Capítulo diez
Lo opuesto a«
No cometas errores»
Los errores solo son pecado cuando no se admiten.
—R. Buckminster Fuller.
En 1973, al final de mi seminario de tres días sobre bienes raíces, el instructor dijo: «Ahora comienza su educación», lo cual confundió a los asistentes porque todos pensábamos que el seminario ya era nuestra educación.
Cuando terminó el seminario, nuestro instructor —que era un inversionista real en bienes raíces y contaba con un ingreso pasivo, en lugar de un maestro que trabajaba a cambio de un cheque de nómina—, dividió en equipos al grupo de 30 o 40 personas. Nuestra tarea era analizar, evaluar y escribir un reporte sobre cien propiedades para inversión. Nos dieron 90 días como plazo.
En mi equipo éramos cuatro personas. Todos estuvimos de acuerdo en reunirnos a lo largo de esos 90 días para hacer la tarea. Como podrás imaginar, para cuando terminó el plazo, ya solo quedábamos dos. Los otros dos estaban demasiado ocupados trabajando para obtener su cheque de nómina y no tenían tiempo de hacer la tarea. No tenían tiempo de buscar activos.
Los 90 días que duró el proceso, fueron los más importantes de mi vida financiera. En ese lapso me transformé de una persona pobre, en una rica.
A continuación encontrarás un diagrama llamado Cono del Aprendizaje. Fue desarrollado por el psicólogo educativo Edgar Dale. Por favor tómate un momento para estudiarlo.
Fuente: Cono del Aprendizaje, adaptado de Dale (1969).
El instructor hizo que durante 90 días nos enfocáramos en la segunda sección del Cono del Aprendizaje: Simular la experiencia.
En ese período no compramos nada. Al principio nos reuníamos los cuatro por la tarde, revisábamos listas de propiedades y buscábamos las que coincidían con los criterios que habíamos aprendido en clase. Luego llamábamos a los corredores de bienes raíces y hacíamos citas para ver los inmuebles; veíamos entre tres y cinco diarios. Al final del día escribíamos un resumen en una sola página de un cuaderno de espiral: los hallazgos, las ventajas, las desventajas… lo bueno, lo malo y las oportunidades.
El proceso fue doloroso, tedioso y lento al principio. Nos sentíamos como bebés aprendiendo a caminar; y al final del primer mes, dos compañeros ya se habían retirado. Se cansaron de no encontrar nada que valiera la pena comprar.
Una de las cosas que nos desmotivaron, fue los corredores que siempre decían: «Lo que ustedes están buscando no existe en Hawái». A veces, agregaban: «Los bienes raíces en Hawái son costosos. Aquí no van a poder encontrar propiedades de bajo precio que les puedan generar un flujo de dinero positivo».
Padre Rico solía decir: «Les dicen corredores de bolsa o de bienes raíces, porque tienen que correr más que tú para perseguir la chuleta». Lo que quería decir es que la mayoría de los empleados y los autoempleados trabajan para conseguir dinero. Nosotros, como inversionistas en bienes raíces, estábamos en el lado de los Dueños de negocios y de los Inversionistas profesionales en el cuadrante, y por eso buscábamos activos que produjeran flujo de efectivo.
Lo que a mí me mantuvo motivado fue que sabía bien la diferencia de mentalidad entre los E y los A, y entre los D y los I. Para finales del segundo mes, ya volábamos. Todavía no encontrábamos nada, pero nuestras mentes podían detectar ligeras diferencias, sutilezas y aspectos que antes no notábamos. Empezamos a ver lo «invisible».
Al terminar el período de 90 días, le agradecí a mi compañero y continuamos por separado.
De las cien propiedades que evaluamos, solo habíamos identificado cinco con potencial. Él sabía detrás de cuáles iría, y yo también. Nuestro instructor nos había dicho: «Entre cien propiedades, tal vez tengan suerte si encuentran una propiedad de atractivo “candente”». El propósito del curso de tres días y del subsecuente proceso de 90, era enseñarnos a revisar las 99 propiedades malas lo más rápido posible cada vez, para encontrar esa propiedad única con gran potencial.
La primera propiedad en que invertí fue un departamento de una recámara y un baño, frente a una hermosa playa de arena blanca en un pueblito cerca de Lahaina, en Maui. Ahí se venden algunos de los bienes raíces más costosos de todo Hawái. El complejo no era de lujo sino, más bien, tenía como objetivo proveer viviendas a los empleados que trabajaban en los hoteles de lujo de Lahaina.
El precio del departamento era 18 000 dólares: increíblemente bajo. Era una de esas propiedades que los corredores decían que no existían. Otras propiedades similares en esa misma zona se vendían por 26 000 dólares. El vendedor era el mismo desarrollador del condominio y no quería pagarle comisión a un intermediario; por eso los corredores, que trabajan por comisiones, no habían tenido ninguna motivación para hablarme de la propiedad. La encontré por accidente.
