Capítulo tres

 

 

 

 

Niall, despierta...

Reconocía esa voz... Pero... ¿Por qué debía despertar? Estaba tan a gusto en la oscuridad, rodeado de una bruma, ahí no había dolor. No sentía nada.

—¡Maldición, Niall! Despierta. Si no lo haces te voy a reventar la cara por preocupar a nuestros padres y...

—¿Liam? —masculló con dificultad, como si tuviera la boca llena de agujas que rascaban con fuerza su garganta.

—¡Está despierto, Drake! Avisa a los demás.

—Y no estoy sordo, hermano así que deja de gritar —farfulló Niall entreabriendo los ojos, encontrándose con la preocupada mirada de sus hermanos mayores. Tanto Liam como Drake estaban a los pies de la cama, mostrando muecas de preocupación en sus rostros.

—Espera a que avise a nuestros padres, hermanito —comenzó Drake, el mayor de los tres, el más poderoso y peligroso de los Morgan. Era un solitario que soportaba estoicamente la presencia de su familia en su mansión, sin llegar a participar activamente en las comidas o cenas familiares. Su única obsesión era el poder y el dinero, además de asegurarse que sus posesiones tuvieran la mayor seguridad posible. A un dragón no se le podía robar, y menos a él, si no querías acabar muerto. Su fama le precedía y no dudaba en mancharse sus manos con la sangre de sus enemigos.

Niall intentó sentarse sin mucho éxito, acabó gimiendo en alto por la molestia que sentía en todo el cuerpo, atrayendo la atención de Liam, quien se acercó corriendo hacia él y le ayudó a incorporarse, colocándole varios cojines tras la espalda.

—No esperes que te pague por mullirme los cojines —se burló, intentando quitarle seriedad al hecho que ni siquiera podía moverse con facilidad. Que se sentía como si le hubiera pasado una manada de elefantes por encima, o más bien le hubieran emboscado dos hombres lobo tras ser drogado por una perra a la que iba a dar caza para vengarse.

Ya debería haber sospechado de esa loba que lo perseguía allá donde fuese, siempre revoloteando a su alrededor en cada fiesta a la que iba, mostrando más piel de lo permitido, rallando el mal gusto en muchas ocasiones.

Aunque el que se tenía que reprochar algo era a él mismo, por haber accedido de puro cansancio a tomar una copa con ella en un restaurante cercano a Calton Hill. La muy zorra debió de haberle echado algo a su bebida cuando fue a pagar, y al regresar dio el último trago, pues en lugar de enviarla a casa como era lo que pensaba hacer en un principio, se encontró excitado y duro, dispuesto a tomarla en cualquier callejón de la ciudad. Esa droga le había alterado la libido, convirtiéndolo en un perro en celo que accedió a acompañarla al parque para acostarse con ella en la hierba como si fueran dos adolescentes que caen presas de sus hormonas.

La muy perra lo llevó a una emboscada, en la que se encontró malherido por arma blanca y siendo golpeado hasta que perdió el sentido. Ya no recordaba nada más. Eso sí, su mente grabó a fuego tanto las caras de los lobos como el de la perra, e iría a por ellos en cuanto se recuperase.

—Ponle al día Liam, antes de que lleguen nuestros padres —comentó Drake antes de salir del cuarto, dejándolos solos.

Liam y él se llevaban un año y eran los más cercanos, Drake por el contrario, al ser el mayor, desde pequeño siempre tuvo muchas responsabilidades, que le hicieron madurar antes de tiempo, distanciándolo de sus hermanos pequeños.

Los tres Morgan se querían y darían la vida por sus hermanos, pero nadie podía negar que entre Liam y Niall existía una conexión especial muy parecida a los gemelos. Eran capaces de sentir al otro cuando estaba en problemas y gracias a eso se habían ayudado mutuamente en más ocasiones de las que podían recordar.

Esta vez le tocaba a Niall estar en deuda con su hermano, y este no se lo iba a dejar pasar.

—¿Cómo pudiste ser atacado por dos lobos? ¿Eres un maldito imbécil o qué? ¡Dos lobos! Esos chuchos no tienen nada que hacer contra uno de nosotros. ¿Acaso la mujer te hizo algo? —preguntó a bocajarro finalmente Liam, dispuesto a descubrir la verdad.

Cuando encontró a su hermano la noche anterior estuvo a punto de perder el control de su dragón que rugía por tomarse la venganza por sus garras. Quiso acabar con la humana que encontró en el parque tocando a su hermano, manchándose las manos con su sangre. Y cuando esta le dijo que ella había detenido a dos lobos salvajes... Estuvo a punto de desgarrarle la garganta por atreverse a mentirle.

Ahora se arrepentía de no haberlo hecho. Así al menos su dragón dejaría de rugirle dentro de la mente, echándole en cara el haber dejado atrás a quienes dañó a su hermano pequeño.

—¿La mujer? Esa perra fue la que me echó algo en la bebida y me llevó hasta el parque donde me esperaban los dos lobos. Tengo que averiguar si lo hicieron por encargo o para robarme. De los hombres lobo se puede esperar cualquier cosa, son mercenarios y...

—¡Debí matarla! —rugió Liam, sobresaltándolo. Niall se lo quedó mirando, viendo como paseaba por el cuarto con los ojos llameando y luciendo un rictus de odio y de rabia.

—Eso me corresponde a mí, me cobraré venganza de los que se atrevieron a atacarme —dictaminó con furia, no dispuesto a ceder ante esto. Su dragón ansiaba sangre, y la iba a obtener.

—Tendrás que ir de caza a por la mujer, pues los otros dos están muertos.

—¿Muertos? —preguntó Niall sin obtener respuesta, pues en ese momento la puerta de su alcoba se abrió dando paso a sus padres y a su hermano mayor, quien mostraba una sonrisa de burla al ver la cara que puso ante la llegada de sus progenitores.

—¡Mi pequeño!

Niall puso los ojos en blanco ante el abrazo de su madre, quien rompió a llorar. Muy cerca de la puerta vio a sus dos hermanos, quienes se despidieron de un gesto, alejándose de aquella explosiva demostración materno-filial.

«Traidores», murmuró para sus adentros Niall soportando el reproche de sus padres, sus preguntas incómodas y los abrazos con lágrimas. Pese a que tenía más de ochocientos años, para sus padres era el pequeño de la casa... «Oh, sí pequeño», pensó con ironía al recordar las veces en que acudía al local exclusivo del que era socio. Un local en el que conseguías todo aquello que desearas.

A diferencia de Drake que tomaba amantes que estuviesen dispuestas a mantenerse en las sombras si querían quedarse a su lado el tiempo suficiente como para sentirse importantes pese que muchas de ellas supiesen que nunca serían la definitiva para él, a él le gustaba vivir al límite, disfrutar del sexo sin atarse a nadie, y el local Soul otorgaba la oportunidad de mantener relaciones sin apegarse a nadie, sin tener que dar explicaciones pues todos los que entraban sabían a lo que iban.

