Escena VI
CONCHA y ROSA.
ROSA.
—¡Los padres se odian, los hijos se aborrecen! ¡Qué desgracia!
CONCHA.
—Y nosotras, ¿qué? ¿Vamos a ser amigas o enemigas, cuñadas o hermanas?
ROSA.
—¡Hermanas!
CONCHA.
—Pues a probarlo.
(Se abrazan con efusión.)
ROSA.
—También es manía la de tu padre, que no ha de haber toros. Pues es una fiesta muy española y más alegre que un día de primavera con sol, y a mí me vuelve loca.
CONCHA.
—Y a mí me gusta la mar. Pero no me niegues que eso de los Juegos florales con su reina y su corte de amor y su poeta al natural tiene que ser muy bonito.
ROSA.
—¡Eso huele también a primavera y a flores!...
CONCHA.
—Y lo del Lohengrin con el cisne que estamos haciendo en casa; un cisne muy grande que va a andar por un río y dentro de él un guerrero con todas sus armas, vamos, que no puede estar mal.
ROSA.
—¡Pues las dos juntas contra todos!
CONCHA.
—Eso es, y que haya en las ferias género chico y género grande, tiples ligeras y óperas pesadas, toros del Lohengrin y cisnes del Veragua. Y dame el brazo y que nos vean juntas por el pueblo, aunque padre me pegue luego una paliza.
ROSA.
—¡Y que el mío tiene la mano dura!
CONCHA.
—¡Andando!
(Las dos cogidas del brazo y cantando.)
LAS DOS
Somos españoles netos,
aunque nos tilden de moros.
ROSA
¡Flores, flores, flores, flores!
CONCHA
¡Toros, toros, toros, toros!