CAPÍTULO 8
Una hora más tarde, Link salía de la Hacienda, espoleando su unicornio hasta el máximo, mientras Harl lanzaba gritos de cólera e irritación entre las casas. Otro jinete salió tras Link. Habían elegido cuidadosamente su montura y no tenía la menor posibilidad de alcanzar al fugitivo. Luego vinieron dos jinetes más, uno tras otro, a poca distancia y después un grupo de casi una docena, como si la persecución de Link hubiese comenzado tan de prisa como los hombres volvieron a ensillar los unicornios para tal propósito. Corrieron tras Link con aparente furia. Pero él tenía una montura más rápida, un animal preparado evidentemente más veloz.
Pero no era la cabalgadura más confortable que montar. Los unicornios saltaban. Extendían sus patas grandes y tiernas con feos y descoyuntados movimientos, cuyo objeto parecía intentar descabalgar a su jinete. Pero cuando más de prisa viajaban, más bruscos eran los movimientos de sus patas y más violentas las sacudidas que recibía el hombre que iba sobre, ellos. Los colgantes apéndices carnosos que pendían de sus frentes y rebotaban al correr.
Los perseguidores de Link parecieron forcejear desesperadamente por alcanzarle. Dispararon lanzas y agitaron los puños contra él mientras aumentaba su delantera. Culminó una colina a un kilómetro de la Hacienda, descendiendo por su ladera opuesta y lanzando insultos, que recibieron un refuerzo por las gargantas de los uffts, cuyo intento debía ser sin duda de amedrentar a los perseguidores de la Hacienda. Cuando Link se perdió de vista los gritos de los uffts invisibles lanzaron epítetos contra sus perseguidores. El grupo de persecución disminuyó la marcha y por último se detuvo. Parecieron conferenciar. Los uffts les gritaron:
— ¡Asesinos! — como palabra más suave —. ¡Criminales! — cosa más frecuente —. ¡Vergüenza! ¡Vergüenza! ¡Vergüenza! — era el vocablo más común.
Los hombres de la Hacienda, como de mala gana, volvieron sus monturas hacia sus casas y se vieron los uffts escurriéndose por entre el desigual terreno para gritarles.
— ¡Cobardes! — Y se oyó también —: ¡Tenéis miedo de pelear! ¡Yah! ¡Yah! ¡Yah!
Al espolear los jinetes sus monturas, los uffts se hicieron más atrevidos. Rotundos animalitos fueron casi atrapados por los lanceros en retirada, surgiendo junto a las patas de los unicornios y gritando cada insulto que la mente ufftiniana podía concebir.
Sin embargo, cuando los hombres montados regresaron al pueblo, los uffts continuaron corriendo y apresurándose para ver qué había sido de Link. Pero el mensaje pintado en la aleta del Glamorgan le representaba como pro-ufft, mientras que Thistlethwaite aparecía como poseedor de villanas intenciones hacia ellos. Link les había dirigido un discurso, presentándoles un problema que podría interesarles indefinidamente. No obstante, lo importante era que había huido de la Hacienda, con los perseguidores pisándole los talones. Si los humanos de la Hacienda le odiaban lo bastante para perseguirle, los uffts estaban prácticamente prestos para nombrarle miembro honorable de su raza.
Link mantuvo su carrera durante un par de kilómetros. Luego gradualmente disminuyó la velocidad, mientras dirigía miradas repetidas hacia la parte que quedó hacia atrás sin revelarle signo alguno de sus perseguidores. Al poco cesó de espolear al unicornio mientras cabalgaba y este adoptó un paso tranquilo, lleno de cadencias.
Se dio cuenta de que los uffts trotaban y galopaban paralelos a su rumbo para ver lo que haría. Al principio no se mostraron, pero finalmente captó vistazos fugitivos de uno o dos en cada ocasión. Pero evidentemente había varios centenares de ellos, por precaución fuera de vista pero manteniéndose al paso con él a ambos lados. Refrenó su montura y aguardó.