—¿Cuéntanos qué te pasó? ¿Cómo acabaste tan herido? —la voz de su padre le sacó de sus pensamientos. Sonriendo, se encogió de hombros tras bostezar exageradamente, para hacerles ver que estaba agotado. Lo que quería era esperar a que lo dejaran solo para vestirse y transportarse a la ciudad en busca de la zorra que lo llevó hasta la emboscada.

—No lo sé, padre. Liam no me quiso contar nada... tal vez a ti si te lo cuente —le confesó, sabiendo lo que iba a suceder a continuación.

Su padre no le defraudó, se levantó y gritó:

—¡Liam!

Niall escondió la sonrisa que luchaba por mostrarse cuando vio a su padre y a su madre salir corriendo del cuarto con una determinación: descubrir la verdad de su hijo mediano.

—Quien ríe el último... —silbó mientras se levantaba de la cama con algo de dificultad, acallando los gruñidos por el dolor.

Se miró el pecho, comprobando que lo habían limpiado, curado y cubierto de vendas, convirtiéndole casi en el hombre momia. Caminó desnudo hasta el cuarto de baño donde comenzó a quitarse las vendas observando sus heridas. Ya habían sanado y se percibían apenas unas líneas blancas donde lo habían acuchillado.

Las rozó con las yemas de los dedos y se sorprendió que lo hubiesen emboscado de tal manera, que consiguieran reducirle con apenas unos cuchillos y unas patadas. Tendría que encontrar a esa perra antes que Liam, y sonsacarle todo la información de la droga que empleó para alterarle. No solo lo había convertido en un animal en celo que solo pensaba con su polla, sino que acalló y aturdió a su dragón de tal manera que cuando su mente humana se perdió en la oscuridad cayendo desmayado, su otro yo, no reaccionó.

Tendría que haberse transformado en un dragón en los jardines de Calton Hill y haberse comido a los lobos o haberles quemado hasta que quedaran de ellos simples cenizas.

«¿Cómo pudo adormecer a mi dragón?».

Cerró los ojos y cuando los abrió se miró en el espejo, encontrándose con la mirada de su bestia interior. Este también estaba furioso consigo mismo y ansiaba venganza, además de respuestas a sus preguntas.

—Pronto —prometió, consiguiendo que su dragón rugiera dentro de él.

«Sangre», respondió este entre gruñidos.

—Sí, nos vengaremos —concedió Niall, notando como su dragón sonreía orgulloso. Esperaría, pero cuando estuviese delante de la loba, la desgarraría lentamente, disfrutando del sabor de su sangre y del ácido olor de su miedo.

 

 

Tras una ducha rápida, regresó al cuarto. Caminó por la gran estancia hasta el vestidor. Nada más entrar percibió un aroma que lo alteró y le tomó desprevenido, sacudiendo su mundo. Estuvo a punto de caer de rodillas al ver un montón de ropa arrugada y sucia. Olisqueó el aire y reconoció el olor a sangre, a tierra, a perro mojado y...

—Mía —gruñó al percibir la esencia de una mujer que tanto su dragón como él, reconocían como su...—. ¡Mi compañera! —exclamó sorprendido y a punto de rugir de la emoción.

Pero se contuvo al recordar que la única mujer que entró en contacto con él era la loba, la que le echó algo en su bebida. Ella no podía ser. No le inspiraba nada más que repulsión y cansancio...

—Tengo que preguntar si hay una droga capaz de alterarnos y confundirnos... Esa zorra es la única mujer con la que estuve ayer y no puede ser mi compañera.

De haber sido, la habría reconocido hace meses.

Tiene que ser un error un...

Se agachó y recogió lo que quedaba de su traje y lo acercó hasta la cara, olisqueándolo. Al momento se puso duro, con el corazón bombeándole con locura contra el pecho, con la piel de gallina y su dragón rugiendo deseoso muy dentro de él.

«Nuestra. Buscar. Atrapar. Marcar», gritaba este, una y otra vez, entre cada rugido.

Tiró con rabia la ropa al suelo, saliendo del vestidor corriendo. Necesitaba encontrar a Liam y que le dijera todo lo que había sucedido la noche anterior. Tenía que encontrar las respuestas a sus preguntas.

Atravesó los pasillos siguiendo el aroma de su familia, escuchando con atención cada sonido que atravesaba las paredes de la mansión como un suave eco que le indicó que sus padres y hermanos estaban en la planta baja, en uno de los salones.

Bajó las escaleras acallando los gruñidos de dolor. Aún se sentía agarrotado, con una persistente molestia punzante en el pecho y en el abdomen a la altura donde le apuñalaron varias veces. Necesitaría un día más para recuperarse del todo, pero no podía continuar postrado en una cama, de hacerlo se volvería loco y su dragón acabaría tomando el control de su cuerpo, rabioso por encontrar y capturar a la mujer que ya consideraba suya.

«Nuestra. Compañera», rugió el dragón molesto al no ser tomado en cuenta, al sentir a su vez las dudas de Niall. Él creía que el instinto de marcaje había surgido por culpa de la droga, que lo había alterado químicamente de alguna manera. Su otro yo discrepaba con furia ante esto.

Pero antes de decidir quién de los dos llevaba la razón, necesitaba encontrar respuestas a todas sus preguntas, saber realmente qué sucedió la noche pasada.

Avanzó hasta el salón y en cuanto estuvo frente a este abrió la puerta, provocando un gran estruendo al chocar la madera contra la pared.

—¡Liam! ¿Qué coño sucedió ayer? Debes contármelo todo de una maldita vez —bramó nada más localizar al que buscaba, quien estaba sentado muy cerca de la chimenea acompañado de...

—¡Por los dioses, Niall! Ve a tu cuarto, maldito loco, y vístete. ¡Cómo te atreves a presentarte desnudo frente a mi compañera!

Niall no iba a sentirse culpable o avergonzado por presentarse tal cual nació frente a su familia, quien en esos momentos estaban mirándole asombrados y alguno de ellos... como Drake, a un paso de romper a reír, conteniendo las carcajadas a duras penas.

—Eso no es importante, debes decirme qué sucedió y...

Liam se levantó colocándose frente a su compañera, quien estaba con la mirada baja y muerta de la vergüenza. Llevaba poco tiempo con su dragón, intentando encontrar su lugar en la mansión. Para una Cupido del amor como ella vivir entre criaturas de la noche era más fácil de lo que una vez creyó. Todos los rumores que circulaban de los “escupe fuego” no eran más que eso, chismes que desvirtuaban la figura de los dragones, mostrándolos como criaturas sedientas de sangre que disfrutaban con la guerra. Por el contrario, su compañero resultó ser un romántico empedernido que cada mañana la despertaba con un poema que le susurraba al oído mientras le hacía el amor lentamente, venerándola con su cuerpo.

Siempre agradecería la noche en que casi lo acabó atropellando, porque gracias a la borrachera de Liam y que ella le tenía miedo a llevar sola el coche y era un poco mala conduciendo, se acabaron conociendo. El casi atropello se convirtió en una primera cita para tomar un café de disculpa en un restaurante que estaba abierto a esas horas, siendo la primera de muchas, hasta acabar casada con el hombre de sus sueños.

