CAPÍTULO 10
Se despertó con la boca pastosa y la cabeza turbia.
—Ya no estoy en edad para el alcohol —ironizó consigo mismo.
Era feriado y tenía todo el día para él.
Después de la tercera taza de café, decidió disolver un sobre de sal de frutas en medio vaso de soda; le gustaba el exceso de efervescencia que producía el polvo blanco al caer sobre el agua gasificada.
Lo bebió de un solo trago y eructó grandilocuentemente. Siempre le habían fascinado los sonidos socialmente reprochables que exagerados en la soledad lo conectaban con esa especie de rescate cínico del fluir espontáneo y sin culpa.
—Una marcación audible de territorio —pensó.
Su territorio, su casa, su computadora, sus pensamientos, sus sentimientos, Laura, Laura, Laura.
¿Cómo iba a enamorarse de alguien a quien no conocía? Laura.
¿Habría algo entre Fredy y ella?
Habían estado juntos en Cleveland.
Laura.
Roberto recordaba el clima de los congresos de marketing: todos con todos. Los de psicología no debían ser diferentes. Laura.
A pesar de que su concepto de los psicólogos dejaba bastante que desear en ese sentido (y también en otros), hacía mucho que sabía que esa idea de «liberados» que circulaba por ahí había sido siempre una proyección de la ficción de las psicoanalizados del mundo.
Laura.
Otra vez no podía sacar a Laura de su cabeza.
Otra vez no quería sacar a Laura de su cabeza.
Abrió la computadora y se puso a buscar los archivos guardados de Laura. Quería releer aquel donde alguna vez ella le había escrito sobre el estar enamorado. Después de un rato lo encontró y anotó con lápiz en su block algunas frases:
«Estar enamorados nos conecta con la alegría que sentimos de saber que el otro existe, nos conecta con la poco común sensación de completud».
«Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que ese otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos idealizados».
«El otro no es quien es, sino la suma de las partes más positivas del apasionado proyectadas en el otro».
«Este primer momento es más una relación mía conmigo mismo, aunque elija determinada persona para proyectar esos aspectos míos».
Seguramente era cierta…
¿Y qué?
¿Debemos privarnos de la maravillosa sensación de estar enamorados solo porque más o menos pronto terminará?
¿Debemos descartar la pasión y reemplazarla por el sesudo (y ahora pensaba absurdo) análisis intelectual de los psi del mundo?
En toda caso, él pensaba justamente lo contrario: Lo efímero del enamoramiento era una poderosa razón para disfrutarla intensamente.
Laura.
¿Qué estaría haciendo?
¿Trabajando en feriado?
¿Atendiendo a un paciente de urgencia?
¿Leyendo material para el libro?
¿Corriendo por la costa del río?
¿Escribiendo un email para él? ¿Para él?
Recordó que los mails de Laura no eran para él… eran para Fredy. Se sintió bastante molesto.
Se conectó:
«Hola rofrago, tiene cuatro (4) mensajes nuevos».
audimet@usa.com Asunto: aceptación de propuesta publicitada.
¡¡Bravo!!
joschua@aol.com Asunto: reclamo noticias.
Debería sentarse hoy mismo.
intermedical@system.net Asunto: respondiendo a su solicitud.
Abrió el tercero:
Estimado Dr Daey:
Lamentamos la tardanza en hacerle llegar esta respuesta. Como usted comprenderá el Concejo tiene ciertos de asuntos en espera y cada carpeta es analizada y resuelta por riguroso turno de llegada.
De todas maneras nos es grato comunicarle que se ha decidido dar curso a su solicitud y esperamos su confirmación para instrumentar las formas necesarias para su concreción.
Atte.
Dr. Néstor Farías.
Presidente.
—Así que ese era su apellido: Daey…
Roberto se quedó un buen rata frente a la pantalla. Al cabo de un rato levantó la vista y se miró en el espejo colgado en la pared lateral. Se vio cara de chico travieso. Sonrió y el gesto se volvió diabólico.
