CAPÍTULO 9

Link pronunció un discurso a la mañana siguiente. Machacó, dolorosísimamente, en la única posible acción que podía aconsejar u ordenar a sus seguidores que tomaran. En esencia, no constituía emprender acción alguna en absoluta. Pero no podía decírselo así. Era evidente que si la cultura de los habitantes humanos de Sord Tres se había estropeado por causa de la falta de contacto con la civilización galáctica, el estado de los uffts disminuyó también. Pero también resultaba del todo cierto que si hubiese habido contacto con el resto de la galaxia, el precio a pagar habría sido infernal.

Por lo menos, cada duplicador de Sord Tres hubiera sido arrebatado a la fuerza por los aventureros que aterrizasen con armas modernas y sin escrúpulos de ninguna clase. Como consecuencia colateral, tales ladrones del espacio habrían caído sobre los uffts. Les habrían raptado y vendido como monstruos inteligentes en un millar de mundos mientras un planeta tras otro se desplomaba en el caos como consecuencia de los duplicadores. Últimamente, de hecho, los ciudadanos de Sord Tres se habrían muerto de hambre por falta de duplicadores mientras que el resto de la galaxia la sufría también a causa de poseerlos. Transportados y esclavizados los uffts se habrían visto envueltos en el colapso de la civilización humana y la galaxia, a la larga, se hubiera ido al infierno, podrida como la basura de un cubo.

Podría existir una fuerte probabilidad. Link era la única persona por doquier que se daba cuenta. Si tenía que ser prevenido el desastre, era él quien debía obrar. La responsabilidad, sin embargo, era abrumadora.

Por tanto pronunció su discurso.

—¡Amigos míos! — dijo con aire resonante, desde un ruinoso balcón de la pared exterior de la residencia del antiguo Hacendado —. Amigos míos, es necesario decidir una política de acción para la realización de la Revolución Ufftiana. Permitidme decir que cuando vine aquí para pedir vuestra ayuda en la solución de una cuestión abstracta, no comprendí la emergencia que existía en realidad. Yo os digo que mi problema, mi problema, del barbero y de quien le afeita debe ser dejado de lado durante la duración de esta emergencia. ¡Todos los recursos de la raza ufftiana, incluyendo su intelecto increíble, deberían dedicarse a un sólo propósito... libertad!

Hubo vítores. Fueron más rápidos y altos que el día anterior, porque Link había nombrado una Comisión para Destacar la Unanimidad de la Opinión Ufftiana y le vitoreaban hasta cuando se detenía en el transcurso de una pausa.

—Instalaré esto aquí como un ejército —continuó retórico Link—, y un ejército seguiréis siendo. Pero sois la raza más inteligente de la galaxia. Por lo tanto, es natural para vosotros que adoptéis la estrategia más inteligente para la consecución de vuestros fines. Vuestros genios de las estrategias indudablemente han discutido esa obra clásica de la doctrina militar: «Poder en el Espacio» y han decidido aplicar el principio de la flota espacial para que sea el problema básico de esta guerra, asegurándose así la victoria ufftiana.

Hizo una pausa y los vítores se alzaron confusos bajo el sol matutino.

—Un ejército existente — anuncio Link con profundidad —, es un ejército no derrotado. Por el hecho de que existe ha demostrado que es invencible. Para ser un ejército en existencia y ser un ejército victorioso, es necesario existir, porque si no fuese victorioso no podría continuar existiendo. Por lo tanto, el principio principal de la política ufftiana es mantener al ejército en existencia y por consiguiente mantenerlo inderrotado y victorioso, como inspiración para los uffts de todas partes, atrayéndoles para que se le unan y compartan su gloria y su triunfo.

Ovación. El Comité para Destacar la Unanimidad de la Opinión Ufftiana se puso a trabajar de inmediato y hubo en el acto un agudo tumulto de aprobación, mucho mayor que antes.

—Específicamente — dijo Link con una estupenda precisión —, la política del Gobierno Provisional Ufftiano es mantener su ejército en existencia, extender la propaganda por doquier para que todos los uffts se alisten e incrementen ese ejército, para hacer que sus enemigos se den cuenta de la futilidad del conflicto y, por último, establecer una paz generosa y equitativa que comporte las inspiraciones nacionales ufftianas y establezca a la Nación Ufft en una base permanente, inobjetable e incuestionable de solidez.

Los vítores ahora despertaron ecos y ecos de las murallas del valle. Link alzó su mano, reclamando atención.

—Para conseguir esta política — dijo valientemente —, organizaremos de inmediato el Comité de Propaganda pero a nueva escala. Ampliaremos la organización de G-1 y G-2, nuestros grupos de inteligencia y contrainteligencia, es decir, de espionaje y contraespionaje. Se necesitan más voluntarios para ese trabajo necesario. Necesitaremos también voluntarios para explicar la política de la Constitución Nacional Ufftiana a los uffts que dentro de poco se unirán al ejército Revolucionario Ufftiano. Necesitaremos tener voluntarios para servicios de seguridad, para comunicaciones, para espionaje, para educación y para vigilar los monumentos culturales en los propósitos, logrando que se mantengan y obedezcan las órdenes y además consiguiendo la preparación de una historia... una historia detallada... de esta época trascendental del unánime alzamiento de todos los uffts para la consecución de sus miras nacionales. Y...