Y ahora... se está haciendo a la idea que además de un esposo que nunca esperó encontrar, tenía una familia que la aceptaba tal cual era, sin importarles que fuera una de las trabajadoras de Cupidos S.A, la empresa familiar para la que se veía obligada a trabajar horas extras aunque tuviera una tienda con la que mantenerse económicamente, pese a que Liam le aseguraba que todo su patrimonio era también de ella, y que por tanto si así lo decidiese, no tendría necesidad de trabajar.

Acudir a la oficina central de Cupidos S.A en medio del Olimpo, era una labor que aborrecía. No le gustaba tener que dar explicaciones de sus decisiones a su padre el dios del amor, ni a sus hermanos, los famosos Cupidos. Todos ellos no la perdonaban por haber sido la causante de esparcir el rumor por el mundo hacía ya tiempo que Cupido era un bebé con alas armado con un arco y flechas repartiendo amor por el mundo. Pero es que estaba aburrida ese día cuando decidió escribir un cuento para transmitir en sueños a varios humanos por el mundo gracias a la ayuda de sus primas las musas. No era su culpa que los humanos acabaran creando todo un comercio alrededor de ese bulo, colocando bebés en pañales, con arcos y flechas, por todos lados. Sus hermanos no dejaban de quejarse que cuando confesaban en qué trabajaban a las inmortales con las que salían, estas se desternillaban de la risa preguntándoles dónde guardaban las alas... y los pañales...

Les había planteado la idea de lanzar un nuevo rumor adaptándose al nuevo siglo, a ver si tenían la suerte de los vampiros que consiguieron pasar de la figura tétrica con la que los veían los humanos a ser los más sexys del planeta, y que una legión de fans enloquecidas pedían que las mordiesen donde ellos quisiesen cuando acudían a los locales vampíricos que habían por el mundo. Por suerte para los vampiros y vampiresas, muy pocos mortales tenían invitación para entrar, porque ya no soportaban más eso de que los comparasen con los actores de las series o las películas que salieron en las últimas décadas.

En resumen, su idea de iniciar un nuevo rumor y difundirlo por el mundo a través de las musas, cayó en saco roto, todos, se negaron a dejarle de nuevo la sección comercial y de marketing de la empresa Cupidos S.A. Únicamente podía escuchar los deseos que enviaban las mujeres por el mundo, pues ellas eran las únicas que tenían la suerte de ser atendidas por los Cupidos.

Ahora se dedicaba a clasificar los deseos de las afortunadas que poseían un corazón puro, amontonándolos según la urgencia o como ella las diferenciaba: “desesperada máxima”, “aún puede esperar”, “si se le cumple ahora el deseo le da un jamacuco, mejor posponer”

Un trabajo que odiaba, pero si quería ayudar a su padre y a sus hermanos no le quedaba otra que aguantarse, aunque... ya estaba ideando una campaña para el próximo San Valentín, algo como el anuncio ese de la televisión que tanto le gustaba en el que el modelo aparecía en calzoncillo y miraba a cámara con una sonrisa sexy y...

—¿Amor, estás bien?

La voz de su marido la sacó de sus pensamientos, devolviéndola de golpe a la realidad en la que su cuñado se paseaba en pelotas por el salón bufando en alto, sus suegros estaban discutiendo entre ellos para ver quien tenía más culpa por los “genes defectuosos de sus alocados hijos”, y el amor de su vida estaba frente a ella mirándola con atención.

—Eh... no sucede nada Liam, solo estaba pensando en el trabajo —se excusó con rapidez, tartamudeando un poco al sospechar que segurísimo que sus mejillas se mostrarían sonrosadas por la vergüenza. Su dragón era muy posesivo y si descubría que estaba babeando por dentro recordando el anuncio de... colonia masculina, o marca de calzoncillo o... vete tú a saber de qué era el anuncio, se iba a enfadar con ella.

—¿Segura? —preguntó él de nuevo no muy convencido de la respuesta que le dio. Ella lucía nerviosa, removiéndose en el sofá con la mirada clavada en el suelo, las mejillas ardiendo y las manos entrelazadas en su regazo. Culpó de su alterado estado a la estupidez de su hermano, al que tenía ganas de estrangular con sus propias manos por aparecer tal cual lo trajeron al mundo gritando sandeces—. Ya sabes cómo es Niall, está...

Rose negó con la cabeza al tiempo en que se levantaba del sofá para abrazar a su marido. No quería que acabara luchando contra su hermano por algo que no era más que un malentendido. Los dragones eran criaturas muy bélicas, con unas maneras de ser muy ardientes, y al contrario de cómo ella creció en la Sede de Cupido en el Olimpo, las peleas eran más que habituales entre ellos. Pero a ella le dejaban un mal sabor de boca, no quería ver a su marido golpearse con sus hermanos. Le dolía cada golpe como si se lo diesen a ella.

Liam intentaba no explotar frente a ella, mandándola a otro cuarto, alejándola del “foco del conflicto”, pero últimamente se negaba a irse. Si iba a comportarse como un niño pequeño que llegaba a las manos con sus hermanos, que lo hiciera frente a ella, así se aseguraba que en el momento en que la viese llorar por la agresividad que percibía en la pelea, se detendría de golpe.

—No, no es por él. De verdad que estaba pensando en el trabajo, quiero que mi familia confíe de nuevo en mí y me permitan regresar a mi anterior puesto.

Liam le sonrió con cariño, acariciándole la mejilla con suavidad.

—Ellos se lo pierden, preciosa. Eres muy valiosa si no lo ven, es que son unos ciegos.

—Sí, el llevar pañal todo el día debe escocer el culo Liam, tal vez por eso se pongan vendas en los ojos para joder al resto del mundo lanzando sus fastidiosas flechas a diestro y siniestro sin ver a dónde apuntan —se carcajeó Drake metiéndose en la conversación. Era lo que sucedía cuando estaban en un salón rodeado de la familia.

—Métete la lengua por el culo, hermano. ¿No te enseñaron que no debes escuchar conversaciones ajenas?

El mayor de los Morgan se encogió de hombros, sin moverse de donde estaba, apoyado contra la pared muy cerca de los sofás. Los dragones poseían un buen oído, siendo capaces de escuchar a la perfección lo que sucedía en la mansión si se centraban en ello. Por eso, en las alcobas, alzaban hechizos de privacidad y de silencio para que los demás habitantes de la mansión, no escucharan lo que allí sucediese.

—Pregúntales a nuestros padres, ya sabes que desde pequeño he sido entrenado para asegurar la fortuna y el poder de la familia, las lecciones infantiles quedaron para vosotros —se burló Drake, mirando fijamente a su hermano, lanzándole un desafío, ya que después de todo, una buena pelea elevaba los ánimos y ejercitabas el cuerpo.

Pero como ya sabía qué iba a pasar, este se contuvo al tener delante a su compañera.

Liam se mordió la lengua, apretó los dientes y hundió las garras en las palmas de sus manos para evitar lanzarse sobre su hermano y liarse a hostias. Quería partirle la cara, borrarle esa sonrisita autosuficiente que lucía, pero con su amada Rose presente no iba a mover un dedo, aunque por dentro ardiera de la rabia y su dragón quisiera atrapar el guante de pelea que le lanzó el mayor de los hermanos Morgan.

