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Juan Muñoz.

Juntos

(Dos dibujos de Juan Muñoz)

¿Dónde estás?

Aquí. ¿Dónde estás tú?

Aquí.

No te veo.

¿Me oyes?

Sí. Te estoy oyendo.

¿Bien?

Como en la radio, te puedo poner más alto o más bajo.

Eso quiere decir que cuando te aburra, puedes cambiar de emisora.

Si me aburro, apago… Tienes voz de mujer.

Sí, esta vez sí. Depende de cómo borre él.

Borra mucho.

¿Y quién no? Estoy inacabado. ¿Tú también?

¿Cómo sabe él cuándo estamos terminados?

Cuando ya no puede continuar, entonces empieza otro.

A mí, por ejemplo.

O a mí.

¿Crees que Él nos oye?

Si escuchara, estoy seguro de que nos oiría, pero no creo que esté escuchando.

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Juan Muñoz, Gabardina, 1991.

Le gustan los márgenes negros, y eso significa algo.

Algo relativo a la ausencia. Temo estar hablando para mí.

Eso es lo que hacen los dibujos, querido, hablar para sí.

¿Dónde estás?

Estoy aquí.

¿En una habitación?

En la esquina de una habitación.

¿Y qué hay en ella?

Una mesa camilla con una tela encima.

Exactamente igual que aquí. ¿Puedes describirla?

Eso es lo que hago continuamente.

Ya lo sé, pero no te veo. Dime algo de esa mesa.

Bueno, pues la tela que la cubre es cuadrada, así que cae de forma irregular y su punto más bajo está un poco a la izquierda del centro.

¿Estás seguro? ¿No podría ser un centro exacto? Eso me vendría muy bien.

Si muevo ligeramente la cabeza hacia la izquierda, es el centro exacto.

Fantástico. ¿Y tiene cuatro patas?

Obviamente.

Claro, pero ¿cuántas son visibles?

A decir verdad… ¡una!

Perfecto. Hacia la derecha, de donde viene la luz y donde probablemente hay una ventana, la tela se riza.

¿Se riza o se rifa?

Yo diría que las dos cosas.

Le gusta la precisión, no lo olvides.

Igual da. Puede que sea una cuestión de vocabulario. Dime algo más del sitio donde la tela se riza.

Puedo ver la tela del revés, como si estuviera sentado debajo de la mesa.

¿Ah, sí?

El dobladillo, desde donde yo lo veo, está hecho de manera que forma un triángulo.

Sigue, sigue. ¿Un triángulo equilátero?

Más o menos.

La mesa podría estar en un cuarto de hotel, tiene ese aspecto de no estar en ninguna parte.

“He cartografiado una isla del Paraíso que se te parece y una casa junto al mar con una cama grande y una puerta pequeña…”

Te ha cambiado la voz.

Cito un poema de Odysseus Elytis.

¿Está Elytis contigo en el cuarto?

No hay nadie conmigo. La habitación está vacía. Era un poema que Él leyó en alto para sí mismo.

¿Cómo se llama tu hotel?

No lo sé, porque nunca he estado fuera.

El nombre debe de estar escrito detrás de la puerta de la habitación junto con las tarifas por noche (desayuno incluido).

Muchas veces hablaba del Hotel Declerq. Tenía balcones.

Una vez le oí decir que el Hotel Declerq no estaba en ninguna parte, que se lo había inventado.

Al otro lado de la habitación hay una silla de brazos.

No veo los brazos porque hay una gabardina echada encima que los cubre.

En el mío no hay gabardina. ¿De quién es, además?

Suya.

Así que la cogió al irse.

No, se la olvidó aquí.

¿Podríamos ser dos dibujos diferentes de la misma esquina?

¿Quieres decir dibujados en diferentes días? Si eso fuera así, ni siquiera estamos en el mismo tiempo. Tu ahora no es mi ahora.

Creo que el tiempo en el que estamos ahora —que no tiene nada que ver con el tiempo que Él estaba dibujando— es el mismo.

Podríamos pedir una tercera opinión. Podríamos preguntárselo a la camarera cuando entre. Oigo tintinear sus llaves en el pasillo.

¿Qué le preguntarías?

Le preguntaría de qué cree ella que somos dibujos.

Ha entrado alguien.

Vale.

Me están mirando.

Y a mí.

¿Cómo lo sabes?

¿No te has fijado en que notas cuando alguien te mira? Notas una especie de deseo en el aire.

Sí, y cuando dejan de mirarte, te puedes mover. Estirarte, fumar un pitillo. Descansar de la libertad… hasta la siguiente mirada.

Señora, quiero preguntarle algo. Cuando mira aquí, a los dos dibujos, ¿ve el mismo lugar?

Ella respondió en alemán.

Signora, dove siamo?

Ella dijo: Qui.

Lo voy a intentar en inglés.

Empezaste preguntándoselo en inglés.

Sí, pero respondió en alemán. Recuerda que el inglés es la lengua que utilizan los pilotos de las líneas aéreas cuando van a aterrizar.

¿La has oído susurrar?

Claro. Dijo que éramos dos bocetos de la misma cosa.

“En este mundo es todavía demasiado pronto, amor mío, para hablar de ti y de mí.” Así termina el poema de Elytis.

¡La poesía es la poesía! Aquí no es demasiado pronto. Esta noche, te digo que esta noche vamos a dormir abrazados en la misma habitación del mismo hotel, bajo la misma mesa.

Fin

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Juan Muñoz, Gabardina, 1991.