CAPITULO II
El señor King Barrymore era un tipo importante.
Y además, el señor King Barrymore, iba de importante por la vida.
Con sus algo más de cincuenta años encima de las espaldas un tanto encogidas, con sus largos cabellos totalmente blancos que al caer encima de los hombros contrastaban con la severa oscuridad de su terno de alta sastrería, con la peculiar fijeza y permeable movilidad de sus ojos de hiriente y escrutador acerado, ojos de águila y de lince a la propia vez, con su aire de mundana psicología y su entorno superior de estudios profundos sobre el quehacer, reaccionar y comportarse de las gentes, con su aparente magnanimidad que no conseguía ocultar por completo el perfil torvo y cruel de su carácter, la pérfida tenacidad a la hora de cumplir sus siempre oscuros cometidos... con su fácil sonrisa de hombre bueno, accesible, que velaba la sutileza maligna con que impregnaba todas sus acciones desde la más elemental a la más complicada.
Complicada era —e importante como él— la misión que le habían encomendado unos caballeros todavía más importantes que él y adquisitivamente mucho más poderosos.
Se lo hizo saber a su reducido auditorio, compuesto por dos únicos interlocutores:
—El momento es delicado, señores. Nuestra réplica no admite concesiones ni demora.
—Quisiera saber —dijo uno de quienes lo escuchaban, alto y delgado, de rostro cetrino y expresión mística—, señor Barrymore, en nombre de las personas que usted nos habla.
Sonrió suave de labios para fuera.
—Son personas importantes, Mohamed El Gafi.
—No me basta —insistió el musulmán. Puntualizando—: Yo también represento un grupo de personas importantes reunidas en una entidad que usted conoce muy bien, ¿no es cierto?
Kin Barrymore tuvo que hacer un esfuerzo para dominar su instintiva y dominante agresividad.
—Usted, caballero, representa —anunció, arrastrando las palabras— a los países miembros de la OPEP (1), organización que en breve ha de quedar integrada, quedará integrada —subrayó con evidente intención—, en la nueva organización creada por esos caballeros de los que yo soy portavoz.
—¿Y qué organización es... ésa? —quiso saber el otro hombre que conformaba el auditorio del señor Barrymore.
—Es la World Organization Crude Oil Exporting, que se resume en las siglas WOCE. ¿Satisfecho, señor Morales?
Rubén René Morales, que estaba en el lugar como portavoz de los intereses de la LEP (2), no quiso por el momento o no le pareció oportuno hacer comentarios o entrar en disquisiciones al respecto.
Mohamed El Gafi, sin embargo, no fue de la misma opinión.
—Creo, señor Barrymore —dijo resuelto y con desafiante entereza—, que nos debe usted muchas explicaciones.
—¿Como cuáles? —inquirió con evidente ironía el de los largos cabellos ceniza.
—El porqué de esta urgente convocatoria y de dónde se ha sacado ese organismo… World Organization Crude Oil Exporting, ha dicho que se llama, ¿no?
—Se llama así —dijo rotundo. Añadiendo—: Y en cuanto a los motivos, mi querido señor El Gafi, no son otros que perpetuar los suculentos beneficios, las desproporcionadas ganancias que los países de la OPEP vienen obteniendo desde in illo tempore con las exportaciones de crudos a costa de desiquilibrar las balanzas de pagos ya de por sí deficitarias de muchos países de Occidente. ¿Me explico?
—Sí... —aceptó un tanto herido en su postura el representante del Islam. Pero objetando—: Y no.
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(1) Organización de Países Exportadores de Petróleo. (N. del A.)
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(2) Latinoamericana de Explotaciones Petrolíferas. Mientras que la primera organización es real, la segunda, forma parte de la ficción literaria del autor. (N. del A.)
—El día que el petróleo deje de ser necesario para la vida de los hombres, de las ciudades y los países, se acabó el negocio, señor El
Gafi.
—¿Y quién dice —se atrevió a preguntar en esta ocasión Rubén René Morales, hombre enjuto de mediana estatura y oliváceas facciones vulgares— que el petróleo dejará alguna vez de ser artículo de primerísima necesidad?
