3.

DE LUCY A HOMO

Hemos dicho que hace unos seis millones de años tuvo lugar un episodio clave en la evolución humana. ¿Qué pasó exactamente?

—En ese momento es cuando vive el último antepasado común de humanos, gorilas y chimpancés. Es el momento en que el árbol de la evolución de los primates se bifurca en tres ramas, una de las cuales conduce, seis millones de años más tarde, a nuestra especie. Esta bifurcación se debe a un cambio brutal en el clima de la Tierra que, entre otras cosas, seca el Mediterráneo y destruye gran parte de la selva africana. Eso hace que distintos grupos de un antepasado nuestro que entonces vivía en África queden aislados unos de otros y evolucionen hacia especies diferentes.

¿Quién es este ancestro nuestro que vivió hace seis millones de años?

—No lo sabemos, es el eslabón perdido más importante que queda por descubrir. Se sospecha que debía ser un animal básicamente arborícola, pero no hay ningún animal actual que se le parezca y no se ha podido hacer un retrato fiable.

La creencia de que los humanos venimos de un mono parecido al chimpancé, ¿es errónea?

—Venimos de un mono, pero no como el chimpancé. La clásica historia del chimpancé que se pone de pie y se convierte en humano es errónea. Por un motivo muy sencillo. El chimpancé es un animal que pasa la mayor parte de su vida en el suelo, mientras que nuestro ancestro de hace seis millones de años vivía en los árboles. Así que la historia se tendría que rescribir partiendo de un mono colgado de una rama que saltó al suelo y cayó sobre las dos piernas.

Y el gorila, ¿qué lugar ocupa?

—El gorila es un chimpancé de tamaño enorme. Al igual que el chimpancé, bajó del árbol y cayó sobre cuatro patas, pero después creció mucho más, seguramente para evitar ser cazado. Hay muy pocos depredadores que ataquen a un gorila, igual que hay muy pocos que ataquen a un elefante o a una ballena. Para eso sirve ser grande en la selva, para no ser comido.

Si no se conoce el eslabón perdido que vivió hace seis millones de años, ¿cuál es el homínido más antiguo que se conoce?

—Ni siquiera eso está claro; existe una gran controversia sobre este tema. El candidato más antiguo es un mono vegetariano de hace 4'4 millones de años que se llama Ardipithecus ramidum. Fue descubierto en Etiopía a principios de los años noventa y actualmente está siendo estudiado por Tim White, uno de los paleontólogos más prestigiosos del mundo, que ha anunciado que publicará sus conclusiones en el 2001. Pero por ahora no está claro en qué rama del árbol de la evolución de los primates se encuentra el Ardipithecus, si en la de los humanos o en otra.

Entonces, ¿cuál es el homínido más antiguo confirmado?

—Es un australopiteco de hace cuatro millones de años que pertenece a la especie Australopithecus anamensis y que ya ha hecho una adquisición decisiva para el destino de la humanidad: anda sobre dos piernas de un modo muy parecido a nosotros.

¿Qué es exactamente un australopiteco?

—Los australopitecos son un género, o sea un conjunto de especies estrechamente emparentadas entre ellas, que vivieron en África desde hace unos cuatro millones de años hasta hace un millón y medio de años. El más conocido de todos ellos es la famosa Lucy, una hembra encontrada en los años setenta en Etiopía que probablemente murió devorada por un cocodrilo. Por lo que sabemos hasta ahora, los australopitecos son los fundadores del linaje humano. Lo que ellos aprendieron, sobre todo el hecho de andar sobre dos piernas, es lo que ha permitido luego el desarrollo de las especies del género Homo, al cual pertenecemos nosotros.

¿Qué tiene de especial andar sobre dos piernas para haber sido tan decisivo en la historia de la humanidad?

