14. Marxismo y Darwinismo
El gradualismo de Darwin
"A veces se dice que el punto de vista de la dialéctica es idéntico al de la evolución. No hay duda que estos dos métodos tienen puntos en común. Sin embrago entre ellos hay una diferencia profunda e importante que, hay que decir, está lejos de ser favorable a las enseñanzas de la evolución. Los evolucionistas modernos han introducido una dosis considerable de conservadurismo en sus enseñanzas. Quieren demostrar que no hay saltos ni en la naturaleza ni en la historia. La dialéctica, por otra parte, es consciente que tanto en la naturaleza como en la historia los saltos son inevitables. Pero no pasa por alto el hecho innegable que en todas las fases del cambio existe el mismo proceso ininterrumpido. Sólo intentar dejar claras por sí misma la serie de condiciones en las que el cambio gradual lleva necesariamente a un salto" (Plejanov)
Darwin consideraba la evolución como un proceso gradual de pasos ordenados que se producía a una velocidad constante. Se adhería a la máxima de Linnaeus: "La naturaleza no da saltos". Esta concepción se reflejaba en todos los aspectos del mundo científico, notablemente uno de los discípulos de Darwin, fue Charles Lyell, el apóstol del gradualismo en el terreno geológico. Darwin estaba tan comprometido con el gradualismo que baso en él toda su teoría. "El registro fósil es extremadamente imperfecto", dijo Darwin, "y este hecho explica en gran medida que no encontremos interminables variedades, vinculando y uniendo todas las formas de vida existentes y extinguidas en escalones graduales. El que rechace esta visión del carácter del registro fósil estará rechazando toda mi teoría". Este gradualismo darwinista estaba enraizado en los puntos de vista filosóficos de la sociedad victoriana. Todos los saltos, cambios abruptos y transformaciones revolucionarias quedaban eliminadas de esta "evolución". Esta visión antidialéctica ha dominado la mayoría de las ciencias hasta el día de hoy. "Un prejuicio profundamente enraizado en el pensamiento occidental nos predispone a buscar continuidad y cambio gradual", dice Gould.
Sin embargo estos enfoques también han provocado una acalorada polémica. El registro fósil actual está lleno de saltos. Revela tendencias a largo plazo, pero también son muy desiguales. Darwin pensaba que estas desigualdades se debían a lagunas en el registro. Una vez que se descubriesen las piezas perdidas, se revelaría una evolución gradual y suave del mundo natural. Los paleontólogos Niles Eldredge y Stephen Jay Gould en contra el enfoque gradualista, han planteado una teoría de la evolución llamada del equilibrio puntuado, sugiriendo que el registro fósil no es tan incompleto como se pensaba. Los saltos podrían reflejar lo que realmente sucedió. La evolución funciona con saltos, puntuados por largos periodos de desarrollo gradual y estacionario.
"La historia de la vida no es un continuo de desarrollo, sino un registro puntuado por episodios breves, a veces geológicamente instantáneos de extinciones masivas y subsiguiente diversificación", dice Gould. Más que en una transición gradual, "los animales multicelulares modernos aparecen por primera vez de forma clara en el registro fósil hace unos 570 millones de años y con una explosión, no en un crescendo prolongado. Esta "explosión cámbrica" marca el surgimiento (por lo menos en evidencia directa) de prácticamente todos los grupos más importantes de animales modernos y todo en el minúsculo espacio de tiempo, geológicamente hablando, de unos pocos millones de años"
Gould también insiste en el hecho de que las fronteras del tiempo geológico coinciden con los puntos de inflexión en la evolución de la vida. Esta concepción de la evolución se acerca mucho al punto de vista marxista. La evolución no es un movimiento gradual y suave de lo inferior a lo superior. La evolución se produce a través de revoluciones y transformaciones. Hace más de un siglo el marxista George Plejanov polemizó con la concepción gradual de la evolución:
"La filosofía idealista alemana", resaltó, "se revolvió decisivamente contra tal concepción contrahecha de la evolución. Hegel la ridiculizó mordazmente, y demostró irrefutablemente que tanto en la naturaleza como en la sociedad humana los saltos constituían un estadio tan esencial de la evolución como los cambios cuantitativos graduales. "Cambios en el ser", dice, "consisten no sólo en el hecho que una cantidad se convierte en otra cantidad, sino también que la cantidad se convierte en calidad, y viceversa. Cada transición de este último tipo representa una interrupción en la gradualidad, y da al fenómeno un nuevo aspecto, cualitativamente distinto del anterior".
"Evolución" y "revolución" son dos caras de la misma moneda. Al rechazar el gradualismo, Gould y Eldredge han buscado una explicación alternativa de la evolución y han sido influenciados por el materialismo dialéctico. La comunicación de Gould sobre el "Equilibrio puntuado" traza paralelismos con la concepción materialista de la historia. La teoría de la selección natural es una buena explicación de cómo las especies mejoraron la forma en que hacían lo que ya hacían, pero es insatisfactoria a la hora de explicar la formación de nuevas especies. El registro fósil muestra seis importantes extinciones masivas que tuvieron lugar al principio y al final del periodo Cámbrico (hace 600 y 500 millones de años respectivamente), y al final del Devónico (hace 345 millones de años), del Pérmico (225 millones), el Triásico (180 millones) y el Cretáceo (63 millones). Para explicar este fenómeno se necesita un método totalmente nuevo.