El desarrollador tenía doce departamentos que quería vender lo más rápido posible. Me pidió un enganche de 10 por ciento y me dijo que él podía financiar el resto. Esto me evitó pedir un préstamo en el banco, lo cual fue favorable porque tenía malos antecedentes de crédito y no estaba ganando mucho dinero en ese momento. Usé mi tarjeta de crédito para financiar el enganche de 1800 dólares y, una vez que los gastos fueron cubiertos, empecé a recibir 25 dólares mensuales de flujo de efectivo positivo.
Ahora mismo puedo escucharte decir: «Pero esas gangas ya no se presentan estos días. Los bienes raíces son muy caros en la actualidad». Y eso fue precisamente lo que nuestro instructor del seminario nos advirtió que la gente diría en 1973. De hecho comentó: «La mayoría de la gente está tan ocupada trabajando para conseguir un cheque de nómina, que no tiene tiempo para volverse rica. Es mucho más fácil decir que las gangas no existen, que tomarse la molestia de analizar cien propiedades durante tres meses para encontrar una». También nos dijo: «La mejor transacción de tu vida llega todos los días».
Y yo sé que es verdad. Algunas de las mejores inversiones que hemos hecho Kim y yo, las hemos encontrado justo frente a nuestras narices, pero nunca nos habríamos topado con ellas si no las hubiéramos estado buscando. Kim encontró su inversión más rentable cruzando la calle del lugar en donde vivimos en Phoenix. Fue la inversión que la transformó en una mujer pudiente pero, claro, jamás habría «visto» la ganga si no hubiera analizado miles de malas propuestas.
En el Capítulo Siete escribí sobre mi amigo Graeme, quien encontró en Escocia una iglesia de 150 años de antigüedad. Recordarás que el gobierno le dio dinero para comprar y remodelarla. En su camino al trabajo, la gente del vecindario pasó durante cuatro años justo frente al enorme letrero de «Se vende» que estaba afuera de la iglesia, pero nadie se detuvo a buscar el activo: todos estaban demasiado ocupados tratando de conseguir sus cheques de nómina. Esa primera propiedad me hizo infinitamente feliz porque compré un activo que me generaba 25 dólares al mes, y no tuve que usar ni un centavo de mi dinero para adquirirlo. Fue la primera vez que experimenté el uso de la deuda para volverme rico. Luego regresé y compré dos departamentos iguales del mismo complejo y así empecé a ver la otra cara de la moneda.
Crucé la frontera entre la pobreza y la clase media, y el mundo de los ricos. Justamente como lo dijo nuestro instructor, yo ya no tendría que volver a decir: «No puedo pagarlo», jamás. Actualmente Kim y yo tenemos varios miles de edificios y complejos de departamentos, inmuebles comerciales, un hotel de lujo, un hotel boutique, cinco campos de golf y varios pozos petroleros que nos generan flujo de efectivo. Cada año añadimos más activos como estos a nuestro estado financiero y pagamos menos impuestos. Si la bolsa, los bienes raíces y los mercados petroleros vuelven a colapsar —lo cual sucederá porque todos los mercados lo hacen—, nosotros adquiriremos más activos a precios todavía más bajos y aprovecharemos el poder de la deuda y los impuestos para aumentar nuestro flujo de efectivo.
P: ¿No sientes pena por la gente que no puede ver lo que tú?
R: Sí y no. Porque todos tenemos las mismas oportunidades. Si así lo desea, cualquier persona puede hacer lo que los ricos. Las leyes fiscales que la gente adinerada aprovecha, están disponibles para todos los demás, pero solo si tienen educación financiera y experiencia realizando transacciones en la vida real.
El verdadero problema son las elecciones que hacemos en cuanto a la educación, las que nos ciegan y nos impiden ver la cara opuesta del dinero. Yo escribo, diseño juegos y enseño para darles a otros las mismas oportunidades que a mí me dio mi Padre Rico.
Adonde quiera que voy en el mundo, la gente siempre me dice: «Pero no puedes hacer eso aquí». Lo dicen incluso cuando hablo en lugares como Phoenix, ciudades en las que estoy haciendo lo que dicen que es imposible. Pero claro, esas personas no pueden hacer lo que yo en el lugar donde viven, porque les enseñaron a trabajar por dinero, a conseguir un empleo seguro y su cheque de nómina. Las palabras las cegaron y les impidieron ver la cara opuesta de la moneda.
EL PODER DE LOS ERRORES
Otra razón por la que muy poca gente puede ver la otra cara u otros puntos de vista, es porque nuestras escuelas castigan a los estudiantes que cometen errores La pregunta es, ¿cómo puede aprender alguien si tiene miedo de equivocarse?
