez estuvo a punto de contar hasta diez para no responder algo que luego lamentaría fue Niall, quien inhaló con fuerza para luego soltar el aire lentamente por la nariz, sin dejar de mirar atentamente a su compañera, con ganas de actuar como el cavernícola que ella creía que era, colgarla al hombro para llevársela lejos y no permitirle salir del cuarto hasta que aceptara de una maldita vez que lo que les unía era algo sagrado y mágico que les cambiaría la vida para siempre.

—No me mires así, que no voy a cambiar de opinión. No puedes ir por ahí golpeándote el pecho y gruñendo que eres mi dueño.

—Ok.

—¿Ok? —repitió ella sin poder creer que él aceptara que ella tenía razón. Respiró tranquila, pues en esos momentos lo que más le preocupaba era encontrar un buen lugar donde refugiarse y que su padre no se enterara que había acabado con la vida de dos lobos, aunque tuviera la excusa de que la amenazaron de muerte. No era el mejor momento para encontrar el amor, o más bien, para soportar a un testarudo dragón que se paseaba desnudo y sin pudor ante ella mientras le gruñía como un…— ¡Maldito cavernícola, suéltame ahora mismo! —gritó enfurecida al ser alzada del suelo y acabar colgada del hombro como si fuera un saco.

Niall le dio una cachetada en culo, y le respondió, sin dejar de sonreír:

—No, preciosa. Ya te dije que no te iba a dejar ir. Eres mi compañera y tenemos que hablar.

—¡¿Pero qué crees que estábamos haciendo, imbécil?! —chilló Amanda removiéndose y golpeándole la espalda con los puños cerrados.

—Estamos en un bucle que ya cansa, cielo. Así que te voy a llevar a mi hogar, te vas a dar una ducha, me aseguraré que comas algo y duermas una horas antes de que me preguntes todo lo que quieras saber acerca de tu nueva vida.

—¿Pero te escuchas cuando dices todas esas tonterías? ¡Qué nueva vida, ni que leches! Suéltame ahora mismo o…

—¿O qué? —preguntó Niall ante el silencio de ella.

Al ver que no tenía respuesta se preocupó. Su compañera le mostró que era una mujer con fuego en su interior, y que se callara de golpe le estaba poniendo nervioso. Miró por encima del hombro y masculló en alto varios improperios al verla desmayada.

Con cuidado la movió hasta tenerla en sus brazos.

—¿Pequeña? —la llamó deseando que abriera los ojos y fuera una de sus tretas para escaparse. Pero no lo hizo. Siguió con los ojos cerrados y con apenas un hilo de respiración. Posó una mano en su pecho y notó la disminución de los latidos de su corazón—. ¿Amanda? ¡Abre los ojos, maldita sea!

Ahora sí que estaba preocupado.

«Viva. Ayudarla. ¡YA!», le ordenó su dragón quien rugía y le avivaba el nerviosismo, arañándole por dentro con sus garras, ante la intensa necesidad de poner a salvo a su compañera.

—Lo sé, lo sé —gruñó a su bestia en alto, ahogándose por la preocupación. ¿Qué había sucedido para que su compañera acabara desmayada en sus brazos? ¿Estaría herida?—. Debo llevarla a la mansión y…

El rugido de un dragón a lo lejos le sobresaltó y le hizo mascullar de nuevo al reconocerlo.

«Drake, ayudará».

—O nos va a matar lentamente —le respondió en voz baja, sintiendo el nerviosismo de su bestia, quien le dio la razón.

Niall alzó la cabeza y apretó los dientes al ver a su hermano mayor descender velozmente, batiendo las alas con furia.

Los gruñidos de su hermano eran claros…

Cabrón…

Sin cerebro…

Hijo único…

Matar a sus hermanos…

«Parece ser que no soy el único que lo ha cabreado», se burló Niall, escuchando las carcajadas de su dragón. Compartir con Liam ese honor le suponía una ventaja, no iba a sufrir el solo las consecuencias de sus acciones.

Esperó a que el otro aterrizara cerca de donde estaba y cubrió la distancia que los separaba, con su compañera en brazos, manteniendo cuidado de no dañarla, acallando la angustia que lo ahogaba para poder enfrentarse a su hermano en igual condiciones, aunque lo único que deseaba en esos momentos era aparecerse en un hospital mágico para que trataran a su hembra o en la mansión donde la atendería el médico de la familia.

Drake cambió antes de tocar el suelo, y lo miró con atención, deteniéndose en la preciada carga que portaba en brazos.

—Os transportaré a la mansión y llamaré a Foxter para que la atienda.

—Gracias, hermano.

