Saltar a la comba, pegar puñetazos al aire y sobre todo boxear con un adversario imaginario. Los púgiles calientan para el gran combate. Tal es el peligro. El espejo del rincón aconseja: Mantén los puños en alto y la cabeza gacha. Entonces suena la campana y hay que salir de los pisos, abandonar la imagen del puesto de trabajo, y entrar en las calles vestidos para la noche. El crepúsculo es una fábrica de máscaras.
Cae la happy hour, esa niebla baja. Es la noche de las chicas o de los chupitos a precio especial o del dos por uno. El camarero supervisa la distribución del alijo de bebidas rebajadas con agua al tiempo que caza trozos de conversación al aire. Otra gente le vacía el gota a gota. Los bebedores solitarios comparten cuentos con moraleja a través de sus posturas. Él colecciona posavasos de todo el mundo. De este, tiene a punta pala. Esta es la cerveza ideal cuando piensas tomarte más de una. Sentarse en la barra a esperar que se acerquen a ligar contigo como en las películas. O solo que te salven. La vista se pasea de taburete en taburete, como dedos que recorren filas de libros. Rebusca en este estante de la biblioteca, entretente en los lomos incluso mientras también rebuscan en ti, te examinan, te analizan. Desde luego todavía quedan algunos volúmenes por leer. Sácate la siguiente personalidad del bolsillo de atrás. Tal vez esta funcione. Él oye sus mismas palabras en labios de otra persona y desearía que sus quejas no fueran tan comunes. Paséate arriba y abajo. La cosa acaba de empezar.
Bajan atolondradamente las escaleras del museo después de asimilar la exposición estrella de la temporada. Ella se siente mucho más cómoda repitiendo como un papagayo a los críticos si lleva una entrada auténtica en el bolsillo. Cuando entraron en el cine de arte y ensayo, la película estaba empezada. Pensar en pagar el recargo de las sesiones diurnas. ¿Qué te apetece hacer? No sé. Los demás saben dónde están los nuevos restaurantes de moda. Ellos ya no salen tanto como antes. Los persiguen los ojillos redondos y brillantes de la canguro. Dependiendo de lo que esté ocurriendo en el resto del mundo, durante minutos enteros él es el peor camarero del mundo. Los protocolos para comportarse ante las quejas están pegados en la puerta de la cocina. Puede que con saliva. Durante los aperitivos están que arden, pero se lo guardan para casa y así no se pelean en el restaurante. Es agradable compartir una actividad o afición con tu cónyuge. Estos dos se han decidido por el resentimiento y eso los ha unido más. Por improbable que parezca, por una vez son la pareja equilibrada en la mesa para cuatro. Ella pone los ojos en blanco cuando él pide algo que no está en la carta. Eso tiene buena pinta. Comen aquí una vez al mes pero esta comida de hoy les ayuda a ver que hace ya tiempo que las cosas no van bien y nunca volverán a ir bien. Cuenta atrás para los síntomas de una intoxicación alimentaria. ¿Tomarán postres? Tenemos un amplio surtido de licores amargos.
Tiene que ser aquí. No lo es. Esta dirección en particular no existe. En otra ciudad tal vez, pero no en esta, o quizá en el futuro, pero no ahora. Entonces unos desertores abren la puerta y comienza la acción. Él jura que ya ha estado aquí antes. No conoce a nadie. Perdido en el cóctel. ¿Con quién hablar? Con nadie. Escurre otra vez el hielo derretido. Ve al bar, visita el lavabo: para cuando regreses la fiesta se habrá alineado a tu favor. No cae esa breva. Sembrar este rumor cuesta más de lo que parecía. Los jardineros aconsejan paciencia, las cosas echan raíz o no. Dada la opción de elegir entre dos fiestas ese tipo de allí siempre errará la elección. Un ejemplo que viene al caso. No hay que husmear cierto tipo de entrantes. Ella lleva media hora tratando de ganar conversos a las rencillas sin éxito. ¿Qué ve en él? Si el hombre es de lo más transparente. Tan viejo que podría ser su hija. Durante medio minuto habitan la ciudad soñada que tanto los atraía en sus ciudades natales pero luego descubren que no tienen nada firme bajo los pies y caen. La mayor frecuencia de arenas movedizas se da en las películas, luego en las fiestas. Recuerda lo que te digo: cuando al final enseñen a los libros ilustrados a hablar y andar, el mercado abandonará el negocio de la esposa trofeo y juguete para niños.