—La invención del bipedismo es el cambio básico que ha desencadenado toda la historia humana. De entrada, el bipedismo deja las manos libres para recoger y transportar alimentos. Además, tener las manos libres es lo que permite usar utensilios y fabricarlos. Muchos científicos creen, por otro lado, que el cerebro de los humanos ha podido crecer gracias al bipedismo, porque nosotros tenemos la cabeza perfectamente equilibrada sobre el eje del cuerpo; en cambio, si a un animal cuadrúpedo le triplicas el tamaño del cerebro, como ha ocurrido a lo largo de la evolución de los homínidos, le puedes desequilibrar. Y en cualquier caso, tener las manos libres y tener utensilios es lo que hace que los humanos empiecen a cazar, que es otro cambio crucial, porque permite incorporar grandes cantidades de proteínas a su dieta, de modo que las hembras ingieren la materia prima necesaria para gestar bebés con cerebros grandes.

De todos modos, todas estas consecuencias del bipedismo son a largo plazo. Pero la evolución no invierte a largo plazo, sino que cada día hace una selección de los animales que sobreviven. Si los homínidos empezaron a andar sobre dos piernas, significa que de algún modo el bipedismo aumentaba la probabilidad de llegar vivo al final del día.

—Es cierto. Correr con dos piernas es más lento que correr con cuatro, de modo que es más difícil cazar y más fácil ser cazado. A simple vista, parece una mala idea. Pero para entender el origen del bipedismo no debemos fijarnos sólo en las piernas sino en las manos. La pregunta correcta no es «¿qué ventaja tiene andar sobre dos piernas?» sino «¿qué ventaja tiene tener dos manos?». Y la respuesta nos la da un primate de hace nueve millones de años encontrado en Italia, el oreopiteco.

¿Quién era el oreopiteco?

—El oreopiteco es simplemente un descendiente del driopiteco, es decir, de la especie que encontramos en Can Llobateres y de la que hemos hablado en el capítulo 2. Su nombre científico es Oreopithecus bambolii. Quedó aislado en una isla del Mediterráneo que se separó del continente hace nueve millones de años, y allí, sin depredadores que lo amenazaran, bajó de los árboles y empezó a andar sobre dos piernas. Luego, cuando el Mediterráneo se secó hace seis millones de años y la isla volvió a quedar unida al continente, entraron los depredadores y se extinguió. Se trata del primate bípedo más antiguo que se conoce. Lo más interesante es que tenía la mano muy parecida a los australopitecos que aparecieron en África cinco millones de años más tarde, pero el pie distinto. Y si el bipedismo ha aparecido dos veces de modo independiente, y la mano ha evolucionado de la misma manera en ambos casos pero el pie lo ha hecho de manera distinta, eso indica que la mano tiene un papel determinante en el origen del bipedismo.

¿Cómo son las manos del oreopiteco y las de los primeros australopitecos?

—De entrada, no tenían una mano tan larga como la que tienen hoy en día chimpancés y orangutanes, sino que la tenían corta como la nuestra. Por lo tanto, no eran manos hechas para ir por los árboles. Por otro lado, tenían el pulgar muy largo, tanto como el resto de los dedos. Y un detalle muy importante: podían flexionar la articulación distal del pulgar, es decir, la que está más cerca de la uña. Esto que parece tan banal, el gesto de encender un mechero, no puede hacerlo ningún primate actual a excepción del hombre.

¿Qué tiene de importante?

—Este gesto sólo lo puedes hacer si tienes fuerza en el pulgar. Y sólo si tienes fuerza en el pulgar podrás coger objetos, haciendo pinza entre el pulgar y el índice. En resumen, el oreopiteco, como más tarde los australopitecos, tenía una mano que había perdido la capacidad de ir por las ramas pero que en cambio podía hacer movimientos muy precisos.

¿Y para qué sirve todo esto?

—Sirve para explotar una fuente de alimentos que hasta entonces estaba desaprovechada: los arbustos y árboles pequeños que dan frutos como moras o higos. Este tipo de vegetación suele ser demasiado alto para los pequeños herbívoros que viven en el suelo y demasiado bajo para los primates que no bajan de los árboles. Los chimpancés, que pasan el 8o por 100 de su tiempo en el suelo, también van a buscar higos y moras. Pero prefieren ir andando a cuatro patas porque, en caso de que aparezca un depredador, pueden escaparse más rápido y subirse al primer árbol que encuentren. Los que se han arriesgado más, los homínidos, son los que se han llevado el gordo.