—Dejad de mirar quien mea más lejos, joder. Esto es grave, Liam. Dime de una maldita vez qué sucedió ayer noche. Es importante.

La voz de Niall rompió la lucha de miradas entre los dos hermanos mayores, quienes se giraron para enfrentarse a un enfurecido hombre totalmente desnudo, que no se cortó ante el reproche que percibió en la mayoría de los presentes. Le importaba bien poco que lo vieran tal cual llegó al mundo. Estaba muy orgulloso de su cuerpo y no sentía vergüenza alguna. Es más, se plantó en medio del salón con los brazos cruzados sobre el pecho, las piernas entreabiertas clavadas en el suelo.

—Vete antes a tu cuarto a ponerte algo de ropa, deberías respetar a mi compañera.

Niall hizo un gesto con la mano, restándole importancia a las palabras del celoso de su hermano.

—No se va a asustar Rose ante un hombre desnudo, estoy seguro que se ha visto en peores situaciones que esta y...

—¡Qué estás insinuando, Niall! Rose llegó virgen al matrimonio, ella no es una de las busconas con las que te acuestas, retira lo que le has dicho o...

No pudo continuar porque la misma Rose se levantó del sofá, donde se acaba de sentar de nuevo, muerta de la vergüenza para darle un fuerte pellizco en el culo a su marido para que dejara de destripar sus intimidades ante toda su familia. ¿Cómo se le ocurría descubrir que ella era virgen? ¿Que solo ha conocido un hombre en su vida: él?

—¡Qué! ¿Qué pasa ahora? —protestó sorprendido Liam al sentir el pellizco, que lo tomó por sorpresa.

—¡Cómo te atreves a hablar de nuestra vida personal! —exclamó Rose, realmente molesta.

—Pastelito, yo...

—¿Pastelito? —repitieron tanto Drake como Niall, rompiendo a reír a carcajadas ante la furiosa mirada de Rose y la avergonzada de Liam.

—¡Cómo has podido! —chilló la joven Cupido, muerta de la vergüenza, siendo incapaz de mirar a los que estaban en el salón. Ya no solo eran los hermanos de su marido quienes en esos momentos se estaban desternillando de la risa a costa de ella, sino sus suegros los que al menos tenían la decencia de lucir avergonzados, apartándose de sus hijos hasta quedar al otro lado del cuarto.

—Pasteli...

—¡Basta! ¡Estoy cansada de que destripes nuestras intimidades delante de tu familia! ¿O a ti te gustaría que les contara que te pone olisquear mis zapatos rojos de aguja, o recomendarles que no coman encima de la encimera de la cocina porque es donde me desayunas cuando ellos no están en la mansión?

—¡¡¡ROSE!!! —Esta vez el que lució avergonzado fue él, a un paso de desear que... los cabrones desgraciados de sus hermanos les entrara una buena diarrea que los mantuviesen abrazados al water durante varios días.

Los muy... seguían riéndose doblándose en dos, disfrutando al máximo de lo mal que lo estaba pasando. Y conociéndoles, estaba seguro que no se la iban a dejar pasar, que se lo echaría en cara cuando les viniese de perla. Era lo que los Morgan hacían, los dragones por naturaleza eran guerreros que no desaprovechan la oportunidad de echar en cara al “enemigo” o en este caso a alguno de sus hermanos cuando estos se pusieran muy pesados, sus debilidades o los momentos más vergonzosos de los últimos tiempos.

La joven Cupido se plantó orgullosa, con la cabeza bien alta y mirando fijamente a su marido, poniendo los brazos en jarra.

—¡Qué! ¿A qué te avergüenza que hable de lo que hacemos en privado? ¿Quieres que continúe? o ¿ya has aprendido que me molesta sobremanera que grites a los cuatro vientos nuestras intimidades?

Si no estuviesen sus hermanos delante riéndose como unos locos sin cerebro y sus padres en una esquina sin saber dónde mirar, habría atrapado a su compañera entre sus brazos para devorarla por completo, tomándola contra el sillón en el que se apoyaba. Le ponía duro verla enfurecida, y en esos momentos su pequeña Cupido brillaba con luz propia, seduciéndole con sus labios carnosos y rojizos fruncidos por la furia, sus ojos llameantes, las mejillas sonrosadas y esa pose en la que se marcaba su esbelta cintura y...

—¿Me has entendido?

La voz de ella le devolvió a la realidad y por inercia acabó respondiendo lo primero que le pasó por la cabeza, algo... que siempre era mejor no hacer. En muchas ocasiones era mejor permanecer en silencio, que responder sin haber atendido a lo que le estaba diciendo por estar comiéndola con los ojos.

—Estaba pensando en desnudarte y tomarte hasta que explotes y grites mi nombre.

—¡¡¡LIAM!!! ¡Lo has vuelto a hacer! ¿Es que no has aprendido nada? Me molesta que hables de nosotros ante tu familia, o ante cualquier otro que no seamos tú y yo. Lo que pase en nuestra intimidad solo ha de quedar entre nosotros y...

Esta vez tendría que agradecerle a su hermano su intervención porque no sabía qué responderle a su compañera. Podía jurarle que no lo volvería hacer, algo que mentiría, pues entre sus hermanos había una complicidad que a muchos le sorprendía. La vergüenza no era algo que sintiesen muy a menudo, pero desde que conoció a su pequeña Rose no dejaba de aprender algo nuevo, sobre todo que Drake y Niall tenían una memoria que daba miedo, capaz de reproducir cada palabra de los momentos más bochornosos que tuvo en la mansión. Tal vez había llegado la hora de irse de vacaciones para no tener que estar pendiente de si entraban en la sala de la piscina y los encontraban manteniendo relaciones, o cuando se colaron en el garaje para probar uno de los últimos modelos de coche que compró… quien le diría que a causa de la incomodidad de los asientos traseros acabaría devolviéndolo.

—Bueno, tras este momento de comedia familiar, ha llegado la hora de ponernos serios. Me tienes que contar todo lo que recuerdes de ayer, Liam.

Sin dejar de mirar a su compañera, quien le juraba con la mirada que no le iba a perdonar y que tal vez por primera vez en los meses que llevaban casados acabaría durmiendo esa noche en otro cuarto, hasta que se colara de madrugada y la conquistara con sus caricias, regalándole el mejor orgasmo del día; acabó preguntándole al irritante de su hermano pequeño:

—¿Por qué, Niall? Ya te conté lo que sucedió. Llegué al parque porque olí tu presencia entremezclada con tu sangre, en esto tuviste suerte que estaba cerca. No esperé encontrarte cómo lo hice, a un paso de estirar la pata. Así que al final, mi dragón quedó muy decepcionado al ver que los dos lobos que te dieron la paliza estaban muertos en el suelo y...

—¡Eso me importa una mierda! ¡Háblame de la mujer!

—¿Qué sucede con la mujer, Niall?

—Que necesito que me digas qué hizo, qué te contó. ¡Todo!

Liam se acercó a su hermano, hasta quedar frente a él, a su lado sintió la presencia de Drake quien notó al igual que él lo alterado que estaba el más pequeño de los Morgan. Debería estar descansado no gritando en pelotas en medio del salón.

