CAPÍTULO 50
Una holoimagen de Wilhuff Tarkin a la mitad del tamaño real brilló en uno de los holoproyectores con forma de cono que sobresalían del reluciente suelo de la sala del trono.
—El planeta sufrió más daños de los que anticipé —decía el moff—, sobre todo teniendo en cuenta los recursos militares que puse a disposición de Lord Vader. Aunque supongo que no debería sorprenderme por la obstinación de los wookiees.
El Emperador hizo un gesto para quitarle importancia.
—¿Qué es un mundo más o menos cuando se está ordenando la galaxia?
Tarkin se tomó un momento para replicar.
—Tendré eso en cuenta, mi señor.
—¿Qué hay de los wookiees en sí?
—Conseguimos reunir unos doscientos mil y llevarlos a campos de concentración en el archipiélago Wawaatt.
—¿Pudo acomodar tantos?
—Podemos acomodar al doble.
—Ya veo. Entonces, tiene mi permiso para transportar a los esclavos hasta el arma.
—Gracias, mi señor.
—Asegúrese de informar al gobernador regional de sus actividades, pero sin mencionar el destino final de los wookiees. Ah, y procure cubrir bien su rastro, moff Tarkin. Ya se están haciendo preguntas. —El Emperador hizo una pausa, y luego se inclinó hacia delante para añadir—: No quiero problemas.
Tarkin inclinó la cabeza en reverencia.
—Comprendo la necesidad de la máxima discreción, mi señor.
—Bien. —El Emperador se echó hacia atrás—. Y dígame, ¿qué opina de la forma en que Lord Vader llevó la ocupación de Kashyyyk?
—Probó ser muy capaz, mi señor. Ninguno de los que participaron en la operación olvidará pronto su… ¿podríamos llamarlo dedicación?
—¿Están los comandantes de la tropa de acuerdo con su valoración?
Tarkin se frotó el rostro de afilados pómulos.
—¿Puedo ser sincero?
—Sugiero que convierta eso en práctica habitual, moff Tarkin.
—Los comandantes no están contentos. No saben quién es Lord Vader bajo esa máscara y esa armadura. No tienen ni idea del alcance de su poder, ni de cómo llegó a ser el enlace del Emperador con los gobernadores regionales y con la nueva Armada Imperial. Los rumores corren, mi señor.
—Continúe hablando con libertad.
—Algunos creen que Lord Vader es un antiguo Jedi que le ayudó en el contraataque contra la Orden. Otros creen que fue aprendiz del difunto Conde Dooku.
—¿Quién propaga esos rumores?
—Por lo que he podido colegir, los rumores empezaron en las legiones especiales que atacaron y tomaron el Templo Jedi. Si lo desea, mi señor, puedo ahondar más en este asunto.
—No, Tarkin —dijo el Emperador—. Que continúen los rumores. Que los gobernadores regionales y los oficiales navales piensen lo que quieran de Lord Vader. Su identidad no les concierne. Sólo me interesa que obedezcan sus órdenes como si fueran mías.
—Al menos eso sí lo entienden, mi señor. Los rumores sobre lo sucedido en Kashyyyk se propagan con rapidez en las filas.
—Como supe que pasaría.
Tarkin asintió.
—Mi señor, me preguntaba si podría recurrir al… talento de Lord Vader de vez en cuando, aunque sólo fuera para aumentar así su reputación entre los comandantes de la flota.
—Puede hacerlo. Tanto Lord Vader como usted se beneficiarán de una asociación así. Una vez completada la estación de combate, sus responsabilidades serán muchas. Lord Vader le liberará de la necesidad de supervisar personalmente todos los asuntos.
—Espero ese día con impaciencia, mi señor.
Tarkin volvió a inclinar la cabeza en reverencia y la holoimagen desapareció.
Sidious estaba complacido; Vader se había portado bien. Había sentido el cambio en él, incluso durante la breve conversación que mantuvieron a raíz de los acontecimientos de Kashyyyk. Ahora que por fin empezaba a sintonizar con el poder del Lado Oscuro, era momento de que iniciase su verdadero aprendizaje. Los Jedi eran algo marginal para él. Ansiaba el poder que poseía Sidious, y creía que algún día sería su igual.
Debes empezar obteniendo poder sobre ti mismo, luego sobre otro, después sobre un grupo, una orden, un mundo, una especie, un grupo de especies… y finalmente sobre la galaxia toda.
Sidious todavía podía oír a Darth Plagueis hablándole.
Envidia, odio, traición… Eran esenciales para dominar al Lado Oscuro, pero sólo como forma de distanciarse uno mismo del concepto de moralidad y alcanzar así un objetivo más elevado. Sólo cuando Sidious comprendió esto en su totalidad pudo actuar al respecto, y matar a su Maestro mientras dormía.
A diferencia de Plagueis, Sidious sabía que no debía dormirse.
Y, lo que era más importante, para cuando Vader fuera capaz de ser un riesgo para su Maestro, éste ya dominaría los secretos que Plagueis había buscado durante toda una vida: el poder de la vida sobre la muerte. Entonces no tendría necesidad de temer a Vader. Y ya no habría motivo para tener un aprendiz, salvo para honrar la tradición que Darth Bane había resucitado un milenio antes.
Los antiguos Sith habían sido unos completos idiotas creyendo que el poder podía ser compartido por miles de seres.
El poder del Lado Oscuro sólo podía ser compartido por dos seres: uno para encarnarlo, y otro para ansiarlo.
La actual transformación de Vader significaba que Sidious podía volver a concentrarse en los asuntos importantes: dedicarse a aumentar su autoridad sobre el Senado y los sistemas estelares satélites y desarraigar y acabar con cualquiera que pudiera suponer una amenaza para el Imperio.
Había llevado la paz a la galaxia, y ahora pensaba gobernarla como mejor le pareciera, con mano tan férrea y duradera como una de las prótesis de Vader. Aplastando a cualquier enemigo que pudiera surgir. Infundiendo temor en todos lo que pensaran en obstaculizarlo o llevarle la contraria.
Vader sería un aprendiz muy poderoso, al menos hasta que encontrase uno más adecuado.
También sería un arma muy poderosa, al menos hasta que dispusiera de otra más poderosa aún…
Sidious permaneció un tiempo allí sentado, meditando en el futuro. Luego llamó a Sate Pestage para que se uniera a él en la sala del trono.
Había llegado el momento de que el resto de la galaxia conociera a Darth Vader.