La evolución de una nueva especie viene dada por la evolución de la composición genética que permite a miembros de la nueva especie reproducirse entre sí, pero no con miembros de otras especies. Las nuevas especies surgen de la ramificación de la cepa original. Así es, tal y como explicó Darwin, como unas especies descienden de las otras. El árbol de la vida demuestra que se pueden rastrear varias especies hasta encontrar un antepasado común. Los chimpancés y los humanos son especies diferentes, pero tienen un antecesor común extinguido. El cambio de una especie a otra se da de forma rápida entre dos especies estables. Esta transformación no se da en una o dos generaciones, sino posiblemente durante cientos de miles de años. Como comenta Gould: "Esto puede parecer un largo periodo de tiempo con punto de referencia de nuestras vidas, pero es un instante geológico. Si las especies surgen en cientos o miles de años y entonces persisten, en gran medida inmutables, durante millones de años, el periodo de su origen es una fracción minúscula de un uno por ciento de su duración total".
La clave de este cambio reside en la separación geográfica, dónde una pequeña población se ha quedado aislada de la población principal en su periferia. Esta forma de especiación, llamada alopátrica, permite que se de una rápida evolución. Tan pronto como una especie ancestral se separa, la interreproducción se detiene. Cualquier cambio genético se produce por separado. Sin embargo, en la población más reducida las variaciones genéticas se pueden extender muy rápidamente en comparación con el grupo ancestral. Esto se puede producir por selección natural provocada por cambios en los factores climáticos o geográficos. En la medida en que dos poblaciones se separan llega un punto en que se forman dos nuevas especies. Los cambios cuantitativos dan paso a una transformación cualitativa. Si se vuelven a encontrar en el futuro serán tan divergentes genéticamente que no podrán reproducirse, o su descendencia será estéril o enfermiza. En un momento dado se puede dar el caso de que especies con el mismo modo de vida se vean obligadas a competir, llevando posiblemente a la desaparición de la menos adaptada.
Como Engels comentó: "Los procesos orgánicos de desarrollo, tanto del individuo como de la especie, por diferenciación, prueba más notable de la dialéctica racional". Y de nuevo: "Cuanto más se desarrolla la fisiología, más importante para ella se vuelven estos cambios incesantes, infinitamente pequeños, y en consecuencia, más importante también la consideración de la diferencia dentro de la identidad, y el viejo punto de vista abstracto de la identidad formal, de que un ser orgánico debe ser tratado como algo sencillamente idéntico a sí, como algo constante, queda fuera de moda". Engels entonces concluye: "Si allí sobreviven los individuos que se han adaptado, y se desarrollan para convertirse en una nueva especie, por una adaptación en continuo aumento, en tanto que los otros individuos más estables mueren y por último se extinguen, y con ellos las etapas intermedias e imperfectas, entonces ello puede y debe ocurrir sin maltusianismo, y si este último existe, no provoca cambio alguno en el proceso, y cuando mucho puede acelerarlo".
Gould plantea correctamente que el equilibrio puntuado no está en contradicción con el principio fundamental del darwinismo, la selección natural, sino que al contrario lo enriquece y lo refuerza. Richard Dawkins en su libro The Blind Watcmaker (El relojero ciego), intenta menospreciar el reconocimiento que hacen Gould y Eldredge del cambio dialéctico en la naturaleza. Él ve poco diferencia entre el "auténtico" gradualismo darwinista y el "equilibro puntuado". Llega a la conclusión de que: "La teoría del equilibrio puntuado es una teoría gradualista, aunque hace énfasis en largos periodos de intermedios estáticos entre explosiones relativamente cortas de evolución gradual. Gould se ha llevado a engaño a sí mismo por su propio énfasis retórico" Para acabar afirmando, "en realidad todos son "gradualistas".
Dawkins critica a los defensores del equilibrio puntuado por atacar y mal interpretar Darwin. Afirma que tenemos que ver el gradualismo de Darwin dentro de su contexto, como un ataque al creacionismo. "Los puntuacionistas, por lo tanto, son realmente tan gradualistas como Darwin o cualquier otro darwiniano; sólo que ellos insertan largos periodos estáticos entre arranques repentinos de evolución gradual". Pero esta no es una diferencia secundaria, es el meollo de la cuestión. Criticar las debilidades de Darwin no significa infravalorar su contribución única, sino sintetizarla con una comprensión del cambio real. Sólo entonces se puede completar la contribución histórica de Darwin como explicación de la evolución natural. Como Gould dice correctamente: "la teoría moderna de la evolución no necesita el cambio gradual. De hecho, el funcionamiento de los procesos darwinianos tiene que encajar con lo que observamos en el registro fósil. Lo que debemos rechazar es el gradualismo, no el darwinismo".
¿Falta de progreso?