Las voces uffts murmuraron. Hubo incluso chillidos en bajos tonos, como si los uffts de entre los peñascos y más allá de las cumbres de las colinas discutiesen unos con otros sobre quien deberían aparecer a la vista e iniciar una conversación. El zumbido de las voces alcanzó casi tonos coléricos. Luego Link dejó que su unicornio avanzase lentamente a un lado mientras que las voces murmuraron indignadas:
— ¿Quién le teme?
— ¡Tú, tú eres quien le teme!
— ¡Eso es mentira! ¡El que tienes un pánico cerval eres tú!
— Entonces, si no estás asustado, sal y habla con él.
— ¡Hazlo tú!
— ¡Uff! ¡Si te atreves sal y háblale!
— ¡Pues si te atreves tú, ya puedes hacerlo!
— ¡Yo soy más atrevido que tú...!
— ¡Yo soy cuatro veces más...!
Entonces asomó la cabeza de Link por encima de la colina y los uffts supieron que él podía ver una masa densa de los de su raza tratando de insultarse uno a otro para ver quién hacia el primer contacto con el humano.
—¡Amigos míos! — exclamó Link, con voz conmovedora —. ¡Me pongo en vuestras manos! ¡Pido asilo político de los Hacendados y de los tiranos que son vuestros enemigos, a la vez que enemigos de cada persona que esté en favor de vuestra noble condición!
Cada ufft le miró. Los que estaban más próximos a él trataron de aparecer asustados. Pero Link agitó los brazos.
—En una ocasión anterior — dijo con tono espléndido —, os hablé de la admiración que siente la galaxia por vuestro intelecto y os presenté un problema que los lógicos metafísicos de otros mundos han hallado insoluble, aunque debe de existir alguna solución. En aquel tiempo no me di cuenta de que las condiciones socioeconómicas de vuestra vida os habían impulsado a la revolución. No comprendí que vosotros en la actualidad y de manera inimaginable tenéis que ganaros la cerveza tan necesaria a las altas funciones de la inteligencia. No sabía que vosotros, la raza más brillante de la galaxia, vivíais frustrados por un sistema de cartas del que erais menos que el menor grado. Pero comencé a sospecharlo anoche, cuando hicisteis una demostración política en las calles de la Hacienda. Lo confirmé esta mañana. Y cuando expresé mi admiración porque los uffts aquí presentes... los uffts, amigos míos... no fuesen alegremente mantenidos por los humanos que debían escucharles con reverencia, cuando comprendí la increíble tiranía a que estáis sometidos...
Link se escuchaba incluso a sí mismo, interesado. Un hombre que no cree demasiado firmemente en su propia importancia no puede ofrecer cosas notables si simplemente empieza a hablar y luego se arrellana para escuchar. La boca de uno, si se le permite decir lo que se le antoje, algunas veces asombra a su propietario. Claro, en otras ocasiones le mete también en dificultades.
Link se encontró agitando los brazos de manera espléndida mientras pasaba de la lisonja a la exaltación y de la excitación al pergeñar un plan de acción. No le gustaba desilusionar a nadie y los uffts eran capaces del desencanto.
Parte de su mente dijo de manera maliciosa que estaba haciendo el ridículo cuando todo lo que necesitaba era conseguir que los uffts se marchasen para que Harl pudiese salir con una caravana de unicornios y regresar con varios de estos animales cargados de verduras. Pero otra parte de su cerebro siguió grandilocuente, no queriendo desencantar a los uffts.
—Vuestra revolución — les dijo en tono oratorio —, tiene la simpatía de cuantos aman la libertad, la vida noble y los uffts. Trato de imaginarme el crecimiento espontáneo que ya hemos conseguido saliendo de un sistema que representa oposición al desafío abierto de un planeta. Veo comités armados por la correspondencia con los ufts en todo este mundo. Una comisión para coordinar la publicidad que subirá al máximo el nivel de vida de todos los uffts. Me imagino otro comité para la organización de las unidades revolucionarias. ¡Todos los talentos poseídos por los uffts deben aportarse a la lucha! ¿Por qué no un comité de poetas, para crear las palabras mortíferas que hablan de las aspiraciones de la raza ufft? ¡Amigos míos, os lo pido! ¿Quién se muestra voluntario para formar un comité de correspondencia, para informar a todo el planeta de vuestras intolerables ofensas? ¿Quién?