—Repito, ¿por qué te importa lo que ella hizo o dijo? Drake ya ha tomado medidas para enviar una carta a la manada de hombres lobo de la ciudad para que tomen conciencia de que su trabajo de vigilar a los salvajes ha sido nefasto por no decir otra palabra más fuerte.

Había llegado el momento de confesar que se había dejado drogar y que ahora su dragón no dejaba de gruñir por dentro que tenía que salir de los terrenos de la familia e ir en busca de su compañera, siguiendo el aroma que lo volvió loco y lo excitó en cuanto le inundó las fosas nasales con su dulzona fragancia.

Tomó aire y lo soltó de golpe antes de comenzar a relatar cada suceso importante de la noche anterior, al menos, lo que se acordaba. Cuando llegó a la parte en que perdió el sentido, se detuvo esperando a que su hermano le rellenara los huecos que le faltaba a la historia. Al ver que su hermano continuaba en silencio, a la espera de que fuera él quien explicara el motivo de la urgencia por saber acerca de la mujer, concedió finalmente confesar su descubrimiento:

—Cuando me dejasteis solo en mi cuarto fui a buscar una muda de ropa...

—Ya se ve, vas vestido de domingo, un poco más y apareces en los mejores desfiles de moda del mundo —ironizó Liam entre dientes, sin olvidar que el pequeño de los Morgan permanecía desnudo frente a su compañera.

Rose se había sentado en el sillón donde estaba cuando llegó el otro como un loco, con la mirada clavada en el suelo, aún bullendo de rabia por lo sucedido. Era una mujer que odiaba ser el centro de atención y que aún no veía que era la más especial del mundo para él, que opacaba a cualquier otra hembra que se le acercara.

Niall no hizo caso a la pulla del otro y continuó confesando lo que había descubierto y que lo alteraba por dentro:

—En un rincón del vestidor encontré la ropa que llevaba ayer. Me llamó la atención, no porque estuviese destrozada y manchada de sangre, sino por su olor. Fue en ese momento, cuando capté los aromas que impregnaban la tela, algo dentro de mí reaccionó.

—Eso hermano, es la vergüenza por haber sido pateado por dos chuchos —se burló Drake, intentando aligerar el ambiente.

Todos estaban pendientes de las palabras del pequeño. No era habitual verlo tan alterado, ni que este estuvo a punto de conocer a la temida muerte a manos de dos criaturas que eran muy inferiores a los dragones. Niall siempre fue el más mujeriego de los tres, el que vivía la vida con una bulliciosa alegría y despreocupación que era contagiosa, por eso verlo así... con esa mueca de preocupación apagar sus facciones, les alertó.

—No es momento para bromas Drake, lo que he descubierto es muy grave. Puede ponernos en peligro a todos si mis suposiciones son ciertas.

Esta vez fue el padre quien se acercó hasta sus hijos para intervenir por primera vez en la discusión, tras haber sido testigo de todo:

—¿Qué es lo que descubriste? Al grano, Niall.

—Lo que descubrí padre, es que ayer noche me noquearon con algún tipo de droga que me metieron en la bebida. Y por algún motivo esa droga ha provocado no solo que quedara a merced de los lobos, sino que ahora mi dragón no deja de darme por culo con que el aroma que he percibido de mujer es mi compañera, y por tanto he de ir a por ella para marcarla y quedármela para siempre.

Como esperó, se hizo el silencio. Un silencio tan tenso que podía escuchar las entrecortadas respiraciones de su madre y de Rose, quienes fueron las únicas que mostraron sorpresa y miedo ante su declaración, los demás, permanecieron con la mirada clavada en él, sin moverse un centímetro.

—¿Una droga que provoca que desees marcar a una mujer como tu compañera? —repitió con incredulidad Drake rompiendo el silencio que se hizo tras las palabras del pequeño de los dragones.

—¡Tal cosa no existe! —exclamó con brusquedad Bennedic Morgan, el patriarca de nombre quien dejó todo su imperio a las capaces manos de su hijo mayor—. La unión entre compañeros es sagrada, nada puede engañar a nuestro dragón, y menos aún inducirlo a elegir a una mujer.

—¿Ah, no? ¿Y cómo puedes explicarme que la hija de puta de la loba que me drogó, para que los otros pudieran acabar conmigo, mi dragón de golpe la reconozca como mi compañera? Esa perra ya llevaba un tiempo en mi acecho, buscando el momento adecuado para atraparme. Y bien que lo consiguió, en un descuido mío me debió echar algo en la bebida, y así acabé desmayado en el parque tras recibir unas cuentas hostias de esos chuchos —reconoció aunque le jodía admitirlo, ser dragón era sinónimo de fuerza y que se encontrara en una situación de debilidad, le marcó. Pero acabó acallando la rabia que sentía por él, y continuó exponiendo todo lo que le preocupaba, lo que le estaba atormentando, tanto a él como a su bestia—. Y ahora, cuando me despierto y olisqueo la ropa que llevaba ayer, mi dragón la marca. ¿Cómo me explicas esto? ¿Magia? ¿O de verdad esa droga ha conseguido alterar a mi dragón para engañarle y elegir a esa perra?

—¿Permitiste que una loba te drogara? ¿Es que acaso no aprendiste nada? Debes revisar cada alimento y bebida que vayas a tomar fuera de estas paredes, nunca se sabe cuándo atacarán tus enemigos —bramó Drake, furioso con la despreocupación del otro.

Niall siempre fue una cabeza loca desde que nació, siempre refugiándose a la sombra de sus hermanos cuando le interesaba, y viviendo sin atender a las normas cuando le convenía. Ahora... su actitud le podría acarrear problemas no solo a él, a todos los Morgan.

—Eso es lo de menos ahora, esa perra está muerta cuando la encuentre —intentó restarle importancia Niall con un gesto, queriendo en todo momento que se centraran en lo importante—. Lo que me preocupa es que haya una droga que nos pueda tumbar y provocar que nuestros dragones reaccionen a una hembra para tomarla como compañera. —Se giró hacia Drake quien seguía cabreado ante sus palabras, para indicarle—. ¿Te imaginas lo que pagarían tus enemigos para atraparte? O peor... ¿Para liarte con una mujer que ellos elijan, tendiéndote una trampa de la que no puedas escapar?

—Te repito hijo, que ninguna droga puede engañar a un dragón —reiteró el padre, interviniendo de nuevo en la conversación, observando con atención a sus hijos.

Le preocupaba mucho los dos que permanecían solteros. Un dragón necesitaba a una compañera a su lado para calmar el fuego que los dominaba cuando se enfurecían, sin ellas se volvían animales salvajes con el paso de los siglos perdiendo el control de sus actos y convirtiéndose en un peligro para la sociedad Drakonis. A esos que perdían su parte humana acababan siendo cazados y eliminados. Él no quería que eso les sucediera a sus hijos, por eso rezaba cada día a la diosa para que les mostrara el camino a seguir a sus pequeños para que encontrasen a su otra mitad.