La verdad fundamental del argumento de Gould es indudablemente cierta. Lo que es más problemático es su idea de que la evolución no sigue un camino inherentemente progresista:
"La diversidad cada vez mayor y las múltiples transiciones parecen reflejar una progresión determinada e inexorable hacia cosas superiores", dice Gould. "Pero el registro paleontológico no apoya una interpretación de este tipo. No ha existido un progreso constante en el desarrollo superior del diseño orgánico. Durante entre los dos primeros tercios y cinco sextas partes de la historia de la vida, la tierra fue habitada únicamente por moneranos, y no detectamos ningún progreso constante de procariotas "inferiores" a "superiores". De igual manera, no ha habido ningún añadido a los diseños básicos desde que la explosión llenó nuestra biosfera (aunque se podría plantear que ha habido una mejora limitada dentro de unos pocos diseños, vertebrados y plantas vasculares, por ejemplo)".
Gould plantea, especialmente en su libro Wonderful Life (La vida maravillosa), que el número de filos (estructuras corporales básicas animales) era mayor poco después de la "explosión cámbrica" que hoy en día. Plantea que no ha aumentado la diversidad y que no hay tendencias a largo plazo en la evolución, y que la evolución de la vida inteligente es accidental.
En este punto nos parece que la crítica que hace Eric Lerner de Gould es correcta:
"No solamente existe una gran diferencia entre las contingencias que provocan la evolución de una especie en concreto y una tendencia a largo plazo en la evolución, como hacia una mayor adaptabilidad o inteligencia, sino que la tesis de Gould se basa en hechos que son un ejemplo ¡justamente de esa tendencia!" dice Lerner. "A lo largo del tiempo, la evolución ha tendido a concentrarse más y más en modos específicos de desarrollo. Casi todos los elementos químicos ya existían hace diez mil millones de años o más. Los tipos de compuestos vitales para la vida ADN, ARN, proteínas y demás estaban todos presentes sobre la tierra hace unos cuatro mil millones de años. Los principales reinos de la vida animales, plantas, hongos, y bacterias han existido durante dos mil millones de años; en ese tiempo no han aparecido nuevos. Como demuestra Gould, los principales filos han existido durante seiscientos millones de años, y los órdenes principales (una agrupación inferior) durante unos cuatrocientos millones de años.
"En la medida en que la evolución se ha acelerado, se ha hecho más y más específica, y la tierra se ha transformado por la evolución social de una sola especie, la nuestra. Esta es exactamente la tendencia a largo plazo que Gould, a pesar de su contribución importante a la teoría evolutiva, está ideológicamente empeñado a ignorar. Y sin embargo existe, al igual que la tendencia hacia la inteligencia". 72
El hecho de que la evolución haya provocado una mayor complejidad, de organismos inferiores a superiores, conduciendo, hasta el momento, a seres humanos con cerebros grandes capaces de realizar las tareas más complejas, es una prueba de su carácter progresista. Esto no quiere decir que la evolución tenga lugar en una línea recta ascendente, como Gould explica correctamente; hay rupturas, retrogresiones y pausas dentro del progreso general de la evolución. Aunque la selección natural se produce en respuesta a cambios medio ambientales (incluso de carácter local), sin embargo ha llevado a una mayor complejidad de formas de vida. Ciertas especies se han adaptado a su medio ambiente y han existido en esta forma durante millones de años. Otras especies se han extinguido al perder la competencia evolutiva con otros modelos más avanzados. Esta es la evidencia de la evolución de la vida en los últimos 3.500 millones de años.
La razón por la que Gould rechaza con tanto énfasis la noción de progreso en la evolución tiene más que ver con razones sociales y políticas que estrictamente científicas. Él sabe que la idea de progreso evolutivo y de las "especies superiores" ha sido utilizada sistemáticamente en el pasado para justificar el imperialismo y el racismo, la supuesta superioridad del hombre blanco se suponía que daba derecho a las naciones europeas a tomar la tierra y las riquezas de "razas inferiores al margen de la ley" en África y Asia. Incluso en los años 40 respetables hombres de ciencia seguían publicando "árboles evolutivos" en los que se mostraba al hombre blanco en la cima, con los negros y otras "razas" en ramas separadas e inferiores, un poco más arriba de los chimpancés y gorilas. Cuando se le pregunta sobre si rechaza la noción de progreso en la evolución como "nociva" Gould responde:
"El progreso no es intrínseca y lógicamente nocivo", replicó. "Es nocivo en el contexto de las tradiciones culturales occidentales". "Con raíces que se remontan al siglo XVII, el progreso como una ética social central llegó a su punto culminante en el siglo XIX, con la revolución industrial y el expansionismo victoriano", explicó Steve. Los temores de autodestrucción de las últimas décadas, ya sea militar o por la polución, han apagado el optimismo eterno de las eras victoriana y eduardina. Sin embargo, la asumida marcha inexorable del descubrimiento científico y el crecimiento económico continua impulsando la idea de que el progreso es una parte positiva y natural de la historia. "El progreso ha sido una doctrina dominante en la interpretación de secuencias históricas", continuó Steve, "y en la medida en que la evolución es la mayor historia de todas, inmediatamente se le transfirió la noción de progreso. Ya conocéis las consecuencias que tuvo esto".