Hubo algunos vítores. Los uffts más próximos le ovacionaron entusiasmados. Los que estaban más lejos le vitorearon porque los hacían los cercanos. Los que quedaban más allá del alcance de Link gritaron porque se había iniciado el griterío. Pero los que estaban muy alejados no seguían de cerca los acontecimientos. Un ufft más fanático que de ordinario, lanzó un grito agudo:
— ¡Mueran los humanos!
—¡Espléndido! — correspondió Link con un grito valeroso —. Ahora, ¿quién está a favor de la creación de un comité que presente una serie de unidad revolucionarias para la liberación de los uffts?
Los que estaban cerca le vitorearon con más fuerza. De nuevo, de los bordes de la reunión, vinieron gritos sanguinarios.
—¡Abajo con ellos! — gritó estimulante Link —. ¿Quién, es partidario de la organización de propaganda para estimular el patriotismo y la revolución de todos los uffts, por doquier?
Más vítores.
—¿Quién se presenta voluntario para el Consejo Revolucionario Ufftiano, para determinar la política con la que los uffts sean independientes de todos los humanos y alcancen su posición adecuada de inalienable de superioridad?
Aplausos. Gritos. El delirio.
—¡Amigos míos! — bramó Link —. ¡No beneficia a las teorías y tradiciones de los uffts que el Gobierno Provisional Ufftiano se reúna al borde de una Hacienda Humana que es guiada por los humanos! ¡Marchemos a alguna zona estrictamente ufftiana en donde pueda al poco aparecer la futura capital del mundo de vuestra raza! ¡Planeemos esa metrópoli! ¡Organicemos nuestra revuelta! ¡Marchemos hacia delante, gritando las consignas de la libertad Ufftiana! ¿Quién me sigue?
Hubo una explosión de «vivas» que se oyeron claramente desde la Hacienda de la que Link en apariencia huyó poco tiempo antes.
Con un gesto grandioso, Link puso en movimiento su unicornio, encaminándose en una dirección cualquiera en general. Hubo un agitarse y al poco innumerables animales regordetes, con su piel rosada mostrándose a través de las calvas de su vello, venían trotando y galopando para acercársele. Se inclinó a su silla y se dirigió a los que tenla más cerca, a su derecha.
—¿Quiere algún voluntario dirigir el ritmo de la marcha?— preguntó —. Deberemos formar unidades de marcha, cantando los principios de esta espléndida revolución. ¡Jefes, por favor!
Una serie de voces clamó pretendiendo ser nombrados. El los designó a todos, con gestos indefinidos de su mano. Les dio el canto que servía de ritmo para la marcha. Ellos lo siguieron como grupo y casi instantáneamente abandonaron este grupo para conducir otros grupitos. Link conocía por intuición que quienquiera que desee hablar como los uffts, también gustará de conducir, de ser jefe de los demás de su clase. Le parecía que inmediatamente había allí media docena de reuniones de uffts, en torno a los volubles jefes autonominados, emitiendo un griterío rítmico.
— ¡Adelante, a-de-lan-te! ¡A-de-lan-te! ¡A-de-lante, a-de-lan-te, uffts! ¡En mar-cha, en mar-cha! ¡Ade-lan-te, a-de-lan-te, uffts!
—Esto será el flanco derecho del Ejército de liberación — aclaró profundamente a los que quedaban a su izquierda —. ¿Directores de canciones? ¿Quién conducirá los cánticos?
Los uffts se ofrecieron por docenas, vociferando dijeron de ser nombrados. Hizo lo propio que antes, los nombró a todos. Después les proporcionó frases. Al poco había bandadas de criaturas cerdunas pululando por toda la zona, gritando.