Apretó el botón «Responder al autor».
Sr. Dr. Néstor Farías:
Después de tanta espera e insistencia me llega la tardía notificación de la aceptación de mi Solicitud.
Creo que no me equivoco al asegurar que el mundo en el que vivimos no puede seguir tolerando la burocracia anacrónica de los concejos dilatorios de las decisiones importantes.
Entiendo que es mi deber ético mostrar mi indignación y ser fiel a mis principios. Por eso me dirijo a Usted para hacerle saber que RECHAZO su nota y retiro la Solicitud que oportunamente enviara.
Es mi deseo que esta actitud opere como un pequeño llamado de atención a la institución que Usted preside.
Dr. Alfredo Daey.
Cliqueó «Enviar» y luego borró el mensaje entrante de Farías. Nadie se enteraría nunca de lo sucedido.
Cuando llegó al cuarto mensaje y leyó que era de Laura no pudo determinar si su alegría era por el mail en si o por el dañina placer de la maldad.
Querido Fredy:
Tenés razón cuando dudás de la capacidad de amar de la gente, aunque de todas formas siempre se me aparece el componente de la inseguridad y a partir de allí la necesidad de certeza, de reaseguramiento y de control. Lamentablemente cuando llegamos allí no hay más remedio que aterrizar en la lucha par el poder y en los celos.
Por mi parte, cada vez pienso con más convicción que los problemas de control pasan casi únicamente por la incapacidad de amar.
Las personas creen que aman pera en realidad están enganchadas en su necesidad de poseer a otro. Como sí dijeran: «Te amo mientras estés al lado mío, pero si te vas seguramente odie». Eso no puede ser amor.
El amor pasa por poder pensar en lo que el otro necesita y en disfrutar si el otro está bien. Todo esto en forma totalmente independiente de si está al lado mío.
Una paciente me decía que no toleraba que su marido disfrutara saliendo con sus amigos, que si él realmente la quería, elegiría salir siempre con ella. Nada más absurdo.
Yo creo que si ella lo quisiera verdaderamente a él, se alegraría de saber que puede disfrutar de una salida con amigos.
Yo intentaba mostrarle que lo que ella sentía era más necesidad de poseerlo que amor, y ella se enojaba conmigo.
En nuestra cultura se confunden las cosas.
No se acepta que pueda querer mucho a mi pareja y a la vez que pueda disfrutar con otras personas.
Partimos siempre de la falsa idea de que la persona adecuada puede y debe darme todo lo que necesito.
En mis grupos de formación de terapeutas de parejas estamos investigando el tema y tratando de pensar cómo se van a dar las relaciones en un futuro.
Y una de las cosas que pensamos es que se va a dar amplitud en las relaciones.
Así como esta planteada la pareja hoy, vemos que no funciona.
Mi amigo Norberto me decía que él estaba seguro de que en un futuro se iba a aceptar más la posibilidad de tener encuentros íntimos con varias personas. Aceptaremos en última instancia lo que es obvio, que en realidad sí podemos amar a varias personas a la vez, aunque nos relacionemos con ellas de diferentes maneras.
Nosotros como terapeutas sabemos cómo funcionan los amantes en las supuestas relaciones monogámicas de hoy.
Es probable que nuestros lectores se horroricen al leer esto, pero no es cuestión de decidir si está bien o mal. Solo describo lo que veo, lo que en realidad ocurre más allá de lo que queremos que ocurra.
¿Por qué no empezar a cambiar la cabeza y validar lo que se da en lugar de seguir intentando relaciones imposibles?
¿Por qué no trabajar con nuestra patológica necesidad de poseer en lugar de crear sofisticados métodos de control sobre nuestra pareja?
¿Por qué no sanar nuestros enfermizos celos en vez de vivir persiguiéndote con la excusa de lo mucho que me dolería perderte?
Creo hablar en nombre de los dos si digo que los celos siempre son (¡SIEMPRE!), un síntoma neurótico, una expresión de nuestros aspectos más oscuros.