—Y yo te repito que ya conocía a esa perra de antes y nunca mi dragón la reconoció como suya, y ahora cuando me he despertado esta mañana, ahí estaba ese aroma dulzón llamándome y...

—¿Estás seguro que es la misma mujer? —preguntó Drake, siendo partícipe en la discusión tras haber sopesado con calma la información vertida en esa sala.

—¿Cómo qué otra mujer? Fui a tomar algo con esa loba para rechazarla y...

—Perfecto Niall, un plan cojonudo, le das un caramelo para luego indicarle que lo escupa al suelo pues no era para ella —ironizó Drake, sin poder creer lo estúpido que podía ser su hermano.

Las mujeres solo traían problemas, por eso él solo poseía a las que tenían claro que no serían más que un entretenimiento de una noche. No deseaba encontrar una compañera por mucho que sus padres insistieran en enviarle a citas “inesperadas” para conocer a mujeres con la esperanza de que una de ellas fuera la elegida. Suerte para él, ninguna lo era.

—Como iba diciendo antes de que el imbécil de aquí al lado me interrumpiera. Pasé con ella una hora antes de que notase que algo me nublaba la mente. Debió de echarme algo en la bebida cuando fui un momento al baño. —Al ver que esta vez iba a ser Liam quien lo iba a interrumpir, reconoció en alto para acallar a los demás—. Sí, lo sé, fue una estupidez dejar la bebida en la mesa frente a ella, pero estaba asfixiado con su presencia y solo pensaba en irme.

—Así aprendes para otra vez. —Le miró con preocupación su madre, mostrándose un poco enfurecida con él. Ver a su hijo tumbado en la cama al borde de la muerte fue un golpe duro que por mucho tiempo seguiría doliéndole y atormentándola.

—Sí, madre —aceptó Niall, asintiendo con la cabeza, antes de volver a clavar la mirada en sus hermanos, sobre todo en Drake quien le planteó la descabellada idea de que no fuera la misma mujer la que olisqueó. Quizás no era tan descabellada, porque la loba siempre enmascaraba su aroma natural con algún perfume maloliento que apestaba a kilómetros. ¿Podría ser que no fuera ella la mujer que se encontró Liam en el parque? Ante la duda, acabó preguntando a este—: ¿Cómo era la mujer que estaba a mi lado cuando me encontraste?

—¡Oh!, así que tengo razón ¡eh! —se burló Drake como solo él sabía hacerlo, mostrando ese aire de autosuficiencia que tanto molestaba a los otros dos. El poder se le había subido a la cabeza, o más bien había potenciado su personalidad: la de un hijo de puta que no dudaba en acabar con sus enemigos y pisotear las cenizas que quedasen de ellos sin piedad.

—¡Drake! Deja de picar a tu hermano. No te burles más de él. Este asunto es muy serio. Puede que haya encontrado a su compañera. —El mayor de los Morgan rodó los ojos y se cruzó de brazos, al ver el brillo de la esperanza en los ojos de su madre. Se hacía una idea de lo que ella estaba pensando en esos momentos... Dos han caído, falta encontrar pareja al tercero.

—Sí, madre —respondió finalmente por inercia, decidiendo permanecer en silencio y ver cómo salía de este embrollo Niall, por sí solo.

—Liam, ¿cómo era? ¿Era una mujer alta, muy delgada y...?

—No, definitivamente no era la loba.

Aquí Niall se puso tenso al ver que su dragón tenía razón y el muy cabrón no dejaba de gruñirle por dentro, echándole en cara una y otra vez que él no se equivocaba, que era su compañera, suya y por tanto tenían que ir a por ella antes de que otro macho se atreviese a marcar o tocar lo que era suyo. De ser así lo desgarraría hasta acabar bañado en la sangre de ese bastardo.

—¿Cómo era? —preguntó con un hilo de voz, suspirando internamente ante el silencio que se impuso en su mente, pues en esos momentos su bestia interior se había callado, esperando tan ansioso como él la respuesta del otro.

—Bajita, deslenguada, un poco rellenita y...

—¿Sus ojos cómo son? ¿Su color de pelo? ¿Es hermosa? ¿Estaba sola o percibiste que el aroma de otro macho en ella? ¡Dime!

—¿Así me volví yo cuando me recuperé del susto del casi atropello de mi Rose? —lanzó la pregunta a Drake, quien respondió con un gesto de cabeza, asintiendo.

—Al menos él. —Drake señaló a Niall, antes de continuar—. No está jurando y perjurando que buscará, aunque sea lanzándose a cada coche rojo que encontrases por la ciudad, con tal de hallar a tu alma gemela, porque te olvidaste del teléfono que ella te facilitó cuando estabais compartiendo un café, para calmaros por el accidente. Reconoce Liam, que te volviste gilipollas cuando encontraste a tu compañera. Niall al menos, solo cree que esta lo ha drogado y por eso su dragón está equivocado —apostilló burlándose de los dos. Por mucho que le dijeran a su madre no iba a dejar de meterse con ellos. No todos los días presenciabas como dos orgullosos dragones se volvían como niños sin sentido ante la aparición de unas mujeres en sus vidas.

Al ver que sus dos hermanos mayores iban a comenzar otra pelea sin sentido, Niall se plantó entre ellos y golpeó el pecho del que le salvó la vida para que dejara de andarse por las ramas, y comenzara a contarle lo que necesitaba saber.

—¡Respóndeme de una maldita vez!

—¡Está bien! ¡Está bien! Azules, negros, nadie es hermosa, solo lo es mi Rose, y no, no olí a ningún macho.

Niall quedó boquiabierto a punto de comenzar a golpear y a escupir fuego para consumirlo todo. Su familia le desquiciaba en numerosas ocasiones y esta sin duda, era una de ellas.

—¡Liam, joder! Ya me entendiste. Si esa mujer no era la loba y realmente era mi compañera y no fruto de la droga que me echaron, la he perdido. Está en algún lugar de la ciudad, o igual... se ha ido de la ciudad. ¡Descríbemela con detalle porque he de encontrarla! Tengo que saber la verdad, si es o no es mi compañera.

—¿Podrías dibujar un retrato robot de ella? —preguntó Drake.

Liam negó con la cabeza, al tiempo en que respondía:

—No, ya sabes que soy incapaz de esbozar ni una o con su canuto. No tengo tu don para el dibujo, Drake.

—¡Qué dibujos, ni que mierdas! —bramó Niall, cansado de todo, sobre todo de ver que no avanzaba en la resolución de su inesperado problema. Lo que menos esperaba en la vida era precisamente eso, encontrar a la mujer elegida por el destino para soportarlo por toda la eternidad—. No puedo perder ni un minuto hablando, necesito ir donde me encontraste, Liam y rastrear el aroma de ella. Mi dragón me está volviendo loco, si no la encuentro, él puede cometer una locura. — Todos le miraron con atención, no sería el primer Drakonis de la historia en perder la cabeza al no hallar a su compañera. Hubo algunos sin embargo que acabaron siendo condenados a muerte al sobrevolar la ciudad, escupiendo fuego por la boca y atemorizando a los mortales mientras rugía lleno de dolor llamando a su compañera, además de atacar varios poblados humanos o cometer otras atrocidades parecidas. Si el animal de Niall se veía acorralado podría hacer algo parecido... sentenciándolos a ambos a muerte. Niall perdería la cabeza, tras haber perdido el corazón y la razón, por una mujer que debían encontrar cuanto antes.