— ¡Uffts triunfantes! ¡Uffts supremos! ¡Los uffts forman ahora un bloque sólido! — Hubo otras parecidas frases también —: ¡Los uffts se han levantado para luchar! ¡Temblad, temblad ante este poder! — melodía bastante más sencilla alcanzó pleno éxito —: ¡Uffts, uffts, en camino! ¡Uffts, uffts, uffts, en camino para luchar!
La población original de Sord Tres, los uffts, se extendió sobre una área sinuosa mientras. Trepaban por las laderas de las colinas y manaba descendiendo por las pendientes hacia los valles. Aquellos que tenían consignas satisfactorias que cantar tendían a permanecer más unidos y gritaron con mayor potencia. La inventiva de Link cedió por fin y nombró a un Comité para el Recitativo de Marcha que crease otras consignas y las convirtiese en palabras dignas de alguien que se podía considerar a sí mismo un genio. Hubo muchos parloteos y algunos cánticos de marcha notablemente sanguinarios pero el comité consiguió el éxito.
Con un estupendo desprecio hacia todo lo práctico pero con una estimación profunda de la volubilidad de la raza, Link estableció todos los comités en un estado admirablemente vago para que cualquier ufft que desease pertenecer a alguna comisión ex oficio fuese convertido en miembro. Repartió con prodigalidad títulos a los comités. El Comité de la Logística para el Ejército de Liberación. La Junta de Jefes de Estado Mayor. El Consejo de Estrategia del Ejército Ufftiano. El Comité para la Propaganda. El Comité de la Constitución Nacional Ufftiana. El Comité de Comités para la Coordinación del Esfuerzo Bélico...
A lo lejos se veían montañas y Link más o menos se encaminó hacia ellas. El sol de la tarde era cálido. El terreno estaba apenas cubierto de vegetación. Probablemente sería una buena idea encaminarse a una zona en donde las criaturas herbívoras como los uffts pudiesen encontrar algo que comer. Las montañas parecían verdes. Y también se veían más frescas.
Ajustó el paso de marcha a un ritmo cómodo. Conducía a los uffts que anteriormente habían estado sitiando la Hacienda de Harl y gritando insultos a sus habitantes. Creaba la diversión necesaria para que Harl llevase un convoy hasta la Hacienda de su vecino y se aprovisionase de comestibles para soportar un sitio.
Encontró agradable su papel. Le gustaba la novedad. Le gustaba la excitación. En ocasiones disfrutaba con el tumulto. La situación actual le proporcionaba las tres cosas. Casi estaba pesaroso de que no pudiera ayudar. Consideraba cierto que cuando se cansase de caminar el Ejército Ufftiano de Liberación se sentaría sobre sus cuartos traseros como hacen los cuadrúpedos y descansaría, y se desanimaría, y al poco volvería a su casa. Mientras, sin embargo, él era el generalísimo de un ejército estrictamente improvisado.
Había tropas de uffts trepando por las laderas y descendían de nuevo, gritando:
— ¡A-de-lan-te, a-de-lan-te! ¡Uffts! ¡Uffts! ¡Uffts!
El original ritmo de marcha había quedado modificado. Link reconoció para sí que quedaba mejorado. Su Comité Para Consignas de Marcha había asombrosamente acertado con otras frases. Al pasar el tiempo comenzaron a aparecer espontáneamente en cada formación y en los siempre cambiantes grupos de uffts. Continuaron apareciendo nuevas formas al caer la tarde. Se veían otros signos de iniciativa. Los uffts vinieron galopando hasta su lado para identificarse como autodenominados comandantes de Retaguardia, Exploradores, Reservas Inderrotables, Comandos Ufftianos, Batidores, Guerrillas y otros grupos militares y para decirle que todos iban bien con sus misiones. Se alejaron una vez confirmados su nombramiento gracias a la aceptación de Link de estos informes. En algunos casos simplemente se separaron para formar las unidades cuya jefatura habían alcanzado por el simple hecho de así desearlo.
