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La visita al especialista: alteraciones
y su tratamiento
Después de haber evaluado algunos de los hábitos y consejos aplicados al mundo laboral y a las rutinas del hogar que pueden aportar beneficios a la calidad de nuestro descanso, es necesario dedicar un apartado a aquellas alteraciones del sueño que necesitan un tratamiento más específico y el consejo de un especialista.
Nuestro gran protagonista es el insomnio. Desde los casos leves, que son la mayoría, y que pueden remitir con un reajuste de hábitos y rutinas del sueño, porque la raíz del problema es muy evidente y no hace falta averiguar si hay motivos más sutiles, hasta más complejos en los que las causas no parecen ser muy claras, y tenemos que profundizar hasta llegar al corazón del problema. Siempre es imprescindible conocer la causa del insomnio para poder tratarlo bien.
Por ejemplo, si sufrimos apnea obstructiva del sueño o narcolepsia, pasaremos por consulta para hacer el diagnóstico adecuado y que nos indiquen la terapia.
Pero ¿cómo saber cuándo consultar y con quién? ¿Dónde acudir para recibir un diagnóstico?
En este apartado exponemos casos de insomnio y de otras alteraciones del sueño que precisan evaluación médica, así como algunos de sus síntomas para que podáis reconocerlos.
El insomnio
Fijaos en que aproximadamente un tercio de la población sufre insomnio o alguna otra alteración del sueño. El 10 por ciento de esas personas padece insomnio crónico, mientras que el resto lidia con él de forma esporádica, lo que se conoce como insomnio transitorio.
En un 85 por ciento de los casos de insomnio transitorio, no hacemos nada para tratarlo. Corremos el riesgo de que el insomnio esporádico derive en crónico.
Si el insomnio, cada tanto, nos ralentiza e impide que descansemos, podemos acogernos al reaprendizaje de hábitos que hemos descrito. Con todo, si no remite, conviene que acudamos a una unidad del sueño y averigüemos sus causas.
Insistimos en que el insomnio es un síntoma, siempre existe algún origen, alguna causa que lo provoca.
Insomnio provocado por causas externas
Cuando la raíz está en elementos externos ambientales, como el ruido, el calor, una mala cama o la luz, un cambio de hábitos puede acabar con el problema.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no dormimos por los ronquidos o despertares de nuestra pareja o hijos?
Cuando los ronquidos alteran el sueño de los compañeros de cama, es hora de convencer al roncador de que se trate el problema. Por ejemplo, si el ronquido viene acompañado de despertares bruscos tras un episodio de cese de la respiración, estamos ante un caso de síndrome de apnea obstructiva (que explicamos más adelante). Al contrario de lo que pensamos, quien ronca no duerme a pierna suelta, sino que no respira bien.
Las parasomnias de hijos o pareja (pesadillas, sonambulismos, terrores nocturnos o bruxismo) también son cosa de un experto, pues perjudican al otro y a nuestro sueño.
Cuando el insomnio viene del consumo de alguna sustancia, como las drogas, el alcohol, el tabaco, la cafeína o algunos fármacos que tienen como efecto secundario la somnolencia excesiva o despejarnos, la solución obvia es dejar de consumir dichas sustancias. Busquemos ayuda si estamos muy enganchados, claro.
En cuanto a los medicamentos con efectos secundarios sobre el sueño, sólo un médico puede orientarnos.
Insomnio causado por estrés, ansiedad…
El origen está en una situación externa que nos genera ansiedad, nervios o inestabilidad emocional, o bien depende del carácter, de la manera de tomarnos las cosas, que hace que nos agobiemos y preocupemos por todo. En ambos casos, nuestra capacidad de descanso cae en picado.
Quizá no podemos obviar la situación estresante ni modificar inmediatamente nuestra actitud respecto a las preocupaciones. Pero sí podemos buscar actividades que nos enseñen a relajarnos, como el yoga o la lectura, y plantearnos comenzar una terapia. Un especialista puede sugerir técnicas de relax, también.
