Capítulo 3
Y si lo agrandamos un poco en esta parte? —preguntó Bonnie, estudiando su huerto el viernes por la noche—. Así tendría sitio para plantar romero.
Era demasiado pronto para ponerse a plantar, pero Logan tenía la zona del huerto preparada y su hermana ya había empezado a pedirle que cambiase cosas.
—Lo he hecho exactamente como me dijiste —le replicó, molesto.
—Lo sé, y es estupendo —le aseguró ella—, pero ahora que lo veo terminado… No importa. Me encanta, gracias.
Logan se sintió fatal por haberle hablado mal. Suspiró y le tocó el hombro para disculparse.
—Dime lo que quieres que cambie. Hay tiempo de sobra hasta que haga la temperatura suficiente para empezar a plantar. Después de hacerlo pondré una valla para que no se lo coman los conejos y los ciervos.
Bonnie se acercó más y lo miró con preocupación, algo típico en ella.
—¿Estás bien, Logan? Hoy te noto raro.
Él se obligó a sonreír.
—Solo un poco gruñón, pero estoy bien.
Ella lo miró fijamente.
—¿Te duele la cabeza? Has trabajado demasiado esta semana, tal vez deberías descansar.
—De verdad que estoy bien. Siento haberte contestado así.
No le era fácil disculparse, pero Bonnie sabía muy bien cómo hacer que se sintiese culpable.
—Olvida lo del huerto por el momento —le dijo Bonnie—. Vamos dentro. He preparado un asado para cenar. Solo tengo que calentar el pan.
—Quería echar algo de abono en los rosales de la parte este antes de dar el día por terminado.
—Ya lo harás luego. Ahora, vamos a cenar. Descansa un rato. Hay tartaletas de cereza de postre —lo tentó.
Logan gruñó.
—Está bien, cenaré.
Bonnie se rio suavemente.
—Sabía que te convencería con las tartaletas.
—Sí.
Aquello pareció tranquilizar un poco a Bonnie, aunque Logan sabía que seguía estando preocupada. No podía explicar el motivo por el que estaba de mal humor. Tal vez su hermana tuviese razón y necesitase un descanso. Había estado trabajando casi sin parar desde que había vuelto del paseo del martes por la mañana.
Como había imaginado, no había visto a Alexis desde entonces, aunque sí habían hablado brevemente por teléfono la noche anterior. Alexis había estado cansada después de un largo día de trabajo. Y él también había tenido un día difícil, por no mencionar que hacía dos semanas que no habían compartido cama. Los besos que se habían dado durante el paseo del martes habían sido estupendos, pero le habían resultado frustrantes.
En los últimos meses, había habido ocasiones en las que el trabajo los había mantenido separados durante más de un par de semanas y habían tenido que conformarse con alguna llamada de teléfono. Tal vez se había malacostumbrado a verla con más frecuencia durante la temporada baja. Cuando llegase la primavera y ambos tuviesen más trabajo, tendrían que conformarse con verse como mucho una vez al mes. Además, cuando se despedían, Logan no sabía nunca si iban a volverse a ver, ya que era una relación sin compromisos ni expectativas. Y a él le parecía bien.
Era incluso posible que Alexis fuese a conocer al hombre de su vida esa noche, en casa de su madre, a pesar de que le había dicho que no quería que esta le buscase marido. Alexis había insinuado en repetidas ocasiones que no estaba interesada en atarse a nadie por el momento, al menos, mientras se aseguraba de que su negocio era solvente, aunque tal vez cambiase de opinión si conocía de repente a su media naranja.
Se secó las manos recién lavadas en el cuarto de baño de Bonnie, intentó dejar de fruncir el ceño y se preparó para reunirse con su hermana y con su cuñado.
—Deberías tomarte unas vacaciones, Logan —le sugirió Bonnie un rato después, mientras tomaban el postre—. Antes de que empiecen las bodas de primavera. Los jardines están muy cuidados y no hay ningún evento del que no puedan ocuparse Curtis y su cuñado, sobre todo, teniendo en cuenta que Butch Radnor siempre está disponible para ayudarlos. Cuando cerramos dos semanas en enero, para que Kinley y yo pudiésemos irnos de luna de miel, prometiste que tú también te tomarías unas vacaciones cuando volviésemos.