Se aproximaba la puesta de sol. Las colinas se hicieron más altas y escarpadas. La vegetación se hizo menos escasa. Link comenzaba a asombrarse por la persistencia de los uffts en lo que él había imaginado que no quedaría más que una hora o así de dramática comedia. Incluso comenzó a preocuparse un poco.
Habían profundas sombras en las laderas cuando un ufft de los que se habían designado guardias avanzados regresó galopando desde el grupo de vanguardia de la formación. Describió un espléndido semicírculo y se colocó al lado del unicornio de Link y dijo con modales puramente militares.
—General, señor, el coronel al mando de la vanguardia le pregunta si desea ocupar la Hacienda abandonada por los humanos del valle de la izquierda, señor. Sugiere que por razones lógicas quizá sea un conveniente cuartel general temporal. Hay un gran manantial, señor, con buena agua. ¿Cuáles son sus órdenes?
—Por todos los medios, ocupadla — ordenó Link —. Cuanto menos acamparemos allí durante esta noche.
Miró parpadeando a las escarpadas colinas que le rodeaban. Ya era casi de noche. La situación comenzaba a parecerle menos que simplemente divertida. Los uffts en realidad creían en este asunto de la revolución. El no se lo había tomado en serio. No era fácil hacerlo ahora. Actuaban como niños, eso seguro. Pero los niños se habrían cansado de esta actuación y habrían desertado hacía ya mucho tiempo. Los niños, en verdad, habrían abandonado el sitio de la Hacienda de Harl.
Se le ocurrió a Link que los uffts tenían más cerebro de lo que él pensara. Estaban interesados desesperadamente en el arma anonadadora con la que se vieran atacados la noche antes. Si tales armas aún eran asequibles a los humanos de Sord Tres, los uffts se encontrarían en un grave aprieto. No podían devolver la pelea. Tenían cascos pequeños en vez de manos y sus cerebros les eran inútiles porque carecían de dedos y especialmente de pulgares.
Naturalmente, en presencia de los cohabitantes humanos de Sord Tres tuvieron que agacharse para sufrir la prueba. Decían con desdén que tener manos en lugar de cascos era algo vergonzoso. Pero sabían, de igual modo, que la introducción de armas anonadadoras en Sord Tres les dejaría profundamente desvalidos contra los humanos. Así que con una maligna desesperación estaban adoptando la única acción que podían imaginar, bajo el único jefe que eran capaces de considerar calificado. No era una acción prudente. Apenas sería efectiva. Pero Link se sentía oscuramente avergonzado de sí mismo. El lo había iniciado todo.
Las colinas a derecha e izquierda se hicieron más abruptas y el valle en el que el Ejército marchaba se convirtió en algo más profundo. Link vio a sus seguidores como más o menos forma de masa, por primera vez. Había varios millares de uffts. Cubrirían todo un acre en el orden de marcha más posiblemente cerrado. Extendidos, formaban un lote de criaturas impresionante.
Aquí había una banda de cien o más, manteniendo los sonidos y silencios durante un rato. Allí había un nudo de veinte, poco más o menos, cantando una consigna mientras marchaban Advirtió que parecían cansados. También tenían aspecto absurdo. Todos eran absolutamente injustificados en materias tan prácticas como la defensa propia contra hombres montados en unicornios y llevando lanzas. Podrían ser perseguidos como correspondía a criaturas que han sido cazadas en diez mil mundos colonizados. La única diferencia entre ellos y los animales salvajes más inferiores de otros planetas era que los uffts poseían cerebros. Pero cerebros con la ausencia de un pulgar en sus manos les hacían ser ridículos.
El pulular ahora de patas cansadas de la pequeña horda de uffts, penetró en un valle más estrecho al que se accedía por un ramal de la izquierda. Muy adentro de este segundo valle se veían estructuras humanas. Incluso a la creciente oscuridad se advertía que estaban abandonadas. Las paredes del valle eran casi precipicios. Estratos rocosos de diversos colores alternaba en decantadas franjas de piedra. Link vio un estrato de un color melocotón en extremo familiar. Se encogió de hombros.
