Palabras preliminares.

Dentro de la denominación genérica de Libro de lectura para niños, a la que tantos y tan sostenibles criterios pueden responder, intentamos realizar aquí aquélla de sus interpretaciones que la realidad escolar española nos presenta como más inmediatamente necesaria. Esto es: un libro de lecturas literarias, atento a la escala de intereses del niño, y guión de su educación y cultura estética.

Voces de máxima autoridad pedagógica han afirmado que el alma del niño es accesible a los grandes temas de la literatura universal. Pero cuando este acercamiento ha querido intentarse alguna vez, en los límites de un libro, el propósito ha ido a estrellarse contra cualquiera de los dos más visibles peligros que lo bordean: unas veces se ha intentado darle la alta literatura con absoluto respeto de la forma original, obligándose así, por razón de dimensiones, a una fragmentación esporádica que, sin desarrollar en plenitud ningún asunto, anula el interés del contenido. Y otras veces, contrariamente, el intento se ha limitado a contar para los niños las grandes fabulaciones literarias, desnudándolas de todas sus galas formales y reduciéndolas al frío relato de argumentos, sin vida ni paisaje, sin desarrollo literario adecuado y sin estilo.

Cabe, pues, un nuevo intento: el de síntesis literarias que conserven, con la trama de la fabulación, su sentido y su esencia, el ritmo y tono del lenguaje, equilibrando en estudiada media la acción y el ambiente.

Sentado así el propósito, y siendo la belleza cima de unión espiritual de razas, lenguas y pueblos, no hemos visto, en un libro encaminado primordialmente a la educación y cultura estéticas, razón alguna para con traernos al acervo de un literatura nacional, por varia y frondosa que ésta sea. Hemos preferido acoger, al margen de toda preocupación nacionalista, los momentos más bellos de la literatura universal, de todas las lejanías históricas y geográficas, allí donde hemos creído que, tanto en su fondo como en su vestidura oral respondían en sus distintos grados a la escala de intereses estéticos del niño.

Y de acuerdo con la ley biogenética, según la cual el desarrollo del alma infantil es una breve recapitulación de la historia de la raza, hemos fijado nuestra selección en los tres grandes ciclos de interés que se escalonan sucesivamente en la historia espiritual de los pueblos:

1ro. Lo Maravilloso. Ciclo primitivo de las cosmogonías, la magia y el mito, que engendra las historias portentosas de hombres y dioses, gigantes y enanos, milagros y encantamientos. Recorremos en él las etapas más bellas de las literaturas maravillosas: la selva sagrada del Ramayana, las leyendas del Mahabaratha, los prodigios de las Mil y una noches y el cisne encantado del Caballero del Graal. Corresponde al primer interés estético del niño, de fantasía sin freno de realidades analizadas, inerte y contemplativa, vagamente esperanzada en lo imposible.

2do. Los Héroes. Ciclo del ímpetu y de las literaturas épicas; edades de exaltación humana, de lucha y de conquista. Tomando sus páginas en la medida en que van desprendiéndose del lastre maravilloso, desde la Ilíada y Los Nibelungos, resueltos aún entre mitologías, y a través de los Cantares del Cide y de Roldán, sobriamente humanizados ya, hasta el heroísmo democrático, sin deslumbres de cortejos bélicos, como en el Guillermo Tell de Schiller. Corresponde en la vida del niño a la segunda etapa de crecimiento, de eclosión física y de interés predominante por la acción, el movimiento y la aventura; y

3ro. Ciclo Alegórico. Literatura de apólogos y formas indirectas, de símbolos y ejemplarios, encaminada a la lectura reflexiva y en busca del comentario y la interpretación.

Así hemos compuesto este libro para niños, sin la ordenación cronológica (directa ni inversa), que sería suponer un crecimiento rigurosamente matemático del espíritu humano, procurando atenemos en su selección y ordenación a un criterio estrictamente pedagógico, y en su realización, a la más pura disciplina literaria.

Éste, al menos, ha sido nuestro intento.