En realidad, aquellas dos semanas solo no habían estado tan mal, aunque había habido una tormenta de nieve que le había hecho trabajar para evitar daños. Ninja y él habían estado muy bien allí solos, y una noche había ido Alexis a hacerle compañía. Aprovechando que la posada estaba vacía, le había llevado la cena y había visitado su dormitorio por primera vez, y Logan todavía tenía que tragar saliva cuando pensaba en las horas que habían pasado allí juntos.
Completamente ajena al camino que habían tomado sus pensamientos, Bonnie continuó hablando:
—Si no te tomas ese descanso en las próximas semanas, después habrá demasiado trabajo y ya no podrás hacerlo hasta, por lo menos, dentro de seis o siete meses.
Logan se tragó la tarta que tenía en la boca y bebió café.
—No necesito unas vacaciones.
Vio cómo su hermana y su marido se miraban y Bonnie añadió:
—Hace tres años que no te tomas unas vacaciones, desde que heredamos la posada. O tal vez más.
—El martes por la mañana estuve haciendo senderismo —le recordó él, aunque no había mencionado con quién había estado.
—Y a media tarde ya estabas de vuelta —replicó Bonnie—. No es tiempo suficiente para desconectar de verdad.
—No te va a dejar en paz —murmuró Paul, mirando a Logan—. Le da miedo que te quemes.
—De acuerdo, me tomaré algo de tiempo libre.
—Es cierto que en los últimos meses has salido más —admitió su hermana—, pero salir una noche con amigos una vez a la semana no cuenta como vacaciones.
Bonnie no tenía ni idea de lo mucho que él disfrutaba de aquellas noches, en especial, desde que la amiga en cuestión era Alexis. De hecho, con un par de horas en su compañía conseguía esa relajación que Bonnie consideraba que tanto necesitaba.
A pesar de ser cinco años más joven que él, Bonnie siempre lo había tratado de manera maternal, en especial, desde la muerte de su madre. Era la más casera de los tres hermanos, le encantaba cocinar, la decoración y cuidar de los demás, lo que la convertía en la persona perfecta para gestionar y hacer de cocinera en la posada. Y había estado muy pendiente de él desde que había tenido un tumor en la pierna izquierda. Por aquel entonces, Logan estaba en la universidad y Bonnie todavía en el instituto. Durante un año, había estado muy enfermo, pero después se había recuperado completamente. Y Bonnie lo sabía, pero había ocasiones en las que Logan suponía que lo miraba y se veía invadida por recuerdos muy dolorosos, recuerdos de los que él prefería no hablar. Para Logan, aquello formaba parte del pasado. No había necesidad de revivirlo.
La dura experiencia había hecho que se volviese todavía más reservado de lo que había sido, más solitario, y más escéptico con respecto a las promesas y expresiones de lealtad de cualquier persona que no perteneciese a su familia. Sabía que sus hermanas siempre estarían a su lado, ocurriese lo que ocurriese, lo mismo que él para ellas. Con respecto a los demás… hacía mucho tiempo que había decidido que no esperar nada de nadie era la mejor manera de evitar nuevas decepciones.
Y como sabía que podía confiar en su hermana, y tal vez porque esta lo había ablandado con la cena, utilizó un tono indulgente para decirle:
—Si decido seguir tu consejo, te avisaré. Ahora, será mejor que me marche a casa. Ninja querrá salir a dar su paseo nocturno. Gracias por la cena, Bon. Estaba deliciosa, como siempre.
—Espera, te daré un par de tartaletas para que te las lleves a casa.
Él sonrió.
—En eso no voy a llevarte la contraria.
—Me alegro de haberte conocido, Alexis —dijo Mark Fiorina, dándole la mano de manera demasiado cariñosa el viernes por la noche—. Espero volver a verte pronto.
Ella esbozó una sonrisa y se limitó a contestar:
—Ha sido un placer, Mark.
No tenía ningún interés en volver a verlo y él debió de darse cuenta, porque se limitó a asentir y salió por la puerta de casa de su madre. Alexis se disponía a imitarlo un minuto después cuando su madre la detuvo.
—Sinceramente, Alexis, ¿qué tenía este de malo?
Paula Healey estaba con los brazos en jarra y las cejas arqueadas.
—Es un buen hombre, un asesor de inversiones con mucho éxito, y ni siquiera le has dado tu número de teléfono, ¿verdad?
