¡ADIÓS, DEPORTES! ¡A SUFRIR!
TAN lleno y triste me tenéis el mundo, deportes, gimnasias, football, footing, jitness, sprint, camping, puenting, golf a tó lo ancho, esquíes por tó lo alto, competiciones, campeonatos, rollos deportivos tele-radio-periodísticos, espresiones corporales, ra-ra-ra y estiramela-un-cacho, que casi me lo ponéis fácil renunciar a la tierra y abandonarla a vuestros esfuerzos sobrehumanos y sacrificios al Dios Masoq. Los pocos espacios de ella que quedaban libres de la plaga vomitiva de los autos, teníais que venir vosotros a ocuparlos, vías, campos, hasta desiertos. Los ratos que el Trabajo para nada dejaba aún vacíos (porque los esclavos, las viejas máquinas útiles, por más que el Poder tratara de inutilizarlas y sustituirlas por chismes inservibles, seguían demostrando que en verdad no hacia Falta trabajar), ese rato teníais que llenarlo vosotros enseguida (¿qué iba a pasar, si no?, ¿qué gozos desmandados, qué ocurrencias, iban acaso a producirse?), vosotros, Deportes, que no érais más que la otra cara del Trabajo, el Trabajo del Tiempo Libre, el intento de cerrar el ciclo de la maldición y de acabar con todas las posibilidades de vida y pensamiento.
No lo vais a conseguir nunca, Deportes (¿cómo se va a acabar con lo que es sin fin y no se sabe?) pero me tenéis tan cansado de vuestras convulsiones y remeneos desesperados, que hasta la tumba me sonríe con los encantos de la quietud y del no tener que batir ninguna marca. La verdad, que no hacía falta tanto: ya habría yo sabido dejarme llevar de la gloriosa pereza a ratos y de la gracia del juego sin sentido y de la serenidad del aire o de la lluvia; pero, si insistís tanto, si os empeñáis en darme la matraca por todos los ámbitos y rincones...
Asco me dais, Deportes y Gimnasios, como se lo dais a cualquiera por lo bajo (sólo que yo me permito reconocerlo y decirlo por lo alto), a cualquiera que todavía sienta lo que huelen a regimental y letrinoso vuestros uniformes, gesticulaciones, embrocaciones y camisetas con números y marcas pegados sobre los corazones sudorosos. Algo de niño rebelde a las órdenes del Mandamás, algo de recuerdo de lo que era juego y risa, sigue latiendo bajo las máscaras y anatomías de las Personas, hasta las de esas niñas a las que retorcéis para los Campeonatos Mundiales de Gimnasia.
Y les decís todavía, Ejercicios Físicos de Dios, que sois por la salud, por la Higiene, por la Raza, por el Bienestar. Y, sí, será por el del Régimen o el de la Humanidad o el Hombre con su Mujer; porque, lo que es nosotros, gente... ¿Es que os creéis que se han olvidado del todo todos de que salud no es más que olvido?, ¿que la maldición de la Enfermedad, que nos acosa desde la pérdida del paraíso, no es nada natural, no es más que la conciencia del propio cuerpo que lo envenena al pobre, que qué culpa tendría él?, ¿que de esa maldición del Señor y condena a la conciencia de cada uno es de lo que se sustenta y mueve el Poder y su Dinero?, ¿que vosotros, Deportes y Gimnasias, estáis ahí justamente para eso, para que en cada uno de los sujetos obedientes el Alma democrática se preocupe y pene por su cuerpo propio y así no lo deje vivir, así lo mate?
Y acudiréis todavía, para justificaros, a las ridiculeces culturales al uso, resucitando las Olimpíadas y pregonando que los antiguos griegos se dedicaban con entusiasmo a la Educación Física, a los estadios y los gimnasios. ¡Como si los antiguos griegos no fuéramos nosotros, sólo que antiguos, y ese Culto del Cuerpo de los Griegos (no de todos: de sus Mayorías, masculinas, como siempre) no fuera su barbarie, la misma que nos horroriza cuando nos cuentan de otros pueblos salvajes los sacrificios y prácticas masoquistas de sus religiones! ¡Como si los antiguos griegos fueran buenos, y no mayoritariamente idiotas, como nosotros, y sólo graciosos cuando un aliento de razón común, por boca de un Heráclito o de un Sócrates, surge de la peste de sus templos y sus gimnasios!
¡Ah, qué hartura, Deportes de Dios! Ahí os dejo, aunque sea muerto de cansancio, a que sigáis, hasta que el sentido común y la salud os barran, haciendo sufrir a las poblaciones en nombre del Ideal, al servicio del Dinero, muerte de la riqueza.