Celar es sostener la creencia de que mi amado le da a otra persona lo que solamente yo tengo derecho a querer de él. O como dice Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo: «Celar es temer perder a alguien, que si uno perdiera por lo que teme perderlo…, no valdría la pena haberlo conservado».
Hay que trabajar más en obtener el vínculo que deseo tener con mi amado que en censurar y controlar sus otras relaciones.
Por lo demás, es importante aprender a soltar.
Es parte de mi credo luchar contra los que proponen que hay que aferrarse a los vínculos. Las relaciones duran lo que tienen que durar, es decir, mientras impliquen crecimiento para ambos, a veces unas semanas, otras toda una vida.
Estar siempre dispuesto a soltar es la única posibilidad de sostener un vínculo renovable eternamente.
¿Cuántas veces soltamos el proyecto del libro? Y sin embargo aquí estamos…, cada vez más cerca de publicarlo.
Lau.
¡¡Los celos!!
Eso era, estaba celoso. Celoso de Fredy, de Carlos, de los pacientes de Laura, de sus hijos, de todos.
Celoso, ¡qué estupidez!
Si, estupidez, neurosis o enfermedad. Estaba celoso.
Por una vez Roberto se dio cuenta de que no iba a acordar con Laura.
¿Qué significaba esa apertura absurda de validar? ¿Por qué razón había que validar el derecho que ese idiota tenía a esta relación con Laura?
No era justo que Alfredo siguiera recibiendo los halagos y los mensajes que no merecía. Después de todo, si no hubiera sido por Roberto, Laura hacia rato que habría abandonado el proyecto.
Él debía hacer algo al respecto. Pero ¿qué?
¿Y si…?
¿Por qué no?
Roberto hizo clic en «Contestar».
Querida Lau:
Me encantó tu mail sobre los celos. Creo que pensaré un poco sobre algunas cosas y te las mandaré en cuanto pueda.
Estoy saliendo para Uruguay y tengo varios viajes pendientes. Como no quiero perder contacto con vos y tus mails, te pido que desde ahora en adelante me escribas a esta dirección trebor@hotmail.com porque me es más fácil entrar desde mi Lap.
Te mando un beso.
Fredy.
Apretó «Enviar» y se tiró hacia atrás en la silla.
—Jaque mate —pensó Roberto.
Recién el miércoles por la noche llegó el primer mensaje a trebor@hotmail.com Era de Fredy.
Hola Laura:
Para estrenar tu nueva dirección electrónica elegí este articulo que escribió Julia. (¿Te acordás que te conté de ella? Es la que vive y trabaja en España, más precisamente en Granada, capital del tango de «la madre patria»). Allí, en Andalucía, Julia y su marido, argentinos los dos, se enamoraron por primera vez del tango. De ese amor salió este texto. Leelo despacito, y si podés, con un tanguito de fondo…
BAILEMOS. TANGO MI VIDA.
La decisión ya estaba tomada: iba a aprender a bailar tango. Es más tenía que aprender a bailar tango. Y esta vez sí que iba a poner todo el empeño escatimado en tantos años de infructuosos intentos (desde los primeros balbuceos con mi padre, hasta aquellas tentativas fugaces, pero llena de vana ilusión, emprendida con la ayuda de abnegados «voluntarios» que alguna vez encontré en el camino). Y como esta vez estaba realmente dispuesta a llegar hasta el final, lo primero que tenía que hacer era tomar clases como Dios manda (es decir con profesor y todo): Así que llena de buena voluntad, encaramada a mis zapatos de tacón, embutida en una falda acorde a las circunstancias y con la mejor de mis sonrisas en el rostro, me planté en aquella sala de baile que tanto me habían recomendado mis amigas.
Pero claro, como es imposible tanta dicha, como tanta perfección nos está prohibida… como siempre… faltaba algo. Miré, remiré y por más que busqué, me encontré de nuevo con la eterna verdad delante de mis narices: solo había 4 hombres para 25 mujeres.