—Te acompañaré. —Se ofreció Liam, sin perder ni un segundo, dando un paso hacia delante para acercarse más al otro, quien lucía desesperado—. Así me encargo de la perra que te drogó para que puedas centrarte en la búsqueda de tu compañera.

—Llevarás a la loba viva al almacén seis —exigió Drake, sacando el móvil para contactar con su gente. Iba a preparar un “gran” recibimiento a la mujer lobo, ¡oh, sí! La muy puta iba a lamentar el día en que se metió con un miembro de su familia—. Necesitamos respuestas, y me aseguraré de obtenerlas, por las buenas o por las malas. —Aún esperaba la respuesta de la manada de la ciudad a su burofax pidiendo explicaciones al ataque que sufrió su hermano por un miembro de su raza. Les daría dos días más para recibir respuesta, y de no haberla, destruiría las empresas que sustentaban a la manada. Si les cerraba el grifo, no serían más que perros gimiendo por un hueso ante el escaparate de una carnicería, lloriqueando al perder la fortuna que tanto esfuerzo les costó reunir. Después de todo, los lobos eran mercenarios sin visión futura, incapaces de luchar en iguales condiciones con las otras razas inmortales en cuestión de negocios.

Revisó los mensajes de su equipo de limpieza y sonrió internamente al leer que en menos de media hora tendría los informes de las autopsias a los lobos, que recogieron sus hombres nada más ser informado por Liam. En cuanto su hermano se apareció en la mansión con Niall al borde la muerte en brazos, activó a su equipo de limpieza, para que no dejaran pruebas de la existencia de una criatura inmortal como eran los lobos tirados en medio del parque. Además de recoger los cuerpos, se encargaron de eliminar cualquier vestigio de lo que allí aconteció, después de tomar las pertinentes fotografías como prueba del escenario del delito. Sus expertos las estaban analizando, a la espera de recibir el informe del forense y así hacerse una idea de lo que aconteció la noche anterior.

Las pruebas no mentían, las personas sí, y por más que Liam le juró que la mujer le dijo que fue ella la que acabó con los chuchos, esperaba que se equivocara, pues había muy pocas criaturas que pudiesen acabar con dos cambiaformas de esa manera y todas ellas eran peligrosas, o más bien... un auténtico dolor en el culo si entraban a formar parte de la familia.

Por el momento iba a permanecer callado ante las novedades que estaba recibiendo a través del móvil. Solo iba a alterar más a su hermano pequeño, y este en lugar de ir de caza tendría que estar descansando. Comprendía que encontrar a una compañera marcaba a un dragón, pero volverlo un temerario, capaz de arriesgar su vida...

«¡No!», se dijo a sí mismo. «No quiero encontrar compañera. No traen más que problemas, y me gusta la variedad. No comprendo la necesidad de estar para siempre con la misma mujer».

—Así se hará, Drake —le confirmó Liam, antes de ir hacia su compañera—. Rose, mi amor. Yo...

—Nos vemos cuando regreses, mi dragón. —Le abrazó tras depositar un suave beso en sus labios, poniéndose de puntillas para ponerse a su altura—. Niall necesita vuestra ayuda. —Miró a su cuñado, procurando no bajar la mirada y centrarla solo en su preocupada cara. Le ponía nerviosa que estuviese desnudo. El único al que quería ver así, era a su marido—. ¿Quieres que contacte con mis hermanos a ver si con el sistema de seguimiento de Cupidos S.A llegan a localizar a una mujer con las características de tu compañera? Mi padre tiene el listado de todas las mujeres inmortales de nuestro mundo, el amor y la muerte son poderosos, y como tal tienen el mango de la cacerola.

—Se dice el mango de la sartén, amor —le corrigió Liam, sonriendo con ternura, agradecido al destino al haberle puesto en su vida a una mujer maravillosa como ella.

—Te lo agradecería, Rose —respondió con humildad y gratitud Niall, antes de que la joven llegara a contestarle a su marido como siempre que sucedía cuando él le corregía los refranes humanos que ella decía mal. La verdad es que su hermano tenía suerte al tener a una mujer a su lado como Rose, y esta merecía un premio por soportar al cojonero de su Liam cada día.

—Bien, les enviaré un aviso ahora mismo en cuanto mi querido marido me facilite la información que necesito de tu compañera. Descripción física, si percibió a qué raza pertenecía, si olía a macho o no por si estuviese ya marcada o conviviese con un hombre... Todo lo que te acuerdes ayudará al sistema de búsqueda de la empresa de mi familia. —Mientras decía todo esto sacó su móvil y abrió el WhatsApp buscando el grupo con el que se comunicaba con sus hermanos. No le apetecía ir corriendo al dormitorio en busca de su ordenador para conectarse a través de su perfil a la web Cupidos S.A.

«Al menos ahora no es cómo antes... que tenía que ir a un Templo dedicado al amor para hablar con la oráculo, y que esta le transmitiese mi mensaje a mi padre», se recordó a sí misma, agradeciendo una y otra vez los avances informáticos. Algo bueno tenían que tener los humanos. Para ella lo mejor que inventaron fue la televisión, sobre todo los dramas coreanos, el internet, el helado de Straciatella y el agua caliente. No había nada mejor en el mundo que abrir un grifo y que saliera un buen chorro de agua caliente. Era el cielo, sobre todo si estaba acompañada por su marido, adoraba esas mañanas en las que compartían el plato de ducha y acababan... empañando los azulejos más que el propio vapor del agua caliente.

—¿En qué estás pensando? ¿Tienes alguna otra idea, amor?

La voz de su marido la sacó de sus recuerdos, y acabó tosiendo para ocultar que se había excitado rememorando las duchas que compartía con él.

—No, no se me ocurre por el momento nada más. Le enviaré los datos que me pases a mis hermanos mientras vosotros vais en busca del aroma de ella. Espero que tu dragón pueda localizarla —le dijo a su cuñado intentando transmitirle ánimo con su mirada al verlo tan desolado y perdido.

Niall asintió mientras miraba cómo Liam le enviaba un mensaje al móvil de su mujer para que se lo retransmitiera a los famosos Cupidos.

—¿Ella mató a los dos lobos? —leyó en alto Rose, sin poder evitarlo. Sorprendida ante este hecho.

—Es lo que me dijo ella —comentó Liam, encogiéndose de hombros, mientras guardaba el móvil en el bolsillo trasero del vaquero—. Aunque al principio no la creí, pero ahora... todo es posible. ¿Nos informarás de lo que tus hermanos averigüen?

—Sí, en cuanto sepan algo me informarán —contestó ella, revisando el chat del grupo de WhatsApp titulado “Cupidos S.A al habla con los testarudos de mis hermanos”—. Ellos ya me han confirmado que han recibido lo que me has pasado, amor. Van a revisar ahora mismo la base de datos de las mujeres inmortales que posee la web familiar. Al mismo tiempo van a exponerle la situación a nuestro padre, para que no haya problemas legales entre departamentos de la empresa Olimpo. Ya sabéis cómo son los dioses, por cualquier motivo saltan, y acaban discutiendo y armando una buena. —Solo ella se rio, atrayendo la atención de todos los dragones del cuarto. Era la única que tenía contacto directo con los dioses, con los inmortales que aceptaron llevar las riendas del destino de los humanos.