Supongo que fue un premio que costó caro ya que, para que los homínidos aprendieran a andar bien, todos los que no andaban suficientemente bien tuvieron que morir sin descendencia.

—En esto precisamente consiste el proceso de selección natural. Y es lo que explica las diferencias entre el pie del oreopiteco por un lado y el de los australopitecos y los humanos por otro. El oreopiteco se crió en una isla donde no había depredadores, de modo que desarrolló un pie estable pero lento. Es un pie en forma de trípode, parecido al de un gallo, que seguramente es el pie más sencillo que puede inventar la evolución para un animal bípedo. El pie humano es más sofisticado. Es un pie que evolucionó en presencia de depredadores, en ecosistemas donde ser rápido era cuestión de vida o muerte.

¿Qué tiene de rápido el pie humano?

—El dedo gordo de nuestro pie no sale de lado para formar un trípode como el del oreopiteco, sino que es paralelo a los demás. Por lo tanto, contribuye a darse impulso cuando aparece un depredador y hay que salir corriendo. Y no es sólo la posición de los dedos: toda la forma del pie, más larga que ancha, está diseñada para la velocidad.

De todos modos, ¿no habría sido mejor quedarse cogiendo frutos en los árboles que arriesgarse a bajar al suelo?

—¡Pero es que en los árboles había una competencia enorme! Imagine una selva que ocupa gran parte del África ecuatorial, con una diversidad de primates arborícolas alucinante, que de repente se reduce porque cambia el clima de la Tierra. ¿Qué ocurre entonces? Que la demanda de vivienda y alimento aumenta brutalmente, porque no hay suficientes árboles para tantos primates. El futuro estaba en el suelo. El primate que ingeniara la manera de sobrevivir a los ataques de los depredadores tendría la alimentación asegurada. Y eso es lo que hicieron los homínidos con su pie excepcional.

AUSTRALOPITHECUS

Nos encontramos hace cinco o seis millones de años y ya tenemos a nuestros ancestros en el suelo. ¿Cómo evolucionan después los homínidos?

—Los homínidos más antiguos que se conocen son los australopitecos, a la espera de aclarar si el Ardipithecus ramidum que está estudiando Tim White es un homínido o no. Los primeros fósiles de Australopithecus tienen una antigüedad de cuatro millones de años. Son animales claramente bípedos y esencialmente vegetarianos, que miden aproximadamente un metro de altura y cuyo cerebro no es más grande que el de un chimpancé. Estos australopitecos se dividen después en dos linajes.

¿Cuáles?

—Por un lado, se desarrollan australopitecos de huesos gráciles, que comen sobre todo frutas y que se extinguen hace unos dos millones de años. Según la mayoría de investigadores, estos australopitecos son los que evolucionaron hacia el género humano. Por otro lado, aparecen australopitecos con un esqueleto mucho más robusto, que comen alimentos más coriáceos como raíces y nueces, y que se extinguen sin descendencia hace un millón y medio de años. Son tan distintos de los australopitecos gráciles que muchos científicos no los consideran australopitecos sino que los clasifican en un género distinto: los parántropos.

¿Durante todo este tiempo, las distintas especies de homínidos se sucedieron enfila india unas tras otras o bien llegaron a coexistir especies distintas en una misma época?

—La situación actual, en que hay una única especie de homínido en la Tierra, la nuestra, es una excepción. Es un error pensar que, porque ahora es así, siempre lo ha sido. En realidad, durante la mayor parte de la historia de la evolución humana, ha habido coexistencia y competencia entre distintas especies de homínidos en territorios cercanos.

El australopiteco más famoso, como hemos dicho antes, es Lucy. ¿Quién fue exactamente?

—Lucy es el esqueleto de una hembra de la especie Australopithecus afarensis que vivió hace 3'2 millones de años y que fue descubierto en Etiopía en los años setenta. Según han explicado los investigadores que la encontraron, la llamaron Lucy porque esa misma noche hicieron una fiesta para celebrarlo y la única música que tenían en el campamento era una cinta con la canción «Lucy in the Sky with Diamonds» de los Beatles. Al margen del nombre, su fama se debe a que el esqueleto está casi completo y, por lo tanto, ofrece un retrato de cuerpo entero de un australopiteco.

