2. La Atlántida
¿Una cultura desaparecida o solo una buena historia?
La legendaria isla de la Atlántida ha sido objeto de búsqueda desde hace más de dos mil cuatrocientos años. A mediados del siglo IV a. C., Platón divulgó una de las leyendas más exitosas al describir en dos de sus diálogos la «civilización caída» que habría sido asignada a Poseidón hacía más de nueve mil años, por sorteo, cuando los dioses se repartieron el mundo… un proceder bastante irrespetuoso para con este lugar paradisíaco, podría decirse. Allí, Poseidón se enamoró de la ninfa Clito, y el hijo de ambos, Atlas, fundó el pueblo de los atlantes. A ningún otro pueblo le iba mejor que al de esta isla extremadamente bella, rica y fértil. En agradecimiento, sus habitantes la cultivaron y acondicionaron magníficamente: con los jardines más hermosos, los palacios más lujosos y los canales más sofisticados. Pero este agradecimiento llegó a su fin en algún momento, pues los atlantes se volvieron orgullosos, arrogantes y perdieron la mesura. Esto los llevó a querer dominar el mundo. Y en el camino para alcanzar esta meta, los cada vez más poderosos y desalmados atlantes se vieron enfrentados a la mucho más pequeña y débil, pero virtuosa, Atenas, que los derrotó. Pese a esta derrota, Zeus castigó sin compasión la presunción de los atlantes: un fuerte maremoto asoló la isla, que desapareció para siempre en veinticuatro horas.
Desde entonces se han buscado toda clase de explicaciones para otorgar un fundamento histórico a la descripción de Platón. ¿Se referiría a la desaparecida cultura minoica de Creta? ¿Acaso hubo un violento tsunami, tras una erupción volcánica, que devastó la gran isla al sur de Grecia y destruyó todo rastro de vida? Pero la indicación geográfica de Platón de que la isla se encontraba más allá de las Columnas de Hércules, es decir, Gibraltar, lo contradice, por lo que queda descartada una localización en el Mediterráneo. Por esa misma razón, tampoco es verosímil situarla en Santorini, la cual adquirió su forma actual por una trágica erupción volcánica que la afectó seriamente. La explicación sugiere entonces que la Atlántida se encontraría donde actualmente está el Atlántico. De hecho, Europa y América formaban antes un único continente, pero eso fue muchísimo antes de lo que podía a barcar la memoria de la Antigüedad. Otras propuestas suponen que detrás de la Atlántida estarían las Canarias, Heligoland, la Antártida o Irlanda… y la lista no se acaba ahí. En todo el mundo, los aficionados a la Atlántida han rastreado indicios para documentar su propuesta de localización del continente mítico.
El encanto del continente desaparecido sigue surtiendo efecto, pues el último congreso sobre la Atlántida tuvo lugar en el año 2005. En la isla de Milos, investigadores del mundo entero discutieron una buena cantidad de explicaciones, unas más serias que otras, acerca del emplazamiento de la civilización desaparecida. Hubo sobre todo tres teorías que dominaron la discusión: según una, la Atlántida podría identificarse con Troya; según otra, podría tratarse de una civilización hundida en el mar Negro, destruida por la inundación de esta cuenca en el siglo VII a. C.; según la tercera, podría identificarse con la isla Spartel, frente a Gibraltar, la cual quedó sumergida por la subida del nivel del Mediterráneo tras la última glaciación. Todas estas teorías tienen argumentos en su contra, así como es de suponer que se alzarán objeciones serias en contra de cualquier hipótesis futura.
En todo caso, la tenacidad con que los investigadores aficionados buscan la Atlántida deja indiferente a la mayoría de los científicos, partidarios de una larga tradición que, desde la Antigüedad, sospechó de la veracidad de esta leyenda. La mayoría de los científicos contemporáneos opinan que la búsqueda de la Atlántida no tiene sentido porque el continente sumergido descrito por Platón de forma tan atractiva nunca existió. Antes bien, lo que el antiguo filósofo pretendía con la historia de la cultura condenada a desaparecer por su arrogancia era plasmar una alegoría o una advertencia. En general, las explicaciones de la leyenda suelen insertarse en reflexiones político-filosóficas, lo cual sugiere la conclusión de que la Atlántida era una parábola para explicar las razones teóricas del Estado ideal. Bien puede que la intención de Platón fuera más concreta y que quisiera ilustrar el peligro que corría su patria Atenas con un contraejemplo: todo lo que sube puede caer, como la Atlántida. No obstante, estas explicaciones también tienen sus objetores, puesto que no todos los científicos ven a Platón como el creador del mito de la Atlántida: algunos sospechan que éste utilizó una leyenda egipcia aún más antigua.