Fue un discurso admirable. Cuando terminó, sus oyentes estaban casi roncos de vitorearle. Se retiró al interior de la residencia del Hacendado con una triste satisfacción. Seguía siendo jefe de la revolución. Los uffts creían que iban a conseguir algo único bajo su guía. Era concebible que lo lograsen. Ningún ufft podría posiblemente destronarle de su puesto, como jefe, porque todos los uffts sabían que estaban inexorablemente restringidos en consecución por el hecho de tener cascos en vez de manos. Sólo podían creer en lograr algo asociándose con las manos. Era posible que los uffts se lanzasen al sabotaje o al crimen inducidos por un jefe puramente ufftiano, pero sólo Link sería el núcleo capaz de amalgamarlos en un número lo bastante grande como para que importase.

También había dos razones principales. Una era su ventaja psicológica de que podía pronunciar discursos y además tenía manos. La otra era la discreción. Pediría voluntarios para innumerables comités y altisonantes comisiones y consejos. Pero todavía no había hecho una referencia a la organización de unidades de combate. El Ejército Revolucionario Ufftiano estaba preparado para la propaganda, el espionaje, la educación, el contraespionaje y probablemente los servicios sociales y el psicoanálisis. Pero Link no tenía tiempo de sugerir que nadie se preparase para la lucha.

Un motivo importante aunque subsidiario era la cerveza gratis repartida por el Cuerpo de Estado Mayor a cualquier ufft o grupo de uffts que entrase en el gran vestíbulo de la hacienda, trayendo una cantidad razonable de materias verdes y un número suficiente de camisas empapadas en agua, prestamente duplicadas para el transporte de agua necesitado en la fabricación de la cerveza. Indudablemente, la cerveza gratis ayudaba.

Su atracción se demostró durante el segundo día del movimiento revolucionario donde un grupito de uffts viajeros, unos veinte en total, fue detenido por los uffts de seguridad mientras cruzaba las montañas en una misión particular comercial. Se les interrogó, se les dio cerveza y se les puso en libertad. La mitad no se marchó. El resto se fue para decir a sus amigos lo ocurrido y volver con ellos. Varios de los primeros viajeros se nombraron oficiales de reclutamiento con nombres de las organizaciones verdaderamente rimbombantes y volvieron a diversos poblados en busca de nuevos miembros. Los consiguieron.

Al tercer día ya había un fluir firme y continuado de voluntarios para el ejército y especialmente el servicio civil del gobierno provisional. Vinieron a través de los pasos de montaña cruzando las onduladas colinas hacia la antigua hacienda humana. Al cuarto día, la pérdida de poder ufft era notable en los establecimientos humanos en un radio de unos ochenta kilómetros a la redonda. La Hacienda Harl reposaba en una enorme tranquilidad. Grupos de animales de carga podían ir y venir entre las haciendas vecinas sin que nadie les gritase siquiera un ¡Asesinos!, durante el camino. Pero los hacendados se enfrentaron a la necesidad de ir de invitados y conseguir materia verde. No era una huelga general, claro, pero el resultado parecía idéntico. Los uffts se reunían en la Capital del Mundo Futuro Ufft y ésta estaba situada en un vallecito escarpado en donde cualquiera podía tener cuanta cerveza necesitase entregando la materia verde precisa para su fabricación. Link había empezado con dos o tres mil seguidores. Cuatro días más tarde eran veinte mil los que se instalaban alrededor de la antigua población humana. Alguno de los uffts, hembras, sin duda, desaprobaban la idea de acampar. Madrigueras permanentes comenzaron a aparecer de trecho en trecho.

De vez en cuando Link ejecutaba algo ritual para recordar a los uffts que eran un ejército revolucionario. En una ocasión presidió una competición de recitativos militares, mientras que pequeñas bandas de uffts desfilaban por delante de su residencia cantando himnos gloriosos e inspirados por algunos de sus componentes. Las consignas, claro, reforzaban la lealtad a los principios del Gobierno Provisional, de la Constitución Nacional, de la Declaración de libertad, de la Llamada de los Intelectos, etc.

En otra ocasión condujo solamente a una organización valle abajo hasta donde una veta de roca color melocotón, muy familiar, aparecía en el acantilado. Cogió un pedazo de la roca del tamaño de un puño, desprendida de la veta, y lo llevó a la hacienda. Lo colocó como la primera piedra de un montón de dos metros de altura de rocas color melocotón para señalar el lugar en donde el fuero de los Derechos Nacionales Ufftianos se adoptaría dentro de poco. Todavía no había sido redactado. La discusión de sus detalles requería mucha cerveza y el comité autodenominado para componerlo debía de pasar mucho tiempo trayendo la materia necesaria para fabricarla, tanto tiempo o más del que emplearía en las deliberaciones. Ya resultaba aparente a Link que a falta de carretas uffts la cerveza sacada del duplicador costaba más tiempo y esfuerzo por botella que cuando se entregaba materia verde sobre ruedas y los humanos se quedaban buena parte del género.

