I

La astrología en el umbral

La mayor diferencia entre la astrología y otras ciencias, por así decirlo, es que la astrología no se ocupa de hechos sino de profundidades. La sólida base sobre la que el científico pretende apoyarse deja paso, en la astrología, a los imponderables.

HENRY MILLER

Para el provecho, sobre todo, de las personas que acaban de iniciar sus estudios de astrología, parece recomendable tratar brevemente algunas cuestiones cruciales relacionadas directamente con el estudio y la utilización de la astrología en nuestra época. De hecho, sería inadecuado —en este libro y por parte de cualquier profesor de astrología— introducir a las personas en el poder y la profundidad de la ciencia astrológica sin una franca discusión de ciertas cuestiones filosóficas, científicas y prácticas que tienen una relación directa con cualquier intento de utilizar la astrología en la sociedad occidental actual. No puedo explorar todas las cuestiones relevantes en este manual, y de hecho, ya he dedicado todo un libro a estos asuntos (The Practice and Profession of Astrology), así como un largo capítulo de otro (The Jupiter / Saturn Conference Lectures: New Insights in Modern Astrology, realizado conjuntamente con Liz Green). Por lo tanto, los siguientes pensamientos han de considerarse sólo como una introducción a un gran número de complejos y controvertidos temas.

En muchos aspectos, la astrología es una materia única, y su amplia gama de percepciones y aplicaciones la diferencia totalmente de las tendencias dominantes de esta época materialista. Es a la vez ciencia y arte, conocimiento y sabiduría, vida interna y vida externa, y de hecho se basa en la correlación del cosmos con el individuo (la antigua doctrina de la unidad del macrocosmos y el microcosmos, expresada a menudo con el axioma «Como arriba, del mismo modo abajo»). A mucha gente, esta manera holista de pensar le parece, en el mejor de los casos, poética y exótica, y supersticiosa, ridícula e ingenua en el peor. Este extendido prejuicio contra la astrología en el mundo occidental es, sin embargo, un ejemplo más del irreflexivo y acientífico escepticismo que se expresa de manera tan automática en nuestros días hacia todo aquello que reconozca la realidad de la mente o el espíritu, los fundamentos más poderosos de la experiencia humana a lo largo de la historia.

El escepticismo y el antagonismo que se muestran hacia la astrología son, en cierto modo, la expresión de la fuerte hostilidad que la ciencia materialista y sus seguidores y aduladores sienten contra muchas ramas de la tradición espiritual, las artes curativas, la filosofía y las formas más antiguas de psicología y asesoramiento personal. Por desgracia, este enfoque falto de imaginación y de miras tan estrechas acerca del potencial humano y de las tradiciones más importantes del pensamiento, domina desde hace bastante tiempo los centros de poder más importantes de la sociedad occidental, incluido el mundo erudito, que tiene la obligación ética de mantener y estudiar las tradiciones intelectuales y culturales y de alentar una búsqueda imparcial de la verdad. Pocas son las personas que se han manifestado en contra de esta tendencia ignorante; una de ellas ha sido Norman Lamm, presidente de la Yeshiva University, que en 1987 escribió:

… debemos reafirmar la existencia y el valor del espíritu… nuestra sociedad debe darse cuenta de que una sabiduría más amplia espera nuestros pacientes estudios, de que el hombre es un ser espiritual tanto como bioquímico, psicológico, político, social y económico.

Una apertura hacia la dignidad espiritual… significa que los dogmas predominantes en el materialismo científico y la desesperanza filosófica no son los únicos puntos de vista merecedores de una atención académica, que creer en la realidad de la mente y en la existencia del alma no es sinónimo de ser una persona intelectualmente inferior y científicamente atrasada…, que el conocimiento ha de madurar y convertirse en sabiduría.

Extraído de su discurso en conmemoración del centenario de su Universidad.