—No, no se lo he dado. ¿Cuándo vas a dejar de intentar buscarme pareja? Es ridículo. Ya te he dicho que no me interesa.
—Solo quiero que seas feliz, Alexis. Necesitas tener en tu vida algo más que el trabajo.
—Tengo algo más. Y soy feliz. Quiero que lo aceptes y que retrocedas, madre.
—La culpa la tiene tu padre. Mis dos desagradables divorcios han sido muy mal ejemplo, tanto para ti como para tu hermano.
Alexis no se molestó en contestarle que ella también había formado parte de aquellos dos desagradables divorcios, por no mencionar los años de duras luchas por la custodia de los hijos. Sabía que su madre le diría que en esos momentos era feliz en su matrimonio, aunque Alexis siempre había pensado que había sido un matrimonio de conveniencia. No obstante, su madre necesitaba estar casada para sentirse segura, así que podía hacer lo que prefiriese.
A Alexis le caía bien su padrastro, que era un hombre reservado e inteligente, que participaba poco en las conversaciones, salvo que fuesen sobre economía o historia de Estados Unidos. Al igual que su madre, Duncan parecía contento con su matrimonio, aunque fuese por motivos prácticos o sociales. Se entendían, si bien parecían llevar vidas separadas, tenían amigos distintos, intereses y aficiones diferentes. Tal vez siguiesen juntos por no molestarse en separarse. Quizás aquella fuese la mejor manera de concebir el matrimonio. Sin hacerse demasiadas ilusiones, sin expectativas poco realistas, sin amargas decepciones si las cosas no eran como uno había soñado.
Solo de pensar en tener una relación seria con Mark Fiorina, o con cualquiera de los demás hombres que su madre le había presentado, se deprimió. Prefería divertirse una temporada con Logan antes que atarse con alguien que no le gustase. No obstante, no le iba a hablar a su madre de Logan, ya que esta insistiría en conocerlo y querría interrogarlos a ambos, lo que lo estropearía todo. Los momentos con Logan eran una especie de regalo secreto que se hacía a sí misma, un respiro de todas las complicaciones de su vida.
Incluso en esos momentos podía dejar volar su mente unos segundos, recordando sus besos, y relajarse.
—Tengo que marcharme —añadió—. Mañana tengo un evento, así que tengo que madrugar. Iré un minuto dentro a despedirme de Duncan, Sean y los demás antes de marcharme.
Su hermano había llevado a una chica, y había otras dos parejas de amigos de su madre. En total, habían sido diez para la cena. Tal vez su madre hubiese intentado disimular su intento de emparejarla, pero no había funcionado.
Era evidente que esta habría querido seguir dándole la charla, pero Alexis se había hecho experta en evitar aquel tipo de enfrentamientos. Diez minutos más tarde estaba en el coche, de camino a casa. A pesar de todo, quería a su madre y a su hermano y se alegraba de vivir cerca de ellos para poder verlos un par de veces al mes, pero también se alegraba de estar a casi una hora de camino en coche.
Logan y Alexis por fin tuvieron la oportunidad de verse el domingo por la noche. Este la abrazó en cuanto Alexis cerró la puerta de su casa. Habían pasado dos semanas desde su última visita y Logan casi no tenía paciencia ni para esperar a estar en su dormitorio. No obstante, se controló y no le arrancó los botones ni desgarró las costuras, aunque tuvo que admitir que su impaciencia hacía que estuviese más torpe de lo habitual.
A su ego le gustó ver que Alexis se mostraba tan ansiosa como él. Notó cómo le temblaban las manos mientras le quitaba la camiseta, oyó que tomaba aire cuando por fin se quedaron desnudos y notó su corazón acelerado cuando le acarició un pecho. Le encantó cómo arqueó la espalda y dio un grito ahogado cuando le mordisqueó el vientre y siguió bajando hasta el muslo, le besó el interior de la pierna hasta llegar a la rodilla y volvió a subir. Saboreó el sonido que emitió cuando puso los labios en la zona más íntima de su cuerpo.
Alexis se aferró a sus hombros y gimió con frustración, lo empujó hasta conseguir que se tumbase en la cama, se sentó a horcajadas sobre él, riendo, y cuando ninguno de los dos pudo esperar más, se revolcaron por las suaves sábanas blancas, con sus bocas y cuerpos unidos, expresando el placer que sentían con gemidos e incoherentes murmullos.