Se puede simpatizar con la reacción de Gould ante esa basura ignorante y reaccionaria. También es cierto que el "progreso" ideal puede no ser tan ideal desde un punto de vista estrictamente científico cuando se aplica a la evolución. Siempre existe el riesgo de que se pueda deducir un punto de vista teleológico, es decir, la concepción de la naturaleza actuando de acuerdo a un plan preestablecido, elaborado por el Creador. Sin embargo, como sucede muchas veces, la reacción ante esto ha ido demasiado hacia el lado opuesto. Si la palabra progreso no es la más adecuada la podemos sustituir por ejemplo por complejidad. ¿Se puede negar que ha habido un desarrollo real en los organismos vivos desde los primeros animales unicelulares hasta ahora?
No hay ninguna necesidad de volver a la imagen del Hombre como punto culminante de la evolución, para aceptar que los últimos 3.500 millones de años no han significado solamente cambio, sino un desarrollo real, pasando de sistemas vivientes simples a otros más complejos. El registro fósil es un testigo claro de este proceso. Por ejemplo el aumento dramático en el tamaño promedio del cerebro con la evolución de los mamíferos a partir de los reptiles hace aproximadamente 230 millones de años. Así mismo, hubo un salto cualitativo en el tamaño del cerebro con el surgimiento de los humanos, y esto, a su vez, no se produjo en un proceso suave y cuantitativo, sino en una serie de saltos, con puntos de inflexión decisivos representados por el Homo habilis, Homo erectus, Homo neanderthalis, y finalmente Homo sapiens..
No hay motivo para suponer que la evolución ha alcanzado sus límites, o que los seres humanos no pueden experimentar un desarrollo mayor. El proceso de la evolución continuará, aunque no necesariamente de la misma manera que en el pasado. Cambios profundos en el entorno social, incluyendo la ingeniería genética, pueden modificar el proceso de la selección natural, dando a los seres humanos por primera vez la posibilidad de determinar su propia evolución, por lo menos hasta cierto punto. Esto abriría la posibilidad de un capítulo totalmente nuevo en el desarrollo humano, especialmente en una sociedad dirigida por las decisiones libres y conscientes de hombres y mujeres, y no por las fuerzas ciegas del mercado y la lucha animal por la supervivencia.
Marxismo y darwinismo
"El tipo de valores defendidos por la doctrina marxista es diametralmente opuesto a los que surgen de un punto vista científico en los términos actuales" (Roger Sperry, premio Nóbel de Medicina 1981)
"La Iglesia toma posición contra las incursiones del caos y los dioses del siglo XX del Progreso y un punto de vista materialista del mundo, El Génesis entonces suena tan cierto como siempre, tanto si se sigue una explicación evolutiva de los orígenes biológicos como si no". (Blackmore y Page, Evolution: the Great Debate)
El marxismo siempre ha considerado la evolución como una cuestión fundamental. Utilizando el método del materialismo dialéctico, Marx y Engels fueron capaces de descubrir las leyes que gobiernan la historia y el desarrollo de la sociedad en general. Utilizando inconscientemente el mismo método, Charles Darwin fue capaz de sacar a la luz las leyes de la evolución de plantas y animales. "Charles Darwin aplicó una filosofía consistentemente materialista a su interpretación de la naturaleza", dice el paleontólogo Stephen Jay Gould. "La materia es la base de toda existencia; mente, espíritu, y también Dios, son sólo palabras que expresan los resultados maravillosos de la complejidad neuronal".
La teoría de la evolución de Charles Darwin revolucionó nuestra manera de ver el mundo natural. Antes de él, el punto de vista predominante entre los científicos era que las especies eran inmutables, habiendo sido creadas por Dios para funciones específicas en la naturaleza. Algunos aceptaban la idea de la evolución, pero de una manera mística, dirigida por fuerzas vitales que dejaban sitio a la intervención decisiva del Ser Supremo. Darwin rompió con esta visión idealista. Por primera vez, aunque no exclusivamente, a través de un proceso de selección natural, la evolución proporcionó una explicación de cómo las especies habían cambiado a través de miles de millones de años, de las formas de vida de organismos unicelulares a las formas más complejas de vida animal, incluyéndonos a nosotros. La contribución revolucionaria de Darwin fue la descubrir el mecanismo que provoca ese cambio, dando a la evolución una sólida base científica.
Se puede trazar una analogía con el papel jugado por Marx y Engels en el campo de las ciencias sociales. Mucho antes que ellos, otros habían reconocido la existencia de la lucha de clases. Pero hasta que Marx analizó la teoría del valor del trabajo y el desarrollo del materialismo dialéctico, no fue posible dar una explicación científica a este fenómeno. Marx y Engels apoyaron con entusiasmo la teoría de Darwin ya que confirmaba sus ideas aplicadas a la naturaleza. En enero de 1861, Marx escribió a Lassalle: "El libro de Darwin es muy importante y me sirve de base en ciencias naturales para la lucha de clases en la historia. Desde luego que uno tiene que aguantar el crudo método inglés de desarrollo. A pesar de todas las deficiencias, no sólo se da aquí por primera vez el golpe de gracia a la "teología" en las ciencias naturales, sino que también se explica empíricamente su significado racional".