La estrecha actitud adoptada por la ciencia materialista, con su interés por la manipulación de la naturaleza, ha inhibido en gran manera muchas creaciones positivas en la sociedad y ha propiciado un desastre ecológico a nivel mundial que estamos sólo empezando a experimentar. Y, sin embargo, el trabajo científico ortodoxo utiliza sólo una pequeña parte de la mente. Considerando que la ciencia materialista es el único camino fiable hacia el conocimiento y que sólo lo que puede demostrarse como científicamente válido es real, el mundo occidental ha excluido las vastas dimensiones de la vida humana y de la experiencia que son inaccesibles para la parte de la mente que se utiliza en el análisis científico. Por lo tanto, las personas cuya experiencia las ha llevado a convencerse del valor de la astrología, en vez de valerse de la ciencia ortodoxa en busca de «pruebas» y de una aceptación que nunca se llega a conseguir, utilizan sus energías de manera más efectiva, para lograr que su comprensión de la astrología (cómo funciona, cuál es su campo de acción y cuáles son sus limitaciones) sea clara y exacta.

Un estudio de la historia de la ciencia, la medicina, la estrategia militar, la política y otros campos de actividad demuestra claramente que ningún avance se ha librado nunca de una oposición fanática y violenta. Por ejemplo, el físico Max Planck estaba tan preocupado por la oposición a sus ideas que comentó: «Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes y haciéndoles ver la luz, sino porque, con el tiempo, sus oponentes mueren y nace una nueva generación que es afín a ella» (de «Planck’s Principie», Science, 1978, por el doctor Hull, P. Tessner y A. Diamond). No puedo evitar aquí recordar lo que escribió el disidente, filósofo y poeta William Blake a este respecto:

Es un loco quien quiere una prueba de lo que no puede percibir, y es un zoquete quien quiere conseguir que uno le crea.

Las bodas del Cielo y el Infierno

Tal vez el lector piense: «¿Qué tiene todo esto que ver con la astrología, puesto que indudablemente no es una idea nueva?». Ciertamente, la astrología no es en sí misma una idea nueva, pero su utilización como una forma moderna de asesoramiento personal y como una herramienta excepcionalmente útil en las profesiones asistenciales constituye un importante y radical avance. El tipo de astrología reformulado y psicológicamente sofisticado que se ha desarrollado en los últimos quince años es una nueva idea, una respuesta específica a las desesperadas necesidades de la sociedad occidental, y puede aportar conocimientos de gran valor para la ciencia, la psicología, las artes curativas y muchas otras disciplinas. A menudo se cita al doctor Carl Jung, quien afirmó que la astrología abarca la suma total del conocimiento psicológico del mundo antiguo. Este gran depósito de antigua sabiduría que contiene en potencia la comprensión de los misterios de la vida humana ahora es estudiado de nuevo bajo el prisma de la psicología moderna y otros campos del conocimiento, y reformulado de manera significativa por unos pocos pioneros, con un nuevo lenguaje y una miríada de nuevas aplicaciones.

La astrología se encuentra ahora en el umbral de un importante salto potencial que la llevaría a ocupar un lugar más significante en la vida moderna si continúa desarrollándose de una manera inteligente y con un lenguaje moderno. O puede recaer en su previo estatus de predicción de la fortuna o juego de salón, imagen que desafortunadamente todavía muchos astrólogos parecen alentar al centrarse en la predicción de acontecimientos, aunque se hagan llamar «astrólogos científicos» o con otros nombres aún más respetables. El hecho de que la astrología cruce o no este umbral en las próximas dos décadas dependerá más de las acciones, la competencia y la profesionalidad de los astrólogos que de lo que hagan o digan los poderosos enemigos de la astrología.