Después, no tuvieron prisa por dejar la cama. Apoyado en un hombro, Logan descansó la cabeza en la mano y la miró mientras le apartaba un mechón de pelo de la cara.
—Bueno, ahora que ya hemos hecho lo que teníamos que hacer…
Alexis se echó a reír.
—Me sorprende que no hayamos roto la cama.
Logan esbozó una sonrisa.
—La noche todavía no se ha terminado.
Ella volvió a reír.
—Suena prometedor.
Era una broma, por supuesto. Logan nunca pasaba toda la noche con ella. Se quedaría aproximadamente otra hora más y después volvería a la posada. Nunca le habían gustado las conversaciones forzadas del día después.
Ella miró hacia la puerta.
—Seguro que Fiona todavía está enfadada porque no has traído a Ninja.
—Tal vez se le pase si le das algo de comer.
—Tal vez —respondió Alexis sonriendo.
—Yo la acariciaré antes de marcharme.
—Esta noche estás de buen humor —comentó Alexis.
¿Cómo iba a estarlo, después de cómo habían hecho el amor, mejor dicho, de aquel sexo tan estupendo?
—Sí, supongo que sí. Ha sido una semana muy larga, así que da gusto poder escaparse de la posada un par de horas.
Ella frunció el ceño y le acarició el rostro con expresión preocupada.
—Pareces cansado. Te vendrían bien unas vacaciones.
—Lo mismo piensa mi hermana.
—¿Cuál de ellas?
—Bonnie. Ha estado insistiendo en que me tome un respiro.
Alexis se tumbó de lado, colocó la almohada y estudió a Logan.
—¿Y no te apetece tomarte unos días? Has dicho que a veces está bien salir de la posada. Teniendo en cuenta que prácticamente vives allí, es normal.
—¿Y adónde iba a ir? —le preguntó él, encogiéndose de hombros.
—¿No tienes algún familiar al que te gustaría visitar? ¿O algún sitio al que siempre hayas querido ir?
—Veo a mi familia todos los días —respondió Logan en tono divertido—. Y no hay ningún lugar que tenga muchas ganas de ver.
—Podrías ir a visitar a tu padre —le sugirió ella con cautela—. ¿Has estado ya en Nueva Zelanda?
Él arqueó una ceja, después frunció el ceño y respondió:
—He visto a mi padre en diciembre. Tengo suficiente para un año.
Alexis decidió cambiar de tema.
—¿Has tenido la oportunidad de estar alguna vez en el Pacífico Noroeste? ¿O en Seattle?
La pregunta lo sorprendió al principio. Sabía que Alexis iba a ir a un seminario a Seattle en dos semanas. ¿No le estaría sugiriendo que la acompañase?
—Ya sabes que voy a ir a un seminario la última semana de marzo —continuó ella—. Tal vez te apetezca pasar un par de días allí conmigo. El seminario es solo el miércoles y parte del jueves, pero ya he decidido que voy a quedarme todo el fin de semana.
Le dijo el nombre del hotel en el que iba a alojarse y le contó que estaba justo frente al mar, en una zona turística de la ciudad.
—Voy a tener bastante tiempo libre y no he estado nunca allí, así que sería divertido poder visitar la ciudad con alguien, aunque tengo entendido que no es la mejor época para ir. Los planificadores de eventos siempre nos reunimos en temporada baja, y en esta ocasión nos ha tocado hacerlo en la Costa Oeste.
Él se centró solo en una cosa.
—¿Quieres que vayamos de viaje juntos?
Ella hizo un ademán, como para restarle importancia al tema.
—No hace falta que se lo contemos a nadie. Podemos hacer como el otro día, cuando nos fuimos de excursión. Sería divertido, pasar un par de días en una ciudad en la que no existe prácticamente ninguna posibilidad de que nos encontremos con nadie conocido. Tú tendrías tus pequeñas vacaciones, y yo combinaría obligación y placer, y después cada uno volvería a su vida y a su trabajo. Teniendo en cuenta lo que nos espera, va a ser complicado que tengamos tiempo libre para vernos de aquí al invierno.
