No creas que me encanta eso de que estuvieras desesperado por tener amigotes.

Güey, ya sabes que no me refería a eso.

Güey. Tal como lo cuentas, cualquiera diría que te obligaba a tomar el té con mis muñecas y a trenzarme el pelo.

Pasabas mucho rato en la cocina.

Qué raro. No recuerdo haber oído ni una queja cuando te tragabas mi comida.

Porque eres la mejor cocinera del estado de Wisconsin. De todo el mundo gastronómico, en realidad.

Los halagos te llevarán muy lejos.

No me digas.