«Clockwork Orange» de Kubrick
Hasta ahora no se puede decir que los críticos cinematográficos norteamericanos le hubieran sido muy favorables. Cuando presentó 2001, la crítica neoyorkina fue unánime en hablar mal de la cinta (que, no obstante, logró un gran éxito de público). Ahora, dicen que Kubrick es un genio.
¿Qué les ha hecho variar de opinión? Una película: Clockwork Orange (Una naranja de relojería, título basado en la expresión del slang londinense: “Tan extraño como una naranja de relojería”). Esta cinta fue votada, el pasado diciembre, como la mejor del año por los críticos de Nueva York, y a Kubrick lo nombraron el mejor director del mismo período.
Y, sin duda alguna, se trata de una película de SF. Veámoslo: Alex, el protagonista, es un “droog”, nombre que reciben los jóvenes que van en bandas en un futuro indeterminado, que podría situarse hacia finales de la década de los setenta. Su base de operaciones es el Korova, un bar cuya “superleche”, según Alex, “le pone a uno a punto para una sesión de buena ultraviolencia”. Y, tras un par de casos, Alex y sus “droogs” ya se encuentran dispuestos para un día normal de su existencia.
Durante el mismo, dan una paliza a un borracho que encuentran cantando en el interior de un túnel; se enfrentan con el grupo rival de Billyboy; roban un Durango-95 y corren por los alrededores, sacando a coches y peatones fuera del camino; realizan una “visita por sorpresa” a una casa tranquila, golpeando al propietario de la misma y violando a su esposa. Luego, algo cansados, regresan al Korova, tras vivir lo que definen como una jornada “con un poco de gasto energético”.
Y, aunque el lenguaje pueda parecer algo extraño (existe una clara influencia del ruso en el slang empleado por los “droogs”), el protagonista, Alex, es claramente reconocible: se trata de uno de nuestros descendientes, del heredero de la época violenta en que vivimos; un hombre cuya única forma de vida y cuya filosofía vital son la violencia. Un hombre que se adhiere totalmente al credo de Charlie Manson, el asesino de Sharon Tate: “Haz lo inesperado. Lo sinsentido tiene sentido”.
“Clockwork Orange” está basada en la novela del mismo título de Anthony Burgess. Como otra gran obra de Kubrick, “Dr. Strangelove” (“Teléfono rojo: volamos hacia Moscú”), esta cinta es una despiadada crítica de uno de los posibles futuros que se le presentan a la Humanidad y nos muestra un mundo que, siguiendo las tendencias ya presentes en el actual, ha caído en la locura total y para el que no hay soluciones viables, sólo distintos grados de demencia. Y todo ello, gracias al genio de Kubrick, aparece envuelto en un clima de horrible credibilidad.
Pero Alex no tarda, a pesar de su aparente control del ambiente, en ser víctima de la loca sociedad en que vive: tras una pelea en la que comete un asesinato, es atrapado y encerrado. En la prisión logra ser seleccionado como conejillo de indias para las pruebas de un nuevo método de regeneración de criminales, conocido como la Técnica Ludovico. Ésta consiste en una aplicación de la psicología motivacional mediante una serie de impulsos eléctricos que le son aplicados mientras contempla imágenes de sexo y violencia.
Tras un completo “lavado de cerebro”, Alex es sometido a dos pruebas: un actor lo golpea, ante lo cual él se pliega a la indignidad de lamerle la suela de los zapatos, y una joven desnuda trata de seducirlo, sin lograrlo, pues cae al suelo presa de vómitos, ante la sola idea del sexo.
Está transformado en un autómata no violento, en una “naranja de relojería”.
Entonces, sufre la persecución de sus antiguas víctimas: el borracho, el marido de la mujer violada y hasta sus propios “droogs”, que se han alistado en el cuerpo de Policía. Y tal es esta persecución, que llega a contrarrestar el efecto de la Técnica Ludovico y deja a Alex dispuesto para reiniciar una vida de violencia, sólo que esta vez bajo los auspicios del mismo Ministro del Interior que le hizo someterse a la “regeneración”.
La cinta contiene varios de los “toques” que han hecho de Kubrick un maestro indiscutible del arte cinematográfico, como es la utilización de la música para dar mayor relieve a la plasticidad de las imágenes; y, tal como ha unido indisolublemente en la mente del espectador el “Danubio Azul” con las escenas espaciales de 2001, o el “Así hablaba Zaratustra” con el anonadante preludio y su inimitable doble eclipse, en Clockwork Orange hará que sus espectadores recuerden algunas de sus más inquietantes escenas uniéndolas mentalmente a las melodías que les daban fondo musical.
Así, la pelea entre los gangs rivales de Alex y Billyboy es transformada en un ballet tan atractivo como el de la nave y el satélite-rueda en 2001. Y las brutalidades cometidas en la casa asaltada —paliza al marido y violación de la esposa— son realizadas al ritmo de “Cantando bajo la lluvia”, que tararea (y hasta medio baila) Alex. Igualmente, el asesinato que va a llevar a Alex a la cárcel es efectuado entre las notas de una obertura de Rossini; mientras que otra obertura, la de “Guillermo Tell”, acompaña los movimientos con que dos jovencitas se hacen el amor en una de las escenas de la cinta.
Otro aspecto en el que pone habitual cuidado Kubrick es en la fotografía, y gracias a algunos encuadres logra dar todo un aspecto de la idiosincrasia humana: valor temerario, superestupidez o desprecio ante una muerte segura en la imagen del piloto saltando montando en una bomba H en “Dr. Strangelove”; o todo lo que hay de sumisión en la Humanidad en la imagen de Alex lamiendo la suela del zapato del actor tras serle aplicada la Técnica Ludovico, en “Clockwork Orange”.
Quizá la violencia sea un común denominador en todas las obras de Kubrick, pues, como él mismo admite, “todo el mundo se siente fascinado por la violencia. Después de todo, el hombre es el asesino con menos conciencia que jamás pisó la Tierra”.
Pero, en definitiva, “Clockwork Orange” es un alegato de lo que es verdaderamente el ser humano, la lucha triunfante de Alex contra las fuerzas que tratan de dominarlo es la lucha de la Humanidad contra todo lo que trata de despersonalizarla, de masificarla.
Cuando se le preguntó acerca de lo que había querido decir en esta última obra, Kubrick respondió: T. S. Elliot dio la mejor respuesta. Alguien le preguntó acerca del significado de uno de sus poemas y respondió que quería decir lo que decía y que, si le hubiera sido posible decirlo de otra manera, así lo hubiese hecho”.
Y, cuando se le preguntó cuál sería su próxima película, Kubrick contestó que trataría sobre Napoleón. Pero eso fue lo que dijo cuando le hicieron esa misma pregunta tras 2001... e hizo "Clockwork Orange".
LUIS VIGIL