El señor King Barrymore ensayó su expresión más importante y su mayor énfasis de voz antes de aseverar:
—Lo digo YO.
Sus dos escuchas se quedaron esta vez estupefactos.
Mudos de asombro.
El árabe, no obstante, fue el primero en reaccionar. Dijo:
—No sé exactamente si es cosa de risa o llanto.
—De hallarme en su posición y en la de aquellos a quienes usted representa —apuntó el señor Barrymore con una extraña sonrisa en sus labios ajados—, yo, me echaría a llorar con presteza. Procurando derramar muchas lágrimas.
—¿Quiere ser más concreto? —enarcó las cejas el sudamericano.
Por toda respuesta, el señor King Barrymore, preguntó a su vez:
—¿Han oído hablar del proyecto Thelioscope-1?
Ambos, de manera unánime, movieron la cabeza negativamente.
—Me lo suponía —volvió a sonreír, suficiente al máximo, el importante señor Barrymore. Matizando—: De ahí su escepticismo acerca de la posible caducidad del petróleo desde su vertiente de magna utilidad, de materia insoslayable al uso. El proyecto a que acabo de aludir pretende, en génesis, recoger, almacenar y posteriormente adecuar y canalizar la energía del Sol como sucedáneo del petróleo.
—¡Eso es imposible! —no pudo contenerse Mohamed El Gafi.
—¿Dispone de razones fundamentadas para apoyar tal aseveración?
—No. Pero me resulta infantil, absurdo, admitir que la energía solar pueda ser almacenada como si se tratara ... ¡qué sé yo!
—Eso mismo estaba pensando —le recriminó acremente el señor Barrymore—, señor El Gafi, ¡qué sabe usted! ¿Qué sabe, insisto, para hablar tan a la ligera de una materia que le es totalmente desconocida? —y tras lanzar el peyorativo interrogante, King Barrymore, no permitió que el otro le diera respuesta, sino que fue él mismo quien añadió—: Aunque a usted todo, eso del Sol y su energía le parezca juego de niños, ilusión infantil, es una realidad, o lo será en breve, como un templo. Porque verdaderos eruditos en la cuestión, versados de reconocida valía mundial, están empeñados en la construcción de un gigantesco aparato que se denominará Thelioscope-1 a través del cual se absorberá para su almacenamiento y posterior utilización, la energía solar. Y en cuanto esto suceda, el petróleo y sus derivados, pasarán a un segundo o tercer plano. Y ustedes los magnates del crudo lo tendrán que emplear para ducharse o pedir por favor a los países que ahora tienen poco menos que metidos en la ruina, que les compren un par o tres de barriles al año. ¿Me siguen?—Me cuesta hacerme a la idea —apuntó, cauto, Rubén R. Morales. Apresurándose a añadir—: ¡Pero si usted lo dice...!
—No es que lo diga yo, señores. Lo dicen aquellos que dominan la cuestión.
—¿Y de dónde ha salido ese proyecto Thelioscope- 1? —indagó el representante de los árabes.
—Buena pregunta, sí, señor —había la causticidad y menosprecio que eran habituales, o parecían serlo, en la entonación de King Barrymore. Y aclaró seguidamente—: El proyecto Thelioscope-1 ha salido de los fecundos cerebros de Albert Thomas, astrónomo y físico que hasta hace pocos años venía trabajando e investigando por su cuenta y riesgo y que desde medio lustro para acá opera bajo contrato gubernamental, y el señor Sidney Logan, físico nuclear, químico, experto en electrónica, estudioso profundo de la radioastronomía, astronauta adscrito a la NASA que le ha incorporado a varias de sus operaciones espaciales...
—¡Sí que es «cosas» el señor Logan! —exclamó Rubén René Morales sin poder contenerse en esta ocasión.
King Barrymore le miró con aquel énfasis despectivo que parecía vivir de continuo en la luz torva de sus aceradas pupilas, antes de apostillar contundente:
—Es todas esas «cosas»... y alguna más que se me puede haber quedado en el tintero. Se dice de él, como para resumirlo en un slogan, que es un hombre casi perfecto.