Pero los asuntos en las haciendas próximas se habían convertido en graves. Prácticamente no quedaban uffts que permaneciesen vagando en torno a las aldeas humanas dentro de una zona muy grande. Un espacio de unos seiscientos kilómetros de diámetro estaba desprovisto de uffts. Se extendía desde el mar hacia adelante del cuartel general de Link, mucho más allá de las montañas en las que mandaba. En algunas de esas haciendas, los hombres se habían visto obligados a reunir materias verdes o pasar hambre. El hecho causó un sentimiento antiufft que fue creciendo. Ya se le había ocurrido a Link que si podía encontrar otra hacienda abandonada con un duplicador tan fácil de reparar como este primero, dirigiría un nuevo centro de independencia ufftiana. Si se les daban duplicadores y camisas o los equivalentes para transportar agua, los uffts tendrían cerveza a voluntad, poco más o menos. No ganaba ningún otro beneficio tangible desde su asociación con los humanos. Cosa paradójica, era la propiedad de Link la que comenzó las contramedidas que se oponían a la Revolución. Cuando Harl había hablado tan amargamente en favor de los viejos tiempos, Link estuvo de acuerdo con él. Sugirió que Harl convocase una asamblea para fomentar su retorno. Era una sugestión con infinito atractivo. Cada cual quería pensar en los viejos tiempos a los que gustaría hacer vivir de nuevo. No hay dos personas que quieran resucitar el mismo espacio de viejos buenos tiempos, pero la teoría resulta atractiva.

Harl echaba chispas por la deserción de los uffts que habían hecho de su hacienda un lugar deshabitable. Discutió del asunto tristemente con otros hacendados y viajando mientras trataban de conseguir alimentos sin trabajar para obtenerlos. Tendían a estar más de acuerdo furiosamente cuando el número de uffts de sus haciendas disminuyó y las condiciones les acercaron a los verdaderos tiempos viejos cuando Sord Tres fue colonizado por primera vez.

Link continuó deprimido ejerciendo de jefe del Gobierno Provisional Ufftiano, del Ejército Ufftiano de Liberación, de Coordinador de Guerra y un considerable número de otros cargos. De vez en cuando tomaba una botella de cerveza. Para sus subsistencias dependía de las duplicaciones repetidas del almuerzo que Thana hizo para él. Era un buen almuerzo, pero resultaba una dieta terriblemente monótona. Pero nada podía hacer por remediarlo. A todas partes le seguían sus devotos uffts quienes, eso resultaba irritantemente conmovedor, parecían creer de buena fe que iban a llegar a alguna parte.

Quizá sí. De cualquier forma, por el hecho de su ausencia impresionaba a los humanos con la necesidad de su presencia. Se organizaban mutuamente discursos interminables. Bebían innumerables botellas de cerveza. Y desnudaban el valle de materias verdes. Al fin de una semana se les veía arrastrar ramas desde unos tres kilómetros para conseguir cerveza. A los nueve días la producción y consumo de cerveza comenzó a descender. El trabajo requerido valía mucho más que la cerveza obtenida.

Link se imaginó un cambio en la política de provisión de alimentos de las haciendas humanas en Sord Tres. Grandes máquinas agrícolas, semillas de castas modernas, un hombre no demasiado experto volvía a arar, cultivar y prepararse para la cosecha una enorme cantidad de terreno. Los uffts podrían sembrar. Los uffts podrían cosechar. Podrían entrar en.una relación verdaderamente simbiótica con la humanidad. Había comenzado a pensar un modo de asegurar los materiales de reacción y los suministros raramente raros necesarios para la restauración de la electricidad, los televisores, las fibras sintéticas y tejidos y probablemente de transportes superiores a los unicornios. Se puso más pensativo mientras se imaginaba todo esto. Sord Tres se convertiría en un paraíso y los duplicadores se podrían utilizar durante un periodo nuevo tan efectivamente que su función original se olvidaría pronto. El sistema económico de Sord Tres solamente se convertiría en algo en realidad estable.

Link se sentía capacitado para diseñar un inteligente sistema económico Le gustaría hablar con alguien del asunto. Pero el único oyente aceptable en Sord Tres sería Thana. Al hacer sus planes, se imaginó que los explicaba a la muchacha.

Cuando llegó el desastre Link estaba absorto en la preparación de un nuevo plan económico y flexible que eventualmente sería capaz de soportar visitantes sin perturbaciones y los visitantes no se verían alterados por lo que encontrasen. Los duplicadores quedarían irreconocibles como tales y así resultarían inofensivos. Diseñar un sistema tal era un problema apasionante, pero Link lo abordó de manera valiente... hasta llegar el desastre.

Un grupo de uffts trajo a un recién llegado al ruinoso edificio que habitaba Link a solas. El recién llegado se mostraba rebelde e insultón.

—Señor — dijo un ufft de seguridad con una voz muy seria —, aquí hay un espía. Vino de la Hacienda del Viejo Addison. Se le envió para que averiguase nuestros secretos militares.

—¡Bah! — rezongó el espía desdeñoso —. ¡No tenéis ningún secreto militar! Somos docenas y sabemos todo cuanto hacéis. Formamos una organización muy unida y el Viejo Addison sabe cada secreto de todas las Haciendas y todos los uffts y sus ciudades y si me hacéis daño él sabrá quien lo hizo y se vengará.

Miró retador en su torno.

—Lo sabrá, ¿eh?— preguntó Link —. Quizá alguien ya le está hablando de tu captura, ¿eh?

