CAPITULO III
SILENCIO... que rompió el registro fónico de la propia Violeta Rivas.
Registro fónico que, debe decirse, sonó afónico.
Quiere decirse en consecuencia que la voz de aquella negrita de fábula tuvo, ahora, inflexiones roncas, quebradizas.
—General... —anunció sin rubor—, en compañía de Jason Baxter viajo al futuro, ¡y al infierno si es preciso!
Todos sin excepción, incluido el veterano militar, sintieron la más profunda y sana de las envidias hacia Jason Baxter.
Y ganas de aplaudirle al mismo tiempo.
Cosa que no hicieron por atender a la ética del costumbrismo y por propio decoro... ¡digo yo!
Jason se olvidó de la negra sometida a sus varoniles encantos, tan esclava ya de él como lo fueron sus remotos antepasados en las plantaciones algodoneras de los Estados Unidos del Sur allá por el siglo XIX..., desentendiéndose momentáneamente de ella, narrábamos, se acercó otra vez al licenciado Balsan para preguntarle con aire concreto:
—¿Cuál es nuestra misión en el año 3237?
—Destruir a Worldowner (1) —repuso el anciano, no menos escueto en la expresión.
—¿Worldowner? —repitió Baxter—. ¿Un androide?
—El Superior Máximo de la hegemonía de los pseudohumanoides en su Primera Epoca, la cual, mi querido amigo, estará a punto de estallar o producirse cuando ustedes asomen por el otro extremo del Pasillo del Tiempo Futuro, en el siglo XXXIII.
—Si le hago una pregunta, profesor Balsan —se había acercado contoneando sus exquisitas exuberancias la dulce Kiowa—, ¿la responderá en conciencia?
—Por supuesto, señorita Young —afirmó el licenciado en futurología. Inquiriendo—: ¿De qué se trata?
—¿Cuántas posibilidades de regreso existen sobre un porcentaje de cien?
—Bueno...
—Esa pregunta mejor debe responderla Elliot Lawson —intervino el general—, descubridor precisamente del denominado Pasillo del Tiempo Futuro. Lawson...
Se adelantó el aludido dispuesto a tomar la palabra y a integrarse de una manera activa en aquella reunión que bien podía calificarse de sorprendente y exótica por el variopinto contenido de la misma.
Pasándose la diestra por encima de su brillante cabeza desprovista de floración capilar, anunció con cierta reserva:
—Es difícil, señorita, establecer un cálculo de probabilidades, posibilidades y porcentajes. Por la sencilla y elemental razón de que todavía no he realizado experiencia humana que avale esos razonamientos que usted me pide. Sé que se puede enviar uno o varios seres al futuro, de hecho voy a enviarles a ustedes... y sé, sólo en teoría, que tengo un 99,7% de traerlos de nuevo al presente por...
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(1) Dueño del mundo. (N. del T.)