—Demagogia que a nada conduce —apuntó el musulmán, dando muestras de una evidente inestabilidad—. Estábamos hablando del proyecto Thelioscope- 1 y de sus negativas injerencias en la economía de quienes vivimos de las exportaciones petrolíferas, ¿no?
—¿De veras? —arqueó las cejas, interrogante a su vez, burlón al mismo tiempo, el importante señor Barrymore—. ¡Ah! Había creído entender que usted formulaba una pregunta y la he contestado.
—¡Vayamos al grano! —parecía estar ciertamente nervioso Mohamed El Gafi.
—¡Caramba! —proseguía Barrymore en su trayecto burlón—. Tan escéptico hace unos instantes y tan interesado ahora... ¿eh?
—Abreviemos —se decidió a intervenir el iberoamericano—, por favor... —y antes de que el señor Barrymore volviese a conducir la conversación, lanzó la siguiente teoría—: Acaba usted de hablarnos acerca de un proyecto que amenaza con hundir la estabilidad económica de los países que exportamos petróleo en un futuro al parecer bastante inmediato y nos ha dicho también que ese singular proyecto, el Thelioscope-1, es fruto de los ubérrimos intelectos de Albert Thomas y Sidney Logan, ¿no? Pues pienso que si los señores Thomas y Logan sufren un... accidente laboral nuestro problema dejará de serió al instante.
—Visto así —sonrió Barrymore—, se me antoja usted una auténtica eminencia, señor Morales. Visto desde otra óptica, la real, la lógica, estoy convencido de que es usted un auténtico jumento.
—¡Me está insultando! —protestó, con prudencia por supuesto, el portavoz de la LEP.
King Barrymore hizo oídos de mercader Continuando:
—No se puede dictar sentencia así..., así por las buenas, contra dos protagonistas del momento y la más rabiosa actualidad como lo son Logan y Thomas. No se puede, por muy diversas razones. Entre ellas, porque gozan de todo tipo de concesiones y prebendas a nivel no sólo profesional, sino militar y político. Su inmunidad es absoluta. Y cuentan además con la admiración popular de medio mundo a no ser que me esté yo quedando corto y sea del mundo entero. Especialmente Sidney Logan. Ejecutarlo sería nuestra ruina, porque los sabuesos del gobierno USA llegarían hasta el fondo de la cuestión y esos asesinos de algunas entidades paragubernamentales que en teoría van por libres, nos eliminarían uno por uno. Luego harían acto de presencia las sanciones económicas de todo tipo e incluso se procedería a la racionalización por parte del Estado de muchas empresas privadas exportadoras de petróleo, etc., etc. No, señor Morales, no podemos correr ese estúpido riesgo que usted apuntaba. La cuestión, ni es fácil, ni es tampoco lo simple que ha dejado ver en su precipitado juicio acerca del modo de obviarla.
—¿Entonces...? —preguntó y se preocupó el «embajador» de los países del Islam.
King Barrymore, ahora, imitó la actitud de un futuro presidente en el meetíng decisorio para aupar al máximo su candidatura; y desgranó, como escuchándose a sí mismo:
—Las barreras sofisticadas, caballeros, se han de salvar con métodos más sofisticados todavía.
Hizo un alto y miró a su escueto auditorio cual si esperase un interrogante, una crispación, expresividad tensa, un rictus de incertidumbre o algo por el estilo. Nada de eso sucedió.
Rubén René Morales y Mohamed El Gafi permanecieron silenciosos. Hasta herméticos diríase. Aguardando que aquel que representaba los intereses de la World Organization Crude Oil Exporting despejara por él mismo la incógnita.
