CAPÍTULO 4:
Por un instante Jane sintió que había vuelto al hogar. Al fin. Ilya no la tocaba, mantenía sus manos en la pared, mientras invadía todos sus sentidos.
Su olor, su sabor, su lengua junto a la suya, invadiéndola de calor, devolviéndola a la vida.
Pero entones recordó sus palabras.
“Te deseo” “Jane”
Nunca había sido suyo y nunca lo sería. Le apartó empujándole con las manos, y él se alejó, aunque no demasiado. Continuó dejando las manos a ambos lados de su cabeza, y le sonrió de forma cínica.
-El deseo siempre es una buena base para el matrimonio, ¿No creéis?
¡Cómo le odiaba! Por convertir todo lo que habían sido en simple pasión.
-No voy a casarme contigo.
Le dijo, y se escurrió de entre sus brazos pasando por debajo. Luego se acercó a la ventana para ver lo avanzado del día.
-Bien, yo le he dado mis motivos Lady Avery, ¿Me dará usted los suyos?
Volvía a ser Lady Avery. Ya no Jane.
Se dio la vuelta para verle de pie, con las piernas y los brazos cruzados, apoyado sobre un aparador. Y sus ojos le hablaban de deseo.
-No te amo. -le mintió.
Y el empezó a reír.
-Menuda novedad… -le pareció oírle murmurar.
-Al menos no has dicho que no me deseas…
La estaba volviendo loca con sus cambios de humor, y con su paso del tuteo al decoro en tan sólo un segundo. Y ahora la llamaba mentirosa, como en aquella otra ocasión.
-Será mejor que me vaya.
Jane ya no podía soportarlo más. Descubrir sus propios sentimientos después de seis años ya era demasiado, y además tenerle allí.
-Nunca te consideré una cobarde.
Dijo Ilya cuando ya se dirigía a la salida. Y aunque sabía que la estaba espoleando, no pudo evitar responderle.
-Tu no me conoces.
Y cometió otro error. Le miró.
Ahora él fijaba su vista en sus propias manos, su pelo algo largo tapaba sus ojos, y ella reconoció al joven que había sido.
-Te equivocas, Lady Avery. -dijo con gran ternura. -Te conozco como nadie te conoce…
Jane se estremeció ante sus palabras. Porque eran ciertas, maldito fuese. La conocía de forma física, sí, pero también desde un nivel más profundo…
Luego Ilya alzó la mirada para clavarla en ella.
-Recuerdo que la primera vez que te vi no tuviste miedo…
10 años antes, en el inicio de la temporada londinense.
-Será mejor que esté quieta, señorita, o morirá envenenada.
Jane no podía creer que su primera temporada en Londres fuese a acabar tan sólo una semana después de haber comenzado.
No sabía qué extraño motivo la había llevado a trepar a un árbol en mitad de Hyde Park para observar un nido de avispas. Tal vez sí lo sabía…
Tres años en aquella escuela de señoritas, sin pisar su querido Derbyshire, sin sus caballos ni sus perros, sin sus campos, sin sus paseos a la luz de la luna escapándose de casa en mitad de la noche.
Y justo después Londres, y la insistencia de sus padres porque encontrase un marido. Que nunca le daría libertad.
Y esa colmena.
La voz de la razón le hablaba desde abajo con tono algo menos jovial del que quería aparentar. Estaba en lo cierto, si las avispas la atacaban moriría en cuestión de minutos. Y desde luego no podría bailar.
-Baje despacio, sin hacer movimientos bruscos. -le indicó aquella voz, tranquilizándola un grado. -No tema caer, si resbala yo la cogeré.
Jane cometió entonces el error de mirar a su salvador, sólo para asegurarse de que la sostendría.
Y vio al hombre más guapo que había visto nunca. Era enorme, alto y de hombros anchos, y su pelo era de un blanco cegador. Aunque lo que en realidad llamó su atención fue la tranquilidad que le dieron sus ojos.
Le miró por un instante antes de seguir descendiendo, y entonces como en una coreografía ensayada, se resbaló y él la cogió entres sus brazos.
-Te tengo. -dijo él en tono serio.
Y Jane le sonrió.
En ese instante fue cuando Ilya supo que sería suya.
-Allerdale, suelta a mi hermana ahora mismo si no quieres que te mate.
La voz de Connor Avery sin duda se lo confirmó.
Sí, Ilya sabía que ella no era una cobarde, como sabía que esa vez usaría cualquier arma a su alcance para evitar perderla. Ya no era un joven enamorado, pero no era tan tonto como para no entender lo que siempre habría entre ellos.
La miró una vez más, ella también perdida en los recuerdos.
-No te vayas, Jane.