La empresa Olimpo era un conglomerado de pequeños departamentos que trabajaban duramente para conducir a la humanidad a un mundo mejor, o eso era lo que se debería hacer, porque la realidad era muy diferente. No solo algunos de los dioses que trabajaban en la empresa buscaban enriquecerse o jugar con los humanos, según sus caprichos, sino que luchaban por destruir a los demás, dispuesto a pelearse por cualquier nimiedad, hasta por los códigos de acceso de las bases de datos de toda la humanidad o de los inmortales existentes en el mundo, a los que solo accedían los departamentos de amor y muerte. Por esos códigos habían luchado durante siglos, y actualmente vivían en una aparente tranquilidad que en cualquier momento podía explotar, revelando que los intereses de los dioses prevalecían sobre sus obligaciones.

Y al final, quien pagaba las disputas egoístas de los “jefazos” eran los humanos, que se convertían en meros peones de una partida eterna de ajedrez, y los empleados de los dioses, que soportaban a diario los desplantes de estos, las duras condiciones de trabajo y la excesiva carga laboral que daban ganas de dimitir y buscarte la vida en otro empleo.

—Todo ese politiqueo de mierda, no lo comprendo —reconoció Niall, sorprendiéndose cada vez más de lo que les contaba su cuñada del complicado mundo de los dioses.

—Y los que trabajamos en esa basura tampoco lo hacemos, en numerosas ocasiones —aceptó Rose, encogiéndose de hombros—. Pero es lo que hay. —En ese momento escuchó unos pitidos que le avisaban que había recibido varios mensajes. Encendió el móvil y revisó los avisos del WhatsApp—. ¡Oh! Mi hermano Valentine ha encontrado varias coincidencias en la base de datos. El que haya sido capaz de acabar con dos hombres lobo, acorta la lista. Son pocas las inmortales que pueden hacer frente a una amenaza como esa sin dejar rastros de magia, o de... sangre. Muy pocas razas hacen trabajos de eliminación, tan... como decirlo, tan limpios. La otra opción sería que fuera humana, tal y como dices que olía, con capacidad militar para ser capaz de matar a dos lobos, y de ser así, habría que hacer una nueva búsqueda en la web, pues tenemos separadas a las inmortales de las mortales.

—¿Podrían enviarnos las fichas de esas mujeres que han encontrado? —preguntó esperanzado Niall, sin olvidar que en cuanto terminara esa reunión con la familia iría corriendo al parque para comenzar su propia búsqueda. Cazaría a su compañera siguiendo su aroma. Su dragón ya estaba rugiendo dentro de él, ansioso por comenzar la cacería.

—Sí, ahora mismo te envían a tu móvil las fichas de las mujeres.

—¿Desde cuándo tienen mi móvil, mi amor? —preguntó Liam, asombrado al comenzar a recibir imágenes e información como residencia, gustos personales, fetiches sexuales, etc, de… un buen puñado de mujeres en su móvil.

—Desde que te casaste conmigo, dragón. —Sonrió Rose, disfrutando de la confusión de su esposo. No le había informado que su familia le estudió a fondo, con la excusa de ver si era lo suficientemente bueno para ella. Era lo que tocaba cuando eras la única mujer de la familia de unos locos orgullosos y protectores Cupidos.

—Prefiero no preguntar qué más saben —murmuró al ver la información que le estaban facilitando. Qué le importaba que a una tal Catherine Wolf le ponía que le chuperreteaban los dedos gordos de sus pies, o que a una valkyria de nombre Virnhay le gustaba ser sometida pese a que su raza era dominante por naturaleza... Era información que lo mejor que podían hacer era quedársela para ellos, no...—. ¡Joder! 

—¿Qué sucede? —preguntó Niall, al ver la cara de horror y de susto de su hermano, quien seguía revisando cada mensaje que recibía.

—No voy a poder volver a mirar a la cara a nuestra prima Loralei.

—¿Qué es lo que sucede con tu prima, Liam? —preguntó su padre, acercándose a su hijo con la intención de mirar la iluminada pantalla del móvil.

—¡Nada! Solo que... mis cuñados ya podían omitir algunos datos...

—¡No más preguntas! —intervino Drake, al ver que sus padres iban a comenzar con una guerra dialéctica con su horrorizado hermano. Lo mejor que podía hacer Liam en esos momentos era huir con la cola espinosa entre las piernas, si no quería ser acosado por unos padres dispuestos a todo por saber la verdad—. No hay tiempo que perder y menos para hablar de chismes. Liam, recuerda atrapar a la loba viva, necesito respuestas, y las quiero cuanto antes. Y Niall, ata en corto a tu dragón, porque si me entero que alza el vuelo sobre suelo humano, se la verá conmigo. Tuve que pagar un pastón la última vez que decidiste sobrevolar la ciudad, los periodistas no querían perder la oportunidad de mostrar al mundo que los dragones sí existían, y no eran solo un mito. Y no, —alzó la voz e hizo un gesto con la mano, acallando al otro, quien estaba a un paso de excusarse—, no es excusa que fue el alcohol el que te “obligó” —apostilló la palabra a propósito, burlándose del otro que le miraba con culpa y rabia. Culpa porque sabía que era verdad lo que le estaba contando, y rabia porque siempre conseguía hacerle sentir como un crío pequeño castigado sin cenar—. El que te emborrachases no te libra de ser un gilipollas sin sentido que permitiste tomar el control a tu bestia. —Drake comenzó a caminar hacia la salida del salón, enumerando mentalmente lo que tenía pendiente por hacer ese largo día. Todos los planes que realizó a primera hora de la mañana tendrían que ser cambiados, y todo por el imbécil de su hermano, que no dejaba de salir de un problema para meterse en otro...—. ¡Ah! —exclamó, en cuanto llegó a la puerta abierta del salón—. Si me veo obligado a entregar una moneda de oro más por ti, hermano, venderé tus cuernos en el mercado negro —le amenazó, antes de abandonar el cuarto, dejando tras él un tenso silencio

—El muy cabrón siempre tiene que tener la última palabra —farfulló Niall, cruzándose de brazos, sin dejar de mirar por donde salió el mayor de los Morgan—. Vamos Liam, saldremos de caza en cuanto me ponga algo de ropa.

—Será lo mejor, Niall. O no llegarás muy lejos si sales así —se burló el otro, caminando al lado del pequeño de la casa, rumbo a la alcoba de este.

Tras ellos, quedaron en el salón sus padres y Rose, quienes aún tenían que digerir todo lo que allí se habló.

¿Desde cuándo un dragón encontraba a su compañera cuando estaba drogado y molido a palos tirado en el suelo de unos de los parques de la ciudad, a punto de estirar la pata a manos de dos lobos?

Solo a Niall le podía pasar algo parecido...

Solo a él.