Los uffts siguieron manando, en grupos pequeños y grandes, algunos pocos individualmente, muchos en parejas. El cansancio estaba rompiendo el grupo indisciplinado de marcha. Ahora formaban simplemente un gran número de pequeñísimos animales, siguiendo positivamente la jefatura de Link porque él les había hecho un discurso y ellos no pueden hacer nada más que discursear ante sí y no eran capaces calcular la utilidad de la palabra.
Algunos de ellos comenzaron a apresurarse ahora. Había un arroyo pequeño que serpenteaba disminuyendo hasta formar un estrecho hilo acuoso bajando hacia el valle por el que Link cabalgaba ahora con descuido. Cerca de las estructuras desiertas sinuosas había otro mayor. En sus orígenes se veía el manantial alcanzando un volumen considerable. Link advirtió multitudes de uffts bebiendo sedientos y apartándose para ser sustituidos por otros hermanos.
Su propia escolta — notó de pronto que algunos uffts se habían nombrado a sí mismos escolta personal y estado mayor suyo — avanzó hacia las estructuras humanas. Los tejados de los edificios más pequeños se habían desplomado. La casa o poblado debió haber sido abandonada muchos años atrás. La estructura mayor equivalía a la residencia de Harl. Había sido la vivienda del Hacendado de este lugar. Las puertas habían caído. Las ventanas mostraban brechas abiertas.
La escolta de Link se detuvo ante el edificio.
—Supongo — dijo Link —, que será mejor que tome esto como mi cuartel general.
—Sí, señor — contestó una voz ufft —. ¿Nos dará más órdenes por la mañana, señor? ¿Tiene usted planes para la guerra de Liberación, señor?
—Ya los haré — anunció Link. Se sentía vejado.
Desmontó y muchos dolores pequeños y molestias le recordaron que un unicornio no sería el más cómodo de los animales de silla. Entró en la abandonada residencia del Hacendado para contemplarla mientras quedaba algo de luz.
Dentro reinaba la desolación. Había restos de muebles, pero algunos se habían desmoronado y otros estaban prestos a hacerlo por su propio peso y en cualquier momento. Se veía el gran vestíbulo, con una impresionante silla de trono como la que había en la gran habitación de Harl. El suelo de este salón era de piedra. Link Vio pedazos de muebles podridos y los apartó de su lado de una patada. Se hicieron polvo. Encendió una hoguera, tanto para animarse como para calentarse.
Thana le había preparado un almuerzo. No había tenido tiempo de consumirlo. Se componía de pan y judías, pero había tres botellas de plástico de cerveza. Link comió parte del pan y las judías del almuerzo. Comenzó a beber una de las botellas de cerveza.
Luego miró la silla del trono que estaba sobre su estrado. Se encogió de hombros y de nuevo comenzó a beberse la cerveza. Pero otra vez se interrumpió.
Con el chisporroteante fuego por toda luz, se acercó a la silla del trono. Buscó y encontró un botón. Lo oprimió. Se oyeron una serie de crujidos y gemidos. El trono subió hasta el techo. Algo excesivamente polvoriento salía del pozo que había debajo. Era el duplicador. Link se lo quedó mirando.
—No resultará — se dijo con firmeza —. ¡No puede ser! ¡Abandonaron este lugar porque había dejado de funcionar!
Y ese pudo haber sido un motivo suficiente. Si el arte de la aleación del acero se había perdido, incluso el de tejer, si la agricultura prácticamente estaba abandonada, con seguridad nadie se había acordado de cómo funcionaba un duplicador, para repararlo cuando se estropeara.
Link probó el mecanismo. Colocó una astilla de madera en el receptáculo del centro, como muestra, y otra en el receptáculo destinado a las materias crudas, y oprimió el botón. El duplicador se hundió en el foso y el sillón del trono, crujiente, descendió hasta el suelo. De nuevo el botón. El proceso se invirtió. El duplicador apareció a la vista.