—¡Eso es cierto! — repuso el espía —. ¡No te atreverás a hacerme daño!

Link reflexionó. En cierto modo aquello era un consejo de guerra, excepto que Link resultaba el único juez. El gran vestíbulo con su silla del trono estaba polvoriento y lleno de basuras. Los regordetes y coléricos uffts que habían traído al prisionero emitían ruidos de indignación.

—Veamos — dijo con tono placentero Link —, tienes una posibilidad de ser un doble espía, rango altísimo en tu profesión. Comienza por decirnos todo lo que sabes sobre la manera de planear que en esta guerra tienen los Hacendados.

El espía ufft emitió roncos sonidos de desprecio. Por eso Link continuó muy serio:

—Reuniremos el Ejército. Marchará de prisa por delante tuyo. Cada miembro del ejército te dará un bocado. Sólo uno. Nadie te matará, pero en medio del proceso de recibir unas docenas de millares de mordiscos...

El espía lanzó un grito. Link se lo esperaba. Había nada menos que cuarenta mil uffts en el Ejército de Liberación o en los Comités a él asociados. La suma total alcanzaría a unos cincuenta mil. El espía accedió al instante, temblando de terror, a contarlo todo, todo, todo.

—Llevároslo e interrogadle — dijo Link con voz autoritaria.

Una hora más tarde recibía el informe. El espía había hablado. Al exigírselo, identificó a otros espías. Fueron interrogados separadamente, bajo la misma amenaza. Sus historias coincidían. Hasta ahora, en lo concerniente a la revolución, el desastre era absoluto.

Harl había comenzado la organización de los Hacendados para la Restauración de los Buenos Viejos Tiempos. Hubo una gran y áspera aprobación y disparidad en las definiciones de los Viejos Buenos Días, pero existió una Unanimidad acerca de los días actuales. Un ejército ufftiano de liberación, equipado con una Hacienda que tenía un duplicador en funcionamiento, capaz de suministrarse cerveza sin beneficiar a los humanos, resultaba algo que no se podía soportar. Los Hacendados habían movilizado a sus siervos. Estaban armados con lanzas. Cuatrocientos o quinientos humanos se habían reunido en la Hacienda del Viejo Addison. Por la mañana marcharían contra la Capital Provisional del Gobierno Provisional Ufftiano. Estaban preparados para matar a los uffts con sus lanzas. Lo harían.

Aún no se había terminado de informar a Link en ese aspecto cuando el comité para el Contraespionaje lanzó sus agudos gritos. Sus agentes habían informado sustancialmente los mismos hechos abrumadores. Miembros del G-1 y G-2 vinieron galopando. Les habían llegado las noticias. Hubo agitación. Tumulto. Terror.

—Amigos míos — dijo Link con profunda tristeza —, la causa por la que estamos preparados a sufrir y morir ha experimentado un retroceso. El éxito inmediato de la Revolución es ahora objetable, pero su éxito final sigue siendo cierto. No sería inteligente para los uffts, que son los seres más inteligentes de esta galaxia, desperdiciar sus vidas con algo menos que la certeza de su viva necesidad. Pero no es verdad esto en los momentos actuales. Hay una acción por la que la Revolución podrá continuar. ¡Hay trabajo por hacer... organización, propaganda, planeamiento! ¡Debemos... debemos dedicarnos a la clandestinidad! ¡Debemos lanzarnos a un mundo de trabajo subterráneo!

Fue el más lucido y convincente de todos los discursos posibles. Los uffts vivían en madrigueras. Subterráneamente, en la clandestinidad. Así lo preferían. Las madrigueras significaban seguridad, hogar, la vida familiar, normal y más satisfactoria. ¿Clandestinidad, subterraneidad? Los uffts le vitorearon. ¡Espontáneamente!

—Desde este momento hasta la próxima ocasión para alzarse dijo Link con esplendidez —, el Gobierno Provisional existirá en secreto. ¡El Ejército de Liberación existirá en los corazones de sus miembros! ¡Y los uffts, por doquier, recordarán que el tiempo sigue su marcha, que la vida es breve pero que la guerra es larga, que la unidad representa la fuerza y que los uffts volverán a levantarse! El ejército se disolverá. Sus miembros mantendrán el fuego sagrado de los secretos de su asociación. Y con el tiempo...

Les despidió. Naturalmente, aunque en privado, se sintió muy aliviado. Sabía que Harl, con certeza, no soñaría en tratar de destacar ningún individuo ufft para el castigo por su parte en la Revolución. Por un detalle, resultaría imposible. Por otro, si lo hacía los uffts volverían a oír hablar de él. Los otros Hacendados tendrían el mismo motivo imperativo para ignorar, en lo posible, la revolución de los uffts. Incluso era probable que se tomasen alguna molestia por impedir que existiese un descontento máximo entre los uffts, quienes a su vez podrían abandonar la Hacienda y trasladarse a otra, o instalarse en donde se les tratara mejor.

Había un asunto en el que Link estaba menos que satisfecho. No se sentía seguro de que los Hacendados, como Harl, se sintiesen inclinados a restablecer la agricultura hasta el punto en donde la comida se obtuviera sin duplicadores. Era necesario para los planes a largo plazo que Link ya había meditado. Pero seguía sin estar convencido de que lo lograría. Aún.

