Monográfico.
Superar la ansiedad

Con la colaboración de Montserrat Domènech,
psicóloga y pedagoga

En nuestra consulta de la Clínica del Sueño, para tratar los problemas de ansiedad empezamos por escuchar el caso del paciente que llega preocupado porque no logra dormir.

Casi nadie relaciona de manera directa con el insomnio el hecho de tener o haber tenido problemas durante el día. Los profesionales explicamos, pues, que el problema del sueño se debe básicamente a algún cambio que el paciente debe de haber sufrido en su vida. Tiene que haber sucedido algo que haya propiciado la dificultad para dormir bien.

En cuanto elaboramos el historial del paciente, efectivamente nos damos cuenta de que existen factores externos que condicionan el estado emocional de la persona y que son los que desatan la ansiedad.

Lo primero que hay que plantearse es la importancia que les damos a los diferentes factores que componen nuestra vida. Mucha gente no se ha preguntado nunca si le da importancia al hecho de tener familia, salud, aficiones… Para muchos lo realmente importante es el buen funcionamiento de su empresa, y si ésta no va bien, ellos, automáticamente, se hunden con ella.

Cuando estamos demasiado centrados en el trabajo, nos beneficiamos muy poco o nada del contacto con nuestros hijos, pareja o la familia en general.

Nuestro tratamiento consiste en preparar a la persona para cambiar su vida según la importancia que dé a los diferentes ámbitos que le interesan.

Reforzar la inteligencia emocional

Empezamos enfocando el problema desde la inteligencia emocional del paciente. Además de ser competitivo en el trabajo, debe tener muy claro que no logrará ser feliz sólo gozando de esa inteligencia cognitiva.

Existen inteligencias múltiples, y hay que saber desarrollar en este caso la emocional, que viene definida por unas habilidades que nos facilitan identificar qué es lo que nos sucede por dentro.

Cuando reconocemos las cosas que nos suceden y que forman parte de nosotros, tenemos que identificar cuáles son buenas y cuáles son malas, cuáles nos alegran y cuáles nos amargan la vida. Las negativas son las que hay que modificar mediante la compensación de los aspectos positivos: «Esto me está fallando pero tengo esto otro que me va bien y me da soporte emocional».

Cuando cultivamos la inteligencia emocional, reconociendo nuestras emociones y las de los demás, nos resulta mucho más sencillo afrontar los problemas.

Ésta es la base de la inteligencia emocional: identificar, conocer el origen de los problemas, saber por qué aparecen y modificar los aspectos negativos, apoyándonos en los positivos y mejorando nuestra comunicación. Si sabemos comunicar nuestras preocupaciones a los demás, reduciremos nuestra carga y nos sentiremos mucho más aliviados. Las preocupaciones compartidas son más ligeras de sobrellevar.

Guiarnos por objetivos

Mediante un esquema, explico a mis pacientes que en la vida, tengamos la edad que tengamos, siempre nos guiamos por objetivos: «Me gustaría hacer esto o esto otro, me gustaría ir al gimnasio, me gustaría poder leer más o pasar más tiempo con mis hijos, etc.».

Por lo tanto hay que fijar bien estos objetivos para tratar de cumplirlos. A estos objetivos los llamo «sueños», y para llegar a ellos hay que seguir un recorrido que para algunos será más largo que para otros.

Este proceso podemos llevarlo a cabo si tenemos muy claras nuestras cualidades. Las personas nerviosas o inquietas tendrán que controlar más aspectos de su forma de ser; las que son tranquilas poseen naturalmente mayor control sobre sus emociones.

Es importante reconocer si somos afectuosos, nerviosos, introvertidos, simpáticos para los demás… Si indagamos en nuestro interior, veremos que tenemos cualidades suficientes para superar nuestros problemas y la ansiedad que nos traen. Desde el punto de vista emocional, este enfoque es básico para empezar a enfrentarnos a las dificultades.

Los condicionantes externos

Siempre hay que contar con la existencia de elementos externos que son los condicionantes que la vida nos presenta a lo largo del camino. Los seis básicos son:

  • La salud.
  • La familia (incluye la pareja).
  • Los amigos.
  • El trabajo.
  • Las aficiones.
  • El confort material.

