Última vuelta

Juan Madrid

Si volviera a nacer, sería ciclista, no sé si ustedes saben lo que les digo. El ciclismo es más que un deporte, más que una vocación, y eso lo sé yo muy bien porque llevo sesenta años de ciclista. Sí, no pongan ustedes esa cara, que yo todavía cojo la máquina y me hago mis marcas. Sin ir más lejos, el año pasado me llevé el campeonato de aquí del barrio, una carrerita que organizaron los de la comisión de fiestas. Me dijeron: Eulalio, tú vas a ser el presidente del jurado de esta carrerita que vamos a montar, y yo les dije: Quita payá yo voy a correr, y me miraron con una cara… El caso es que gané y me lo hice en un tiempo que no estuvo mal del todo… Claro, eso es, en mi categoría, en sénior, pero no me hubiera importado ir con los jóvenes; aunque no me dejaron, insistieron en que yo no estaba para carreras, los muy gilipollas, con perdón de ustedes. Yo hablo muy claro y no tengo pelos en la lengua. Les decía que si me hubiesen dejado participar en la general del barrio habría quedado el cuarto, fíjense ustedes, compitiendo con todos chavales jóvenes con esas máquinas que hay ahora de dieciocho marchas y todas esas gaitas. Me hubiera llevado por delante a la mayoría.

¿Qué?… Disculpe, alce un poco la voz… No, yo no tengo máquina de marchas, eso sí que no… Nunca las he tenido, ¿para qué? A donde no puede subir un hombre y una máquina, pues no se sube, y santas pascuas. Además, no me gustan y se acabó… Deje que le siga contando, que pierdo el hilo… ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí!… Que todavía tengo fuelle, ya lo creo, sin ir más lejos me llevé el Primer Premio, sénior, claro de la Vuelta a Getafe en las fiestas últimas. Pero ya no voy a correr más, esa ha sido la última, tengo como un soplo, me dijeron los médicos del seguro… o un infarto, o sea, parece que el corazón ya no es el que era antes, y es comprensible, setenta y cinco tacos hice el invierno pasado. Y pensar que la primera vez que me miraron la tensión, cuando gané el Tour de Francia en 1956, los médicos de la Federación Internacional se quedaron pasmados y me lo hicieron dos veces por si se habían equivocado… Tenía 41 pulsaciones por minuto, fíjense ustedes; yo podía estar un día entero dale que te dale a pedalear en mi Orbea y acababa con 100 pulsaciones, y, luego, con diez minutos tenía suficiente para que las pulsaciones volvieran otra vez a ponerse en 40 ó 50.

No crea, muchas veces me he preguntado de dónde he sacado yo esa resistencia física que antes tenía, y la verdad es que no tengo una respuesta clara. Los periodistas me lo han preguntado muchas veces y ya he contestado en las interviús, pero mentía. Interviús me han hecho ya un mogollón de ellas, aunque hace ya mucho tiempo que no viene nadie de la prensa por mi casa… Ahora el ciclismo es otra cosa, es de publicidad, de ganar pasta, de llevársela a espuertas, no es como antes, antes era de vocación.

No sé si ustedes lo saben, pero mi padre era albañil, analfabeto, igual que mi madre, que en gloria estén los dos. Tuvieron once hijos, pero les vivieron solo siete y se vinieron andando desde Málaga para Madrid porque había trabajo en la construcción de la Gran Vía, que se hizo tirando mogollón de casas que había entonces… No, coño, ¿cómo voy yo a ver eso? Eso fue en 1927 y me lo contó mi padre… Todavía me acuerdo de él. Eulalio, me decía, aprende a leer y a escribir, aprende cultura que eso nos hará libres. Que razón tenía… El hombre se deslomó para que fuéramos a la escuela mi hermano Toni y yo… A mi hermano Toni lo mataron los fascistas… Bueno, nos mataron a tres hermanos y otros tres murieron de tuberculosis… Solo quedamos mi hermana Águeda y yo.