Pero poseía un sentido personal al notar un aire abrumador de pena cuando dimitió de su generalato en la revuelta. Había estado viviendo con raciones duplicadas, réplicas del almuerzo que Thana le preparó días atrás. En las nuevas jornadas transcurridas aquel almuerzo había alcanzado un estado deplorable. Pero eso aún no era lo peor. En nueve días con la misma comida, Link casi estaba histéricamente harto de judías.

Contempló como un desfile ceremonial del Ejército de Liberación se efectuaba antes de disolverse en grupos individuales y familiares, encaminándose en sus madrigueras patrias y con una negativa vociferante de haber estado en absoluto en la milicia.

Pero se había reservado una unidad de unos doscientos uffts, que se presentaron voluntarios en particular para una última acción de servicio militar contra sus opresores, en caso de que fuese necesario. Eran miembros del Regimiento Ufftiano, pero escucharon serios e incluso con devoción cuando les dio sus instrucciones. Parecieron dispersarse como el resto. Pero...

Cuando se hubieron ido, se encontró a solas en la ruinosa Hacienda. Había algo que era preciso hacer y que sólo él podía realizar. Trabajó casi toda la noche alumbrado por las antorchas. Cuando llegó el alba borró toda evidencia de su trabajo. Sacó el duplicador de su pozo por última vez. Penosamente, volvió a cortar cada uno de los antiguos cables averiados. Separó los que estaban antaño sueltos. Aflojó los contactos y los inutilizó. El duplicador ya no duplicaría más.

Desde primeras horas de la mañana cabalgó al encuentro del ejército de hacendados y sus servidores. En un sentido, claro, iba a rendirse. Pero estaba convencido de que su explicación satisfaría a Harl y por lo tanto al resto. Pero mientras cabalgaba, no pensaba en tales asuntos. Disfrutaba con imágenes de comida que no fuese simples judías.

Llegó hasta el ejército que se aproximaba a unos veinte kilómetros de su antiguo cuartel general. Se equivocaba sobre lo de que sus explicaciones satisfarían a los Hacendados, sin embargo. Harl aparecía visiblemente apenado tanto por su explicación como por su recepción. Thana, cabalgando con Harl — era la única chica de la expedición armada — miró a Link de manera inescrutable.

El ejército humano se había detenido para revisar la conducta de Link. Thistlethwaite miró fulminante al muchacho y en voz alta exclamó que no tenía ya ninguna asociación en absoluto con su antiguo compañero. Había dejado de ser el socio de Thistlethwaite. Era...

Acamparon para discutir con detalle la situación. Luego Thistlethwaite se había asombrado al verse colocado en la picota como compañeros de crímenes de Link. El presidente del tribunal marcial o consejo de guerra sería el Viejo Addison. No era un tipo amable y Link de inmediato sintió antipatía hacia él. Poseía aire autoritario y ofensivo. Su discurso distó muchísimo de ser cordial. Link halló que sus objeciones al Viejo Addison podrían resumirse en la afirmación de que carecía de modales en absoluto. Pero sabía lo que pretendía realizar el consejo de guerra y con toda evidencia pensaba procurar que se realizara. En contra de Thistlethwaite dijo con acritud:

—Me engañaste una vez. Te di la carga de una espacionave contra tu promesa de volver y pagarme lo adecuado por unos cuantos duplicadores. Ya has vuelto. ¿Dónde está el género que ibas a traer?

Thistlethwaite protestó desesperadamente.

—Te iban a ahorcar — dijo el Viejo Addison, tan acremente como antes —. Y yo te confisco tu navío para resarcirme de lo que me has engañado. ¡Y si aterrizan en Sord Tres más desconocidos se les colgará también; no queremos ni curiosos ni preguntas por aquí!

El consejo de guerra se formó. Link explicó con lucidez que los uffts en torno a la Hacienda de Harl ya estaban casi revueltos, que habían puesto sitio a la Hacienda de Harl y que con permiso de Harl salió para convencerles de que se fuesen a alguna parte y dejasen que una caravana de unicornios proporcionasen los suministros alimenticios que tanto escaseaban. Destacó que había cumplido exactamente con esa misión. Incluso destacó que no había sido insultado ningún ser humano, ni herido, por los uffts que siguieron sus sugerencias. Que asumió la jefatura de los uffts como un favor para Harl.

Harl fue el único en el tribunal que votó a favor de Link. La decisión fue que Link y Thistlethwaite tenían que ser ahorcados a la mañana siguiente. El retraso era para permitir a otros hacendados, que venían presurosos a aquel lugar, presenciar el agradable espectáculo.

Link guardó compostura. Especialmente después de que el número de uffts que solían verse en toda reunión de humanos creció; uno a uno, se instalaron indiferentes en torno al campamento. Nadie les molestó. Era costumbre de los humanos tolerar a los uffts. A mediodía había por lo menos cincuenta uffts moviéndose entre los hombres y tiendas y animales. Más tarde hubo más.

Cerca de la puesta del sol, se permitió entrar a Thana en el lugar estrechamente guardado donde Link y Thistlethwaite esperaban el amanecer y la ejecución de la sentencia. Thana aparecía a la vez indignada y sumisa.