El mayor de los Morgan sonrió de lado mostrando lo cercano que estaba con su dragón pues sus ojos no habían cambiado de color y tenía fuera sus colmillos. Al igual que Niall, estaba desnudo, mostrando un cuerpo educado en la guerra, con cicatrices antiguas que marcaban su dorada piel.

—No me las des, pues cuando tu compañera sea atendida te descuartizaré y venderé tu cuerpo en el mercado negro. Los brujos pagarán una fortuna por tus cuernos.

Sin darle tiempo a responderle, Drake le tocó el hombro y los transportó a los dos hasta la entrada al cuarto de Niall. Los dormitorios tenían protecciones para evitar las apariciones y el único que podía traspasarlas era el cabeza de la familia, algo que evitaba hacer para proteger la privacidad de los miembros que residían en la mansión. La noche anterior Liam tuvo que aparecerse ante la puerta principal, teniendo que llamar al timbre para que le abrieran pues el único que podía remover y traspasar los escudos protectores, era Drake.

—Voy a llamar al médico, cuando la atiendan, hablaremos seriamente, hermano.

Con tal de ver a su compañera volver a mirarle a los ojos aunque fuera para llamarle cavernícola lo entregaría todo, hasta vendería sus cuernos en el mercado negro con tal de pagarle las pérdidas financieras del mayor de los Morgan para ocultar su transformación en la ciudad.

—Gracias, hermano.

Drake asintió con la cabeza, y antes de desaparecer para aparecerse en su dormitorio para vestirse tras llamar al médico de la familia, le respondió:

—No me las des aún. Liam y tú os habéis metido en un problema y esta vez, el Consejo no lo dejará pasar. Los vampiros ya se están relamiendo por lo que nos va a costar hacer desaparecer los vídeos que han colgado los mortales en las redes sociales, y no quiero ni pensar en lo que van a opinar los viejos cuando les llegue la información de que dos de los Morgan han sobrevolado la ciudad. —«Y yo he destrozado media mansión cuando salí de mi despacho transformado», pensó, recordando su falta de control. Ahora tendría no solo que pagar a los chupasangres, calmar a los viejos, hacer reformas en la mansión, sino que tendría que tratar con unos padres preocupados y unos hermanos que cuando se enteraran de su pequeño descontrol.

En cuanto su hermano se esfumó, Niall abrió la puerta de su dormitorio y entró. Fue directo hasta la cama y depositó con cuidado a su compañera. Verla en su cama le llenó de orgullo y de sentimiento de posesividad. Era suya. Su mujer, su esposa, a quien protegería con su vida, adoraría y lucharía cada día con hacerla feliz.

Le acarició la frente, antes de besarle con suavidad los labios.

—Te juro que voy a hacerte feliz, dedicaré cada día de mi vida para ello —le juró, sin dejar de acariciarla, sentándose al lado de ella, en el borde de la cama.

«Ya he hablado con Foxter, llegará en cinco minutos, tiene que buscar su maletín mágico con las pociones, aunque más bien me suena a una excusa, creo que ese perro viejo está con alguien y…».

Le sorprendió escuchar la voz de su hermano, habitualmente empleaban la conversación mental cuando estaba alguno en su forma animal, no cuando estaban con su apariencia humana, adaptándose a los nuevos tiempos, o más bien, convirtiéndose en tres adictos a los móviles de última generación con más aplicaciones de las que podían contar con los dedos y que al final ni siquiera las utilizaban.

«Drake, te agradezco la ayuda, pero ahora no necesito tener pesadillas con Foxter teniendo sexo con alguien. Solo quiero que mi compañera se despierte y…».

—¡Joder, Amanda! No me hagas esto, preciosa. ¡Abre los ojos! —gritó al verla convulsionar y retorcerse de dolor.

Se sintió impotente al presenciar como su pequeña mujer convulsionaba, y gemía de dolor, apretando los dientes. La sujetó por los hombros, y con cuidado le echó la cabeza hacia atrás para que no se atragantara con la lengua. Quiso abrirle la boca pero la mantenía apretada, así que se centró en impedir que se hiciera daño o acabara en el suelo por culpa de las convulsiones.

«Niall, ¿qué sucede? Noto tu angustia».

«Mi compañera está convulsionando. ¡Está mal, Drake! No sé que le sucede, ¿cómo puedo ayudarla? Si la pierdo yo…».

Antes de que terminara la frase, notó como la barrera protectora de su cuarto tembló antes de que apareciera Drake.

—Ya está en camino Foxter, Niall. No te preocupes, que él averiguará cómo ayudar a tu compañera.

—¿Y si llega tarde y ella …? —No era capaz de pronunciar la palabra muerte, no quería ni pensarlo, pues sentía que su corazón se desgarraba. Si su compañera moría, él la seguiría.