A veces, dependiendo del caso, el especialista también puede recetar algún fármaco para dormir mejor durante una época y así mejorar el estado de ánimo y de salud. Lo cierto es que no solucionará el problema del todo, pero sí nos aliviará y contribuirá a que descansemos y veamos qué podemos hacer para reducir el estrés, ansiedad o nerviosismo.
Insomnio debido a enfermedades
Los síntomas de una dolencia, como la fiebre o el dolor muscular o de huesos, pueden provocarnos insomnio o despertares constantes por la noche. Los problemas para conciliar el sueño suelen desaparecer al bajar la fiebre o al tratar el dolor, y no iremos al médico a no ser que los síntomas o el insomnio persistan.
Por otra parte, el insomnio asociado a ciertas enfermedades sí necesita opinión médica:
- Cardíacas. La angina nocturna es el ejemplo más habitual. Suele manifestarse como un dolor precordial o una opresión en el pecho que aparece durante el sueño y se extiende por el hombro y el cuello. Recomendamos visitar inmediatamente a un cardiólogo o ir a un centro de urgencias si el dolor es intenso.
- Respiratorias. Tanto el asma como la
insuficiencia respiratoria obstructiva son enfermedades que suponen
alteraciones del sueño. La insuficiencia respiratoria induce
despertares nocturnos con dificultades para respirar, dificultad
para conciliar el sueño y cansancio al día siguiente.
El asma puede aparecer durante el sueño en forma de ataque y nos despierta con fatiga respiratoria, taquicardia…
- Digestivas. La esofagitis, es decir, la inflamación del esófago, suele estar producida por el reflujo gastroesofágico. Tanto el dolor como el ardor del reflujo fuerzan despertares bruscos. De todos modos, se puede prevenir la acidez con una dieta apropiada y tomando antiácidos.
- Endocrinas y metabólicas. En este apartado encontramos, el hipertiroidismo (el funcionamiento descontrolado de la tiroides). Las personas con hipertiroidismo suelen sufrir, además de insomnio, ansiedad, irritabilidad e hiperactividad.
- Psiquiátricas. Las personas que se despiertan de manera precoz en medio de la noche y luego no consiguen volver a dormirse pueden padecer una depresión. Creen que están decaídos porque no duermen bien, pero en realidad es al revés: duermen mal porque están deprimidos.
Los trastornos de ansiedad, como pánico o estrés postraumático, también implican alteraciones del sueño.
Ante estas situaciones es básico realizar un diagnóstico correcto para poder establecer el tratamiento. Es además necesario recurrir a un psicólogo o un psiquiatra, dependiendo de la gravedad del problema, para recibir atención y apoyo, y conseguir que desaparezca el trastorno de ansiedad y/o estrés.
Insomnio idiopático
Esta clase de insomnio es la de los que dicen haber tenido siempre problemas para dormir toda la noche. El insomnio idiopático se debe a un mal aprendizaje del hábito del sueño desde edad temprana.
Los malos hábitos y la inseguridad a la hora de irse a dormir, tal vez por una continuada mala experiencia en relación con el sueño, pueden ser algunas de las razones por las que una persona adulta padece esta clase de insomnio.
Un tratamiento farmacológico no puede solucionar el problema del sueño. Hay que aprender y poner en práctica una correcta higiene del sueño. La intervención de un pedagogo puede ser muy útil.
Insomnio por síndrome de piernas inquietas
Cuando una persona tiene una sensación desagradable en las piernas mientras está en reposo, de una magnitud tal que le impide conciliar el sueño, lo más probable es que padezca el síndrome de piernas inquietas.
Este síndrome pone difícil sobre todo iniciar el sueño. Lo podemos confundir con rampas o con algún problema de circulación, pero es algo más específico.
La intensidad de estas «sensaciones desagradables de inquietud» es variable: hay quien puede reducir el malestar moviendo las piernas, y hay quien, en cambio, necesita levantarse de la cama para aliviar dichas molestias.
No acostumbra a ser grave si no alcanza una fase avanzada. Los agonistas dopaminérgicos pueden controlarlo.
