Las palomas del Rin
En el Elíseo, el Presidente de la República se vuelve hacia la alta autoridad militar, representada por el mariscal.
—Bien, señor mariscal, ¿cómo explica usted esta catástrofe sin precedentes?
El señor Albert Lebrun acaba de plantear la pregunta clave. Prestamos aún más atención. Todo el problema estratégico de la guerra radica en esa pregunta. Y todavía resuena en mis oídos la respuesta del mariscal.
—Quizás hemos desarrollado demasiado las transmisiones eléctricas. Las han cortado. Quizás hemos renunciado demasiado pronto a los cuidadores de palomas y a las palomas mensajeras. Tal vez deberíamos disponer de un palomar en retaguardia que nos mantuviera en comunicación permanente con el Cuartel General.
Todos nos miramos sofocados.
LAURENT-EYNAC[5]