¿Perdonen, no quieren tomar algo? ¿Una cervecita, un vinito? Vale, como quieran… les decía que ahora los chavales con posibilidades, que los hay, y ahí tienen de muestra a mi chaval, al Julián, que es un monstruo aunque esté mal que yo lo diga. Mi chaval, en una sola carrera se lleva más de lo que he conseguido yo corriendo durante toda mi vida. Que digo más, diez veces más o mil veces más, ¡yo qué sé! Lo que son las cosas, ¿verdad? Bueno, pues mi chaval, el Julián, no corre si no es por pasta y pasta cantidad. Me dijo que el año pasado se llevó casi quinientos kilos entre primas y sobrecito bajo cuerda para engañar a Hacienda. Quinientos kilos. Ahí es nada para un chaval de veintitrés años, el acabóse, vamos. Y fíjense ustedes que yo me llevé un millón de pesetas por el Tour, nada menos, un millón de entonces con el que le compré esta casita a mi Reme y nos casamos y el tallercito de bicicletas que, ahí lo ven ustedes, es una mina, porque ya nadie quiere saber nada de reparar máquinas, los equipos las compran por docenas; a ver, tienen pasta a mogollón, y cuando se estropean pues las tiran. Y los particulares, los que tienen bicis por distracción, cuando se estropean las tiran y se compran otras. Estamos en el derroche, en el despelote puro.

Mi chaval, cuando corrió en el último Tour, que quedó el tercero en la general, usaba de veinte a veinticinco máquinas, esas máquinas especiales que parecen aviones… ¿Saben ustedes cuántas utilicé yo en mi Tour? ¿No lo saben? Coño, vino en todos los periódicos, pero, claro, ustedes a lo mejor no habían nacido. Pues utilicé tres… Venancio me las iba preparando mientras yo las iba jodiendo, porque yo me jodía una máquina en cada carrera. Venancio, por tu madre, le decía yo, arréglamela como Dios manda que se me ha soltado la cadena dos veces, cabrón. Y el Venancio, Dios lo tenga en su gloria, me las tenía siempre a punto, engrasaditas, con el aire justo en las gomas… ¡Cómo me acuerdo del Venancio!… Y de Valdés, el chaval que venía conmigo. Herranz, el preparador; Lucas, Inchausti, el vasquito; Loren, que era de Madrid, como yo, el jodido del Muñoz, que le llamábamos el «Verbenas», que tenía facultades para dar y tomar, pero que se iba de farra, el tío después de las carreras, cogía unas moñas de aquí te espero y al otro día… hala, a correr como si nada… Qué tiempos…

¿Cómo, que por qué mentía yo en los interviús? Je, je, je… es que usted no se acuerda, joven, de lo que fue con Franco, ¿verdad?… No, ustedes son muy jóvenes… Yo mentía porque estaba Franco, y si llego a decir la verdad, pues el delegado de Deportes, el señor Elola de Olaso, que era general, pues me quitaba de la Federación y santas pascuas… Por eso, cuando me preguntaban por mi forma física, por mis facultades a resultas de llevarme el Tour delante de todos esos ciclistas del mundo entero, pues yo decía que era la furia española y a vivir que son dos días. Hasta Franco me recibió, fíjense ustedes y le tuve que dar la mano. Mi Reme me decía: Eulalio no vayas a hacer una de las tuyas y no lo saludes. Yo, de cachondeo, de broma, le decía: Reme, chata, a ese asesino no le doy yo la mano, y mi Reme se ponía malita y me pedía por Dios que le diera la mano a ese sapo ladrón.

Al final le di la mano, nos ha jodido, pero no le di confianza, como los otros compañeros del equipo; yo no abrí la boca, yo, calladito, chipén. Mientras lo veía con esa cara impasible, esa tripa asquerosa, me decía: Eulalio, qué lástima de no estrangularlo ahora mismo. En fin, la vida… Ahora voy, ahora les cuento eso de mentir en las interviús. Les decía que mentía con ese rollo de la furia española, por no decir la verdad, era de que yo me entrené mientras estuve en el Quinto Regimiento con mi general, el camarada Líster, sí señor, como oyen ustedes. ¿Qué no saben quién era el general Líster? Coño, cómo está el país, ¿seguro que no? ¿Y el Quinto Regimiento? ¿Tampoco? Coño, la cosa es grave, ya lo creo… Sí, eso es, un regimiento comunista, vamos, porque aunque se apuntaba cualquiera, los mandos eran comunistas.