¿No se sobreestima su importancia?

—En absoluto. Es uno de los fósiles más importantes que se han encontrado jamás en el campo de la evolución humana. Y es importante precisamente porque da una imagen global de un individuo. Esta imagen no se puede obtener a partir de huesos aislados de individuos distintos, que es lo que se tenía antes de Lucy.

AUSTRALOPITHECUS

¿Lucy era inteligente?

—Debía ser más o menos igual de inteligente que un chimpancé porque tenía el cerebro de un tamaño parecido. Además, si los australopitecus hubieran sido más inteligentes, habrían dejado pruebas de su cultura, y estas pruebas no se han encontrado.

¿Significa esto que no habían inventado el lenguaje ni los utensilios?

—El lenguaje seguro que no. En cuanto a las herramientas, probablemente eran capaces de utilizarlas pero no de fabricarlas. Es decir, seguramente podían coger una piedra y usarla para romper una nuez, como hacen hoy en día los chimpancés. O bien coger un palo, sacarle las hojas e introducirlo en un hormiguero para cazar hormigas. Pero eso es utilizar objetos que la naturaleza ofrece. Fabricar un utensilio más sofisticado que un palo es enormemente más complejo.

Pero coger un palo y sacarle las hojas ya es empezar a fabricar una herramienta.

—Es muy distinto. Para coger una piedra y empezar a tallarla hasta obtener un cuchillo como hacían los primeros humanos, uno tiene que ser capaz de imaginar el cuchillo antes de empezar a hacerlo. Porque si uno no tiene el concepto de cuchillo en el cerebro, no se le ocurrirá hacerlo. Puede parecer una tontería, pero fabricar una herramienta requiere una capacidad de abstracción mucho mayor que utilizarla. Y curiosamente las primeras herramientas aparecen hace dos millones y medio de años, en el mismo momento en que aparece el género humano y en que el tamaño del cerebro empieza a aumentar rápidamente.

¿Ya lo largo de la evolución de los australopitecos, no se percibe una tendencia hacia una mayor inteligencia!

—No. El volumen del cerebro no aumentó durante los más de dos millones de años que los australopitecos poblaron la Tierra. Y no es sólo una cuestión de cantidad: los cambios en la organización del cerebro que permitieron que la mente de los homínidos evolucionara hacia una mayor complejidad tampoco aparecieron hasta el género humano. Nos hemos acostumbrado a ver a los australopitecos como parientes muy cercanos a los humanos por el simple hecho de que, por los fósiles que se han encontrado hasta ahora, parecen ser nuestros ancestros directos. Pero probablemente su comportamiento, su inteligencia e incluso sus ciclos de reproducción eran más parecidos a los de los chimpancés que a los nuestros.

¿Qué se sabe de su ciclo de reproducción?

—El estudio de las líneas de esmalte de los dientes ha permitido descubrir a qué edad terminaban su crecimiento los australopitecos. Alcanzaban la madurez sexual a la misma edad que los chimpancés, hacia los siete años, mientras que los humanos hemos alargado la infancia y no somos fértiles hasta que tenemos entre doce y catorce años. Eso, unido al hecho de que australopitecos y chimpancés tenían tamaños similares, vivían en hábitats y sociedades similares y tenían un estrecho parentesco genético, invita a pensar que la vida reproductiva de los australopitecos debía ser similar a la de los chimpancés.

¿Qué más se sabe del comportamiento de los australopitecos?

—Poca cosa. El primatólogo Jordi Sabater Pi piensa, y yo comparto su opinión, que hacían nidos en los árboles para dormir. Al no conocer el fuego, la única manera que tenían los australopitecos de no ser devorados durante la noche era dormir en árboles y la única manera de no caer de los árboles mientras dormían era hacer nidos.

En resumen, entre el momento en que los homínidos se pusieron de pie y el momento en que desarrollaron una inteligencia más compleja pasaron cerca de dos millones de años, ¿no es así?