El importante señor Barrymore hubo, pues, de continuar. En estos términos:
—Afortunadamente para nosotros, caballeros, no todos los eruditos, no todos los filósofos, no todos los científicos, físicos nucleares, expertos en radioastronomía, ingenieros, etc., etc., están alineados en lo que algunos llaman frente moral o ético de la humanidad. También existen los que comparten nuestros puntos de vista, los que sienten nuestras mismas... ¿las llamamos inquietudes? Pues bien, los altos mandatarios de la WOCE han acudido a un pequeño grupo de esas eminencias para que les aconsejasen sobre el particular y...
—Me estoy haciendo una pregunta —largó de repente Mohamed El Gafi, como emergiendo de un largó y profundo tránsito de meditación.
El señor Barrymore no se enfadó esta vez, por lo que era una flagrante interrupción, limitándose a sugerir:
—Por qué no me la transcribe, ¿eh?
—¿Lo del Thelioscope-1 es firme ya?
—¿Nos toma por subnormales, El Gafi? —interrogó al punto King Barrymore.
—Apenas si ha trascendido a la opinión mundial. Me refiero a los medios técnicos. Y a los sociales, si mucho me apura...
—Se ha llevado en secreto hasta ahora —repuso quien allí les había reunido. Sonriendo—: Pero ya sabe lo de las filtraciones, ¿no?
—¿El gobierno USA apoya abiertamente, financia el proyecto Thelioscope-1? —la pregunta partió de los descoloridos labios de Rubén R. Morales.
—¿Y quién coño quiere que lo financie? —el señor Barrymore se había quitado al fin la careta, olvidando su británico comportamiento y dejando de lado su falsa ortodoxia exhibida hasta entonces—. ¿Yo...? ¡Por supuesto que el dinero ha salido del erario USA! Solapadamente, claro. En breve pondrán en escena la comedia de aprobación por parte del Senado y éste designará un observador... ¡que ya está decidido y todo, el físico Gary Hagman!, para que informe de la viabilidad o no del proyecto. Hagman, que es culo y mierda con Sidney Logan, hablará maravillas del asunto y los sesudos caballeros del Senado darán luz verde al Thelioscope-1. Por eso nosotros ya estamos estructurando nuestra estrategia para abortar el proyecto.
—¿Y cuál es esa estrategia? —inquirió el árabe.
—Iba a contársela a ustedes en el momento de su interrupción, señor El Gafi. Decía... —hizo como que meditaba para reconstruir el hilo de su pensamiento. Continuando—: Ese grupo de eminencias en técnicas del espacio a quienes hemos acudido han encontrado una solución viable, lógica, sofisticada como les decía antes, para arruinar el Thelioscope-1. Arruinarlo significa, como comprenderán fácilmente, evitar que se utilice para la finalidad que se ha creado. Dicen los eruditos que partiendo de una supernova (1) pueden llegar a construir un quasar (2) artificial que amenace con destruir el planeta Tierra y obligue como única opción de emergencia para conjurar el peligro de exterminio representado por el quasar a servirse del Thelioscope-1 para deshacerse del quasar artificial. Y ello traerá implícita la propia consunción del invento concebido por los señores Thomas y Logan. Habrán de transcurrir entre 12 y 20 años, que son más o menos los que Albert Thomas le ha dedicado al proyecto desde que lo concibiera, hasta que surja la posibilidad de un Thelioscope-2. Y quizá tras la primera experiencia desistan de continuar. Y en caso de que persistan, ya nos ocuparemos del asunto en su momento.
—Es consciente, supongo —ofreció una expresión interrogante y vacía el que estaba allí por Iberoamérica—, de que nos ha hablado en griego, ¿no?
—¡Oh, sí, claro! Disculpen... —Barrymore abrió una carpeta de cubiertas negras, relucientes, que descansaba encima de la mesa entre sus codos apoyados en aquella, extrayendo varios folios mecanografiados que leyó en síntesis a sus contertulios, explicándoles en lenguaje de la calle lo que era una supernova y un quasar. Después, agregó—: El Thelioscope, tras recibir la energía del astro rey, puede intensificarla proyectándola contra el quasar hasta reducirlo..., pero quedando inutilizado a la propia vez al recibir las emisiones del quasar.
—Pienso que de no existir el Thelioscope y presentándose la amenaza de un quasar genuino...