El origen de las especies de Darwin fue publicado en 1859, el mismo año en que Marx publicó su Introducción a la Crítica de la Economía Política, que dio una forma acabada a la concepción materialista de la historia. Darwin había estado trabajando en la teoría de la selección natural más de veinte años antes, pero no publicó sus conclusiones por miedo a la reacción a sus ideas materialistas. Incluso entonces solamente se refirió a los orígenes humanos con la frase "se hará la luz sobre el origen del hombre y su historia". Sólo cuando ya no se podía esconder por más tiempo publicó The Descent of Man en 1871. Sus ideas eran tan inquietantes que fue reprendido por haberlo publicado "en un momento en que el cielo de París estaba rojo por las llamas incendiarias de la Comuna". Aunque había rechazado claramente el creacionismo, evitó cuidadosamente cualquier referencia a la religión. En 1880 escribió: "Me parece (correcta o incorrectamente) que los argumentos directos en contra del cristianismo o del teísmo no han tenido prácticamente ningún efecto en el público; y que se promoverá mejor la libertad de pensamiento con el aumento gradual de la comprensión humana que acompaña al desarrollo de la ciencia. Por lo tanto siempre he evitado escribir sobre la religión y me he limitado a la ciencia".
La concepción materialista de la naturaleza de Darwin representó una ruptura revolucionaria al dar una base científica a la evolución. Sin embargo Marx no aceptaba a Darwin de una forma simplemente acrítica. En concreto criticó su "crudo método inglés" y demostró como las deficiencias de Darwin se basaban en las influencias de Adam Smith y Malthus. A falta de un punto de vista filosófico definido, Darwin inevitablemente cayó bajo la influencia de la ideología predominante en ese momento. Las capas medias de la Inglaterra victoriana se enorgullecían de ser hombres y mujeres prácticos, con un don para hacer dinero y "tener éxito en la vida". La "supervivencia de los más fuertes", como descripción de la selección natural, no fue utilizada por Darwin por primera vez, sino por Herbert Spencer en 1864. Darwin no estaba preocupado por el progreso en el sentido de Spencer, progreso humano basado en la eliminación de los más "débiles" y era reacio a adoptar su frase. Es más, la frase "lucha por la existencia" fue utilizada por Darwin como una metáfora, pero distorsionada por los conservadores, que utilizaron las teorías de Darwin para sus propios objetivos. Para los darwinistas sociales los latiguillos populares de la "supervivencia de los más fuertes" y la "lucha por la supervivencia" aplicadas a la sociedad sugerían que la naturaleza se aseguraría que los mejores competidores en una situación competitiva ganarían, y que este proceso llevaría a una mejora continua. De esto se deducía que todo intento de reforma social era un esfuerzo para poner remedio a lo irremediable, y que, en la medida en que interferían en la voluntad de la naturaleza, sólo podían llevar a la degeneración. Como dice Dobzhansky:
"Puesto que la naturaleza está "ensangrentada de colmillos y garrasí, sería un grave error dejar que nuestros sentimientos interfieran con las intenciones de la Naturaleza, ayudando a los pobres, a los débiles, y a los enfermos hasta el punto en que éstos estuviesen tan cómodos como los ricos, los fuertes, y los vigorosos. En última instancia, sería mucho más beneficioso respetar la dominación de la Naturaleza. "A todos los niveles de la Naturaleza observamos el funcionamiento de una severa disciplina, cuya insignificante crueldad, es la precondición para su amplia bondad", escribe Herbert Spencer".
Darwin y Malthus
"La población, cuando no se le ponen controles, aumenta de manera geométrica. La subsistencia sólo se incrementa en una ratio aritmética". (Thomas Robert Malthus, The Principie of Population)
La teoría económica del laissez faire de Adam Smith pudo haber dado a Darwin una visión de la selección natural, pero como Engels planteó: "Darwin no sabía qué amarga sátira escribía sobre la humanidad, y en especial sobre sus compatriotas, cuando mostró que la libre competencia, la lucha por la existencia, que los economistas celebran como la máxima conquista histórica, es el estado normal del reino animal" . Darwin se inspiraba en el Ensayo sobre Población de Malthus publicado en 1798. Esta teoría intenta demostrar que la población crece geométricamente y los recursos alimenticios sólo lo hacen aritméticamente, a no ser que sean controlados por hambrunas, enfermedades o por control de natalidad. Se demostró que era una teoría falsa.
A diferencia de Spencer, Darwin entendía "los más fuertes" sólo en relación a un entorno determinado, no en una escala absoluta de perfección. De hecho ninguno de los dos términos con los que se asocia principalmente el nombre de Darwin, "evolución" y "supervivencia de los más fuertes" aparece en las primeras ediciones de El Origen de las Especies, dónde estas ideas clave se expresan con las palabras "mutabilidad" y "selección natural". Marx escribió a Engels: "Darwin, que he vuelto a releer, me sorprende cuando dice que está aplicando la teoría "maltusiana" también a plantas y animales, como si con Malthus la cuestión fuese que no aplica la teoría a plantas y animales sino sólo a seres humanos, con progresión geométrica, en oposición a plantas y animales". Engels también rechazó la cruda descripción o jerga de Darwin: "El error de Darwin consiste precisamente en unir la "selección natural" o la "supervivencia del más apto", dos cosas en absoluto separadas entre sí:
"1. Selección por presión de la superpoblación, donde tal vez los más fuertes sobreviven al principio, pero también pueden ser los más débiles en muchos aspectos.