Yo me fui con ellos con dieciséis años, mintiendo en la edad… y como ya había quedado en segundo lugar en la Vuelta a España 1935, me metieron como enlace del Estado Mayor del camarada Listen… y ahí estaba yo en bicicleta yendo y viniendo de los frentes al puesto de mando y del puesto de mando a los frentes o a los lugares donde estaban las compañías. Al principio me dieron una moto, una de esas rusas con sidecar, pero era un armatoste y a mí nunca me han gustado las motos, qué le vamos a hacer, a mí las bicis. Bueno, como no había gasolina yo le dije al camarada Líster que podíamos ahorrar si me daban una bici. La gasolina para los tanques, mi general, le dije yo, yo pedaleo mejor y voy más rápido… y así fue…

Yo iba en mi bici, una bici inglesa que no sé donde salió, una máquina que era una maravilla, con mi macuto con las órdenes, el correo… y el mosquetón y una ración de rancho porque a veces los viajes duraban un día entre ir y venir.

Y no se crean, a veces hacía viajes de ochenta kilómetros, cuarenta de ida y cuarenta de vuelta, que los hacía sin descansar. Llegaba, daba los partes y el correo, me sentaba a comer lo que fuera y otra vez al puesto de mando. No se crean, no fue una vez ni dos, porque muchas veces cuando llegaba al puesto de mando resulta que no lo encontraba, estaba en otro sitio… Tampoco fue una vez, ni dos, que crucé el frente en bici escuchando los obuses y la fusilería de los fascistas, que me tiraban como a los patos en el tiro al blanco.

Luego me metieron en el talego… que me querían fusilar y todo solo por servir a la República… qué gentuza con mala leche, coño. Fueron vengativos, canallas sin entrañas, ni perdonar supieron, los muy cabrones… Pero, bueno, voy a dejar de hablar de política que se me sube la sangre a la cabeza. Pero lo que les digo es que si no llega a ser por el ciclismo yo seguiría de albañil, seguiría con las chapuzas, ¡Dios sabe de qué!… Bueno, les sigo contando, yo pillé el entrenamiento con la bici, mi maestría, ahí en el frente, cuando fui enlace, ahí fue cuando yo cogí el tranquillo a la máquina, que luego el subir los puertos en el Pirineo o los Alpes era pan comido, un paseo de domingo. Me acuerdo que en el Tour yo mismo me decía: Eulalio, tira para adelante que ahí están los fascistas… y no vean ustedes cómo jalaba yo… parecía que tenía alas en los pies, según escribieron los periodistas de entonces.

Claro, todo eso del frente yo no se lo podía decir a los periodistas de entonces, que eran todos del régimen, ¿me comprenden ahora ustedes? Yo les decía que era la furia española, vaya mierda. Luego, con la democracia, fui a ver a mi general Líster, cuando volvió a España, y no me reconoció, Coño, mi general, ¿no se acuerda usted de mí? Y él, pues no, no caigo. Y yo le decía, Eulalio Muñoz, mi general, enlace del Estado Mayor. Gané el Tour en 1956, salió en los periódicos de todo el mundo, mi general. Y él, ¿Eulalio, Eulalio…? Coño, me dio pena, un poco de tristeza… aunque bien mirado, mi general debía de tener muchos nombres, mucha gente en la cabeza después de la vida que llevó… Pero esto es ya agua pasada, como yo digo.

A mi hijo, al Julián, lo entrené yo desde niño, desde pequeño, y lo entrené a mi manera, luego, cuando ganó la Vuelta Juvenil a España me lo contrataron en el equipo ese en el que está y me lo quitaron de las manos… Ahí tenían un médico, un no sé qué, dos masajistas… un entrenador, no sé cuántos mecánicos… ¡Yo qué sé! ¡La intemerata, tenían!, pero él, cuando el año pasado quedó el tercero, y fue por el accidente ese, que si no queda el segundo, dijo a la prensa que todo se lo debía a su padre, o sea a mí, a Eulalio Muñoz, buen chaval mi Julián.

