Si el viajero dispone de un fin de semana largo, debe aprovechar para escaparse al campo y disfrutar de las maravillas naturales situadas en las cercanías de la capital. Es fácil visitar varios puntos de interés, incluido el Círculo Dorado, realizar desvíos interesantes, y todavía contar con tiempo para gozar del singular encanto de Reikiavik.
Tras aterrizar en el aeropuerto internacional de Keflavík se va a la Laguna Azul a recuperarse del jet lag en sus increíbles aguas y barros de sílice. Después se pasea por las tierras humeantes de la península de Reykjanes cerca de Valahnúkur o Krýsuvík y se toma la carretera de la costa para ir a comer pescado en Eyrarbakki o Stokkseyri. Alojarse cerca de Hella o Hvolsvöllur permite salir a montar a caballo por el valle de Fljótshlíð, lleno de cascadas, o ver la aurora boreal (los meses más fríos). Los viajeros más activos disfrutarán con la gran ruta de Fimmvörðuháls desde Skógar por la cresta entre dos campos de hielo (y lugar de la erupción del Eyjafjallajökull en el 2010) que baja hasta Þórsmörk, un valle boscoso con flores silvestres árticas. Otras opciones son un circuito super-Jeep o tomar un autobús anfibio a Þórsmörk y realizar excursiones de un día por el valle. Si se va justo de tiempo, se puede recorrer la lengua del glaciar Sólheimajökull.
De regreso al oeste se visita el amplio valle volcánico de Þjorsardalur, con vistas dispares, incluida una granja de la época de la colonización del país, cascadas ocultas y las laderas del volcán Hekla; o las cascadas de Gullfoss, el potente Geysir que dió nombre al resto de géiseres, y la fosa tectónica y la sede el antiguo parlamento en el Parque Nacional de Þingvellir; se trata de la clásica ruta del Círculo Dorado. La escapada culmina con una noche en Reikiavik, con sus tiendas modernas, museos y galerías interesantes, restaurantes suculentos, bares animados y circuitos de observación de ballenas desde el Puerto Viejo.