73

Goner y Josh tomaron asiento en el vestíbulo apacible y desierto del hospital Hadassah. En las primeras horas de la madrugada, sin presencias furtivas, el lugar resultaba siniestro y ominoso.

—Menudo truco has hecho ahí dentro —comentó Goner.

Josh no supo qué decir.

—Los médicos van a hacer algunas preguntas —continuó Goner.

—Pues tendrán que buscar respuestas en otra parte —confesó Josh—. Creo que sé de dónde proviene esto, pero mentiría si dijera que puedo explicarlo.

—¿Tiene algo que ver con el manuscrito?

Josh contempló sus propias manos, deseando poder ofrecerle una explicación sencilla.

—Sí, un poco. Y tiene mucho que ver con algo mayor. Solo estoy empezando a comprenderlo.

Goner se puso en pie y le dio una palmadita en el brazo.

—Bueno, tendremos que pensar en algo oficial para el archivo. Será mejor que hable con los médicos para encargarme de que no se sepa nada de esto. Después me iré a casa y procuraré dormir. Tú deberías hacer lo mismo.

—Mi sitio está en la habitación de Danielle. Por un montón de razones.

—¿Quieres que me quede contigo?

—No es necesario —respondió Josh—. Puedo arreglármelas solo.

Goner alargó la mano y Josh extendió la suya para estrechársela. Al hacerlo, advirtió que Goner le estaba entregando una pistola. —Puede que todavía la necesites.

Josh se metió la pistola en el bolsillo y le dio las gracias.

Cuando Goner se fue, Josh regresó a la uci. La sala se había despejado considerablemente y solo quedaba una de las enfermeras originales, que estaba comprobando los diversos monitores y le refería las lecturas a un médico que Josh no había visto anteriormente. Reconoció de inmediato los ojos azules tras la máscara quirúrgica.

—Enfermera, écheme una mano —decía el médico cuando entró Josh—. Vamos a llevar a la paciente a su habitación. —Se volvió y reparó en Josh—. ¿Quién es usted?

—Estoy con ella.

El médico meneó la cabeza.

—Esta noche no.

Josh dio un paso hacia el médico. Estaba dispuesto a romperle el cuello allí mismo si era necesario.

—No pasa nada —intervino la enfermera—. Me parece que es su prometido. Tiene autorización de la Seguridad israelí.

El médico gruñó, pero cedió.

No tienes elección y lo sabes, cabrón, pensó Josh.

Empujaron la cama de Danielle hasta una espaciosa habitación privada que hedía a productos de limpieza y medicamentos.

—Cuando haya terminado de acomodarla, déjenos solos, por favor —dijo el médico a la enfermera.

Ella asintió, concluyó su labor y dejó a los dos hombres a solas con Danielle. Josh esperaba que la joven siguiera inconsciente el tiempo necesario para no presenciar lo que estaba a punto de ocurrir. Ya había sufrido bastante.

En cuanto la puerta se cerró, el médico abandonó todo fingimiento y miró a Josh con palpable desdén.

—Deja de jugar, Cohan. Ya sabes quién soy.

—Sí —contestó Josh, que de algún modo consiguió mantener la voz serena—, te estaba esperando, Alón.

—Por tu culpa, mi padre ha muerto.

—Tu padre ha provocado su propia muerte. Pero Alón ignoró aquella última afirmación. —Por supuesto, eres consciente de que solo está muerto en su forma física. Su espíritu es tan poderoso como siempre. Josh no dudaba de que aquello fuese cierto. —Primero vamos a arreglar las cosas en este plano de existencia. Alón se arrancó la máscara quirúrgica.

—Qué presumido eres. Pero esa arrogancia será tu perdición.

—Tu padre ha fracasado, Alón. Los Guardianes han fracasado. Reconócelo y puede que te salves de la condenación eterna.

Alón emitió una carcajada sonora y cruenta.

—¿Quién hubiera dicho que eras tan gracioso, Josh? Deja que te explique lo que está a punto de ocurrir en realidad. Primero, voy a poner fin a tu insignificante vida. Luego voy a llevarme de aquí a mi hermana, Danielle, y voy a honrar la memoria de mi padre. Cuando ella recupere las fuerzas, engendraremos un heredero; y cuando ella haya desempeñado su función como receptáculo, la mandaré a reunirse contigo, ¿vale?

Alón le asestó una cuchillada a Josh con un largo bisturí. El movimiento fue tan rápido que Josh apenas consiguió apartarse. Cuando lo acometió de nuevo, Josh se agachó para esquivarlo y descargó el puño contra la sien de Alón. Estaba claro que Alón no se lo esperaba y el golpe lo postró de rodillas, y el cuchillo se estrelló contra el suelo con gran estrépito.

Eso le dio a Josh ocasión de sacar la pistola que le había dado Goner. Ignoraba si sería capaz de usarla, pero Alón no tenía por qué saberlo.

—Se acabó, Alón.

Pero el rostro de este adoptó una expresión salvaje al tiempo que profería un aullido inhumano y se incorporaba para embestir contra él. Josh no tenía otra elección sino disparar. Por un brevísimo instante, Alón lo contempló con pura maldad en los ojos y después se derrumbó.

Josh se arrodilló sobre el hombre caído. Todavía respiraba.

—No sabes a qué te enfrentas —dijo con voz áspera el hijo del Maestro, mientras la sangre manaba a borbotones de la herida abierta en un lado de su garganta—. Eres un hombre contra un ejército más poderoso de lo que te imaginas.

Pero Josh no escuchaba lo que decía Alón. Extendió las manos y se las impuso al hombre moribundo. Rezó para dejar a un lado su propia amargura, para que la luz sanadora purificase el odio que sentían ambos. Pero era demasiado tarde. Alón inhaló una última bocanada y murió.