—Ni siquiera pienses en eso. Aunque tu compañera huela a humano, algo me dice que es inmortal. Una humana no habría sido capaz de protegerte de dos hombres lobo. Ahora céntrate en estar a su lado, ya avisé a Foxter que acuda aquí en cuanto llegue. Voy a responder la llamada perdida que tengo de las manadas y a encontrar a Liam. El muy hijo de puta remontó el vuelo desde la ciudad y ahora sois la sensación de momento por las redes sociales. En cuanto todo esto termine, me deberéis una bien grande.

—Te entregaría mi vida con tal de ver que ella despierta y está bien —susurró Niall, notando como su dragón bramaba de dolor, de furia, de rabia e impotencia muy dentro de él.

Drake, soltó una carcajada al tiempo en que le daba un manotazo en el hombro, sobresaltándolo con ese gesto.

—No seas melodramático, hermano. Ella estará bien, en nada podrás marcarla y presentarla a la familia. Y no dudes ni un segundo que le voy a describir detalladamente cómo te convertirse en una reina del drama. Entre Liam y tú, el Consejo o bien os condenará a muerte por alterar la sociedad Drakonis con vuestros melodramas o acabáis con una placa a vuestro nombre en uno de los salones de los Ancianos. Ya puedo leer el texto: “En honor a dos imbéciles que perdieron la razón cuando el corazón tomó el control. Nunca encontrar y marcar a una compañera sacudió los cimientos de una raza”.

Niall se enfureció ante las palabras de su hermano, y se levantó dispuesto a golpearle. Se sorprendió al verlo desaparecer y aparecerse muy cerca de la puerta del dormitorio, alejándose unos metros de la cama.

—¡Cómo te atreves a burlarte del estado de mi compañera o de mi preocupación! ¡Ella es mi elegida! ¡A quien le entregaré la piedra de mi corazón y…!

—Recuerda la furia que sientes en estos momentos, Niall, pues te mantendrá cuerdo y no te ahogarás en la preocupación. Ella necesita tu fuerza, no tu angustia. Sé fuerte por tu compañera. —Al ver que su hermano no iba a responderle, dio media vuelta y se dispuso a salir del cuarto, rumbo a su dormitorio para poder ponerse algo, antes de acudir a la llamada de las manadas.

Estaba preocupado por su hermano pequeño, le sobrecogía verle tan alterado, tan hundido a un paso de lanzarse a la oscuridad de la muerte si perdía a su compañera. «No deseo encontrar a la mía», gruñó por dentro, no dispuesto a convertirse en una sombra de lo que era, en una criatura tan dependiente de otra.

Debía mantenerse fuerte por su familia, por el bien de los suyos, aunque eso le costara su corazón y su alma.

Pero ahora… le tocaba responder a las manadas, encontrar al imbécil de Liam y procurar que Niall no hiciera una locura si Foxter no podía hacer nada por ella.

Cerró los ojos y escuchó como su corazón retumbaba feroz en su pecho. Un día de estos iba a agujerearse el estómago de la preocupación, su familia nunca fue sencilla y cada año que pasaba, los problemas crecían y se multiplicaban…

Abandonó corriendo el pasillo al escuchar la desolada voz de su hermano pequeño:

—No te mueras por favor, no me dejes solo…

Joder, depender de una compañera era la peor maldición para un inmortal, y rezaba cada día para no encontrarla.

 

«El amor compensa todo lo demás», recordó las palabras de su madre.

 

Nunca creyó que eso fuera verdad. De amor nadie vivía, no podías comprar o vender acciones, o ver crecer el imperio de los Morgan, o hacer frente a la muerte cuando tus enemigos se disponían a atentar contra tu vida. El amor no era más que un sentimiento que te hacía débil ante el mundo.

«El amor es una puta mierda», murmuró con furia, azotando la puerta contra la pared en cuanto entró a su alcoba. Sus hermanos se lo habían dejado claro. Nada compensaba lo que pasaron, lo que estaban pasando y las consecuencias que iban a tener sus decisiones ese día pues dudaba que el Consejo pasara por alto la aparición de dos dragones en medio de una ciudad llena de mortales.

Solo le quedaba esperar que nada más pasara, odiaba las sorpresas y ya habían tenido suficientes por ese día.

Pero como decía un refrán Drakonis:

 

Si escupes fuego, puedes quemarte.

 

«Hay días que es mejor no levantarse de la cama», gruñó por dentro, sintiendo como su dragón le daba la razón, ya que los dos tenían una vaga sospecha que lo sucedido solo era la punta del iceberg,  y que en cuanto bajaran la guardia, la perra del destino les iba a golpear de nuevo.

¿Sus sospechas se harían realidad o por esta vez el azar iba a ser benevolente con ellos?