7
La política de la creatividad
(darwinismo social → metabiología
social)
De acuerdo con la metabiología, el propósito de la vida es la creatividad, no la conservación de los genes propios. Nada sobrevive, todo cambia sin cesar, ta panta rei, todo fluye, todo es mudanza, como sostenía Heráclito.
Consideremos estos ejemplos de creatividad extrema y enigmática: Bach, Mozart, Euler, Cantor, Ramanujan.
Leonhard Euler escribió un artículo magnífico todas las semanas de su larga vida, siempre sobre un tema diferente, incluso después de quedarse ciego. Con él la creatividad parece lograrse sin esfuerzo. Explica toda su sucesión de ideas; al leerlo da la impresión de que tú también podrías hacerlo igual de bien, pero esa ilusión sólo dura mientras lo lees. Te da la sensación de que has tenido una especie de acceso directo a la fuente de la creatividad; en él era desbordante, ningún editor era capaz de seguir su ritmo…
Georg Cantor creó una suerte de teología matemática, unas matemáticas de lo infinito, de lo trascendente, como una manera de intentar llegar a Dios en el límite. Su paradójica teoría refleja la contradicción de un ser finito que intenta comprender el infinito, del Hombre intentando comprender a un Dios superior. No obstante, se trata de una teoría sugerente que ejerció un efecto inmenso en las matemáticas del siglo XX al fomentar una idea estructural mucho más general en teoría de conjuntos…
Srinivasa Ramanujan lograba sus resultados más magníficos sin demostración, mediante una especie de discernimiento inexplicable. Él afirmaba que la diosa Namakkal (también llamada Namagiri), de la región de Tamil Nadu, le escribía las ecuaciones en la lengua mientras él dormía. Es más, declaró que ninguna ecuación es válida a menos que exprese un pensamiento de Dios…
¡Ahí queda eso, reduccionistas!
Yo propongo que deberíamos medir las naciones por su creatividad, por su producción de nuevas ideas científicas, artísticas, tecnológicas o sociales, no en términos económicos. Y ¿qué puede hacer un país para maximizar su creatividad?
Por favor, repárese en que el Tratado contra el método, de Feyerabend, es en realidad un libro sobre política. Dado que las sociedades imponen un método, imponen una rigidez. Un científico no puede ser flexible si se encuentra inmerso en una sociedad rígida…
Las naciones fenecen cuando se vuelven rígidas, cuando la burocracia lo inunda todo, cuando se estancan, cuando se vuelven inflexibles, cuando piensan demasiado en sí mismas. En un momento dado, la prosperidad puede convertirse en un problema. Haciendo un gran esfuerzo podemos superar la pobreza y prosperar, pero es casi imposible superar la opulencia excesiva.
Es más, en mi opinión los seres humanos no deberían aspirar a ser como las máquinas; las máquinas son mucho mejores que nosotros en eso. Los seres humanos destacamos por ser creativos, por diferenciamos al máximo de las máquinas.
Pensemos en lo creativa que fue la antigua Grecia, y en la tediosa estabilidad que caracterizó al antiguo Egipto. Los griegos estaban separados por islas y montañas en ciudades-estado lo bastante pequeñas para que los individuos excepcionales tuvieran repercusión, mientras que la geografía egipcia permitió ejercer un control central férreo sobre un territorio amplio que contuvo cualquier cambio.
O consideremos la Italia renacentista, tan creativa y tan dividida en pequeños ducados y principados. No le sorprenderá oír que defiendo la anarquía creativa y el control descentralizado.
Recordemos que la tecnología de ordenadores surge del deseo de Turing de concretar el alcance de las teorías axiomáticas formales de Hilbert, y que la producción universal podría surgir de la tentativa de Von Neumann para entender la autorreproducción. ¿Recibiría ahora financiación alguno de estos dos proyectos de investigación? ¿Permite el régimen actual de financiación obtener ayudas para investigaciones básicas a largo plazo con pocas perspectivas de encontrar aplicaciones prácticas?
Cuando un político le preguntó a Michael Faraday (1791-1867) por las ventajas de sus descubrimientos eléctricos, por las bondades de la electricidad, él respondió: «¿Para qué sirve un bebé? ¡Algún día podrá cobrar impuestos por ese descubrimiento!».
Cuando a Carl Jacobi (1804-1851) le preguntaron por qué se dedicaba a las matemáticas puras, respondió: «¡Para honrar al espíritu humano!».
En la actualidad tan sólo se financia y publica «ciencia normal» (Thomas Kuhn), segura, progresiva, no cambios de paradigma. La creatividad se masacra.
Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la historia de Leigh Van Valen, descubridor de la hipótesis fundamental de la Reina de Corazones, que explica la creatividad biológica y el sexo, y cuya publicación se rechazó en numerosas ocasiones. Para conservar su libertad de actuación, Van Valen se negó a solicitar becas de investigación. ¿Se atrevería alguien a actuar así ahora?
Y ¿cómo se las apañó el autor de Demostrando a Darwin?, tal vez se pregunte el lector. Bueno, durante muchos años trabajé en ingeniería de hardware y software de ordenadores, y desarrollé mis inquietudes teóricas como una afición.
Otro ejemplo del modo en que funciona el sistema actual nos lo ofrece el destino del artículo o los artículos de Julian Schwinger sobre los mecanismos que podrían explicar los experimentos de fusión fría realizados por Pons y Fleischmann. A pesar de recibir el Premio Nobel, Schwinger no logró que aceptaran la publicación de su artículo en ninguna revista seria de física y, enojado, comentó: «¡Esta gente olvida que la física también es una ciencia experimental!», o eso mismo dicho con otras palabras.
Más recientemente, el inventor italiano Andrea Rossi se vio obligado a crear, como Van Valen, su propia revista para publicar sus trabajos sobre un instrumento práctico para lo que ahora denominamos reacciones nucleares de baja energía. Aquel aparato, que presentó ante la prensa en la Universidad de Bolonia en enero de 2011, parece fundir hidrógeno y níquel para obtener cobre y calor y, a diferencia del instrumento original de Pons y Fleischmann, da la impresión de ser barato y completamente viable, fiable y seguro. Rossi afirma que piensa despachar unidades comerciales a finales de 2011. Si así fuera, ¡vaya varapalo para la ciencia industrial!; ¡vaya varapalo para el sistema de revisión por pares y para el sistema de becas! Porque, tal como señaló Richard Feynman, la imaginación de la naturaleza supera con creces la nuestra.
El espíritu creativo sobrevivirá y la ciencia industrial no triunfará por una simple razón. Las sociedades que suprimen la creatividad consiguen incrementar temporalmente la estabilidad y el rendimiento, pero carecen de suficiente flexibilidad para enfrentarse al entorno cambiante. A la larga se quedan en el camino, como los dinosaurios quedaron reemplazados por los mamíferos, más avispados, más flexibles. Los seres humanos no somos especialmente buenos en nada en concreto, pero somos muy curiosos y enormemente adaptables. Al igual que la máquina universal de Turing, somos generalistas, no especialistas.
Las sociedades deben imponer cierta coherencia para sobrevivir, pero no demasiada, si no quieren acabar por completo con la creatividad. Deben encontrar un delicado equilibrio entre permitir que algunos individuos se salten las reglas hasta cierto punto. Claramente marchamos en la dirección equivocada en algunas sociedades actuales, donde la creatividad está microsupervisada por burocracias gigantescas.
En mi opinión, la tarea que más nos urge en la actualidad consiste en ser lo bastante creativos para diseñar una sociedad flexible, una sociedad en la que se tolere de algún modo la creatividad, no como el mundo feliz de Aldous Huxley, del que se eliminaron el arte y la inteligencia en pro de la estabilidad:
¡Debemos ser lo bastante creativos para diseñar una sociedad que permita la creatividad!
Veamos algunas observaciones relacionadas con esto procedentes de mi herencia cultural judía. El Talmud contiene infinidad de debates y razonamientos, y la autoridad de cada rabino como líder de un shtetl o comunidad se basaba únicamente en sus conocimientos e inteligencia, no era hereditaria. Se cuenta con que todos los hombres estudien; todo el mundo opina. Al igual que en la cultura hindú, no existe una autoridad central; los gurús tienen su método particular de enseñanza, y hasta su propia versión de las verdades fundamentales…
De acuerdo con esta tradición, Israel es, a mi parecer, una sociedad bastante creativa, bastante controvertida; la obliga a ser creativa el constante estado de guerra. Los militares jóvenes, tal vez procedentes del cuerpo de inteligencia, suelen abandonar el Ejército para formar startups o empresas de alta tecnología de nueva creación. La gente se mueve de startup en startup…
Permítanme concluir este capítulo con algunas citas extraídas de Apología de un matemático, de G. H. Hardy, obra que inspiró a muchos estudiantes de matemáticas como yo mismo:
Nunca ha sido de gran valor que un hombre de primera clase exprese una opinión mayoritaria. Por definición, hay mucha más gente para hacer eso.
[…]
Los matemáticos, como los pintores o poetas, son creadores de modelos. Si sus modelos son más permanentes que los de éstos es porque consisten en ideas.
[…]
Nada de lo que he hecho jamás tiene la más mínima utilidad práctica.