—Lo... lo siento, Link — dijo con aire infeliz —. Harl sigue discutiendo, tratando de hacerles cambiar de idea. ¡Pero me parece que nada logrará! ¡Incluso les ha dicho que me enseñaste cómo duplicar un cuchillo para que sea tan bueno como el original! ¡Ha prometido regalarles a todos camisas y judías y cuchillos no duplicados! Pero escuchan al Viejo Addison.

—Sí — admitió Link —. Tiene cierta fuerza de carácter. Pero sus modales — sacudió la cabeza—. ¡Ni siquiera Thistlethwaite aprueba ahora al Viejo Addison!

Thana contuvo el aliento como si tratase de no llorar.

—Le... le he traído una camisa, Link. Yo... me imagino que no le gustó la bordada. Usted se la quitó. Esta es duplicada de la que usted regaló a Harl.

—Hmmm —murmuró Link—. ¡Estupendo! ¡Gracias, Thana!

Ella lloró. El le acarició el hombro.

—¿Hay algo... — murmuró —, hay algo que pueda hacer? ¡Cualquier cosa, Link! — sollozó —. Siento... como si yo tuviera la culpa de que usted esté en dificultades. Si hubiese tenido más comida almacenada no habría tenido que irse usted y dejarnos, si... si... si...

Link dijo, esperanzado:

—Si siente así, oh... un par de unicornios en el valle a medianoche... si pudiese conseguirlo, se lo agradecería muchísimo.

Ella guardó silencio. Luego dijo con amargura:

—¡Usted... usted quiere volver con Imogene! Link la miró con fijeza.

—Mira, Thana — dijo Link tuteándola por primera vez —, no te conté el final de la historia. Después de que entré en la espacionave, y de eso hace ya casi un año, destruí el recibo que la florista me había dado. ¡Y tenía escrita la dirección de Imogene en el dorso! Así que me di cuenta de que no puedo enviar ni flores ni nota. ¡Por tanto Imogene jamás pudo tener noticias mías otra vez y yo sé que se ha casado hace mucho tiempo!

Ella le miró muy seria.

—¿De verdad, Link?

—Pues claro — contestó Link con dignidad —. ¿Me has pillado alguna vez en mentira?

—¿Dónde debo de tener los unicornios?-preguntó ella —. ¿Y cómo?

—Influencias — contestó Link —. Tengo influencias. Ahora...

Le dijo el lugar de manera que no podría confundirse, quizá a dos kilómetros valle arriba, a partir del campamento. Ella se fue.

Link pareció absorto en sus pensamientos durante largo rato después. Ni siquiera prestó particular atención a los uffts que, cerca de la puesta del sol, comenzaron a aumentar en número. Pero en una ocasión uno de éstos le guiñó el ojo, tranquilizándole. Thistlethwaite se sentía amargado, pero Link le consoló también como pudo.

—Tú — dijo con amabilidad —, confundes la cortesía de la vida comercial con los sentimientos de importancia más profunda. Deberías reformarte.

Thistlethwaite le miró lanzando unos cuantos juramentos desesperados.

Se hizo de noche. Brillaron las estrellas. El campamento se aquietó. Luego, a medianoche, hubo un súbito estrépito. Las tiendas se desplomaron. Los unicornios lanzaron gemidos de desaliento, trataban de encabritarse y al encontrar sus traíllas mordidas y cortadas por los uffts, emprendieron la huida hasta las laderas de la montaña, siempre acuciados por mordeduras en sus patas. Los hombres juraron, bajo las lonas que habían caído sobre ellos. Muchos trataron de correr tras los unicornios y los uffts y éstos se les enredaron en las piernas y les hicieron caer. Los que trataron de levantar las desplomadas tiendas de sus compañeros sufrieron ataques similarmente irritantes. Cuando los maldicientes hombres salieron al aire libre, los uffts les mordisquearon las piernas y les obligaron a saltar locamente. Hubo un enjambre de uffts gritando en todo el alrededor, mordiendo a cualquier humano, bien en sus piernas o en lo que tuviesen a su alcance, mordiendo también las cuerdas que permanecían intactas y bramando órdenes contradictorias en una estupenda imitación de las voces de los hombres. Convirtieron el campamento en algo así como el caos primordial.

Link gruñó cuando uno de sus propios guardias se vio atacado. Cogió a Thistlethwaite. Le guió para salir. Un pequeño grupo de uffts formó a su alrededor, abriéndoles paso. En dos ocasiones, los servidores de los hacendados parecieron a punto de tropezar con ellos, pero cada vez cayeron cuando los uffts, corriendo, les mordieron desde atrás en las pantorrillas. Toda la escolta huyó presurosa, pasando sobre ellos en lo que consideraron la más fina tradición militar de rescate. Antes de desbandar su ejército, Link les había elegido, dramáticamente, para una posible acción militar secreta. Este era el momento de poner en práctica las instrucciones.

El y Thistlethwaite llegaron donde tenían que estar los unicornios. A su alrededor, la escolta fanfarroneó presumiendo de su éxito al libertar a Link. Tuvo que avisarles que estos unicornios, precisamente vistos a la luz de las estrellas, no debían de entrar en estampida.

Luego descubrió que había tres unicornios, no dos. Thana le entregó unas riendas a Link.

—¡Vamos! — dijo con dureza —. ¡Quizá me siguen!

