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ANALOGÍAS
Para reestructurar un modelo, para tener una visión distinta de una situación, para concebir ideas creativas, para todo ello se requiere un punto de partida, lo cual implica la previa concepción de alguna idea que permita conferir al pensamiento una dirección nueva. En este sentido, los dos problemas del pensamiento lateral son:
• Concebir alguna idea que sirva de base a una o varias secuencias de ideas.
• Escapar al encadenamiento habitual de las ideas dictado por los enfoques invariables de los modelos arquetípicos.
Las diversas técnicas descritas hasta aquí tienen como fin la puesta en marcha del proceso del pensamiento lateral, el inicio de secuencias de ideas al margen de los procesos lógicos y del juicio crítico. El uso de analogías es una técnica más en esa misma dirección.
Analogía es la relación de semejanza entre dos o más cosas. Aquí es, además, un proceso del pensamiento fundamentado en la existencia de casos paralelos. Para que las analogías sean útiles es preciso elegir como término analógico una situación que sea bien conocida para su uso como punto de referencia. Es esencial que el término utilizado posea existencia propia y que se caracterice por poseer múltiples procesos y relaciones.
La analogía no tiene por qué ser necesariamente larga y compleja. Una simple actividad puede usarse para ilustrar los caracteres de otra. Coleccionar mariposas es una afición específica, pero no obstante puede generalizarse a muchas otras cosas (por ejemplo: escasez, oferta y demanda; información y procedimientos de investigación; belleza y fealdad; utilización de la naturaleza en beneficio propio; clasificación, etc.).
Pueden usarse analogías para acelerar el flujo de ideas. El problema objeto de estudio se relaciona con la analogía y luego se desarrolla ésta siguiendo su curso normal. En cada fase del desarrollo se la transfiere otra vez al problema original. De esta manera la analogía sirve de vehículo al problema, que puede someterse a diversos procesos. En matemática las magnitudes se representan por símbolos y éstos se someten a todo tipo de operaciones. Se olvida incluso el significado real de los símbolos, pero al final éstos se convierten otra vez en magnitudes y pueden calcularse numéricamente.
De igual manera pueden usarse analogías en el proceso del pensamiento lateral. El problema real puede representarse por una analogía y luego se desarrolla ésta. Al final se la traduce de nuevo en el problema original. También pueden desarrollarse ambos paralelamente.
Por ejemplo, es posible usar la analogía de una bola de nieve que se desliza por una cuesta para investigar la difusión de rumores. A medida que rueda la bola de nieve por la pendiente, aumenta su volumen. (A medida que un rumor se extiende, aumenta también su difusión.) Mas, para que la bola aumente de tamaño, es preciso que ruede sobre nieve. A este respecto no se sabe exactamente si el tamaño de la bola de nieve se refiere al número de personas que conocen el rumor o a la fuerza del rumor, es decir su credibilidad. ¿Corresponde la nieve del suelo a la gente a quien puede llegar el rumor o a la gente predispuesta a creerlo? En este punto hay que considerar nuevamente el problema para ver sus propias implicaciones. Una gran bola de nieve —quizás una avalancha— puede ser muy destructiva, pero si uno es precavido puede apartarse a tiempo. (Un rumor puede ser también destructivo, pero ¿es posible librarse de sus efectos si se es precavido? ¿Debería uno intentar escapar, detenerlo o desviar su curso?) Este uso de las analogías es muy distinto del que lleva a cabo la lógica formal. En la argumentación de la lógica formal se supone que el hecho de que algo suceda de determinada manera en la analogía, significa que ocurre lo mismo en la situación real. El uso de analogías en el pensamiento lateral es completamente diferente. Como con otras técnicas, no se intenta demostrar nada. Las analogías se usan simplemente como estímulo de las ideas, para facilitar su concatenación y su fluidez.
Selección de analogías
A primera vista podría creerse que sólo el uso de analogías cuidadosamente elegidas es efectivo. No es así. La analogía no requiere un constante paralelismo. A veces es incluso preferible que no coincida, porque esa divergencia puede requerir un esfuerzo para relacionar la analogía con el problema que interesa, esfuerzo que puede dar lugar a un nuevo enfoque. La analogía es, pues, un instrumento para obtener una nueva visión de un problema.
En general, las analogías han de basarse en situaciones muy concretas y con las cuales se está familiarizado. Dichas situaciones no requieren poseer un gran número de procesos, funciones o relaciones, ya que éstos pueden encontrarse en el seno de la analogía mediante el adecuado esfuerzo. Sin embargo, es preciso que haya una acción y acontecimientos que se presten a diferentes desenlaces. No deben pertenecer necesariamente a la vida real. El tema de un relato es perfectamente adecuado, a condición de que sea claramente definido.