Se ha dicho que muy pocos de los más fuertes detractores de la astrología tienen la integridad ética y científica necesaria para haber investigado a fondo el tema; por lo general poseen muy pocos conocimientos de sus principios y virtualmente ninguno de su práctica. Por lo tanto, sus opiniones, en defensa de la ciencia a la que dicen representar, han de ser consideradas inútiles, por más dogmática o fanáticamente que las expresen. Los seguidores de las principales tradiciones de la astrología occidental emiten juicios definidos con respecto al esperado significado de emplazamientos, configuraciones y ciclos astrológicos concretos. Muchas —aunque no la mayor parte— de estas tradiciones se basan en observaciones realizadas muchas veces a lo largo de los años. Desde el punto de vista científico ortodoxo, sólo los experimentos que sean igualmente numerosos y que lleven a conclusiones diferentes pueden ser considerados una prueba científicamente aceptable de que ciertas tradiciones astrológicas específicas son erróneas.

La verdadera cuestión es muy sencilla y práctica: ¿Están justificadas las afirmaciones de la astrología? ¿Cómo pueden ser comprobadas si no es por medio de la experimentación? ¿Y qué constituye un experimento válido, efectivo y apropiado para los principios astrológicos? Mi conclusión, como comentaré a continuación con más detalle, es que sólo una prueba experimental se adecúa a esta necesidad, y que sólo los experimentos con personas vivas en una situación clínica pueden demostrar por completo el valor y la validez de la astrología para asesorar y aconsejar, y en aplicaciones psicoterapéuticas. Una objeción frecuente que hacen a la astrología los «científicos» que no quieren considerar ni remotamente que pueda ser válida en ningún caso, es el hecho de que los astrólogos no pueden demostrar que haya ningún «mecanismo de causa y efecto» mediante el cual los planetas ejerzan alguna «influencia». Aparte de la cuestión de si la astrología ha de considerarse sólo dentro de un marco causal limitado, la mejor refutación que se puede hacer a este intento de desacreditar la astrología es explicar que, tal como el doctor Jacob Zighelboim (doctor en medicina y profesor agregado de la escuela de medicina de la UCLA) afirmó en una conferencia a la que recientemente asistí, a lo largo de la historia de la ciencia «lo más difícil de definir es el mecanismo». Una gran cantidad de técnicas y principios científicos viables y muchas clases de medicinas que se emplean en todo el mundo, se usan sin que se sepa realmente cómo funcionan.

En el campo de la parapsicología, décadas de investigación bajo rigurosas condiciones y dentro de los parámetros de la experimentación científica ortodoxa no han conseguido explicar el «mecanismo» que puede estar relacionado con distintos tipos de fenómenos psíquicos. Esta experiencia en la investigación parapsicológica bien puede considerarse una indicación de que el enfoque ortodoxo experimental es del todo inadecuado para estudiar la astrología y otros fenómenos y técnicas que operan con las facultades más profundas de la mente. El simple hecho de que algo no sea fácilmente mensurable no significa que no exista, ni tampoco que no sea importante.

El baluarte de la ciencia materialista se apoya en la estadística, las medidas y unos interminables análisis de detalles insignificantes, que hoy en día son más accesibles y voluminosos debido a la informatización. Tal como escribe uno de los especialistas más importantes del mundo en enfermedades alérgicas, el doctor Theron Randolph: «La metodología estadística, la informatización y los sistemas de recogida de datos favorecen el análisis y la fragmentación en detrimento de la síntesis y el holismo» (del Bulletin of Human Ecology Research Foundation). El doctor Randolph señala que estas tendencias han hecho que la medicina y el diagnóstico médico sean cada vez más analíticos, perdiendo así de vista la imagen más amplia de la situación personal del paciente. Creo que esta advertencia debe ser escuchada porque tendencias similares que se dan actualmente en la astrología tienen también los mismos resultados limitados.

En astrología, casi todos los estudios estadísticos han sido inútiles. Unos pocos, como los realizados por Jeff Mayo relacionando los signos solares con la introversión o la extroversión y los famosos estudios llevados a cabo por Michel Gauquelin durante dos décadas que muestran pautas definidas que relacionan las posiciones planetarias con las distintas profesiones, han dado resultados positivos. Pero en general, tal como ha señalado un reciente libro, que demuestra el fracaso habitual de los estudios estadísticos para descubrir pautas definidas que en realidad ya estaban presentes en los datos, «Si no sabes dónde buscar algo, será muy difícil que lo encuentres». Por lo tanto, no es extraño que aquellos que no saben nada de la complejidad y las sutilezas de la astrología no consigan resultados importantes cuando utilizan enfoques estadísticos.