Si observas a un bebé cuando aprende a caminar, te darás cuenta de que da unos pasos, se cae y llora, pero después de un tiempo, lo vuelve a intentar… se pone de pie, cae y llora. Los bebés repiten el proceso hasta que llegan a correr. Luego el siguiente desafío es aprender a andar en bicicleta, y el proceso de aprendizaje continúa. Y si el niño se cae de la bicicleta, lo vuelve a intentar hasta que aprende a manejarla. Su mundo se expande gracias a los errores que comete.
Luego los chicos van a la escuela, en donde aprenden que los alumnos inteligentes son los que memorizan las respuestas correctas, y los que se equivocan son estúpidos. Después consiguen un empleo del cual los despiden si cometen errores. En otras palabras, en cuanto un niño va a la escuela, su proceso de aprendizaje se retrasa. A los cinco años aprende a tenerles miedo a los errores, y a tratar de no cometerlos.
Lo primero que piensan casi todos los empleados cuando les hablo de llegar a ser empresario y echar a andar un negocio o invertir en bienes raíces, es: «¿Y qué tal si cometo un error? ¿Qué pasará si pierdo dinero? ¿Qué pasará si fracaso?». Esta mentalidad es lo que impide que la gente sea rica. Desgraciadamente casi todos aprenden que no se deben equivocar porque eso los hace estúpidos. La gente se convence de que no debe cometer errores ni aprender de ellos.
LO QUE IMPIDE EL ÉXITO
Si te fijas en lo que pasa en el mundo real, en el mundo afuera del sistema escolar, verás que la gente que fracasa más, también es la que más gana. Thomas Edison, por ejemplo, fracasó más de mil veces antes de inventar la bombilla eléctrica y fundar General Electric.
En su libro Outliers, Malcolm Gladwell nos cuenta que pocas bandas han fracasado tanto como lo hicieron los Beatles. Según Gladwell, cuando eran adolescentes llegaban a tocar durante doce horas al día, todos los días, a cambio solamente de cerveza gratis y un público lleno de chicas lindas.
Tiger Woods empezó a jugar golf a los tres años. A la salida de la escuela practicaba en un campo de golf cercano hasta que ya había oscurecido tanto que no podía ver las pelotas que tenía que golpear.
Si vuelves a ver el Cono del aprendizaje, entenderás por qué el fracaso conduce al éxito.
Fuente: Cono del Aprendizaje, adaptado de Dale (1969).
El renglón que está justo debajo de vivir la experiencia, es el más importante del Cono. Me refiero al aprendizaje por medio de la simulación, el que separa a los ganadores de los perdedores.
OPUESTO: ERRORES
La diferencia entre mi programa de maestría y el seminario de tres días de bienes raíces fue ese segundo renglón: simular la experiencia real.
Durante todo el tiempo que estuve en la escuela nocturna estudiando para obtener la maestría, siempre nos imbuían la noción de «No cometer errores». Según este criterio, tenía que estudiar con muchas ganas en la escuela para que cuando consiguiera un empleo, no cometiera errores.
Esta idea contrastaba fuertemente con lo que nos decía mi instructor del curso de bienes raíces. Él nos motivaba a cometer errores lo antes posible, nos lo imploraba. Por eso dijo que nuestra educación comenzaría en cuanto saliéramos de su clase.
Solo después de cometer cien errores en 90 días —y únicamente hasta ese momento—, nos recomendó que subiéramos al primer renglón del Cono del aprendizaje: Vivir la experiencia, lo que significaba comprar algo.
Después de vivir la experiencia y obtener 25 dólares al mes de flujo de efectivo con cien por ciento de deuda, me salí del programa de la maestría porque no quería trabajar para conseguir un empleo seguro y un cheque de nómina, y tampoco quería vivir con miedo de perder mi empleo si cometía un error.
EL JUEGO CASHFLOW
Mucha gente cree que cuando le sugiero que juegue CASHFLOW por lo menos cien veces, y que lo enseñe a por lo menos cien personas más, le estoy dando un discurso de ventas. Muchos creen que lo único que me interesa es su dinero.
Aunque las ventas son importantes para The Rich Dad Company, mi razón principal para recomendarle a la gente que juegue CASHFLOW tantas veces y que lo enseñe a cien personas, es que quiero que aprenda de la forma que Padre Rico nos enseñó a su hijo y a mí.
Tema:
Empresarios educadores:
Enseña el juego
Invitados:
Darren Weeks.
The Rich Dad Radio Show
Descarga la aplicación gratuita
www.richdad.com/radio.
Cuando tenía nueve años, Padre Rico nos hacía jugar Monopolio® una y otra vez, y de esa forma nos transmitía sus sabias palabras a su hijo y a mí cada vez que cometíamos un error en el juego.