—Efectivamente. Y esto demuestra que la expansión del cerebro no es una consecuencia directa del bipedismo, como a menudo se ha apuntado erróneamente, porque los australopitecos bípedos no evolucionaron hacia una mayor inteligencia. Y por otro lado demuestra que el motivo por el que apareció la marcha bípeda no fue para que quedasen las manos libres para fabricar herramientas, como también se ha dicho erróneamente. La ventaja inicial de tener las manos libres fue que facilitó la recolección de alimentos. Y miles de generaciones más tarde, una minoría de homínidos que ya tenían un cerebro más grande y complejo aprovecharon esta ventaja para, además, fabricar herramientas.

¿Los primeros homínidos ya andaban como nosotros o bien la marcha bípeda ha ido evolucionando en estos cuatro millones de años?

—Básicamente los australopitecos andaban de una forma y los humanos andamos de otra. Ha habido evolución, pero no ha sido gradual a lo largo de los cuatro millones de años sino que se produjo un gran cambio cuando apareció el género humano hace dos millones y medio de años.

¿Qué diferencia hay entre cómo andaban los australopitecos y cómo andamos los humanos?

—Los australopitecos tenían las piernas y el tronco cortos,

el tórax en forma de campana y la pelvis muy ancha. Nosotros, por el contrario, tenemos las piernas y el tronco más largos, el tórax en forma de barril y la pelvis más estrecha. Estas diferencias hacen que los humanos podamos correr más rápido que los australopitecus, lo que probablemente se debe a que los primeros humanos se aventuraron en un ambiente de sabana abierta, donde se cazaba a la carrera, mientras que los australopitecos vivían en un ambiente más boscoso donde se cazaba por emboscada.

Disculpe, pero, ¿qué tiene que ver la forma del tórax con el hecho de correr más o menos rápido?

—El tórax en forma de campana es común entre los primates que viven en los árboles y no tienen necesidad de correr. Pero a los primates que bajaban al suelo y de repente se encontraban con un león les hacían falta unos pulmones capaces de coger suficiente oxígeno lo bastante rápido para poder echar a correr y salvarse. Les hacía falta un motor de inyección. Y si además necesitaban correr grandes distancias, como parece que era el caso de los primeros humanos para perseguir a sus presas, entonces les hacía falta un gran depósito de combustible. Los humanos resolvieron todo esto cambiando el tórax y dándole forma de barril.

La ventaja de tener las piernas largas está clara: cuanto más grande es cada paso, más se corre y menos se muere. Pero, ¿y la pelvis estrecha!

—Muy sencillo. Cuanto más cerca de tu eje de gravedad concentras tu peso, más estabilidad tienes: puedes controlar mejor el equilibrio durante la rotación del tronco cuando corres y, por lo tanto, más rápido puedes ser. Si pudiéramos concentrar toda nuestra masa en un hilo, seríamos más rápidos que los guepardos. Por el contrario, cuanto más ancho eres, más te cuesta controlar el centro de gravedad. Eso induce a pensar que los australopitecos, que tenían la pelvis ancha, nunca habrían ganado la medalla de oro de los cien metros lisos.

¿Los humanos hicieron algún otro invento importante para ser más rápidos?

—Sí, el modo en que movemos los brazos a la hora de correr, adelantando primero uno y luego otro al mismo tiempo que giramos el tórax, ayuda a equilibrar el cuerpo, o sea, a controlar el centro de gravedad. Además, los brazos se nos han vuelto más cortos que las piernas, algo que a los orangutanes por ejemplo no les ha ocurrido ya que no les hace falta concentrar el peso cerca de su eje de gravedad. Todo esto hace que, por muy rápido que corramos, nuestro centro de gravedad siga una trayectoria sin sacudidas y no nos desequilibremos. En cambio, cuando un chimpancé intenta correr, parece que siempre esté a punto de caerse.

¿Por qué desaparecieron los australopitecos?

—Seguramente por la coincidencia de un cambio climático y la competencia de los primeros humanos. Los últimos restos de australopitecos tienen una antigüedad de i,6 millones de años y corresponden a una época en que se produjeron grandes glaciaciones en los polos y en que en África se degradó la selva y se abrieron grandes sabanas. Los humanos, con su locomoción rápida, su dieta carnívora y su inteligencia, estaban mejor adaptados a estas sabanas que los australopitecos