Los modernos buscan refugio en la iglesia, Nuestra Señora de la Perpetua Subcultura. Se produce cierto debate acerca de si todavía están en la onda pero lo recóndito de la ubicación y la llegada de sus similares los tranquiliza. Guarda la dirección en secreto, que la chusma la encuentre sola. Vaya, esta mierda de performance artística está consiguiendo que me sienta fatal por diversas cuestiones emocionales mías. Él tiene que escabullirse temprano para volver a su mal arte. Tres hurras por tu rica vida interior, que te sea de gran ayuda el día que toque pagar el alquiler. Mezclar cerveza con licores es lo peor. A esta invito yo. No sabe cómo, pero acaba pagando todas las rondas. Los clientes van cambiando hora tras hora, cultivan encendidas discusiones. Lo que hablan: su novio está fuera de la ciudad, su compañero de habitación de la universidad está en la ciudad, el grupo de un amigo toca en el centro. Él ha hecho demasiados planes con demasiadas personas y las cosas no saldrán bien. Ella está un poco preocupada porque a medianoche entra en funcionamiento la nueva legislación y las draconianas leyes Guárdate el Drama para la Mama van a cortarle las alas. Ataca, estás en la ciudad. La ciudad contraataca.
Las reseñas de los diarios dan direcciones equivocadas del nuevo lugar de moda. De pronto están en calles vacías de vecindarios que no conocen y deben adentrarse aún más en la oscuridad antes de ponerse a salvo. Rincones y callejones sacados de leyendas urbanas, entradas tapiadas, periódicos que actúan como dobles de plantas rodadoras. Farolas aterradoras. Pasos de matones errantes. Preguntan: ¿Me oyes? Preguntan: ¿Eres tú junto a mí o me ha llegado la hora? Entonces la música penetra en los tejidos profundos, ven las luces y el gentío, pero han pasado verdadero miedo y qué ocurriría si corriera la voz de que, después de tantos años, todavía se asustan. Una cosa es segura, esta: la noche mantendrá la boca cerrada. Las puertas de los clubes nocturnos están cerradas. Este es el modelo de gorila por horas más popular. Nunca parpadean. Nuevos y sádicos avances les permiten valorar el alma de los aspirantes a entrar en las discotecas. Según cómo se mire, parece que la cuerda de terciopelo sonría. Una delegación de cadáveres pasa tambaleándose sobre tacones de precaria estructura. Ella leyó en un artículo que esta temporada se lleva el formaldehído. Economía básica: si solo admiten a la gente guapa, ¿quién pagará la consumición mínima?
Y decían que su camisa era chillona. Deseos escenificados. Uno a uno, el grupo marcha a la aventura. Cuando se despierten por la tarde del día siguiente compararán experiencias. Fallos de diseño de los ricos y famosos. Llama con educación a la puerta del lavabo. Allí dentro no se trama nada bueno. Resulta de lo más sospechoso. Cuidado: es la competición nocturna de los ayudantes anoréxicos. Se cuelan con facilidad. Todo el mundo tiene tan buen aspecto, todo el mundo es tan estupendo, que solo quiero añadir una cosa: Adelante, tropas, sigan trabajando así de bien. El DJ ha estudiado la evolución y sabe cómo colarse por la puerta trasera del tronco cerebral de los reptiles. El ritmo llama al amotinamiento, recluta extremidades y caderas, desnuda esta fachada de voluntad propia. Por lo visto esta canción es muy popular. Bailes lascivos provocan reacciones. Después de tantos años, siguen sin sacarla a bailar. No tiene ni idea de lo que es ser capaz de acercarse a alguien bailando sin más. Los brazos enjarras destierran las bebidas al suelo. Codos, tacones, manos y cabezas. Cuidado con el niño-hombre patoso a las diez en punto: los de su tipo tienden a agitar las manos al bailar. Ella se mira las caderas. No están nada mal.