"2 Selección por mayor capacidad de adaptación a la modificación de las circunstancias, en que los sobrevivientes están mejor adaptados a estas circunstancias, pero en que la adaptación en su conjunto puede significar tanto una regresión como un progreso (por ejemplo, la adaptación a la vida parasitaria es siempre una regresión).
"Lo principal: que cada progreso en la evolución orgánica sea al mismo tiempo una regresión, una evolución que fija una evolución unilateral y excluye la posibilidad de la evolución en muchas otras direcciones. Pero esta es una ley fundamental".
Claramente, existe una lucha por la supervivencia, aunque no el sentido en que lo plantea Spencer, en la naturaleza cuando hay escasez, o peligro para los miembros de las especies por parte de depredadores. "Por grande que sea la torpeza de Darwin al aceptar en su ingenuidad la doctrina de Malthus tan irreflexivamente, todo el mundo puede apreciar con un solo vistazo que no hacen falta lentes de Malthus para percibir en la naturaleza la lucha por la existencia, la contradicción entre la innumerable masa de gérmenes que produce pródigamente la naturaleza y el escaso número de los que consiguen llegar a madurez; contradicción que se resuelve efectivamente en gran parte mediante una lucha por la existencia, a veces sumamente cruel".
Muchas especies producen gran número de huevos o descendientes, para maximizar su tasa de supervivencia, especialmente en los primeros estadios de la vida. Por otra parte, la especie humana ha sobrevivido por otros medios, ya que tiene un desarrollo muy lento, en el que invierten gran cantidad de energía y esfuerzo en hacer crecer a unos pocos descendientes con una maduración tardía. Nuestra ventaja reside en nuestro cerebro, y en su capacidad de aprendizaje y generalización. Nuestro crecimiento de población no está controlado por la muerte de gran número de nuestra descendencia , y por lo tanto no se puede comparar crudamente con otras especies.
La propia historia da una respuesta final a Malthus. A. N. Whitehead ha planteado que desde el siglo X al siglo XX un crecimiento continuo de la población en Europa ha ido acompañado generalmente por un aumento del nivel de vida. Esto no concuerda con la teoría maltusiana incluso si se introduce la cuestión de los "controles" como un medio de "posponer lo inevitable". Un milenio tendría que ser suficiente para demostrar la corrección o no de una teoría. "La verdad evidente", como dice Whitehead, "es que durante este periodo y en esa zona (es decir Europa) los llamados controles fueron tales que la Ley Maltusiana representó una posibilidad, no realizada y sin ninguna importancia".
Whitehead señala que los supuestos "controles" no estaban ni siquiera en proporción con la densidad de población. Por ejemplo las pestes fueron principalmente el resultado, no del tamaño de la población, sino de la falta higiene. Se hubiesen podido evitar, no con controles de natalidad, sino con jabón, agua y un buen sistema de alcantarillado. La Guerra de los Treinta Años redujo la población de Alemania a la mitad, un "control" bastante drástico del crecimiento de la población. La guerra tuvo varias causas, pero nunca se ha mencionado entre ellas el exceso de población. Este factor tampoco ha jugado ningún papel sustancial, que nosotros sepamos, en ninguna otra de las guerras en las que la historia europea es tan rica. Por ejemplo las insurrecciones campesinas de finales de la Edad Media en Francia, Alemania y Inglaterra no fueron provocadas por el exceso de población. De hecho ocurrieron precisamente en un momento en que la población había sido diezmada por la Peste negra. A principios del siglo XVI Flandes estaba densamente poblado, y sin embargo su nivel de vida era bastante más alto que el de Alemania, dónde la miseria de los campesinos contribuyó a provocar la Guerra Campesina.
Las teorías de Malthus no tienen ningún valor desde un punto de vista científico pero han servido una y otra vez como excusa para la aplicación más inhumana de la llamada política de mercado. Durante la hambruna de la patata de los años 40 del siglo pasado en Irlanda, que provocó la reducción de la población irlandesa de 8 a 4,5 millones, los terratenientes ingleses en Irlanda seguían exportando trigo. Siguiendo una política consistente de libre mercado, el gobierno "Liberal" de Londres se negó a introducir ninguna medida que interfiriese el libre comercio o los precios, y canceló las exportaciones de trigo barato a Irlanda, condenando a millones de personas a morir de hambre. Los principios maltusianos del gobierno inglés fueron defendidos por Charles Grenville, secretario del Consejo Privado con estas palabras:
"El estado de Irlanda es deplorable en extremo, y suficiente como para provocar desesperación: tal desorganización general y desmoralización, un pueblo con raras excepciones embrutecido, obstinado e indolente, desconsiderado y salvaje, todos, de arriba a abajo tratan de hacer el mínimo posible y sacar todo lo que pueden, no desean levantarse y esforzarse, buscando auxilio en este país, y gruñendo sobre el auxilio que reciben; las masas brutales, mentirosas y ociosas, todo el estado de las cosas contradictorio y paradójico. Aunque amenazados con la continuación del hambre el próximo año, no cultivarán la tierra, que se queda por sembrar e incultivable. No hay duda de que está gente no ha sido nunca tan próspera como durante este año de hambruna. Nadie pagará los alquileres, y las cajas de ahorro están hasta los topes. Con el dinero que consiguen de nuestros fondos de ayuda compran armas en lugar de comida, y después disparan a los oficiales que van a regular la distribución de la ayuda. Mientras que se arremolinan alrededor de los extranjeros pidiéndoles empleo, los terratenientes no tienen suficientes manos, y mendigos fornidos que se llaman a sí mismos indigentes son detenidos con grandes sumas de dinero en sus bolsillos. 28 de noviembre de 1846".