Por ejemplo, podría usarse una analogía para poner de relieve las limitaciones del pensamiento vertical o lógico y la actitud que debería adoptarse ante ellas. Con este fin puede utilizarse el relato de cómo en la selva se capturaba a los monos con vasijas llenas de cacahuetes empotradas en el suelo. Las vasijas tenían la boca estrecha, pero era suficiente para que el mono introdujera la mano y cogiera los cacahuetes; sin embargo, su amplitud no permitía que retirase la mano cerrada cuando había cogido un puñado de cacahuetes. El mono no quería soltar los frutos y en consecuencia era capturado. De manera análoga, en el pensamiento vertical se insiste en emplear el enfoque lógico de los problemas para intentar su solución, porque dicho procedimiento se ha revelado como el más eficaz en el pasado. Cuando ha encontrado este enfoque lógico no lo abandona, se adhiere a él y no lo suelta. En nuestra analogía, ¿qué debería hacer el mono? ¿Renunciar a explorar la vasija? Ello equivaldría, en nuestro caso, a renunciar a explorar nuevas ideas, nuevas soluciones. ¿Debería decidir que los cacahuetes no eran cosa deseable y prescindir de ellos en el futuro? Sería a todas luces poco inteligente; sería negar el valor de algo importante sólo porque en alguna ocasión implica el riesgo de impedir una solución mejor. ¿Sería mejor que el mono no hubiera advertido la presencia de la vasija? No hay duda de que en su descubrimiento hay un bien potencial. No comportaba dificultades el simple hecho de descubrir la vasija; el mono podía incluso intentar coger los cacahuetes, pero soltarlos al ver que le aprisionaban y buscar otra forma de cogerlos, quizás excavar un hoyo en derredor de la vasija, sacar ésta y vaciarla. De igual manera, el peligro del pensamiento no reside en las limitaciones de las soluciones obvias, sino en no reconocer el peligro de quedar aprisionado por ellas. No es, claro está, cuestión de prescindir del pensamiento vertical, sino de tener conciencia de la necesidad, en ocasiones, de escapar al enfoque más evidente de un problema.
Práctica
1. Demostración
Para que los estudiantes comprendan la técnica de la analogía y desarrollen su práctica puede elegirse un problema dado y una situación que sirva de analogía. Se desarrolla la analogía y se relaciona con el problema en sus diferentes fases. El paralelismo entre ambos procesos puede ilustrarse en la pizarra. Si los estudiantes sugieren otras analogías, éstas pueden aceptarse, pero es preferible no pedirles que traten de encontrarlas.
2. Relación de una analogía con el problema
Se define un problema. El enseñante desarrolla la analogía en la pizarra y pide a los alumnos que traten de ver qué aspectos de la misma pueden asimilarse al problema.
3. Esfuerzo individual
Se desarrolla otra analogía, y esta vez cada alumno escribe en una hoja de papel las formas en que puede relacionarla con el problema. Al final se recogen los resultados y se comentan. El comentario puede incluir los siguientes aspectos:
(1) Los diferentes modos en que la analogía se relacionó al problema.
(2) Consistencia o falta de consistencia del desarrollo de la analogía (es decir, si una característica de la analogía corresponde siempre a la misma característica del problema o si existen cambios). La consistencia no es un requisito obligado.
(3) La profusión de ideas con que se desarrolló la analogía y el grado en que las mismas se asimilaron al problema.
4. Funciones, procesos y relaciones
El enseñante desarrolla una analogía en términos concretos y los estudiantes repiten la analogía empleando términos generales de relaciones, procesos y funciones, en lugar de los términos concretos originales. Es un ejercicio de abstracción.
Para este tipo de abstracción pueden usarse analogías tales como:
Tomar un baño.
Freír patatas.
Enviar una carta.
Intentar desenredar un rollo de cordel revuelto.
Aprender a nadar.
5. Selección de analogías
Se da una lista de problemas a los estudiantes para que busquen analogías que puedan aplicarse a cada problema. Los estudiantes que exponen alguna analogía han de desarrollarla brevemente para ilustrar la relación entre el problema y la situación con que se compara. A este fin pueden utilizarse problemas tales como:
Diseño de una máquina para dar cambio.
Cómo simplificar las compras.
Mejores vestidos.
Cómo asegurar el suministro de agua en las ciudades.
Qué hacer con los coches inservibles.
6. Problema tipo
Se da un problema único a todos los estudiantes y cada uno desarrolla su propia analogía, relacionándola con el problema en sus distintas fases. Al final se recogen los resultados y se efectúa el comentario pertinente. Se pueden comparar en el comentario los diversos tipos de analogías elegidas. Se pueden comparar también los distintos aspectos que se han puesto de relieve en las diversas analogías. A veces, se llega a una misma idea por diferentes derroteros.
7. Un mismo problema, diferentes analogías
Se da el mismo problema a todos los estudiantes, pero se les asignan diferentes analogías. Este ejercicio puede hacerse en grupos. Se forman los grupos ya cada uno se adjudica un mismo problema, pero una analogía diferente. Al final, el portavoz de cada grupo (equivalente al anotador en las sesiones dé imaginación creadora) indica brevemente cómo el grupo ha relacionado la analogía con el problema.
Problema sugerido:
Cómo orientarse en la niebla.
Analogías sugeridas:
Un miope intentando orientarse.
Un viajero en país extranjero intentando encontrar la estación ferroviaria. Búsqueda de algo que se ha perdido en el hogar (por ejemplo: un ovillo). Tratar de solucionar un crucigrama.
8. Una misma analogía, diferentes problemas
Este ejercicio puede hacerse de la misma manera que el anterior, es decir, dividiendo la clase en grupos, o bien sobre una base individual. Se asignan varios problemas y una sola analogía. Luego se comparan los resultados para ver hasta qué punto la analogía se ha adaptado a los problemas.
Analogía sugerida:
Intentando poner un coche en marcha una fría mañana de invierno.
Problemas sugeridos:
Cómo solucionar un difícil problema matemático. Rescate de un gato de una cornisa situada muy alto. Pesca.
Compra de entradas para un partido de fútbol.
Resumen
Las analogías constituyen un vehículo para conferir nuevos enfoques a un problema en vez de confiar meramente en una inspiración espontánea. Al igual que con otras técnicas del pensamiento lateral, se empiezan a desarrollar las ideas sin saber adónde conducirán. Sólo después se valoran los resultados. No se trata de demostrar nada, sino de proporcionar un estímulo a la mente. Las analogías permiten el desarrollo de funciones, procesos y relaciones que luego se trasladan al problema para intentar su reestructuración.