Con todo y con eso no estaba dispuesta a que mi voluntad se viera vencida una vez más. Y me lancé a la pista dispuesta a arrebatarle a cualquiera de las otras 24 mujeres alguno de las 4 codiciadas presas.
Sin embargo, a pesar de mi buena voluntad y a la mejor de mis sonrisas, en un ahora solo pude capturar a un compañero, y por 5 minutos. A aquel paso, ni en dos años aprendería una sola figura (si es que antes no aparecían por las pista nuevas competidoras). Fue entonces cuando la luz se hizo en mi cabeza y lo vi todo con mucha más claridad: ¡para algo se tiene un marido!
Y luego de poner en juego mis mejores y más elaboradas maniobras de manipulo-seducción, conseguí arrastrarlo a la clase. Lo mejor y más increíble de todo… es que ¡¡le gustó!!
CLASE 1.
—Lo primero que vamos a aprender del tango es el abrazo —dijo Julio Horacio Martínez, el profesor.
Yo pensé que esto no tendría mucha ciencia, porque abrazarse es algo que todos hacemos habitualmente, de una manera espontánea, qué sé yo… natural, sin aprendizaje previo. Pero no. Al parecer, detrás del abrazo en el tango se esconde algo bastante más complicado.
—En el tango los cuerpos tiene que armar un circuito de tensiones encontradas. El brazo debe estar firme, pero sin empujar. Las piernas en contacto, pero sin asfixiarse ni impedirse el movimiento. Tengan ustedes en cuenta que en este baile el equilibrio no está en cada uno, sino en el centro de los dos, y si no se entienden pueden desestabilizarse. Tienen que aprender a comunicarse para poder disfrutarlo juntos.
Entonces Alberto, mi marido, me tomó en sus brazos, juntas las piernas, con una mano sujetándome de la cintura y con la otra, arriba y firme, para que me sirviera de apoyo. Hasta aquí toco bien…, en teoría, si no fuese porque su mano en la cintura… me tenía suspendida en el aire, sus piernas juntas… no me dejaban mover, y su mano firme… era tan firme que me atenazaba los dedos.
—Tu mano debe ofrecer resistencia, de lo contrario te sentís empujada, No se puede bailar con un flan aunque tenga forma de mujer.
Me había llamado flan con forma de mujer. Eso fue lo que dijo… y ahí terminó la clase.
CLASE 2.
—Hoy aprenderemos el paso básico, que son ocho compases. ¿Ven? Uno, dos, tres, cuatro cinco…, y en el quinto la mujer debe tener el peso del cuerpo en el pie derecho y entonces, con ese mismo pie y cambiando el peso, ella sale hacia atrás y seguimos, seis, siete y ocho… ¿Entendieron?
Dijimos que si (no sin ciertos reparos) y empezamos a bailar: uno, dos, tres, cuatro, cinco… uno, dos, tres, cuatro, cinco… uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¡NADA!, no había manera. Alberto estaba empeñado en que yo hiciera el sexto con el pie izquierdo, pero no quería entender que lo tenía cruzado por delante.
—¡Me estás atropellando!
—No, sos vos que no retrocedés.
—Pero ¿cómo querés que retroceda si tengo el pie en el aire?
—Pues las demás lo hacen…
—Las demás lo hacen porque los demás lo marcan bien.
—¡Alberto! —Se acercó el profesor— tenés que tener en cuenta donde tiene ella el peso del cuerpo. Si no lo hacés, ella no puede salir. Mirá: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho. ¿Viste?
¡Qué lindo era bailar con alguien que me entendía! Reconocí que con Alberto me sentía impotente. Me echaba a mí la culpa de sus limitaciones y no quería darse cuenta de que era totalmente imposible seguirlo.
CLASE 3.