—La tierra quedaría en una proporción de tiempo bastante corta reducida a un inmenso solar, a un interminable desierto —completó
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(1) Estrella cuyo resplandor aumenta repentinamente y se vuelve muy superior (hasta dos mil veces) al de una nova. La explosión de una supernova desprende una energía varios miles de veces superior a la del Sol; tras la explosión, la estrella se transforma en enana blanca o en estrella de neutrones. Los restos de la explosión de una supernova constituyen fuentes de radiación electromagnética y se reagrupan en estructuras filamentosas. (N. del A.)
(2) Radioíuente muy intensa, cuyo espectro visible posee rayas de emisión. Las longitudes de onda de las rayas de los espectros del quasar presentan desplazamientos hacia el rojo. Los quasars, son objetos celestes que no pueden observarse a través de medios ópticos simples, sino sólo los radiotelescopios han podido captar sus emisiones eléctricas a partir de 1963. Su diámetro es de 10 a 20 veces inferior al de una galaxia, pero su energía es cien mil veces más elevada. Es probable que los quasars, que se encuentran a distancias muy grandes, no sean más que un caso particular de galaxias elípticas gigantes. (N. del Autor.)
Barrymore lo apuntado* por Mohamed El Gafi.
—¿Y si no se les ocurre servirse del Thelioscope? —pareció asustarse Morales.
—Eso no sucederá, porque el señor Logan es un hombre casi perfecto al que se le ocurren todas las cosas, al que no se escapa la menor posibilidad frente a las emergencias. Pero en el caso de que así fuera..., nuestros eruditos apuntarían al momento la posibilidad. ¿Entienden?
—¿Dónde encajamos nosotros, señor Barrymore? —quiso saber el islámico, admitiendo todas las demás explicaciones ofrecidas por el estadounidense.—El proyecto Thelioscops-destruction traducido en guarismos equivale a cinco mil millones de dólares... y ya se está trabajando en él de forma paralela a como lo hacen los del proyecto genuino, moral para entendernos. La WOCE financiará el 50 por ciento de esa cantidad, y el otro 50, deben repartírselo las organizaciones que ustedes representen: OPEN y LEP. Es lo justo puesto que todos vamos a seguir beneficiándonos de las exportaciones petrolíferas, ¿no? Y la respuesta, señores, la quiero... ya.
Mohamed El Gafi, muy práctico desde hacía varios minutos, renunció a entrar en polémica y dijo:
—Tengo que hacer una llamada telefónica.
—Y yo —solidarizó Morales.
King Barrymore, empujando hacia cada uno de ellos un aparato telefónico de los muchos que descansaban encima de su ostentosa mesa de despacho, les anunció:
—Siéntanse como en su propia casa, caballeros.
Como media hora después el asunto que allí les había reunido quedaba sentenciado. Tanto la OPEP como la LEP aceptaban las condiciones impuestas por la World Organization Crude Oil Exporting.
—¡Ah... —exclamó con su proverbial grandilocuencia el importante señor Barrymore, mirando alternativamente al par de interlocutores—, se me olvidaban una pareja de pequeños detalles! Y uno de ellos estoy seguro satisfará al señor Morales.
—¿De qué se trata? —deseó averiguar el menudo sudamericano.
—El doctor Albert Thomas..., creo que doctor es el tratamiento adecuado y correcto, aunque confieso no estar muy ducho en el protocolo dispensado a los científicos, el doctor Thomas les explicaba, es un hombre de avanzada edad, creo que ha dejado atrás el obstáculo de los sesenta, que últimamente ha tenido ciertos problemas con su salud. Cabe la posibilidad de que el doctor Thomas sufra un... un infarto de fatal desenlace.
—¡Pero no ha dicho usted que no se puede correr el riesgo de un asesinato! —gritó ahora Rubén René Morales.