No obstante, pese a las limitaciones del enfoque estadístico en la investigación de los fenómenos sutiles, estadísticamente se rechazan grandes cantidades de observaciones clínicas y experimentales, no sólo en astrología sino también en el campo de las artes curativas, por considerarlas «meramente anecdóticas» y por tanto una información «no fiable»:

Según los críticos de la información anecdótica, lo que le ocurre a una rata es científico y lo que le ocurre a un ser humano es sólo anecdótico. ¿Por qué? Una rata no puede contarle al médico o al científico lo que le ocurre. Su tejido corporal muerto sólo puede dar evidencia de lo que le ha ocurrido… En cambio, lo que ocurre en la mente y otros órganos perceptivos del ser humano, lo que siente, es real, y si lo que uno cuenta sobre su experiencia se considera anecdótico, entonces ese tipo de documentación ha de ser aceptable… Desacreditar la información válida como «anecdótica» es «acientífico».

Healthcare Rights Advocate, vol. II, 2° edición

El gran astrólogo y filósofo Dane Rudhyar explicó claramente el peligro que corren los astrólogos que caen en la trampa de imitar los patrones y métodos científicos en boga:

La preocupación del astrólogo actual de «elevar» la astrología al nivel aceptable de una «ciencia», por medio de la estadística y otras herramientas analíticas veneradas en nuestras oficiales «fábricas de conocimiento» (las universidades), no generará un enfoque más constructivo con respecto a los problemas con los que se enfrenta el astrólogo en su relación con los clientes. Es probable incluso que haga esa relación menos eficaz, porque ha de ser una relación de persona a persona, y la ciencia no se ocupa de casos individuales, sino de promedios estadísticos. La ciencia no se ocupa de los valores humanos, pero la gente acude al astrólogo en busca de ayuda. Inconscientemente siempre buscan ayuda, aunque conscientemente estén motivados por la curiosidad. La persona que acude al astrólogo busca ayuda como un «yo» individual y único, aunque el problema que plantee parezca un problema común; y con este «yo» es con quien debe tratar el astrólogo. Porque todos somos nuestro problema más básico, y la astrología debe ayudarnos a conocerlo objetiva y serenamente.

Astrology and the Modern Psyche, 1977, p. 182

En realidad, la filosofía y las verdades holistas de la astrología tienen una visión del mundo que es incompatible con la visión del mundo de la ciencia materialista, y cualquier persona implicada en la enseñanza, la investigación o el fomento de la astrología ha de ser precavida y no intentar conseguir una «integración» forzada sólo por lograr una aceptación ilusoria o una codiciada respetabilidad. Será mucho más fructífero el trabajar duro para clarificar las fuerzas propias de la astrología y definir después sus principios y aplicaciones. Un enfoque completamente pragmático, evaluando los resultados que se dan en la vida de las personas y en la experiencia personal, es en última instancia la única prueba que realmente importa en cualquier arte curativo, profesión asistencial o teoría o método psicológico.

El futuro de la astrología como ciencia y como profesión

¿Por qué puede considerarse la astrología como una ciencia? En general, simplemente porque comprende una serie de principios y leyes que se han ido acumulando mediante la observación, y porque se puede constatar que muchos de estos principios son fiables. El hecho de que dentro de la vasta tradición astrológica nos encontremos con ideas y teorías que no son fiables, no significa que hayamos de rechazar completamente la tradición astrológica. Todas las ciencias cambian y crecen constantemente, y las teorías aparecen y desaparecen, son rechazadas o retocadas, o abarcadas dentro de una teoría más completa; la astrología no es una excepción. Sin embargo, los principios fundamentales de la astrología, si se comprenden de manera adecuada, son muy fiables.

