CAPÍTULO III
SABUESO Y LOS MICROBIOS
Una vez Sabueso y yo regresamos a casa con mucha hambre después de jugar. Yo quería comer algo y entré volando en la cocina, pero mamá me detuvo y me preguntó:
—¿Ya te lavaste las manos?
—Más tarde me las lavo —le respondí.
—Más tarde, no. ¡Lávatelas ya!
—Quiero comer algo, mamá. Tengo un hambre terrible.
—¡Está biens, pero primero te lavas las manos!
—¡Siempre tengo que lavarme las manos!
—Claro que tienes que lavarte las manos porque están llenas de microbios.
—¿Qué son mi-cro-bios?
—Son pequeños animalitos que viven en la mugre.
—¿De veras?
—Son tan pequeños que no los puedes ver a simple vista. Te pueden causar enfermedades e incluso la muerte. ¿Pretendes comer con esas manos llenas de mugre?
—No están llenas de mugre —dije, pero fui a lavarme las manos. El agua que caía de ellas era grisácea. Seguro que en ella nadaban muchos de los pequeños y peligrosos animalitos que transmiten enfermedades. Qué lástima no poder verlos. ¿A qué se podrían parecer? ¿A los perros, a los pescados, a los gusanos?
Quería preguntarle a mamá a qué se parecían esos animalitos, cuando de pronto golpearon a la puerta. Era la vecina y mamá se fue con ella.
Si los microbios eran tan pequeños, seguro que podía verlos con un lente de aumento. Nosotros tenemos uno, así que empecé a buscarlo. En ese momento vino Clara y me preguntó:
—¿Qué estás buscando?
—El lente de aumento —le respondí.
—¿Y para qué lo necesitas?
—Para mirar los microbios. ¿Ya te lavaste las manos?
—No.
—Entonces no te las laves. Ahora las tienes llenas de microbios, que son unos animalitos muy pequeños, y yo los quiero ver con el lente de aumento. ¿Sabías lo de los microbios?
—Sí —dijo Clara—, eso lo sé hace mucho tiempo. Por eso hay que lavarse las manos antes de comer, para no enfermarse.
Clara se lavó las manos, lo cual me pareció muy descortés de su parte. De pronto vi a Sabueso comiendo de su plato con las patas sucias.
—¡Clara! —grité aterrorizado.
—¿Qué pasa?
—¡Mira a Sabueso! ¡Mira sus patas!
—¿Para qué?
—Las debe tener llenas de esos microbios porque nunca se las lava.
—Cierto —dijo Clara—. Nunca se las lava.
—Anda con las patas sucias por todas partes y puede transmitirnos sus microbios. ¿Qué hacemos?
—Muy sencillo —dijo Clara—. Tenemos que enseñarle a que se lave las patas. Es un milagro que no se haya enfermado antes.
Nos lanzamos sobre Sabueso para atraparlo. Él trató de salir corriendo despavorido, pero fue demasiado tarde. Lo agarramos y lo arrastramos hasta el baño, donde Clara empezó a lavarle las patas. El agua salió negra.
—¡Mira qué sucio estás! —le dijimos.
—Tus patas están llenas de microbios —le explicó Clara.
—¡Te has podido morir! —dije yo.
Luego le ordenamos:
—A partir de hoy deberás lavarte las patas siempre que vengas de afuera. ¿Entendiste?
Sin embargo, Sabueso no entendió nada y aprovechando un instante en que no lo estábamos sujetando bien, se escapó de un salto con las patas mojadas y llenas de espuma de jabón. Corrió hacia la sala dejando atrás una estela de agua.
Yo y Clara corrimos detrás de él para atraparlo, y en ésas nos sorprendió mamá. Por eso no pudimos enseñarle a Sabueso a lavarse las patas. Sigue con las patas sucias y llenas de microbios. ¡Es un milagro que todavía siga con vida!