Capítulo cinco

 

 

Aquí es dónde te encontré, Niall.

Este olisqueó el aire donde su hermano le señalaba. Era uno de los parques de la ciudad, muy cerca del restaurante donde tomó una copa con la zorra de la mujer lobo.

—Sí, percibo los aromas de los chuchos. Ellos murieron aquí. —Indicó con un gesto el lugar donde se olía el desagradable hedor de la muerte. Se movió unos metros hasta quedar paralizado por lo que percibió. Su dragón gruñó y se revolvió en su interior al reconocer la presencia de su compañera en las partículas del suelo que captaron su esencia—. Ella estuvo aquí, arrodillada, a mi lado.

Liam asintió con la cabeza.

—Sí, la encontré a tu lado. Creí que ella era igual de responsable que los lobos —se excusó, sintiendo culpa y remordimientos. Por suerte no permitió a su dragón tomar el control la noche anterior, o en esos momentos estaría suplicándole perdón a su hermano pequeño, por haber herido a su compañera.

Niall se arrodilló y rozó con suavidad la tierra, cerrando los ojos intoxicándose con el dulce aroma de su compañera. Toda la vida asegurando que no iba a enamorarse nunca, que él no deseaba ver cómo el destino le ataba a una sola mujer, encadenándole para siempre con los grilletes del amor, y ahora estaba rozando el abismo de la locura ansiando encontrarla y poseerla una y otra vez, gozando con su placer hasta que tanto su dragón como él quedaran saciados, algo que temía que no iba a suceder nunca.

Encontrar a una compañera era una maldición a la que estaban condenados a sufrir todos los dragones, si no querían acabar enloquecidos, y condenados a ser eliminados.

Él que siempre odió al destino por condenarlos a unirse o morir por la locura, ahora estaba a un paso de dejar volar a su dragón y…

 

 

«Nuestra. Buscar. ¡Ahora!», gruñó su bestia arañándole por dentro, desafiando al mayor de los Morgan que los amenazó si se atrevían a sobrevolar la ciudad.

El que le amenazaran era algo que le jodía y… cerró los ojos y permitió que su dragón tomara el control de su cuerpo, transformándose, apareciendo en apenas unos segundos un hermoso ejemplar con escamas brillantes del color de la sangre, dos pares de cuernos negros en la cabeza, espinas azabaches por la columna vertebral desde el cuello hasta la punta de la cola, garras peligrosas del mismo color de la noche y unos penetrantes ojos anaranjados con el iris como los gatos.

—Maldición, Niall. ¡Drake, te va a matar! —gritó Liam, mirando a su alrededor con temor temiendo que los humanos pudieran verlos.

Para poder investigar el lugar donde encontró a su hermano sin que nadie les tomaran como unos locos que observaban con atención el suelo como si buscaran algo, levantó una barrera protectora que les diera privacidad. Si no fuera por ese escudo ahora mismo los humanos que paseaban por el parque estarían gritando como locos o se desmayarían al ver aparecer a una criatura mitológica de la nada.

«Drake, me puede morder el culo», bramó Niall y su dragón, cuando adoptaba su forma animal se volvían uno, un cuerpo, una mente, un corazón.

—No seas estúpido, Niall. Vas a lamentarlo si te ven los humanos. ¡El Consejo puede condenarte a muerte si creen que has perdido el juicio y has permitido que tu dragón te gobierne!

«Y lo haré si no la encuentro. ¿Cómo estarías si pierdes a Amanda?».

—Moriría, Niall —reconoció Liam, intentando calmar a su hermano, manteniendo a duras penas la barrera que la criatura ante él intentaba destrozar, para poder alzar el vuelo y buscar a su compañera—. Pero tú no has perdido a  nadie, estoy aquí para ayudarte a localizar a tu mujer, no a presenciar cómo terminas con tu vida. Si el Consejo ordena tu muerte, estarás condenando a tu compañera a una vida sin ti, a no descubrir el amor.

El dragón gruñó y lanzó una bocanada de fuego al aire que cubrió el cielo volviéndolo anaranjado y elevando la temperatura del aire unos cuantos grados. Liam se mantuvo cerca de su hermano, como Drakonis el calor no le afectaba, y lo que le preocupaba realmente en esos momentos era que Niall cometiera una locura como…

—¡Ni se te ocurra! ¡Drake nos va a matar! ¡Padre y madre pedirán mí…! —«… cabeza», terminó la frase en su mente, maldiciendo en alto al ver volar a su hermano pequeño.

—¡Un dragón!

—¿Qué es eso?

—¡Socorro!

—¡Que alguien llame a la policía!

—Joder, tío, esto lo subo a mi Facebook, va a ser un pasote y fijo que se vuelve viral.

