Escena I

EL TÍO PEDRO, CIPRIANO y una parte del Coro.

EL TÍO PEDRO.

—Por aquí, señores. Sólo he citado a unos cuantos para que no choque, porque si se entera nuestro gran alcalde Ramón Verderón, tan civilizado como es, haría una salvajada con nosotros.

CIPRIANO.

—¡Pues aquí estamos toos a la disposición de usted!

EL TÍO PEDRO.

—Mañana es el primer día de feria, y pasado la primera corrida, porque habrá corrida, quiera o no quiera el Verderón.

TODOS.

—¡Sí, sí, corrida, toros!

EL TÍO PEDRO.

—Más bajo; los que conspiran hablan siempre bajo. Sabedlo por si lo ignorabais. Él no tiene más fuerza en el pueblo que la pareja de la guardia civil y el cabo.

CIPRIANO.

—Ésos están por nosotros. A mí me ha dicho el cabo en confianza: «yo soy un aficionado de los que se dislocan; entre mi mujer y un toro, un toro».

EL TÍO PEDRO.

—Por ese lado va bueno: la guardia municipal que está formando, los verderones, aún no tienen fusiles.

CIPRIANO.

—Entonces como si no.

EL TÍO PEDRO.

—¡Y habrá llovido para cuando vengan los máusers!

CIPRIANO.

—No hay carretero que se los traiga.

EL TÍO PEDRO.

—Y de los bichos, ¿qué?

CIPRIANO.

—Ya los tengo ajustados. Más que novillos; de cuatro yerbas: corridos ya en Villaverde, en Villapeñas, en Villacañas y en Villaconejos.

EL TÍO PEDRO.

—Vamos, conocidos ya y acreditados. ¿Son siete?

CIPRIANO.

—Siete.

EL TÍO PEDRO.

—Seis para lidiarlos y uno para meterlo en casa del señor alcalde.

CIPRIANO.

—¿Y las cuadrillas?

EL TÍO PEDRO.

—En Madrid está Manolito para ajustarlas.

CIPRIANO.

—¡Viva Manolito!

EL TÍO PEDRO.

—Más bajo, que estamos conspirando.

CIPRIANO.

—Y de triato, ¿qué?

EL TÍO PEDRO.

—¡Habrá teatro, y género chico!

TODOS.

—¡Olé!

CIPRIANO.

—¿Y dónde?

EL TÍO PEDRO.

—En la sala de mi casa. Manolito la está pintando, y como mi casa no es ningún sitio público, puedo hacer en ella lo que me dé la gana, y vengan bandos.

CIPRIANO.

—¿Y habrá coro de señoras?

EL TÍO PEDRO.

—¡Pues no faltaba más!

UNO.

—¿Y tiple?

EL TÍO PEDRO.

—¡Tiples!

CIPRIANO.

—¿Y harán Al agua, patos?

EL TÍO PEDRO.

—Nos hará lo que nos dé la gana. Manolito está en Madrid contratando la compañía.

CIPRIANO.

—¡Viva Manolito!

EL TÍO PEDRO.

—¡Más bajo!

TODOS.

(Muy bajo.)

¡Viva Manolito!