A Logan no le gustó oír aquello, se había acostumbrado a verla con frecuencia y a que pudiesen pasar alguna noche libre de vez en cuando. Sabía que eso iba a cambiar con la llegada de la temporada alta, sobre todo, para Alexis. Él solía empezar la jornada temprano y terminaba cuando caía la noche, en especial, los fines de semana, pero Alexis le había comentado que iba a tener varios eventos fuera de la ciudad.
Alexis parecía estar deseando que llegase aquella época del año tan frenética, todo lo contrario que él. Era normal que antepusiese su carrera a una aventura con él, por estupendo que fuese lo que tenían.
Ella sonrió y sacudió la cabeza.
—Ha sido solo una idea. También podrías tomarte un par de días y hacer excursiones en bicicleta, o ir de acampada y tomar cervezas con tus amigos. Así es como suele divertirse mi hermano.
Logan no conocía al hermano pequeño de Alexis ni a ningún otro miembro de su familia.
—Yo también he ido de acampada y a beber cervezas con mis amigos en varias ocasiones, y lo he pasado muy bien. No es una mala manera de desconectar.
Luego dijo:
—Bonnie me ha contado que ha ido a montar a caballo con Paul, que tiene un amigo con unos establos. Suena divertido. Y Kinley dice que han estado visitando museos y galerías de arte, y han probado algunos restaurantes nuevos de los que Dan tenía que hablar en la revista para la que escribe.
Hizo una pausa y después continuó:
—En eso, Kinley se parece a nuestro padre, que es muy sibarita. Cuando venía a vernos de pequeños, siempre nos llevaba a restaurantes y nos hacía probar comidas diferentes. Además de la comida, le encanta Dolly Parton —añadió Logan en tono seco.
—Eh, Dolly es una compositora excelente.
Él gimió.
—No sabes la de charlas que me han dado a ese respecto.
Alexis empezó a recitar nombres de canciones y él sacó una almohada de debajo de su cuerpo y la amenazó en silencio. Ella la apartó y se echó a reír, y Logan le dijo que tenía mejores maneras de hacerla callar. Luego procedió a demostrárselo, haciendo que dejase de reír para gemir de placer.
Al final, se le hizo tarde. Justo antes de marcharse, acarició a Fiona y le dijo a Alexis que parecía que todavía estaba enfadada porque no había ido acompañado de Ninja.
—Lo superará —comentó Alexis riendo—. Y tal vez puedas traerlo la próxima vez.
Logan no sabía cuándo iba a ser la siguiente vez, pero se dijo que ya era bastante que Alexis no pareciese haberse molestado al ver que él cambiaba de tema y no respondía a su sugerencia de acompañarla a Seattle. Tal vez Alexis le hubiese hecho el ofrecimiento de manera impulsiva y no le importase tanto si aceptaba o no. En cualquier caso, se lo iba a pasar bien, con o sin su compañía.
—Pensaré en lo que me has dicho, ¿de acuerdo? —le dijo—. Me refiero a lo de Seattle.
Ella arqueó las cejas, casi como si ya se le hubiese olvidado aquella conversación.
—Sí, por supuesto. La invitación queda ahí, si te interesa.
Él le dio un beso de buenas noches y después se marchó. Condujo a casa con el ceño fruncido. Le preocupaba sentirse tan tentado a comprar un billete para Seattle inmediatamente. Lo cierto era que sonaba muy bien, pasar un par de días en una ciudad nueva, con una amiga guapa y sensual, pero lo que más le preocupaba era saber que la tentación no habría sido la misma si la invitación se la hubiese hecho cualquier otra persona. Además, estaba seguro de que iba a echarla de menos durante su ausencia.
Lo que significaba que debía rechazar la invitación. Tal vez hubiesen pasado demasiado tiempo juntos en los últimos meses. Logan no quería acostumbrarse a esperar tenerla cerca cuando quisiese compañía. Muy a su pesar, había aprendido a contar solo con su familia, y no quería que le hiciesen más daño. No iba a volver a arriesgarse.
La mayoría de las bodas que se celebraban en invierno y a principios de primavera se hacían en el interior de la posada. El bonito salón que había en la parte delantera de la casa, en el que sus hermanas se habían casado, era perfecto para eventos pequeños e íntimos, mientras que cuando había más invitados se utilizaba el gran comedor.
