ESCUELA DE CURANDEROS
(Escola de menciñeiros)
Gente es esta de la que hablo que he conocido, y alguna de muy cerca. De los curadores de los que cuento, siempre me sorprendió que de hecho curaran enfermos, y el cuidado humano que ponían en su trato, amén de una sutileza intelectual que les vendría, digo yo, del reconocimiento de secretos órdenes de la Naturaleza, en la cual el hombre es una parcela cuyos límites no se saben. Uno pudiera ponerse a escribir que estos curanderos, menciñeiros que decimos en mi país gallego, eran intuitivos geniales, pero sacaría la piedra de su quiz, y ni explicaría el saber, que lo tenían, ni ciertos poderes, que no me atrevo a llamar mágicos, y que sin duda poseían. Pero yo no soy quien para ponerse ahora, en la corta tarde del invierno frío, a decir qué es curar, ni cómo hay que llamarles a esas dolencias, verdaderas, profundas, y a la vez de alma y cuerpo, que los curadores curaban, o por lo menos sospechaban. Cuento lo que oí, hablo de gente que he conocido, doy unas noticias, pocas, y nada más.