Hay luna llena. Los efectos lunares son fácilmente apreciables en las salas de urgencias y los vestíbulos de los cajeros automáticos. La gente necesita más dinero. ¡Si pudieran retirar sentido común! Los amigos incitan a los amigos a comportamientos desacertados. Hablar con aquella mujer, levantar los puños, robar objetos del mobiliario. Ella le sigue desde hace veinte manzanas y él todavía no se ha dado cuenta. A estas horas las calles son una astracanada. Corean: Pelea de chicas, pelea de chicas. ¿Por qué el zumbado de turno le elige a él, tan obvio es? Reconócelos del instituto y huye. Pasa frente al garito de jazz húmedo de tantos solos, pasa frente al bar local con cantautora que se lo toma todo muy en serio. Con este concierto ganará suficiente dinero para comprar un diccionario de rimas nuevo, de lo mejorcito, el que tiene la palabra que rima con orange. Encontrarse con el dependiente de la tienda fuera del trabajo y en un contexto nuevo. Los mundos colisionan. Hay un poli. En su momento le pareció buena idea. Ahora va a tener que explicar cómo se hizo la cicatriz una media de tres veces y media por semana durante el resto de su vida. Si se reunieran todas las víctimas podrían rastrear el origen de sus desgracias hasta esta cabina maldita. Es la única que funciona en varios kilómetros y todo lo que la gente dice por ella acaba mal. Telegrama urgente del Ministerio de Pensamientos Desafortunados: Pensando Stop No Sacarás Nada Bueno Stop. Como la luna, solo estás digno y visible unos días al mes. Ejerces influencia, atraes las cabrillas. El resto del tiempo es puro declive, desmembramiento y nadie tiene idea de dónde paras. Hace mucho frío. Solo unas manzanas más, amor.
Mantén la ilusión de que esta noche será distinta, arranca los generadores de emergencia si hace falta. Hay asientos de sobra en los cafés predecibles, sin esperas, ¿qué tomarás? El menú no cambia nunca. La situación de tensión sexual con esa amistad no avanza demasiado. La Noche solo para chicos choca con la Noche solo para chicas y genera cierta confusión sobre quién cede el paso. Quizá le conoces de seducciones fallidas tipo Escaleras de Entrada a Casa o Pasillo a Oscuras en Fiesta Navideña. Ella se ha convencido de que no tiene ningún plan secreto para este encontronazo. Esperar a que se inicie la conversación para revelar el verdadero propósito de esta cita. En lo que a amores se refiere, no olvida ninguna de las lecciones aprendidas. No, ella nunca le ha sido infiel pero, dicho así, casi parece un desafío. Le sobran dos copas para ser capaz de enfrentarse a encuentros casuales con relaciones, parientes o compañeros de trabajo vagamente conocidos. Informarán del encuentro. Uno a uno vamos volviéndonos irreconocibles.