No había funcionado. Nada había pasado. Link volvió a su pequeña hoguera. Meditó. Le gustaba la novedad y la excitación y a veces el tumulto. Ahora no tenía ninguna de estas cosas a su alrededor. Miró ceñudo las llamas.
Al poco tomó una rama ardiendo y volvió al duplicador. Lo repasó. Era complejo. Utilizando principios que ni siquiera era capaz de deducir. Pero había cables que salían de aquí y allá. Apartó a soplidos el polvo y lo examinó con fijeza.
Uno se había roto. En otro lugar un contacto estaba oxidado. Y el aislamiento de otro cable había desaparecido, por lo que debía quedar en cortocircuito. Repasó más alambres para descubrir cuántos estaban rotos o qué contactos quedaban sueltos.
Estaba irritado consigo mismo, pero el razonamiento era sólido. Si nadie recordaba ni siquiera vagamente cómo funcionaba un aparato eléctrico y Harl había dicho que solían ser chismes eléctricos pero que ya no existían —. Y si nadie se molestaba en comprender, quizá no sabían lo que sería capaz de hacer un cortocircuito. ¡Hasta quizá no comprendiesen lo que significaría un contacto suelto!
Utilizó cuatro antorchas, trasteando con los defectos evidentes que cualquier niño de diez años en otro planeta habría observado. Al poco volvió con el botón. El duplicador y tras él el trono descendieron. Oprimió el botón una vez más y se alzaron en su secuencia estabilizada.
El duplicador funcionaba. Una astilla de madera del cuévano de los materiales casi había desaparecido. Otra astilla de madera, duplicado de la que había en el receptáculo de las muestras, había aparecido.
Link salió y comenzó a ladrar órdenes. Los uffts vinieron cansados en la oscuridad. Link se quitó la camisa bordada que llevaba.
—Necesito algo de material verde — dijo con firmeza —. Quiero que empapéis esta camisa con agua y que me la traigáis goteando.
Buscó más muebles rotos con qué conservar la hoguera mientras obedecían sus órdenes. Al poco vino su camisa goteante — los uffts apenas podían llevar agua de otra manera — con ramas y semillas en el duplicador. Colocó una de sus tres botellas de cerveza en el sitio de las muestras. Oprimió el botón.
Al poco tenía cuatro botellas de cerveza. Los recipientes de plástico se fabricaron de la celulosa de los tallos verdes. La cerveza se elaboraba de los componentes orgánicos entrañados en el agua traída en la camisa empapada.
Hubo entonces un grandísimo agitarse en la oscuridad en torno a la abandonada Hacienda. Los uffts, excitados, empezaron a buscar materias verdes por entre los edificios. Las semillas se amontonaron. Había árboles. Unos cuantos pequeños, pero otros de tamaño considerable porque esta Hacienda humana se hallaba abandonada. Link duplicó necesariamente su camisa para que los uffts pudieran traerle más agua ya que no tenían otro modo de llevarla. El trono ascendió y descendió y subió y bajó muchas veces.
Cuando Link se tumbó a dormir en el suelo durísimo era bien entrada la noche. La moral del Ejército Ufftiano de Liberación era alta. Excesivamente alta. Había enseñado a unos cuantos uffts cómo mantener en funcionamiento el duplicador con treinta y dos botellas de cerveza en el receptáculo de las muestras. Lo hizo funcionar sin cesar. Fuera, en la oscuridad, los uffts cantaban gloriosamente, en espléndida confianza hacia el futuro:
«General Link, ¿qué piensa usted?
¡Trajo aquí a su ejército!
¡Cuando se detuvo, empezó a proporcionarles
centenares de botellas de cerveza!»
Link se durmió con varios y coordinados coros cantando esta melodía. Pero no gozaba de tranquilidad.
De hecho, tuvo pesadillas.