Entre simas y cimas

La vida, la vraie vie, consiste en consumirse cada cual en sus pasiones, sin confundirlas con los vicios. Algunos escritores de este libro tienen al menos dos, el ciclismo y la escritura. Otros se han enganchado por lo que tiene de épico, e incluso de ridículo, para escribir acerca del equilibrio de ser humano sobre dos ruedas. Porque igual ese es el primer descubrimiento: dado lo difícil que se hace mantener el equilibrio a pie, quizá sea mejor intentarlo sobre las dos ruedas. Para empezar cambia el punto de fuga: se huye hacia delante, y también la gravedad.

No podía acabar este siglo, de la socialización del velocípedo, sin una silva de cuentos como estos, aunque solo sea para abrochar aquello que empezó el genio de Alfred Jarry. Justo el mismo año en que se corría el primer Tour de Francia, 1903, publicó su famosa La pasión considerada como una carrera ciclista, donde Jesucristo se caía constantemente antes de llegar al Calvario. El inventor de la Patafísica se hizo con una bici Clément Luxe, que nunca pagó, y a los 33 años también, cayó él víctima de las drogas y el alcohol. Mal ciclista. Los autores de este libro, excepto algún insolente, ya han rebasado ampliamente esa edad crucial y cuentan con la literatura para recuperar la infancia y enhebrar lo que pudo haber sido, además de lo que fue.

Cualquiera que haya ayudado, desde su casa, a Indurain a subir el Mortirolo sabe un poco de esta épica del ciclismo, que nos tiene en vilo todos los veranos y, nada menos que en los Campos Elíseos, nos hace soñar con la meta ilusoria. Lo difícil, como dice Arreola, es hacer valer luego la mínima ventaja. Mientras todo se mueva en terreno resbaladizo; en tanto aparezcan esos vertiginosos precipicios a ambos lados de la calzada, con tal de mantener mínimamente el equilibrio para seguir leyendo, podemos darnos por satisfechos. Que La Grand Boucle nos proteja, y que sigan girando nuestros bujes mientras perseguimos denodadamente la vrai vie, sorteando las simas donde acechan las víboras. Loado en las alturas «El Águila de Toledo». Bendito el que viene en nombre de Indurain.

Luis Martínez de Mingo. Mayo del 2000

Coordinador de la antología