En consulta. Tratamiento para el
síndrome
de piernas inquietas
Pedro, de cincuenta y cinco años, padecía insomnio pero no sufría ninguna enfermedad grave ni pasaba por una situación de estrés. Determinamos que el motivo por el que tenía dificultad para conciliar el sueño era el síndrome de «piernas inquietas».
Su origen es neurológico: la alteración de un neurotransmisor, la dopamina.
Para aliviar las molestias, Pedro debía ponerse de pie y caminar, hecho que a veces provocaba que se quedara dormido de pie, medio apoyado en la cama. Su sueño duraba pocos segundos ya que, en el momento en que se quedaba dormido, se caía al suelo.
Esta enfermedad puede tener distintos grados de gravedad, según la persona y el momento del día y la noche. Puede iniciarse entre las siete y las ocho de la tarde y persistir hasta las tres y las cuatro de la madrugada.
Esta «inquietud en las piernas» hacía que Pedro sólo pudiera dormir de cuatro a siete de la mañana, la hora a la que debía levantarse para ir a trabajar. Llevaba soportando esa situación desde que tenía veinte años.
Cuando llegó a nuestra consulta, hace ya trece, no existía una medicación específica para tratar este síndrome.
Para lograr que pudiera descansar, le inducimos el sueño de forma artificial con anestesia durante cuatro horas. Por suerte, al poco tiempo apareció un agonista dopaminérgico con el que mejoró.
Insomnio por movimientos periódicos de las extremidades
Los mioclonus nocturnos o mioclonía, como se conoce médicamente esta alteración, se manifiestan con bruscas sacudidas en los músculos de las extremidades durante un período de uno a cinco segundos. Aparecen en forma de brotes a lo largo de la noche, y nos despiertan.
Estos continuos despertares estropean, cómo no, el descanso. Una vez más, nos levantamos agotados.
Si alguien se queja de múltiples despertares nocturnos, puede ser que padezca este síndrome. Aunque es más habitual en personas mayores que en jóvenes, si sospechamos que nuestro insomnio va en esta dirección, es mejor ir al médico. Los mioclonus nocturnos son muy frecuentes en casos de síndrome de piernas inquietas.
Otras alteraciones del sueño
Además del insomnio, hay otras alteraciones o trastornos del sueño que pueden aliviarse o curarse:
El síndrome de apnea obstructiva del sueño
Actualmente, afecta a un 5 por ciento de la población. Tras un ronquido intenso y entrecortado, dejamos de respirar unos segundos y nos despertamos de forma brusca.
Los despertares impiden que alcancemos el sueño profundo. La falta de sueño nos conduce, durante el día, a tener que luchar con la somnolencia.
Normalmente, el entorno familiar se burla de los ronquidos sin saber que pueden responder a un problema. La somnolencia diurna también es motivo de burla e incluso de problemas de trabajo.
En el círculo laboral, la persona con síndrome de apnea obstructiva del sueño acaba siendo tildada de apática, despistada e incluso perezosa. A la larga, la somnolencia diurna excesiva puede hacer que el rendimiento disminuya y que le llamen la atención.
Quienes reciben estas críticas suelen escudarse en la frase «es que hoy estoy muy cansado», «paso una mala racha en el trabajo»… Y aunque ellos pueden creer realmente que la causa de su estado anímico y de cansancio es ésa, tal vez se sentirían aliviados si supieran que tienen un problema respiratorio que pueden tratar.
Quienes sufren el síndrome de apnea obstructiva del sueño dejan de respirar momentáneamente de forma total (apnea) o parcial (hipoapnea), al menos cinco veces por hora. Sufrir esta clase de ceses en la respiración conlleva una falta de oxígeno en el organismo y un aumento de dióxido de carbono en la sangre que perjudican tanto a la circulación como al cerebro o al corazón.
Tienen más probabilidades de sufrir un accidente de tráfico, ya que pueden quedarse dormidos en cualquier momento mientras conducen.
Hay estudios que certifican que este síndrome es más frecuente en hombres que en mujeres y que, normalmente, quienes lo sufren tienen antecedentes familiares.