—Tengo organizada una fuerza de retaguardia — contestó Link tranquilo —, será mejor que no vengas con nosotros, Thana. Es preferible que des la vuelta a tu unicornio, le pongas en libertad y regresases al campamento.

—¡No lo haré! — contestó Thana —. Le dije a Harl lo que iba a hacer. Me pidió que me excusase por no venir a despedirnos.

—¿Despedirnos?— Link se quedó boquiabierto. Luego se sintió bien. Notablemente bien. Dijo acalorado —. ¡Harl tiene los mejores modales de cuantos conozco!

Ascendieron hacia el paso por el que viniera Link para rendirse. Los unicornios trepaban. Thistlethwaite echaba chispas de furor. Se había edificado un gran palacio de ensueños sobre un negocio supuestamente firme con el Viejo Addison. Ahora estaba destrozado. Y el Viejo Addison consideraba que le deberían ahorcar. Y la andadura de los unicornios era excesivamente desagradable. Pero siguió, con desmayo, a la resuelta Thana, silueteada contra las estrellas. La figura de Link estaba a menudo muy cerca de ella. Muchísimo.

Al cabo de una hora cruzaron el paso. Thana quería seguir el camino pasando el estrecho valle en el que el Gobierno Provisional había estado funcionando durante nueve días. Pero Link hizo girar a los animales hacia el fondo del valle y guió a los otros hasta la Capital Nacional Provisional Ufftiana.

—Hay algo en la antigua Hacienda que necesito recoger — dijo Link —. Estuve trabajando toda la noche para aso.

Para cuando llegaron al sombrío edificio, Link había resuelto el problema que constituía el cierre de las alforjas que tenía ante sí en el unicornio. Eran bastante grandes para sus propósitos. Desmontó y señaló a los demás un montón de rocas color melocotón de tamaño considerablemente reducido. Explicó a Thana por qué las había preparado y por qué deseaba que se las llevasen. Cuando entraron en el gran vestíbulo del trono, ella le acompañaba. Le indicó que utilizaba las rocas color melocotón como materias primas con las que obtener tan preciosas piedras.

—¡Muy bonitas! — dijo Thana.

Le ayudó con su carga. Tuvieron que hacer dos viajes, llenando las alforjas. Tornaron a montar y se encaminaron valle abajo de nuevo. Thana dijo con interés:

—¡Son hermosas! ¡Jamás vi cosas por el estilo antes!

Continuaron su marcha. Siguieron. Siguieron. Cuando las colinas quedaron bien atrás, Link dijo:

—Thistlethwaite, tú lo cerraste todo en la espacionave. Después lo has soldado también todo, incluyendo el compartimento de la lancha salvavidas. ¿Dónde está el soplete de oxígeno?

Thistlethwaite balbuceó su respuesta.

—No podemos utilizar la nave — dijo Link animoso —. Por lo menos con una plancha del casco arrancada y la estructura general débil de todo lo demás. No nos queda más remedio que utilizar la lancha salvavidas.

Thistlethwaite murmuró. Una ligera, ligerísima esperanza empezaba a nacer en él. A lo lejos, muy lejos se veía una luz.

—Eso es la Hacienda — dijo Link —, La Hacienda de Harl.

—Sí — confirmó Thana con una voz singularmente débil.

—Podrás llegar sola allí.

—¿Quieres?

—¡No! — contestó Link de manera explosiva—. ¡No!

La débil luz de la Hacienda fue como un faro guía. Al poco llegaron a la ciudad ufft y la visión nocturna de los unicornios les ayudó a evitar las madrigueras y los montones de tierra sacados de ellas. Oyeron voces asustadas a su alrededor. Link se detuvo.

—Amigos míos — dijo con tono profundo —, soy Link Denham, que ha escapado de vuestros opresores. Yo voy a seguir en mis funciones como gobierno en el exilio y a prepararme para el resurgir de la raza ufftiana. Volveré con medios para restaurar la lucha de los uffts y alcanzar su reconocimiento, su estado de gente libre, su independencia de la humanidad, lo que constituyen sus justas aspiraciones.

Hubo vítores, pero sonaron bastante desanimados.

—Mientras — siguió Link —. Seguidnos. En el navío hay regalos y tesoros. Podéis considerarlos como la tesorería de la República Ufftiana. Los distribuiremos. Podréis utilizarlos como mercancía para tratar con los hombres. ¡Seguidnos!

A Thistlethwaite dijo animoso:

—Te pagaré por toda la carga.

Thistlethwaite contestó con amargura:

—¡Si no puedo disponer de ella, tampoco quiero que el Viejo Addison la tenga!

Cruzaron la ciudad. Se vieron acompañados, escoltados, rodeados por un enjambre de uffts. Marcharon más allá de la urbe, hasta el navío. Thistlethwaite juraba corrosivamente, pero sacó el soplete de oxígeno.

Se oyeron gritos desde lo lejos. Hombres con unicornios se dirigían hacia la nave. Seguían, naturalmente, siendo los perseguidores de Link y Thistlethwaite, que no habían perdido ningún tiempo en preparar una maniobra de diversión como su viaje a la Capital Nacional Ufftiana. Link se hizo cargo del mando. Ordenó a los uffts que mordiesen las patas de los unicornios para tratar de dispersarlos y, en cualquier caso, retrasaran a sus perseguidores. Con una estupenda y briosa competencia tomó el soplete de oxígeno y abrió el compartimento de la lancha salvavidas para poder entrar y utilizar la misma. Metió las alforjas en el bote. Comenzó abrir los compartimentos de carga para los uffts. Estos entraron en enjambre en el navío. A medida que cada puerta del compartimento se les abría, se precipitaban en su interior. Serían ricos. Podrían hacer tratos maravillosamente insultantes con los humanos de Sord Tres. Podrían...