Al igual que lo hicieron mi padre rico y mi instructor de bienes raíces, yo aliento a la gente a cometer la mayor cantidad posible de errores antes de vivir la experiencia real y usar dinero de verdad.
Darren Weeks, Asesor de Rich Dad, siguió mi consejo y empezó a enseñarle a la gente a jugar CASHFLOW. Hasta ahora les ha enseñado a más de 100 000 personas —en todo Canadá, Estados Unidos y Europa—, a jugar CASHFLOW y, gracias a ese proceso, se volvió multimillonario de paso. Darren solo hizo en la vida real lo que aprendió al jugar y enseñar el juego, es decir, adquirir activos que produjeran flujo de efectivo.
P: ¿Entonces la clave del éxito es cometer errores y aprender de ellos?
R: Así es. En el mundo real a esto se le llama práctica. Los equipos profesionales de futbol, por ejemplo, practican cinco días a la semana, pero solo juegan un día de verdad.
En los países sajones, los médicos y los abogados le llaman a su negocio, «práctica» por esta misma razón.
Y en la música y el teatro, a las prácticas se les llama «ensayo».
P: ¿Entonces los profesionales usan las prácticas y los ensayos para cometer errores y aprender de ellos antes de vivir la experiencia real?
R: Sí. En 2014 estuve en la Copa Ryder en Escocia y vi a algunos de los mejores golfistas del mundo jugar para los equipos de Estados Unidos y Europa. Los golfistas estuvieron practicando en la zona de tee el día previo a los juegos, y también hicieron varias rondas de juego. Además, siempre hacían unas dos o tres oscilaciones en falso antes de golpear la pelota. Por eso son ganadores en el golf, porque los ganadores cometen más errores que los novatos.
BUCKY FULLER HABLA SOBRE LOS ERRORES
Fuller decía esto sobre los errores:
A los seres humanos les dieron un pie izquierdo y uno derecho para cometer un error primero a la izquierda y luego a la derecha, y luego repetirlos.
El dibujo que te mostraré ahora fue algo que hice para ilustrar las palabras de Bucky.
En un artículo intitulado «Mística del error», Fuller escribió:
Ese momento en que los humanos admiten ante sí mismos de manera realista que cometieron un error, es cuando están más cerca de la misteriosa integridad que gobierna el Universo.
Dicho de otra manera, en cuanto una persona admite que se equivocó, se acerca más a dios. Fuller afirma que: «Los errores solo son pecado cuando no se admiten».
En otras palabras, cada vez que omitimos algo, pecamos, pero cada vez que lo admitimos, nos acercamos más a dios. Y según Fuller, solo cuando aceptamos que nos equivocamos, «los humanos somos capaces de liberarnos de la confusión que provocó el error».
Es decir, dios diseñó a los humanos para aprender de sus errores.
En «La mística del error», Fuller afirma:
Actualmente, los maestros, los profesores y sus asistentes revisan los errores en los exámenes de los alumnos. Por lo general hacen una relación entre el porcentaje de equivocaciones y el porcentaje de conceptos a los que los alumnos fueron expuestos, y que pudieron recordar bien.
Yo sugiero que el ámbito de la enseñanza modifique esta práctica y adopte un sistema en que todos los estudiantes entreguen periódicamente una reseña escrita de los errores que han cometido. Y no solo de los que tienen que ver con la materia del curso, sino también los relacionados con su disciplina personal a lo largo del período. Este documento también incluiría lo que han aprendido a partir de la comprensión de que se han equivocado; el reporte deberá resumir lo que realmente han aprendido, no solo gracias a sus cursos, sino también a su propia intuición e iniciativa.
Asimismo, sugiero que, como los estudiantes, los maestros sean evaluados con base en su eficacia para ayudar a los alumnos a aprender sobre cualquier materia por medio del sistema de la naturaleza conocido como prueba y error. Entre más errores encuentren los estudiantes, mayor será su calificación.
Este es exactamente el proceso por el que nos hizo pasar mi instructor. Escribimos lo que aprendimos de nuestros errores, no de nuestros logros. Estoy convencido de que gracias a ese ejercicio he podido hacer tanto dinero con pérdidas mínimas a partir de mis inversiones en bienes raíces.
Te reitero que el aprendizaje en el mundo real es lo opuesto al que ofrecen en la escuela.
LECCIÓN PARA TU SEGUNDA OPORTUNIDAD
En la escuela gana quien cometa menos errores, pero en la vida real, gana quien cometa más.
La educación financiera es… La cara opuesta de la moneda.
Encuentra un lugar en donde puedas practicar, practicar y seguir practicando, y cometer un error tras otro.
Recuerda que la gente más exitosa es la que se equivoca más veces.