Si dudamos sobre si sufrimos este trastorno o no, un especialista nos hará una polisomnografía (el estudio de un sueño nocturno completo) para despejar inquietudes y proponer soluciones.
Asimismo, ciertas circunstancias pueden agravar el síndrome e implicar tratamientos diferentes:
- Causas mecánicas. Cuando el aire encuentra obstáculos a su paso por las vías respiratorias, como la desviación del tabique, un paladar caído y blando o unas amígdalas grandes en los niños. Una intervención quirúrgica puede solventar el problema. Entre las causas mecánicas también se encuentra la obesidad, ya que la acumulación de grasa en el abdomen y cuello puede dificultar el paso del aire por la faringe. Por eso, aconsejamos a las personas con este síndrome perder peso. El sobrepeso y la obesidad son las primeras causas del ronquido.
- Alteraciones craneofaciales o esqueléticas. Un maxilar inferior retraído o un cuello grueso y corto pueden impedir el paso del aire.
- Alteraciones neurológicas o musculares. Son poco frecuentes, pero hay enfermedades que modifican el tono de la musculatura del cuello, como la distrofia muscular, algunas miopatías (enfermedad degenerativa del sistema muscular) o la siringomielia (se manifiesta por una proliferación de cavidades llenas de líquido en la médula espinal).
- Alteraciones metabólicas. Por ejemplo, las de la glándula tiroides.
Cuando las causas que provocan o agravan la apnea del sueño son metabólicas, neurológicas o musculares es necesario seguir un tratamiento médico para tratar la enfermedad. Si el síndrome de apnea obstructiva persiste tras el tratamiento específico de esa dolencia, haremos más pruebas médicas.
En la mayoría de los casos utilizamos un equipo que se llama CPAP (del inglés Continuous Positive Airway Pressure), que introduce aire en la nariz a mayor presión que la ambiental. Este tratamiento no cura la enfermedad, pero la corrige. Es muy eficaz, aunque al principio resulta molesto.
Mientras, cuando los ronquidos y las apneas son leves, solemos pedirle al paciente que:
- Pierda peso (es fundamental para respirar bien).
- Suprima el alcohol de su dieta y costumbres.
- Evite dormir en la posición supina, es decir, boca arriba.
La narcolepsia
Es el ataque o la crisis de somnolencia en cualquier momento, un síndrome poco frecuente y de origen desconocido. El trastorno consiste en la entrada en la fase REM justo después del inicio del sueño o tras un despertar nocturno. Sería como quedarnos dormidos de repente.
Esta patología crónica afecta a entre dos y siete personas de cada diez mil, la mayoría hombres con una predisposición genética clara.
Se puede manifestar en la preadolescencia, aunque es más frecuente que los primeros síntomas se presenten entre los veinte y los treinta años.
Algunos estudios revelan que las alteraciones emocionales, como el estrés o un cambio de vida radical, pueden desencadenar los síntomas de este síndrome. Sin embargo, no se puede confirmar que exista una causa o circunstancia específica que pueda relacionarse con el inicio de la enfermedad.
Los síntomas fundamentales de la narcolepsia son la somnolencia diurna excesiva y la cataplejía, aunque a veces pueden aparecen alucinaciones y parálisis del sueño.
- Somnolencia diurna excesiva. Quien tiene narcolepsia siente la necesidad imperiosa de dormir unos minutos, sobre todo en circunstancias monótonas. Estos episodios pueden durar desde un minuto hasta una hora. Y la única manera que tienen de despejarse es dormir, aunque las personas de su alrededor se burlen de ellos, porque ignoran que tienen un trastorno. Los afectados tampoco saben qué les ocurre e intentan disimular y excusarse.
- Un ataque de cataplejía es la pérdida súbita
de tono muscular que se da durante el día y que suele
desencadenarse tras una emoción fuerte (miedo, risa, ansiedad,
cólera…). Estos ataques pueden durar entre unos segundos (lo más
habitual) y treinta minutos. Éste es el segundo síntoma de la
narcolepsia y suele aparecer tres o cuatro años después de los
impulsos de sueño.