Liam miró a su alrededor tras ver como se iba su hermano volando por el cielo, convirtiéndose en un puntito rojo que se perdió por el aire. El muy hijo de puta, se había atrevido a romper la barrera protectora e ir a la caza de su compañera. En cuanto las noticias de un dragón sobrevolando Edimburgo llegara a oídos de Drake estaban jodidos, los dos, porque el mayor iba a pedir su cabeza, y las pelotas de Niall.

 

 

—Tío, ¿sabes si eso que vimos es real?

La voz de un humano le devolvió a la realidad. Se giró y encaró al curioso hombre que llevaba un móvil de última generación en las manos. Lo observó con atención y estuvo a punto de robarle el teléfono, tirarlo al suelo y pisoteárselo al ver que había grabado un vídeo y lo había compartido por una de las redes sociales a la que los humanos eran adictos.

—Están grabando una película.

El humano rompió a reír, negando con la cabeza. Vestía como un anuncio de un gimnasio barato de barrio, con ropa deportiva que le quedaba varias tallas grandes, una gorra y unas gafas de sol que se veían caras y que mantenía sobre la visera de la gorra.

—Sí claro, tío. Una película, y ¿dónde están las cámaras? ¿El director o los actores? ¿Y cómo es que no lo han anunciado por Facebook o Twitter? ¿Y…?

Lo reconocía. No tenía paciencia para gilipolleces y menos cuando con cada segundo que pasaba el imbécil de su hermano se estaba convirtiendo en viral por las redes sociales, y sus cuernos estarían muy pronto en el mercado negro si Drake cumplía su amenaza, así que, acabó haciendo lo que juró no hacer para no llamar más la atención sobre su persona.

Le arrebató el teléfono al humano, lo lanzó contra un árbol y sonrió como un poseso al ver como este se rompió en miles de pedazos.

—¡Hijo de puta ese móvil me costó un pastón! —Liam vio como el hombre lo agarró del brazo y lo zarandeó—. ¡Me lo vas a pagar cabrón o…!

—¿O qué? —preguntó Liam, acercando su rostro al del otro, liberando a su dragón al cambiar de color sus ojos—. Lo que has visto ha sido la escena de una película —le gruñó bajando la voz para asegurarse que solo él le escuchara—, o descubrirás que nadie se mete con un dragón… ¿Me has entendido, humano? —le preguntó a la espera de su respuesta, notando como este le soltaba el brazo y daba un paso hacia atrás.

Pudo oler su miedo, ver como temblaba y mantenía esa mueca grotesca entre sorpresa y terror. Su lado depredador estaba a un paso de gruñir deseando ver si conseguía que el humano se orinase encima. Los dragones eran depredadores por naturaleza que disfrutaban con las batallas, los desafíos y las conquistas. En el pasado lucharon libres convirtiéndose en una raza poderosa y temida, pero tras los cambios en la sociedad humana tuvieron que adaptarse o morir. No iban a ser ellos los que provocasen una guerra entre inmortales y mortales que podía acabar con la tierra y los Reinos que convivían en ella.

—Na… nada —balbuceó el humano, temblando visiblemente, muerto de miedo. No podía ser verdad que los dragones eran reales, pero estaba ante un hombre que gruñía, le mostraba unos colmillos más propios de una película de terror y había presenciado cómo sus ojos cambiaron de color, algo que era imposible, ni siquiera con lentillas podías conseguir ese efecto.

—Perfecto. Ahora lárgate de aquí y asegúrate de decirles a todos que el vídeo que subiste era una broma o seguiré tu aroma y… —Olisqueó el aire exagerando el gesto para que no quedara dudas de lo que estaba dispuesto a hacerle—… jugaré con tus entrañas, antes de devorarte.

Liam aguantó las ganas de reír hasta que vio al humano atravesar la calle gritando como un loco, sin mirar atrás, como si le persiguiese la mismísima muerte. En cuanto lo vio al otro lado de la calzada tras cruzar el parque y la carretera, rompió a reír, sin importarle que hubiese más mortales a su alrededor.

Siempre quiso soltar una frase como esa, típica de un guión de película de terror de serie B, y saber que el hombre le creyó por el modo en que salió corriendo al igual que una gallina que estaba siendo perseguida por el zorro, le provocó un ataque de risa que le duró hasta que escuchó el sonido de su móvil.

En el momento en que identificó por la música quien le llamaba, dejó de reír, de sonreír y estuvo a punto de convertirse también en dragón e irse lejos, disfrutando al menos de su libertad antes de que Drake le cortara la cabeza u otras partes de su cuerpo por no “cuidar” correctamente a Niall.

Soltó un resoplido y sacó el móvil del bolsillo del pantalón.

Sauron llama, aléjate de Mordor. —Leyó el nombre que le puso a Drake en su teléfono, acompañado de la música de El Señor de los anillos.

Exhaló un suspiro de resignación, antes de aceptar la llamada, sabedor que se iba a desatar el infierno.

—¿Diga?

—¡Maldito hijo de puta! ¡Esta vez nada ni nadie os va a librar de…!