En levante se veía una débil, debilísima luz gris. Link se abrió paso hasta entrar en la sala de control para conseguir el Directorio Galáctico. Regresó.

—¿Dónde está Thana? ¿Dónde está Thana?— preguntó alarmado.

Ella apareció, asustada, pero sonriente.

—Quería... quería estar segura de que... me echabas de menos.

La hizo entrar en la lancha espacial con el Directorio. Hizo que Thistlethwaite penetrase tras ella. Abrió las puertas externas del compartimento de la embarcación y gritó a los uffts que quedaban por debajo:

—¡Regresaré! ¡Regresaré!

Hubo una masa de animales montados que venía del oeste. Los uffts echaron a correr para rodearlos. Los hombres de los unicornios, en consecuencia, avanzaron sólo muy despacio.

Link penetró en la lancha espacial. Oprimió los botones apropiados y accionó las palancas adecuadas. El salvavidas pareció salir despedido hacia el exterior. Sus cohetes rugieron furiosos, poniéndose en movimiento.

Fue una escapada en el último momento. Los salvavidas están diseñados para ser lanzados en el espacio. Pero el morro de éste apuntó al cielo y sus cohetes le impulsaron de manera firme y violenta en ascensión y, al poco, su rugido cambió en el modo sutil indicador del puro vacío por el que se movía entonces la lancha. Luego saltó hacia el firmamento salpicado de estrellas.

* * *

Días más tarde Thistlethwaite trabajaba tranquilo, con un ceño portentoso, preparando un nuevo contrato que proponer a Link. Era para formar una organización, la «Corporación para la Explotación de Sord Tres». Link proporcionaría todo el capital. Thistlethwaite tendría opinión definitiva en las decisiones comerciales. Los detalles para la operación habían sido elaborados durante las conversaciones y Thistlethwaite los trasladaba a la fraseología comercial, por lo menos ponía una trampa en cada dos párrafos del contrato. Link compraría y dirigiría una espacionave moderna de primera categoría. Volverían a Sord Tres con muestras de todos los materiales necesarios para conseguir aleaciones. Establecerían un duplicador junto a la playa para extraer de las aguas del mar, como materias primas, los minerales raros necesarios para duplicar la larga lista de los nuevos objetos, corrientemente no duplicables, e instrumentos necesarios en Sord. Link, en particular, había diseñado un equipo para fabricar cerveza de forma que no explotaran a los uffts. Habría enormes dislocaciones en la actual economía cuando los uffts no necesitasen comerciar con los humanos para conseguir cerveza. Los humanos empezarían a cultivar el campo. De hecho, comenzarían a preparar cosechas. Sus duplicadores serían más briosos extrayendo metales de aleación que duplicando raíces, cortezas, hierbas, bayas, capullos y flores.

Se produciría un estado infernal de cosas en Sord Tres cuando Link volviese. Eso proporcionaría experiencias nuevas. Emocionantes. De vez en cuando indudablemente habría tumultos. Pero si ningún otro navío aterrizaba en Sord Tres durante unos poquísimos años, cuando este aterrizaje se produjera no habría ningún desastre. Ya no existirían duplicadores en acción. Nadie reconocería el amplísimo desastre en plan galáctico que podía haberse producido si ciertos aparatos extractores de minerales, trabajando en el agua del mar, se destinaban a otros usos. ¡Todo marcharía sobre ruedas!

Link señaló a una pequeña imagen astral creciente que se destacaba contra las estrellas y que se veía desde los ojos de buey de la lancha salvavidas.

—¿Vamos a aterrizar allí?— preguntó Thana. Link asintió. Thana dijo en tono bajo:

—Link, ¿vas a firmar ese contrato que él está preparando?

—¡Pues claro que no! — contestó Link —. Pero le hace feliz redactarlo. En realidad, le gustará el trato que le propondré más que el engaño que está preparando.

Thana dijo intranquila:

—Cuando aterricemos...

—Iré a ver a un joyero —dijo con ternura Link —. Le venderé unos cuantos carintos; una cuarta parte, poco más o menos. Comenzaré a preparar las cosas para nuestro viaje de regreso. Y entonces... ¿Te importa una boda discreta?

—No... no, en absoluto.

El asintió. Se cogieron de las manos cuando la lancha salvavidas se encaminaba hacia el planeta que tenían delante. Había mares y continentes y casquetes polares. Había ciudades. Cuatro alforjas llenas de corintos apenas se podían vender en un sólo planeta sin hacer descender los precios, pero una distribución discreta, mediante espacionaves, a joyeros responsables de otros mundos...

—Ya podemos pensar en volver — prometió Link —, dentro de un mes, poco más o menas.

Y lo hicieron. Pero se retrasaron unos cuantos días. Link había preparado algo especial y tuvieron que esperar a que acabasen el segundo collar de corintos de Thana. Se decía que era la única mujer en la galaxia que poseía más de uno.