IV

Teoría esotérica de la respiración

La ciencia de la respiración, como muchas otras enseñanzas, tiene doble aspecto: uno esotérico o interno y otro exotérico o externo.

Su aspecto fisiológico puede considerarse como la parte externa o exotérica del asunto, y el aspecto que vamos a considerar como la esotérica o interna.

Los oculistas de todas las edades y países siempre enseñaron, por lo general en secreto, a un número reducido de discípulos, que existe en el aire una sustancia o principio del cual deriva toda actividad, vitalidad y vida.

Diferían en los términos y nombres que daban a esta sustancia, así como en los pormenores de la explicación, pero el principio fundamental es el mismo en todas las enseñanzas y filosofías ocultas, y durante siglos formó parte también de las enseñanzas de los yoguis orientales.

Con el fin de evitar confusiones nacidas de las diferentes teorías concernientes a este gran principio, comúnmente unidas al nombre que se le da, lo designaremos en esta obra con el término prana, palabra sánscrita que significa energía absoluta.

Muchas autoridades entre los ocultistas enseñan que el denominado prana por los yoguis es el principio universal de energía o fuerza y que toda energía o fuerza deriva de este principio, o más bien, que es una particular modalidad de manifestación del mismo.

Estas teorías no son necesarias para el examen del asunto de esta obra, y por consiguiente nos limitaremos a considerar al prana como el principio de energía manifestado en todas las formas vivientes, que las distingue de las inanimadas.

Podemos considerarlo como el principio activo de la vida o fuerza vital. Se encuentra en todas las formas, desde la ameba hasta el hombre, y desde la más rudimentaria de la vida vegetal hasta la superior de la vida animal.

El prana lo compenetra todo.

Hállase en todas las formas animadas, y como la filosofía oculta enseña que la vida está en todo, en cada átomo, podemos inferir de sus enseñanzas que el prana está en todas partes y en todas las cosas y que la aparente falta de vida en alguna de ellas es solamente un grado menor de manifestación.

El prana no debe confundirse con el Ego, partícula del Espíritu Divino en cada individuo, en cuyo torno se aglomeran materia y energía.

El prana es simplemente una forma de energía empleada por el Ego en su manifestación material.

Cuando el Ego abandona el cuerpo, ya no está el prana bajo su dirección, y responde únicamente a las órdenes de los átomos individuales o grupos de átomos individuales o grupos de átomos que forman el cuerpo, y cuando éste se desintegra y resuelve en sus elementos originales, cada átomo lleva consigo el suficiente prana para mantener su vitalidad y ser capaz de formar nuevas combinaciones.

El prana no empleado vuelve al gran depósito universal de donde procedió.

Mientras gobierna el Ego hay cohesión, y por voluntad del Ego se mantienen unidos los átomos.

Prana es el nombre con que designamos un principio universal, esencia de todo movimiento, fuerza o energía, ya se manifieste como gravitación, electricidad o cualquiera forma de vida, desde la suprema a la ínfima.

Se le puede llamar el Alma de la Fuerza y de la Energía en todas sus manifestaciones, o el principio que operando de cierta manera produce la forma de actividad que acompaña la vida.

Este gran principio existe en todas las formas de materia, pero no es materia.

Está en el aire, pero no es el aire ni tampoco los cuerpos químicos que mezclados en la atmósfera lo constituyen.

Los animales y vegetales lo respiran con el aire, pero si éste no lo contuviera morirían, fuera cual fuera la cantidad de aire respirada.

Lo inhala el organismo conjuntamente con el oxígeno, y sin embargo no es el oxígeno.

El escritor hebreo autor del Génesis conocía la diferencia que existe entre el aire atmosférico y el principio misterioso y potente contenido en él.

Habla de neshemet ruach chayim que traducido significa «la respiración del espíritu de vida».

En hebreo neshemet significa la respiradón ordinaria del aire atmosférico, y chayim, vida o vidas.

La palabra ruach quiere decir «el espíritu de vida», que, según los ocultistas, es el mismo principio al que denominamos prana

El prana está en el aire atmosférico pero también en todas partes y penetra donde el aire no puede llegar.

El oxígeno del aire desempeña un papel importante en el sostenimiento de la vida animal, y el carbono desempeña una función similar en la vida vegetal, pero el prana tiene la suya propia y distinta en las manifestaciones de la vida, aparte de las funciones fisiológicas.

Estamos constantemente inhalando el aire cargado de prana y constantemente también extraemos prana de) aire apropiándolo para nuestro uso.

Encontrándose el prana en su estado más libre en el aire, y en regular cantidad cuando éste es puro, lo extraemos de esa fuente más fácilmente que de cualquier otra.

En la respiración ordinaria absorbemos y extraemos una cantidad normal de prana, pero por la respiradón regida y regulada (llamada generalmente respiradón yogui) nos ponemos en condiciones de extraer mayor cantidad, que se concentra en el cerebro y centros nerviosos para utilizarla cuando sea necesaria

Podemos almacenar prana de la misma manera que los acumuladores almacenan electricidad.

Los numerosos poderes atribuidos a los ocultistas avanzados provienen en gran parte del conocimiento de este hecho y del uso inteligente de esta energía acumulada.

Los yoguis saben que por ciertas formas de respiración pueden establecer determinadas relaciones con el depósito de prana y disponer de él para sus necesidades.

No sólo fortalecen de esta manera todas las partes del cuerpo, sino que el cerebro también puede recibir un aumento de energía del mismo origen, actualizar las facultades latentes y adquirir poderes psíquicos.

Quien posee la facultad de almacenar prana, sea consciente o inconscientemente, irradia a menudo vitalidad y fuerza que notan los que se ponen en contacto con él. Un individuo así puede comunicar su fuerza a otros y acrecentarles la vitalidad y salud.

La llamada «curación magnética» se produce de esta manera, aunque muchos magnetizadores no se dan cuenta del origen de su poder.

Los científicos occidentales tuvieron alguna idea de la existencia de este gran principio, del cual está cargado el aire.

Pero al ver que escapaba al análisis químico y no lo delataba ninguno de sus instrumentos, desdeñaron generalmente la teoría oriental.

Incapaces de explicar este principio, lo negaron.

Sin embargo, parece que reconocen que el aire de ciertos lugares posee cierta cantidad de algo y los médicos envían los enfermos a esos lugares con la esperanza de que recobren la salud.

La sangre asimila el oxígeno del aire y lo utiliza el aparato circulatorio.

El sistema nervioso asimila el prana del aire y lo utiliza en su obra.

Y así como la sangre oxigenada circula por todas las partes del organismo y cuida de su construcción y reparación, así también el prana circula por todas las partes del sistema nervioso añadiendo fuerza y vitalidad.

Si nos representamos al prana como el principio activo de la vitalidad, podremos formamos una idea mucho más clara del importante papel que desempeña en nuestra vida.

De la misma manera que el oxígeno de la sangre se consume según las necesidades del organismo, la provisión de prana se con— sume por nuestros pensamientos, voliciones, acciones, emociones, etc., y se necesita en consecuencia su constante reposición en el organismo fisiológico.

Cada pensamiento, acto, esfuerzo de voluntad y movimiento de un músculo consume cierta cantidad de fuerza nerviosa, que realmente es una modalidad del prana.

Para mover un músculo el cerebro envía un impulso a los nervios y el músculo se contrae, ocasionando un consumo de prana proporcionando al esfuerzo realizado.

Si se tiene en cuenta que la mayor suma de prana adquirida por el hombre le llega por medio del aire inhalado, es fácil apreciar la importancia de la buena respiración.