Pero espera, aún hay más. Bajo la carpa del circo. En minúsculas salas de charlas educadas, en tabernas atiborradas, en clubes tenebrosos, los ciudadanos hacen cola para las mismas diversiones, juegos gastados y viajes frustrados. Me gusta tu fez. Todavía queda tiempo de sobra para hacer la pelota, airear resentimientos, sacar a la luz defectos de personalidad. La persona más importante de la sala genera un campo gravitacional que atrae las servilletas de cóctel. Apunta al bajo vientre, es su punto vulnerable. Cualquiera tiene un dineral. Por lo visto ella no ha sabido espabilarse en el trabajo, porque todo el mundo actúa como si la tuvieran calada. La gente se las arregla con su utilería favorita, chistes viejos, algún escote, la anécdota número 7. Comprobado: la anécdota 7 es el doble de eficaz que la anécdota 6 y la mitad de larga. Le aplauden la gracia. A menos de un tercio del final ya está claro que la broma va a ser un fracaso. De las reacciones se deduce que esa palabra ya no se usa en compañía de personas educadas. ¿Sabías que sonreír educadamente quema las mismas calorías que hablar con franqueza? Él le confiesa su amor en un momento en que se quedan solos. Cuando ella va a responderle, todo el mundo regresa. Antes estaban casados y ahora se reparten el espacio como una vez se repartieron los amigos. Ni se te ocurra traspasar esta línea. Algunos se frotan la alianza de casados cuando ven a semejante criatura. Él estudia la postura de ella al hablar con aquel apuesto desconocido. Algo va a hacer saltar las alarmas. Humo, sin duda. Diez pavos a que se van juntos. De pronto caes en la cuenta de que estás hablando demasiado cerca. Todos los demás parecen haberse marchado y ¿qué significa eso? Alguien te ha robado el abrigo.
Más pesadillesco, por favor. Si insistes. Esta es exactamente la clase de comportamiento contra la que le previno su terapeuta. Él se viste como sus amigos para que no sospechen que no es como ellos. Para adelantarse al rechazo, ella se viste para exagerar su diferencia cuando el verdadero enemigo no es el desprecio del mundo, sino su indiferencia. Expláyate explicando tu última decisión profesional. ¿Cómo tiene el valor de dejarse ver por la ciudad después de los últimos reveses? La gente dedica un par de minutos a saborear los reveses ajenos antes de volver a concentrarse en sus propias incompetencias. Esta es la enésima cerveza pero debe de tener la solitaria o algún tipo de vacío interior porque no está ni un poco achispado. Lo que la gente interpreta en ella como cierto aire misterioso es solo un efecto secundario de la medicación. Ocurren cosas bajo mano. Las gárgolas han descendido de sus miradores en los tejados para reemplazar a sus amigos, pero él no está seguro de si debería hacer algo porque lo cierto es que resultan bastante divertidas y mucho más solidarias que sus amigos de verdad.
Impresiónalos con tu selección, gurú de la máquina de discos. Empuja los botones adecuados y ella se unirá a tu culto como si le hubieran lavado el cerebro. Pontifica, por así decirlo, puesto que estos panfletos contienen su filosofía. ¿Han sonado ya tus canciones? Por toda la ciudad, máquinas de discos pasivas-agresivas retrasan salidas. Cada selección de canción estira de ellos hacia un lado u otro, zarpan tristes a menos que burlen la resaca de acordes menores. Esta noche la canción que siempre has detestado te llega con gran intensidad desde la máquina de discos y escuchas la letra por primera vez, después de tantos años por fin comprendes. Tu nuevo yo con un alma más vieja. Ahora es tu favorita. Todo este tiempo has cantado mal la letra. Hay quien ya ha decidido el rumbo de la noche. Como nadie ha comentado nada respecto al anillo de pedida, él les vuelca las copas. Accidentalmente a propósito. Él se confiesa por completo, con el último sorbo ha sobrepasado su límite, pero ella tiene soledad a manos llenas y no piensa cargar también con la de él. Busca en tu interior el modo de amordazar esa parte destrozada de ti que está hablando.