La situación real la describió el doctor Burrit, horrorizado al ver a hombres trabajando en las carreteras con sus miembros hinchados prácticamente al doble de su tamaño normal. El cuerpo de un niño de doce años "se había hinchado hasta tres veces su tamaño y había reventado los colgajos andrajosos que le cubrían". Cerca de un sitio llamado Skull, "pasamos una multitud de 500 personas, medio desnudos y hambrientos. Estaban esperando la distribución de la sopa. Se dirigieron hacia nosotros, y mientras yo les miraba con pena y asombro ante una escena tan miserable, mi conductor, un gentlemen que residente en East Skull y hombre de medicina, me dijo: "Ninguno de estos que ves estará vivo en tres semanas: es imposible". La media de muertes aquí es de 40 a 50 diarias. Y con suerte veinte cuerpos serán enterrados. La gente se encerraba en sus cabañas, para poder morir junto a sus hijos y no ser vistos por los viandantes".
No había ninguna razón para que esta gente muriese de hambre, de la misma manera que no hay ninguna razón hoy en día para que millones de personas mueran de hambre, cuando en Europa y los Estados Unidos se paga a los granjeros para que no produzcan comida. No son víctimas de las leyes de la naturaleza, sino de las leyes del mercado.
Desde el principio Marx y Engels denunciaron las falsas teorías maltusianas. Respondiendo a los argumentos del "pastor Malthus", Engels escribió: "La presión de la población no se ejerce sobre los medios de subsistencia sino sobre los medios de empleo; la humanidad es capaz de aumentar más rápidamente de lo que puede soportar la sociedad burguesa moderna. Esta es para nosotros una razón más para declarar que esta sociedad burguesa es una barrera al desarrollo, que debe caer".
La introducción de maquinaria, nuevas técnicas científicas y fertilizantes significa que la producción mundial de comida puede mantenerse a la par que el crecimiento de la población fácilmente. El crecimiento de la productividad de la agricultura tiene lugar en un momento en que hay una disminución de la cantidad de población implicada en la agricultura. La extensión de su eficacia que se ha alcanzado en los países desarrollados a todo el mundo permitiría un enorme incremento de la producción. En la actualidad sólo se utiliza una parte muy pequeña de la enorme productividad biológica de los océanos. El hambre existe principalmente debido a la destrucción de los excedentes de comida para mantener alto el precio de los alimentos y por la necesidad de mantener la tasa de beneficios de los monopolios agrícolas.
El hambre generalizado en el llamado Tercer Mundo no es el producto de la "selección natural", sino un problema muy concreto de origen humano. Lo que condena a millones de personas a una vida de miseria y a morir de hambre no es "la supervivencia de los más fuertes" sino el hambre de beneficios de un puñado de grandes bancos y monopolios. Los países más pobres se ven obligados a vender sus cosechas de arroz, cacao, y demás productos para poder pagar los intereses de su deuda acumulada. En 1989 Sudan seguía exportando comida mientras su población se moría de hambre. En Brasil se calcula que 400.000 niños mueren de hambre cada año. Y sin embargo Brasil es uno de los principales exportadores de comida del mundo. Las mismas ideas desacreditas continúan saliendo a la superficie una y otra vez, en un intento de culpar de las condiciones de pesadilla del Tercer Mundo al hecho de que hay "demasiada gente" (refiriéndose a negros, asiáticos,...). Se trata de ignorar el hecho de que ante la inexistencia de pensiones los campesinos pobres necesiten tener tantos hijos como les sea posible (especialmente varones) para mantenerles cuando sean viejos. La pobreza y la ignorancia son las causas reales del llamado "problema demográfico". En la medida en que aumentan los niveles de vida y de educación el crecimiento de la población tiende a caer automáticamente. Mientras, el potencial para incrementar la producción de alimentos es inmenso, y se mantiene artificialmente bajo para mantener los beneficios de unos cuantos granjeros ricos en Europa, Japón y los Estados Unidos. El escándalo de las hambrunas masivas en el siglo XX es incluso más repugnante porque es totalmente innecesario.
"Darwinismo social"
Aunque admiraban a Darwin, Marx y Engels no tenían una posición acrítica con sus teorías. Engels entendió que las ideas de Darwin serían desarrolladas y afinadas más adelante, un hecho que fue confirmado por el desarrollo de la genética. En noviembre de 1875 escribió a Lavrov: "De la doctrina darwiniana acepto la teoría de la evolución, pero considero el método de prueba de Darwin (la lucha por la vida, la selección natural) sólo como una primera expresión, provisional e imperfecta de un hecho recién descubierto". Y de nuevo en su libro Anti-Dühring: "La teoría de la evolución es aún demasiado joven, por lo que es seguro que el ulterior desarrollo de la investigación modificará muy substancialmente también las concepciones estrictamente darwinistas del proceso de la evolución de las especies".