Las tardes solían ser frías y húmedas de diciembre a mediados de abril, así que las novias que querían casarse al aire libre en esa época se arriesgaban con el tiempo, aunque a algunas no les importase. Alexis había presenciado un par de bodas cerca de Navidad que habían salido muy bien gracias a la decoración y a unos calentadores de exterior. Hasta había proporcionado mantas para los invitados en una de las celebraciones, y el tiempo había estado de su parte al no llover, a pesar del frío. Incluso en primavera, verano y otoño había que tener un plan alternativo por si hacía mal tiempo. No obstante, siempre se ponían más nerviosos cuando organizaban bodas al aire libre en la temporada baja, como el caso de la boda de los Kempshall, que tendría lugar el sábado por la tarde.
Josie Kempshall había ido al instituto con Alexis, y había sido una de las primeras en pedirle que organizase su boda. Por aquel entonces, Josie acababa de prometerse, y había tardado varios meses en decidir una fecha junto a su prometido, aunque siempre había estado convencida de que quería que Alexis se ocupase de todo. A pesar de las sugerencias de esta, Josie había decidido casarse en marzo, al aire libre y por la tarde, porque era el mes en que había conocido a su prometido. El plan B consistía en celebrar la ceremonia en el comedor, pero la novia había dejado claro que prefería el jardín aunque los árboles estuviesen pelados. Alexis había estado fijándose en las predicciones meteorológicas y se alegraba de que no anunciasen lluvias para ese fin de semana.
—Esperemos que los meteorólogos no se equivoquen en esta ocasión —comentó Kinley en la última reunión que iba a tener con Alexis antes de la boda—. Por el momento, parece que va a hacer un buen fin de semana.
—Esperemos que la lluvia no llegue hasta principios de la semana que viene, tal y como han dicho —añadió Alexis.
Bonnie, siempre pragmática, se encogió de hombros.
—No sería la primera vez que tenemos que decorar el comedor deprisa y corriendo, ni será la última. Aunque, pase lo que pase, será una boda preciosa.
Alexis asintió. Al menos el tema que Josie había escogido para la boda era fácil de coordinar. Solo quería narcisos de color blanco, amarillo y naranja. Para adornar el jardín, que todavía no estaba en flor, se iban a poner maceteros con narcisos y tulipanes. Y también se iban a colocar varios calentadores cerca de las sillas en las que iban a sentarse los invitados. El tema de la recepción era un picnic primaveral, así que habría más flores, cuadros y lunares en manteles y lazos, y una banda de música subida a una carreta.
A Logan no le gustaba lo de la carreta. Le preocupaba que las ruedas estropeasen el jardín. Aunque no se lo había dicho directamente a los clientes, sí había protestado delante de Alexis y Kinley. Su hermana le había recordado que los jardines habían sobrevivido a enormes carpas, con pistas de baile incluidas, a una fiesta de Pascua en la que los invitados habían buscado huevos de chocolate, a una fiesta para una chica de dieciséis años, con grupo de rock incluido y más globos que en un circo ambulante. Alexis se dio cuenta de que Kinley había evitado mencionar el desafortunado arenero.
Logan no se quedó tranquilo después de oír aquello, pero dejó de protestar y volvió al trabajo, y Bonnie se despidió también y fue a atender a sus huéspedes. Una vez más, Alexis se dio cuenta de que ni Kinley ni Bonnie sabían que se estaba viendo con Logan. O este era capaz de separar muy bien el trabajo de su vida privada, o era un actor digno de un Óscar.
Alexis había dejado su bolso en un pequeño muro de piedra que había junto a las escaleras que había en el jardín mientras discutía de la recepción con los Carmichael, y se quedó muy sorprendida al ir a por él y descubrir que había desaparecido. Se preguntó si de verdad lo había dejado allí, y entonces vio moverse algo. En ese mismo instante, oyó gritar a Kinley.
—¡Ninja! Trae ese bolso ahora mismo. ¡Logan!
El perro iba corriendo, con el bolso de Alexis en los dientes y los ojos brillantes. Esta sacudió la cabeza divertida, se agachó y lo llamó.
—Dame el bolso, por favor, Ninja.
El animal se acercó a ella y dejó el bolso en el suelo.
—Gracias.
—Vaya, parece que le caes bien —comentó Kinley, sacudiendo la cabeza.
—Ya nos conocemos —respondió Alexis—. Y los perros saben cuando a uno le gustan los animales.
—Lo siento —se disculpó Logan, acercándose a agarrar al perro del collar—. Ha salido corriendo cuando he abierto la puerta trasera de mi jardín. No suele hacerlo.