—Hoy trabajaremos las articulaciones del paso básico. En el ocho hay dos tiempos, uno de entrada y uno de salida, tanto en el hombre como en la mujer. Son alrededor de la pareja. El hombre puede optar por solo darIe el espacio o acompañar su movimiento… Por fin había llegado lo que estaba esperando, hacer esos firuletes tan lindos, tan elegantes, tan sensuales… Salgo, entro, salgo… ¿Qué pasa? De pronto estamos haciendo fuerza por no caernos, a cuatro metros uno del otro y a leguas de la elegancia y sensualidad soñadas…
—¡¿Qué están haciendo?! —Se acerca Julio desorbitado—, queremos bailar tango y están haciendo una lucha de sumo. Alberto vení. Ahora yo tomaré el lugar de tu pareja y te muestro qué hacés. ¿Ves?
Si vos no me das espacio suficiente yo me lo voy a tomar de todos modos, aunque sea alejándome…
CLASE 4.
Aunque ya más o menos podemos movernos juntos, todavía nos cuesta mucho sincronizarnos. Después de haber trabajado con la pausa hemos conseguido bailar un poco seguido, pero tras unos pasos engarzados a duras penas, me vuelvo a tropezar con sus pies (o quizás sea él quien tropieza, yo ya no lo sé). Sea como fuere, Alberto me acusa de no escuchar lo que me dice, de bailar sola. Yo le repito que no sé que es lo que quiere que haga… pero parece que él tampoco entiende.
De nuevo Julio se acerca a nosotros (¿es que no hay más parejas en la sala que bailen mal?).
Alberto, si querés decirle algo, primero tenés que contactar, llamar su atención, de lo contrario la invadís, la sorprendés y en esa incertidumbre no te va a entender. Llevemos esto al baile. ¡Mirá! Primero buscás su pie, la detenés y luego hacés el movimiento. Si antes no conectás será difícil que ella adivine que querés comunicarte. Como cuando querés hablarle: primero la llamás, y cuando ves que ella te escucha, hablás, de lo contrario antes o después tendrás que gritar. Esto es lo mismo. Y vos (a mí) tené en cuenta que cuando te llama tenés que detenerte y escucharlo, si no, para que lo escuches te va a gritar. Y si están bailando, te va a golpear. Lo voy a mostrar. Acerco mi pie al suyo; ella se detiene para escuchar, hago el movimiento y espero que ella me conteste. No lo olviden, al bailar están dialogando, nunca imponiendo. Uno habla y después de escuchar el otro contesta.
Atención solo después de escuchar. Porque en el tango, como en la vida, si no me tomo el trabajo de escuchar, voy a presuponer que sé lo que me van a decir, y nunca contestaré al otro. Sí, acaso, contestaré a mis suposiciones, pero nunca al otro. Así, el diálogo real deja de existir y se convierte en monólogo. Esto es lo que están haciendo, y esto no es bailar tango, que es una danza de pareja en la que cada uno improvisa de acuerdo al movimiento del otro.
CLASE 5.
Hoy no tengo ganas de ir a clase; en realidad no tengo ganas de ir a ninguna parte. Yo no entiendo que está pasando, pero siento que mi pareja se acaba.
Desde hace un tiempo discutimos por todo y no hay manera de poder hablar de lo que pasa. Son infinitos los reproches mutuos que impiden el diálogo. Es como si habláramos distintos idiomas y una dolorosa distancia, mezcla de rencor e indiferencia, se está clavando entre nosotros.
Este silencio, no sé como ni cuando empezó, pero crece cada vez más y parece imposible detenerlo. Nunca pensé que después de tanto tiempo de complicidad y cercanía llegaría el momento en que aún estando juntos no nos pudiésemos encontrar.
Mejor me cambio de ropa y voy a clase, porque con darle vueltas en la cabeza no gano nada y si nos quedamos solos en casa la distancia se hace insoportable.
