La transformación del dinero: las crisis financieras recientes6

Tradicionalmente, el dinero había servido para llevar a cabo las transacciones o, si acaso, para hacer frente a la incertidumbre del futuro.

Por eso decimos que el dinero es un medio de pago (si lo utilizamos para las transacciones) o un depósito de valor (si lo utilizamos para guardar nuestra riqueza para el futuro). La gente normal utiliza generalmente mayor o menor cantidad de dinero más o menos en proporción a las transacciones que va a realizar. Y a las empresas que se dedican a producir bienes y servicios les ocurre prácticamente lo mismo.

Por esa razón, la cantidad de dinero que ha circulado históricamente en la economía ha guardado una cierta proporción con el volumen de las transacciones, del comercio que se realizaba.

El dinero se comportaba como un instrumento al servicio de esas transacciones. Pero en los últimos años eso ha cambiado. Una serie de razones que veremos enseguida, han dado lugar a que crezca desmesuradamente la cantidad de dinero en circulación.

Podríamos decir que el dinero se ha divorciado del comercio. Dejó de circular en proporción a las transacciones para crecer autoalimentándose a sí mismo.

La razón de ese fenómeno es realmente curiosa: en lugar de que el dinero, los medios de pago, se utilizaran para comprar cosas, se comenzaron a utilizar para comprar.... ¡dinero!

Es decir, el dinero dejaba de ser un instrumento del intercambio para pasar a convertirse él mismo en un objeto del intercambio.

Se pasó a ganar mucho dinero no utilizándolo para comprar otras cosas sino para comprar y vender el propio dinero, medios de pago.

Veamos otro ejemplo sencillo.

Tradicionalmente, las monedas de otros países se utilizaban para ir de turismo, para realizar inversiones o para comprar mercancías de cada uno de ellos.

Pero hoy día los grandes inversores multimillonarios las compran para después venderlas, sin dedicarlas a ningún uso productivo especial. De esa manera obtienen rentabilidad simplemente aprovechando las variaciones en las cotizaciones, que en la mayor parte de las ocasiones provocan ellos mismos con sus actividades especulativas.

En definitiva, los medios de pago, el dinero, se utiliza hoy día para especular con el propio dinero, precisamente porque se crean constantemente burbujas financieras: es decir, expectativas de que van a subir los precios de los papeles financieros que se ofertan.

Si los inversores piensan que el precio de las divisas va a subir constantemente, o el del petróleo, o el de cualquier mercancía, se dedicarán, por ejemplo, a comprar los contratos que haya sobre ellas porque, así, con el paso del tiempo, si efectivamente van subiendo los precios, valdrán más y podrán venderlos a precios más altos.

Utilizan el dinero para comprar ese papel, los contratos en este caso, y ellos mismos alimentan el alza que justifica esas operaciones.

Por supuesto, cada vez que una de esas burbujas estalla se producen crisis, primero en las finanzas pero más tarde o más temprano en el conjunto de la economía.

Aunque en realidad eso ha sucedido siempre, como el propio Marx o más tarde Keynes analizaron, entre muchos otros, lo característico de nuestra época es que se trata de una actividad generalizada. La más importante, la que absorbe más cantidad de recursos. Por eso muchos economistas, como el Premio Nobel francés Maurice Allais, han llegado a decir que la economía capitalista se ha convertido en un gran casino.

Lógicamente, eso ha sido posible porque se ha multiplicado la cantidad de dinero circulante y, naturalmente, porque las autoridades han permitido que sus propietarios se vayan tranquilamente al casino con él, en lugar de obligar a que se utilice en la economía productiva.