Miró a Alexis a los ojos un instante y esta se dio cuenta de que quería decirle que Ninja se había escapado porque sabía que ella estaba allí.
—No pasa nada. Ha sido solo una travesura.
—Qué perro —comentó Kinley con el ceño fruncido—. Es una pesadilla. No sabes cuántas veces nos ha robado cosas y las ha escondido en un rosal, detrás de un banco o en el jardín de Logan. Aunque no suele hacerlo con los huéspedes. Es muy raro que lo haya hecho con tu bolso.
Alexis se encogió de hombros.
—Estabais aquí conmigo cuando he dejado el bolso, así que a lo mejor quería jugar con vosotros.
Logan sacudió la cabeza.
—Mis hermanas también están empeñadas en atribuirle emociones humanas. Kinley piensa que intenta volverla loca deliberadamente. Y Bonnie no deja de hablar de su sentido del humor. Es un perro inteligente, por supuesto, pero no pienso que calcule sus actos.
Alexis no lo tenía tan claro, pero no se molestó en decirlo.
—¡Oh, qué perro tan bonito! —exclamó Josie Kempshall, bajando las escaleras del porche seguida por su prometido, Ted Beecher—. Es una mezcla de rottweiler con algo más, ¿no? Tuve un rottweiler de pequeña, me encantaba.
Alexis imaginó que Logan estaba deseando marcharse y ponerse de nuevo a trabajar, pero se quedó allí unos minutos más y permitió que la clienta abrazase y acariciase al animal. Después, Josie se enderezó y se limpió las manos.
—Lo siento, pero me encantan los perros —dijo riendo—. En especial, los rottweiler.
—Ninja es el perro de mi hermano —le explicó Kinley—. No suele andar por aquí suelto, así que no irrumpirá en vuestra boda el sábado.
Josie sonrió e hizo un ademán, como si aquello no le preocupase.
—A mí no me importa que venga.
Ted se echó a reír.
—Josie todavía tiene la esperanza de que el fantasma de la novia se presente también, así que no se va a preocupar porque aparezca un perro.
Alexis se dio cuenta de que Kinley se ponía seria al oír que mencionaban la leyenda de la posada. Logan, por su parte, gruñó. Los hermanos Carmichael nunca habían querido explotar la historia para intentar conseguir más trabajo.
Alexis conocía la trágica leyenda, como casi todo el mundo. Se decía que antes de que la posada hubiese sido construida, una joven había fallecido en la finca la noche antes de casarse con el amor de su vida, después de haber superado muchos retos para estar con él. Desde entonces se había aparecido a parejas que estaban destinadas a amarse hasta el final de sus días. Y Bonnie le había contado a Alexis que su tío abuelo Leo y su esposa, Helen, habían visto a la novia la noche en que este le había pedido que se casase con él. Logan y Kinley jamás se habían creído la historia, pero Bonnie sí.
A Logan no le gustaba hablar del fantasma. En una ocasión, le había dicho a Alexis que era todo una vieja historia imposible de creer, pero que él intentaba ser educado cuando los huéspedes le preguntaban por ella. Alexis sabía lo difícil que aquello debía de ser para él.
—Si me perdonáis —dijo este—. Tengo que llevarme al perro a casa antes de volver al trabajo.
Alexis lo vio marchar, lo mismo que el resto, y después se obligó a darse la vuelta para mirar a sus clientes. Escuchó sus últimos deseos y les aseguró que todos los proveedores estaban preparados para cumplirlos, promesa de la que se hizo eco Kinley en nombre de la posada.
Durante aquella conversación, Alexis puso toda la atención en su trabajo e intentó no pensar en Logan. Ya tendría tiempo para pensar en él después, cuando estuviese en casa sola, con su gato.
Estaba cansada y hambrienta cuando por fin se sentó a la mesa esa noche, frente a un plato de verduras rehogadas y arroz. Se dejó caer en la silla, añadió salsa de soja y tomó los palillos, que utilizaba solo por diversión. Luego miró a la gata, que estaba sentada en el suelo, a su lado, aseándose después de haber cenado.
—Por cierto, saludos de parte de Ninja —le dijo, rompiendo el silencio de la habitación.
Fiona levantó la vista un instante, irguió las orejas y luego siguió aseándose.