Estos condicionantes pueden entorpecernos el camino o afectarnos de manera que lograr nuestro objetivo nos resulte un poco más difícil. Es muy importante tener control sobre estos factores externos, y para ello debemos valorar qué es lo que cada uno de ellos nos proporciona. Debemos quedarnos con los positivos y poner distancia con respecto a los negativos.

«Poner distancia» significa no permitir que estos condicionantes negativos nos preocupen hasta el punto de que no podamos continuar con nuestro proceso personal. Hay que saber enfocar lo positivo para beneficiarnos de todo lo bueno que podamos obtener de ello. Un recurso muy efectivo sería llamar a un amigo para contarle nuestros problemas, compartir lo que nos preocupa con la familia, la pareja…

Conocerse mejor

Cuando identificamos una crisis de ansiedad que no nos permite dormir, debemos aceptar que hemos perdido de vista todos los demás factores positivos de nuestra vida.

Hemos centrado nuestro pensamiento en lo problemático y negativo, y ha desaparecido de nuestras prioridades todo lo demás, que seguro que es positivo y satisfactorio.

Eso es una falta de autoconocimiento. Cuando pregunto a mis pacientes cómo se definirían a sí mismos, suelen responder que nunca antes se lo habían planteado y tienen serios problemas en reconocerse mediante una descripción personal.

Éste es un defecto muy común: nos cuesta mucho dirigir la mirada hacia nosotros mismos. Sin embargo, hacer este análisis es importante para conocer nuestros puntos fuertes.

Uno de los grandes problemas de muchas personas es que se ven a sí mismas a través de los ojos de los demás. De algún modo, las personas cercanas funcionan como espejo, y se guían por un deseo inconsciente de satisfacer a su entorno.

Desmarcarse de la adicción a la opinión ajena puede ser difícil. No estamos acostumbrados a tomar el control de nuestra vida, más allá de comparaciones y expectativas externas. Pero es tan posible como gratificante.

La vida no es un drama

¿Y qué pasa con los que, cuando las cosas van mal, prefieren aislarse en su casa y no ver a nadie hasta que pase el mal rato? La primera característica de una persona depresiva es el bloqueo emocional, no querer hablar con nadie, no salir de casa, cuando en realidad sería la mejor terapia para solucionar el malestar interior, y sin medicación.

Partamos de la idea de que la vida no es un drama. Muchos problemas son irreversibles, pero hay que aprender a superarlos y a tomarse el tiempo necesario para entenderlos y reinventarnos.

Desde el punto de vista de la inteligencia emocional, cuando nos enfrentamos a una dificultad tenemos que controlar nuestras emociones. Llorar, por ejemplo, acostumbra a ser bueno y necesario, pero no significa que debamos llorar todos los días, pues mediante el llanto sólo estaríamos reforzando la negatividad del sentimiento, sin librarnos de él.

Llorar, reír, gritar es bueno cuando no nos descontrola. Hay que saber encontrar la justa medida a todo y contener aquellas emociones que nos arrastran fuera de nuestro centro.

Poner a dormir los problemas

Cuando nos acostamos, solemos pasar lista a todo lo que nos ha pasado durante el día. Eso puede angustiarnos, ya que la noche magnifica los problemas por pequeños que sean. Justamente en estos momentos el control emocional es vital.

Pensar mucho en las cosas de la jornada no nos deja relajarnos. Poner la mente en blanco es a la práctica casi imposible, pero lo que sí podemos hacer, como la gente que medita, es ralentizar el ritmo de nuestros pensamientos, y no acelerarlos o revolucionarlos.

Si pasamos un mal día y no podemos dormir bien por la noche, muy posiblemente el día siguiente no será mejor.

Existen muchos más casos de insomnio por problemas psicológicos que por cuestiones fisiológicas. Las piernas inquietas, los ronquidos, los dolores corporales, son causa de insomnio, pero es mucho más determinante la mala gestión y canalización mental del día a día.

Éste es un factor que sorprende mucho a los pacientes cuando, una vez analizado su caso, descubren que son ellos mismos, mediante sus pensamientos, los que deben gestionarlo para descansar.