Cuando la crisis es parcial, normalmente implica a los músculos cervicales y los de la cara, acompañados por una respiración irregular. Cuando un narcoléptico se emociona, su cara se «descompone» (sus músculos faciales pierden fuerza durante unos segundos) y le cuesta hablar durante ese instante.
Si el ataque afecta a la musculatura de tronco y brazos, una de las consecuencias será que no podrá moverse con precisión. Y si engloba a toda la musculatura, puede llegar a caerse al suelo y parecer dormido.
De hecho, si la crisis de cataplejía se prolonga, es posible que el narcoléptico haya entrado realmente en fase REM.
La parálisis del sueño y las alucinaciones son síntomas de la narcolepsia menos comunes, y suelen aparecer al inicio o al final del sueño.
Las personas que padecen una parálisis del sueño no pueden moverse, ni hablar, ni siquiera respirar profundamente, a pesar de estar despiertos. Estos episodios suelen durar unos segundos, aunque pueden alargarse algunos minutos. La parálisis puede combinarse con alucinaciones, pero, como ya hemos dicho, ambos síntomas son mucho menos frecuentes que la somnolencia y la cataplejía.
Es determinante visitar al especialista cuando se presentan algunos de estos signos.
El síndrome de privación del sueño
Se da en personas que, voluntaria o involuntariamente, duermen menos horas de las que el cuerpo necesita.
Entran en fase profunda de sueño en el momento en que se meten en la cama y no abren los ojos hasta que suena el despertador. Con todo, por muy rápido que se queden dormidos, duermen menos horas de las necesarias porque, normalmente, no se acuestan hasta altas horas de la noche.
De ahí que también les asalte una somnolencia excesiva diurna que hace que se queden dormidos en el autobús o en el metro por las mañanas, e incluso en el trabajo, si la actividad que realizan es exageradamente rutinaria.
Aunque a veces les urge cambiar de hábitos tras una mala experiencia al quedarse dormidos cuando no tocaba, creemos que deben acudir a un especialista para trabajar las pautas que deberán seguir para encauzar el síndrome.
El síndrome de fase retrasada del sueño
Es muy típico entre adolescentes y adultos jóvenes. Se manifiesta en una dificultad para dormirse temprano y, así, en problemas para despertarse pronto por la mañana. Hay un desajuste en el reloj biológico que hace que el ritmo circadiano se desplace, como resultado de un mal hábito adquirido.
Este trastorno repercute en la vida social y laboral porque levantarse se convertirá en una (molesta) hazaña.
Además, aunque lo logre, es probable que se quede dormido en plena jornada. Esta clase de trastornos provocan un bajo rendimiento y una mala imagen que pueden repercutir de forma negativa en su puesto laboral. Y en el instituto o en la universidad.
La cronoterapia o la luminoterapia son algunos de los métodos que solemos emplear para tratar este síndrome, así como administrar melatonina para conseguir un ritmo de sueño estable.
La cronoterapia consiste en ir retrasando la hora de ir a dormir hasta conseguir el horario deseado y así sincronizar el reloj interno con el externo.
La luminoterapia, en estar expuestos a una luz brillante durante una o dos horas después de despertar.
El síndrome de fase avanzada del sueño
Unos se acuestan tarde y otros se despiertan demasiado pronto. Aunque puede ser síntoma de algún trastorno psicológico, como la depresión, hay quien que se ha acostumbrado a acostarse pronto y a levantarse pronto.
Este trastorno puede confundirse con el insomnio, pero no es que durmamos pocas horas, sino que dormimos las necesarias pero de forma ajena al resto del mundo. Por eso, es importante ajustar el reloj del sueño. Es habitual en los mayores de sesenta y cinco años.
Para prevenir algunos de los síndromes que hemos explicado, lo mejor es mantener un horario regular al acostarse y despertarse, incluso los fines de semana, para que el cuerpo tenga ese hábito aprendido y no se desfase.
Si la causa de este comportamiento es la depresión, ya sabemos que una terapia atacará a la raíz del problema.