»Hoy no vamos a prender ningún paso nuevo. Creo que es importante que sepan qué están haciendo. Si no entienden qué es bailar tango, si no entienden su sentido, podrán hacer los pasos, pero nunca van a bailar tango. El tango es una danza de pareja abrazada con un abrazo que es contención, no estrujamiento. Abrazar es dar con los brazos abiertos y el que da con los brazos abiertos recibe con todo el cuerpo. Así unidos, los dos integrantes se desplazan por el espacio; pero no es un espacio cualquiera. Al contrario es un espacio creado por los dos. Tal como dicen los Dinze: “el tango niega las matemáticas porque uno más uno no son dos sino uno, que es la pareja, o son tres, porque son ella, él y un tercer volumen”. Uno o tres, ¡pero nunca dos!
Es un verdadero diálogo corporal y amoroso, donde los dos manejan la autodeterminación y donde también hay momentos de silencio, un silencio necesariamente forma parte del diálogo, que lo enriquece si quieren, pero nunca lo anula. Este diálogo, los dos pueden proponer, porque aunque uno tome la iniciativa del primer movimiento, de acuerdo a como sea la respuesta, ya sea por velocidad, amplitud o dirección, es el siguiente movimiento. Por eso hay que aprender a vivir del error como posibilidad de enriquecimiento.
Si esto no hubiese sido así, el tango no existiría. No deben enojarse ante un fallo, busquen el contacto con el otro e intenten crear juntos. Finalmente el tango también es una forma de autoconocimiento, porque así como en nuestra vida de relación, ya sea como amigo, amante, padre, conozco mi calidad de tal a partir del otro, en el tango puedo ser un protector o un protegido, un dominado o un dominador, puedo ser infinitamente tierno, violento o tal vez la mezcla de todo eso, y mi pareja está allí para mostrármelo. Esto que planteo no es fácil, pero solo cuando lo entiendan podrán bailar, y además, de una manera distinta cada día: a veces con violencia, otras con ternura, otras en verdadero éxtasis, pero seguro no interrumpirán la danza».
Mientras volvíamos caminando a casa, las palabras de Julio retumbaban dentro de mí. Era como si las frases hubiesen tomado forma corporal y danzasen en mi cabeza, ocupándola, ordenándose, tomando armonía y sentido:
«El abrazo es contención no estrujamiento… tomen el error como posibilidad… si no le doy el espacio él se lo va a tomar… mi pareja está allí para mostrarme cómo soy… El encuentro es diálogo, no imposición; el diálogo es escuchar al otro, no suponer; el abrazo es dar espacio, no atrapar; el tango es dialogar… dialogar… dialogar».
Hoy releo estos viejos apuntes. Los encontré en el cajón de una cómoda que había quedado en el sótano después de la mudanza. ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¿Diez años? Sí, creo que sí. En aquella época cumplíamos a duras penas dos años de casados y ya llevábamos juntos como 12. La crisis pasó y efectivamente los dos tuvimos que aprender a vivir juntos, así como aprendimos a bailar tango.
Mientras leo estoy escuchando música y Alberto está terminando de arreglar el jardín. Por cierto ya terminó, veo que entra.
Está sonando Danzarín.
Es el tango que más nos gusta bailar.
—¿Qué estás haciendo? Le digo.
—Estoy pensando que tengo muchas ganas de abrazarte… ¿Nos bailamos un tanguito, mi vida?
LIC. JULIA ATANASOPULO GARCÍA.
¿No te parece una joyita?
Creo que dice poco o más o menos lo mismo que nosotros pero en lugar de relacionarlo con la pareja lo refiere al baile. Me encanta.
¿Lo incluimos en el libro?
Besos.
Fredy.
A Roberto le encantó el planteo y hasta pudo prescindir de que el texto viniera de Fredy. Subió el cursor hacia el comando Edición y pulsó la opción Seleccionar todo. Luego lo copió en una hoja nueva de su procesador y eliminó la última parte del mensaje. En lugar de la despedida de Fredy, Roberto escribió:
¿No te parece una joyita?