Engels criticó duramente tanto la unilateralidad de Darwin como el darwinismo social que vino a continuación: "Apenas se reconoció a Darwin", plantea Engels, "ya esas mismas personas veían lucha en todas partes. Ambas concepciones están justificadas dentro de límites estrechos, pero las dos tienen una igual característica de unilateralidad y prejuicio. Por lo tanto, inclusive en lo que se refiere a la naturaleza, no es posible inscribir sólo, de manera unilateral, la "lucha" en las banderas de uno. Pero es en absoluto pueril querer resumir la múltiple riqueza de la evolución y complejidad históricas en la magra frase unilateral de "lucha por la existencia". Eso dice menos que nada" Y así continua para explicar las raíces de este error: "Toda la teoría darvinista de la lucha por la existencia no es más que el traslado, de la sociedad a la naturaleza orgánica, de la teoría de Hobbes, de bellum omnium contra omnes, y de la teoría económica burguesa de la competencia, así como de la teoría maltusiana de la población. Una vez cumplida esta hazaña (cuya justificación incondicional, en especial en lo que se refiere a la teoría maltusiana, sigue siendo muy cuestionable), resulta muy fácil trasladar estas teorías, de vuelta, de la historia natural a la historia de la sociedad, y en conjunto demasiado ingenuo afirmar que con ello estas afirmaciones han quedado confirmadas como leyes naturales eternas de la sociedad".
Los paralelismos del darwinismo social con el mundo animal encajaban en los argumentos racistas predominantes de que el carácter humano se basaba en la medición de los cráneos humanos. Para D. G. Brinton, "la raza blanca o europea está a la cabeza de la lista, y la africana o negra en su parte más baja" (1890). Cesare Lambroso, un físico italiano, en 1876 argumentaba que los criminales de nacimiento eran esencialmente monos, un paso atrás en la evolución. Era parte del deseo de explicar el comportamiento humano en términos biológicos innatos. ¡una tendencia que sigue vivita y coleando hoy en día!. La "lucha por la supervivencia" era vista como una tendencia innata en todos los animales incluyendo el hombre, y servía para justificar guerras, conquistas, explotación, imperialismo, racismo, y la propia estructura de clases del capitalismo. Es el precedente de las variedades actuales de la sociobiología y de las teorías del simio desnudo. Después de todo, fue la sátira de W. S. Gilbert la que proclamó:
"El hombre darwiniano, aunque bien educado, en el mejor de los casos ¿no es más que un mono afeitado!"
Darwin insistió en que "la selección natural ha sido el más importante medio de modificación, pero no el único". Explicó que los cambios por una parte pueden llevar a modificaciones de otras características que no tienen que ver directamente con la supervivencia. Sin embargo, a diferencia de la concepción idealista de la vida defendida por los creacionistas, los darwinianos explicaron científicamente cómo evolucionó la vida sobre el planeta. Fue un proceso natural que puede ser explicado por las leyes de la biología y la interacción de los organismos con su entorno. Independientemente de Darwin, otro naturalista, Alfred Russel Wallace, también había elaborado la teoría de la selección natural. Esto impulsó a Darwin a imprimir su trabajo después de veinte años de retraso. Sin embargo la principal diferencia entre Darwin y Wallace, era que Wallace creía, ante la consternación de Darwin, que todo cambio o modificación evolutiva estaba determinado solamente por la selección natural. Pero el rígido hiper-seleccionista Wallace acabaría por rechazar la selección natural en relación al cerebro y el intelecto, llegando a la conclusión ¡de que Dios había intervenido para construir esta creación única!
Darwin explicó que la evolución de la vida, con toda su riqueza y diversidad de formas era la consecuencia inevitable de la propia reproducción de la vida. En primer lugar, los iguales se reproducen en iguales, con pequeñas variaciones. Pero en segundo lugar, todos los organismos tienden a producir más descendencia de la que sobrevive y crían. Los descendientes que tienen más posibilidades de sobrevivir son los que están mejor equipados para adaptarse al entorno, y a su vez, su descendencia tenderá a ser parecida a ellos. Las características de esta población, con el tiempo, se adaptarán cada vez más a su entorno. En otras palabras, los más "fuertes" sobrevivirán y extenderán sus características favorables a toda la población. En la naturaleza, la evolución darwiniana es la respuesta a los cambios en el entorno. La naturaleza "selecciona" aquellos organismos cuyas características son más capaces de adaptarse al entorno. "La evolución mediante la selección natural", dice Gould, "no es más que el rastro de estos entornos cambiantes mediante la preservación diferencial de los organismos mejor diseñados para vivir en él". De esta manera la selección natural dirige el curso del cambio evolutivo. León Trotsky definió este descubrimiento de Darwin como "el triunfo más importante de la dialéctica en todo el campo de la materia orgánica".