Último aviso. Que significa buenas noches para cualquiera con un mínimo de sentido común. Cualquiera con un mínimo de sentido común está dando la noche por concluida. Seguir más allá trae consecuencias. Una más para el camino. El finge que necesita que lo convenzan. La juerga va a las mil maravillas, gracias por preguntar. Los adjetivos que describen los lavabos son tan escasos como una especie en peligro de extinción protegida por la legislación gubernamental, de modo que usa la imaginación. Adiós a la cita para desayunar. A cada hora que pasa anula otra cita más y ahora tiene todo el día libre. Se rumorea que abren fuera de horas. Algo en el modo en que dicen «Hasta luego» materializa el hecho de que su amistad cambió hace meses y que en realidad no se verán en mucho tiempo. Todo arreglado: se irán por separado y se reunirán dentro de diez minutos. Nadie se dará cuenta. Todo el mundo lo sabe. Intercambio de teléfonos. Lo que hablan: deberíamos salir alguna vez, deberíamos quedar, deberíamos hacer muchas cosas que nunca haremos. A las damas borrachas sus amigos de mente ágil las meten en taxis, fuera del alcance de los depredadores. Él no se espabilará. Esta es la última mano. Lo ha apostado todo. Pocos de ellos confiesan ser actores y sin embargo tienen un don natural para estas improvisaciones en la acera, para todo ese burdo teatro del ¿Hacia dónde vas?, ¿Quieres compartir taxi? No quieren irse a casa. Alguien les está esperando. O nadie.
Se dirigen a casa. Recordar demasiado tarde que él resulta insufrible en los trayectos largos en taxi. En Cartel: El Regreso del Nativo. Se adentra en sus avenidas habituales, borracho. Se abrocha el cinturón por seguridad. Viaja con él y antes o después le oirás decir: Antes vivía ahí. Y señala con el dedo como si quisiera hacerle un agujero a la noche. Antes vivía ahí. En Broadway y Fulton y Riverside y Houston, es un puñetero coñazo, incapaz de mantener la boca cerrada. Antes vivía ahí. En salas de cine atiborradas cuando resulta que la patrulla de reconocimiento sabe dónde comprar los mejores perritos calientes a cincuenta centavos. En largas caminatas, rebuscando entre los libros de fotografía al azar, oyendo pasar los aviones por el cielo: Antes vivía ahí. Cuando menos se lo esperan, lo dice, porque si no ha vivido allí, algún día lo hará. Siempre hay otros pisos esperándole. Siempre queda más ciudad.
Retenido por los semáforos en lugares clave. En el escenario del accidente de ayer quedan trozos de metal y minúsculos cubitos de vidrio. Cada vez que cambia el semáforo, los neumáticos dispersan los restos a lo largo y ancho de la ciudad convertidos en una capa de pena invisible. Él vivía en esa esquina. ¿Quién vive ahora en esos pisos? ¿Quién tiene su número de teléfono de antes? Un cálculo rápido confirma que ahora no podría permitirse el piso en el que creció y es un exiliado en su propia ciudad. ¿Qué decir cuando pasas por delante de ese piso y todos los demás? ¿Cómo transmitir esa sensación a sus amigos o a quien pudiera importarle? La inmensidad de la deuda. La pobreza de los ciudadanos. ¿Qué decir cuando pasas por los lugares humildes que te comprendieron de mil maneras que no alcanzas a entender, que no te fallaron ciertas noches en que no tenías ni amigos ni taxista, solo las llaves? El semáforo cambia. Casi estás en casa. No demasiado pronto.
Después de tanta preocupación y tantos mares revueltos, la noche vuelve a puerto. Pese a todo, algunos han conseguido llegar a la orilla. Él conoce un sitio para desayunar. Mira la hora. Mírame a mí. Míralos a ellos cogidos de la mano. Se han pasado la noche charlando. Mientras todos los demás enloquecían ellos se han encontrado. No están hechos el uno para el otro pero tal vez estén hechos el uno del otro. La misma sustancia, igual que la ciudad es una sustancia, hasta el último centímetro, de cabo a rabo. Sólida. Inmutable. Irrompible. Todos fuera. Última parada. Mira al cielo. Hacia el este. Se ve la luz del sol con sus colores de fábrica, la luz del sol cargando contra cristales rotos, la luz del sol sobrepasando por fin los edificios, y estamos a salvo.