Yo le dije: Julián, manda a tomar por el culo a esa caterva de entrenadores y chorizos, dosifícate un poco, que te cubran los demás, no pilles tanta marcha en las bajadas que te vas a escoñar, que las máquinas de ahora son una puta mierda, que no pesan, que son de aire… Tú a las subidas, a aprovecharte de ese corazón y de esas piernas que tienes… ¿Mi manera de entrenar? Pues muy sencilla, muy fácil, no tiene secreto ninguno. Ya de chavalillo, de bien niño, con una maquinita que le compré de piñón fijo, lo ponía a dar vueltas, a aprender a fundirse con la máquina, como una extensión de los brazos, de las piernas… de todo el cuerpo, vamos. Yo diría, y perdone usted, que es como estar con una mujer. Y sobre todo, a darle, a darle… y luego hacíamos gimnasia, corríamos por aquí, monte a través, que no había tantas casas, para conseguir fuelle y corazón… y cojones, dicho sea de paso y perdonen mi lengua… Bueno, eso y no fumar, nada de bebida que es la lacra de los hombres, nada de cachondeo con mujeres… o sea, un atleta. Mi Julián, cuando ganó el juvenil, era un atleta, un pedazo de atleta.

El lleva ya dos Tours ganados, una vez el Giro de Italia… un palmarás que no lo tiene nadie ahora mismo en el mundo… y con veintitrés tacos que tiene mi Julián, no le queda cuerda ni nada, le queda cuerda para dar y tomar. Es un ciclista de elite, un atleta, ya le digo… Joder que serios están ustedes, ¿no? Yo es que hablo mucho ya antes, de joven, también me gustaba hablar, pero ahora, de viejo, es que no hago otra cosa. Me lío con el primero que pillo, je, je, je… no se ofendan es que cuando estoy contento es que me salen las palabras sin querer. Ustedes se preguntarán si yo creo que va a ganar mi chaval y yo le digo que sí, que se lleva este Tour. Esta vez no va a pasar como el del año pasado.

No, hace mucho que no nos vemos. No, que va, enfadados no estamos, lo que pasa es que… bueno, que gana mucho parné, es rico, se ha comprado ese chalé y se ha casado con la tía esa, la modelo, actriz, puta o lo que sea… la atorrante esa que tiene más peligro que un mono con una navaja… Todo el día con el cigarrito en la boca, todo el día de fiestas… Julián, le digo yo, no se te ocurra hacerte un golfo, que se acaba tu vida de atleta… Un vinito, sí, unas cañitas con los amigos, también… Pero tantas fiestas, tanto cachondeo… venga ya…

Pero él, bueno, él es que tiene un físico, una resistencia que da gusto verlo… Pero todo se acaba, como yo le digo, todo se gasta y a él le quedan diez años de ciclista… Si se cuida, si no le quedan tres días y pare usted de contar. Mi Julián, si se lo propone, puede llegar a donde quiera. ¿Saben lo que se va a llevar en este Tour? Si gana, casi mil kilos… Sí, no me miren con esa cara, casi mil kilos… y si queda entre los tres primeros, la mitad… Solo por correr le dan cien millones… Es para joderse, cien kilos.

Bueno, según la prensa de ayer va el primero a doce minutos del segundo, el italiano ese tan bueno… Qué alegría me entra, coño, cuando lo veo en la tele, se me saltan las lágrimas y echo en falta a su madre, a mi Reme… ¿Por qué me miran con esas caras? Coño, ¿no me digan que no son ustedes periodistas? Y yo venga hablar y hablar. ¿Qué son, entonces? Coño, esperen un momento, ¿han venido a decirme algo de mi Julián? ¿Le ha ocurrido algo a mi Julián? ¿Por qué ponen esa cara?