Me parecía cuando lo estaba leyendo que hablaba de vos y de mí.
Sentía que describía nuestro encuentro y que en lugar de vincularlo con una relación entre dos adultos que se conocen y se quieren, lo refería al baile. Me encanta. También nosotros aprendimos a danzar juntos a lo largo de esta danza que es escribir este libro. También nosotros, creo, debimos aprender a abrazarnos, a contenernos, a no empujarnos, a no atropellarnos… también nosotros podemos seguir aprendiendo a bailar juntos. ¿Me acompañás en este tango?
Te mando un beso y un abrazo «arrabaleros».
Fredy.
Revisó lo escrito, lo recortó y lo pegó en el mail que con el título «Tango» envió después a carlospol… desde trebor…
La respuesta de Laura llegó a la noche del día siguiente y por un momento lo hizo estremecer. Debía ser más cuidadoso, el mensaje empezaba diciendo:
Fredy:
¿¿¿Qué es eso de «para estrenar tu nueva dirección electrónica»???, ¿¿¿Mi nueva dirección??? No soy yo la que cambió de lugar, ¡¡¡fuiste vos!!! Habrás querido decir «para estrenar mi nueva dirección elegí… etc.». Me parece que con tanto viaje ya no sabés si te vas o te quedás, si estás o te fuiste, si sos vos o sos el otro.
Igual me divertí mucho con tu confusión; me preguntaba qué dirían tus pacientes si supieran que no sabés ni dónde estás.
Decididamente debía leer los mails con más cuidado si quería seguir jugando este papel de administrador del correo. El mensaje seguía:
Me pareció fascinante la idea de tu amiga Julia. Es increíble cómo se engancha, no solo con nuestra relación sino con todo lo que sostenemos y trabajamos.
Después de leer lo del tango fui a la carpeta donde guardo algunos de los apuntes que tomé cuando preparábamos la presentación de Cleveland y encontré nuestro «Programa de trabajo dirigido a personas con dificultades para estar en pareja», ¿te acordás?
- Desarrollar nuestra capacidad de amar.
- Abandonar la expectativa de perfección.
- Encontrar el equilibrio entre entrega y privacidad.
- Desarrollar la intuición para dejarnos guiar por ella y a veces por la de nuestro/a compañero/a.
- Trabajar con las dificultades de dar y recibir, conectados a las necesidades verdaderas.
- Privilegiar los mensajes del cuerpo, las situaciones placenteras versus las ideas de lo que «está bien».
- Trabajar honestamente para ver hasta qué punto estamos dispuestos a dar lo que tenemos aunque nos cueste y no solo lo que nos sobra, a ceder espacio y tiempo para la relación, a dejar el centro absoluto del universo.
¿Te das cuenta? Es lo mismo. Estoy muy impresionada y muy feliz.
Te quiero mucho. Besos a Julia cuando le escribas.
Laura.
Roberto bajó el mensaje a su procesador y quitó la primera parte del texto. Antes de reenviarlo borró del final el «Te quiero mucho» y después también eliminó el «y muy feliz»; había decidido que algunas palabras de Laura las iba a reservar solo para si.
Toda esa noche y gran parte del día siguiente estuvo reflexionando acerca del rol que esta situación le otorgaba, se encontró pensando que a los usos de la relación entre Laura y Fredy esa casilla intermediaria funcionaba como un Dios de infinito poder. A su antojo Trebor podía cambiar, agregar, quitar, producir y distorsionar la información que cada uno recibía y, de alguna manera, manipular ciertas respuestas, pensamientos y acciones sin que ellos siquiera se enterasen.
A pesar de lo que cualquiera pudiera pensar, no era su intención hacer daño. Con respecto a Fredy, porque la jugada con Farías había sido suficientemente malvada como para canalizar toda su bronca (de hecho ya se estaba arrepintiendo un poco). Y con respecto a Laura, porque su único deseo era no perder contacto con ella.
Trebor era solamente la única forma segura de mantener esa relación con Laura.