Alexis tomó un bocado de su cena y se quedó pensativa mientras masticaba. Pensó en lo que tenía que hacer al día siguiente, en la boda del sábado por la tarde y en las cosas que tenía que organizar antes. Pensó en un mensaje que Paloma le había enviado un rato antes. Al parecer, había conocido a alguien nuevo. Se prometió que la llamaría después de la cena para que se lo contase.
Era curioso, pero cuanto más tiempo pasaba en Virginia, centrada en su nueva carrera, más le costaba recordar su vida anterior. Casi nunca pensaba en su pequeño estudio, en el gentío de la ciudad, en las clases, las audiciones y las fiestas, ni en sus trabajos a media jornada en alguna floristería. Había salido con un hombre, un hombre que la había encandilado, la había entretenido y le había prometido amor eterno. Y a pesar de su historia familia, había estado a punto de creerlo, pero él la había dejado cuando le había contado que iba a dejar de actuar para abrir su propio negocio. Al parecer, Harry había estado más enamorado de su profesión, de sus amigos y de los eventos a los que habían acudido, que de la verdadera Alexis.
Tal vez se hubiese quedado en Nueva York si lo suyo con Harry hubiese funcionado, aunque crear su propia empresa allí habría sido complicado, ya que había mucha más competencia. En su lugar, había comprado una empresa ya creada y se había dicho que sería más fácil empezar una vida nueva dejando la anterior completamente atrás. Y había estado en lo cierto. Su negocio iba bien y estaba haciendo nuevos amigos, aunque trabajaba tantas horas que casi no tenía vida social. No obstante, tenía la certeza de haber tomado la mejor decisión.
Después de superar el dolor y la decepción sufridos con Harry, se había dado cuenta de que este no le había roto el corazón, aunque sí había hecho que aumentase su escepticismo con respecto al amor. Prefería sinceridad y realismo a enamoramientos pintados de rosa.
Y, hablando de personas sinceras y realistas…
Miró el teléfono, que había dejado encima de la mesa, junto a su plato, y se preguntó si Logan iba a llamarla esa noche. Era probable que no lo hiciera, dado que se habían visto unas horas antes, y ella no iba a quedarse allí sentada, esperando.
Tal vez, que Logan no hubiese aceptado su invitación a ir a Seattle fuese lo mejor. A pesar de que ella pensaba que no iba a asistir nadie conocido al seminario, y que era poco probable que alguien los viese juntos y se lo contase a sus familias, pasar juntos varios días con sus noches podía cambiar la dinámica de su cómoda relación. De hecho, nunca se habían despertado por la mañana en la misma cama.
Quizás fuese mejor no arriesgarse a probarlo y a que le gustase demasiado. Recordó el desastre de Harry y todos los motivos por los que no quería enamorarse de Logan, un hombre que también tenía muchas barreras emocionales. Alexis prefería pensar que era demasiado lista como para arriesgar su corazón.
Acababa de apagar el ordenador y de ponerse el pijama cuando sonó el teléfono. Aunque Alexis se había convencido a sí misma de que Logan no la iba a llamar, supo que se trataba de él incluso antes de mirar la pantalla.
—¿Dígame?
—Hola, espero que Ninja no haya estropeado tu bolso, porque si es así…
—No, no te preocupes. Solo he tenido que limpiar las babas. Ha tenido mucho cuidado. Solo quería jugar conmigo.
—Sí, espero que Kinley no se haya dado cuenta de lo cómodo que se siente contigo.
Alexis sonrió a pesar de que Logan no podía verla.
—Ya, no queremos que se dé cuenta, pero yo creo que solo ha pensado que Ninja estaba haciendo el gamberro.
—¿Qué tal ha ido el resto del día?
Alexis se sentó con la espalda apoyada en el cabecero de la cama y estiró las piernas.
—Tengo que contarte algo muy gracioso. Alguien me ha hablado de una boda que se celebró el fin de semana pasado, al parecer, fue un perro el que llevó los anillos. El caso es que en mitad de la ceremonia al animal le entró miedo…
Charlaron durante un cuarto de hora y después se dieron las buenas noches. A Alexis le gustó acostarse con el eco de la voz de Logan retumbando en su mente. No obstante, mientras ahuecaba las almohadas y se tapaba con la manta, se recordó que este no había mencionado en ningún momento el tema del viaje a Seattle.