Escena VI
EL TÍO PEDRO y MANOLITO por el foro.
EL TÍO PEDRO.
—Vamos divinamente.
MANOLITO.
—Divinamente. Hundidos los Juegos florales; esta tarde iban a celebrarse.
EL TÍO PEDRO.
—Me alegro.
MANOLITO.
—El Verderón no encuentra reina en todo el pueblo; hasta su hija se ha negado.
EL TÍO PEDRO.
—Claro, como que he hecho correr la voz de que a la muchacha que lo sea la deslomo.
MANOLITO.
—Tampoco hay quien escriba la poesía. Habían alquilado un poeta en Madrid y el vate se ha guardado el anticipo y no viene. Ni a estas horas hay mantenedor.
EL TÍO PEDRO.
—¿Y el maestro de escuela?
MANOLITO.
—Le han llevado a la taberna, por encargo mío, y le han dado una soberbia comida compuesta de siete platos, catorce postres y veintiuna botellas, y a estas horas está con un cólico miserere.
EL TÍO PEDRO.
—Benditos sean el ingenio y el salero que te ha dado Dios. ¿Y la ópera?
MANOLITO.
—Hundida la ópera. Voy a poner un parte a la Tamburini, a Giusepini y a la Marcelini, que diga: «Pueblo Villacantos amotinado contra ópera espera compañía carretera todos garrotes disponibles pueblo. Un amico».
EL TÍO PEDRO.
—¡Bravo!
MANOLITO.
—Y por último, esta noche unos amigos y yo vamos a dar el golpe. Por el corral llegaremos al cobertizo y robaremos el cisne, y sin cisne no hay Lohengrin.
EL TÍO PEDRO.
—¡Buena idea! ¡Buena idea! Vente a tomar unas copas de manzanilla, que te lo mereces.
MANOLITO.
—Anda, toma civilización, toma regeneración y toma el quitarme la secretaría del Ayuntamiento.