—¿Le importaría conservar la calma, mi querido señor? —indagó con cáustica frialdad el señor Barrymore. Agregando—: Lo he dicho, en efecto, pero habrá observado usted que a renglón seguido he aplicado la tesis muy en especial a la persona del señor Logan. Provocar un accidente que le costara la vida a él sí sería peligrosísimo, lo mismo que urdir dos... accidentes es la palabra exacta, ¿verdad? Dos, decía, despertarían de inmediato las sospechas de los servicios de seguridad e inteligencia del gobierno americano quienes, como antes dejé sentado, no tardarían en llegar hasta nosotros. Pero un infarto..., ¡señores! ¿Cuánta gente no ha muerto de eso en las últimas décadas? Además, vamos a contratar los servicios de un auténtico experto.
—¿Y el señor Logan? —articuló Mohamed El Gafi—. ¿Campará por sus respetos?
—¡Claro! ¿Ha olvidado que es él quien debe dirigir su Thelioscope-1 contra el quasar que le fabricarán nuestros eruditos? Pero de todas formas y como los caballeros a quienes represento sienten verdadera curiosidad por saber hasta qué punto ha avanzado el señor Logan en el proyecto que inició su amigo y colega el doctor Thomas en el que hoy colaboran ambos..., me han encargado que sin levantar demasiada polvareda trate de averiguar algo. Y yo, que me tengo por hombre hábil en estos menesteres he hallado la fórmula sutil de conseguir que Logan desate un poco su lengua. Logan, como les he repetido hasta la saciedad, es un hombre casi perfecto. Ese casi deja un humano margen a ciertas debilidades de Sidney Logan entre las que se cuentan las hembras hermosas. Así que, pensando en hembras hermosas me vino a la memoria de inmediato una preciosidad sensual, un exuberante cuerpo femenino de innumerables atractivos, cuya cabeza ejerce la honorable profesión del periodismo. La señorita Ulla Mossby es redactora jefe del rotativo Space Herald que, como su propio nombre indica, trata con extensión y profundidad todos los acontecimientos y noticias vinculados con el universo que nos rodea —el importante señor Barrymore hizo un alto intencionado no sólo para que quienes lo escuchaban valorasen justa y generosamente su habilidoso ingenio, sino para crear un tenue climax de misterio acerca del desenlace de lo urdido en torno a Sidney Logan, sirviéndose de Ulla Mossby. Suponiendo que lo había conseguido, prosiguió—: Acudir a la señorita Mossby para proponerle bajo sustanciosa tarifa primitivas cuestiones de vulgar confidente era arriesgar las estructuras de nuestro proyecto y asegurarse portada y primera plana en su periódico..., pero consciente de que ella tiene su propio código moral, carente de escrúpulos en muchas ocasiones cuando se trata de «pisarle» la noticia a la competencia, se me ocurrió a través de la Literary Foundation controlada y patrocinada por la WOCE, estimular los apetitos de los licenciados de la información de este país ofreciendo cien mil dólares y una medalla conmemorativa en oro con ribete de brillantes al periodista o a la periodista que en el transcurso de esta semana lograra publicar la noticia más interesante e inaccesible...
Pese a que no se había granjeado en ningún momento las simpatías de los dos personajes que le escuchaban, King Barrymore fue consciente de que las expresiones que lucían en sus respectivos rostros Mohamed El Gafi y Rubén René Morales eran algo que se asemejaba mucho a un tributo de admiración rendido a su sutileza y sagacidad.
—...y me consta que Ulla Mossby ha solicitado hoy mismo, del señor Logan, una entrevista para hablar del Thelioscope-1. Es muy posible que las argucias profesionales de esa entrometida reportera unidas a sus fragantes encantos de hembra deseable y apetecible, nos permitan leer en el Space Herald, brevemente, hasta qué punto se ha llegado en el ambicioso proyecto que un día iniciara el doctor Thomas. Señores —volvió a hacer un fugaz alto—. ¿Alguna pregunta al respecto?
—No por mi parte —anunció Morales.
—Ni por la mía —dijo el árabe.
—Oportunamente, se les indicará el banco suizo y número de cuenta donde deben efectuar el ingreso de la parte proporcional que deben desembolsar para la financiación del Thelioscope-destruction.