Concretamente, creo que la psicología astrológica de que ahora disponemos (aunque el estudiante serio tenga que buscarla con seria determinación para encontrarla) puede ser razonablemente considerada una forma de psicología cósmica. Este Manual es, de hecho, un intento de divulgar algunos de los principios y orientaciones fundamentales de esta forma cósmica de ciencia psicológica. Cuando las bases astrológicas son interpretadas con un lenguaje preciso y contemporáneo y una comprensión real de lo que significan en la psicología humana, pueden entonces describir predisposiciones individuales e iluminar el misterio de la «naturaleza humana» mucho más que las constantemente cambiantes teorías, tendencias y modas de la psicología ortodoxa.

Buena parte de la psicología moderna ha de confiar en una serie de conjeturas sobre los impulsos y las motivaciones de las personas, y por lo general lo atribuye todo a una mezcla indescifrable de hipotéticos «factores genéticos y ambientales». A menudo, las teorías resultantes son meramente la proyección del punto de vista, la experiencia y los prejuicios individuales de una persona. La astrología pinta sus imágenes de la naturaleza humana con colores mucho más variados en el vasto lienzo de los cielos. Por lo tanto, abarca una gama mucho más amplia de la potencialidad humana, y lo hace de una manera mucho más clara. Basada en las observaciones de millones de personas durante largos períodos de tiempo, la astrología puede afirmar con toda legitimidad que es una ciencia psicológica en el verdadero sentido de la palabra, cuando los fundamentos astrológicos se comprenden y se aplican de forma correcta. Y la comprensión correcta implica aceptar y reconocer honestamente el hecho de que en algunas áreas de aplicación tradicional la fiabilidad de la astrología es insuficiente.

Por último, la psicología necesita un marco cósmico para tratar con las fuerzas de energía que dan vida al hijo del cosmos que todo ser humano es. Al situar al ser humano en un marco de referencia cósmico, la astrología tiene una capacidad única para resintonizar la conciencia de una persona con su naturaleza esencial, y fomenta un autoconocimiento profundo e intenso. No conozco ninguna otra teoría o técnica que pueda iluminar la motivación humana, la calidad de la conciencia o la experiencia individual de una manera tan clara, sencilla y precisa. Si la astrología se utiliza correctamente, no necesita verse recubierta de una teoría o un lenguaje complejos; puede ser sólo una sencilla explicación de los factores cósmicos y las energías vitales que operan dentro y a través del individuo.

Si la astrología constituye en realidad una ciencia psicológica tan profunda e inigualable, el lector tal vez se pregunte entonces cómo podemos introducirla de un modo más efectivo en la sociedad, en una sociedad en la que, por lo general, la función del «astrólogo» no inspira ningún respeto, e incluso constantemente se ve ridiculizada. Actualmente, los astrólogos están condenados al ostracismo social, y muy mal remunerados económicamente, a excepción de unas pocas estrellas de los medios de comunicación que practican una astrología sensacionalista en provecho propio. He intentado abordar estas cuestiones detalladamente en The Practice and Profession of Astrology, por lo que el lector puede remitirse a dicho libro si quiere profundizar más en el tema. Hay, sin embargo, una idea nueva no mencionada en ese libro y que merece la pena comentar aquí, más que nada para estimular la discusión entre los profesionales y futuros profesionales de la astrología.

Aparte del uso personal que podamos dar a la astrología para comprendernos más a nosotros mismos y para sintonizar con el ritmo de nuestra propia vida, he creído durante muchos años que el mayor poder de la astrología y su potencial curativo se muestran cuando se utiliza como un arte orientador en una relación de persona a persona entre el astrólogo y su cliente. En mi mente no hay ninguna duda de que la precisión y la utilidad de la información astrológica son mucho mayores en una situación de diálogo que en una «lectura» en la que la persona puede o no estar presente. Me pregunto entonces si el futuro de la astrología como actividad profesional no podría incorporar el nombre de «asesor astrológico» o incluso de «astrólogo clínico». Si alguna vez se creara una especialidad profesional como esta, debería conllevar el logro de un objetivo claramente definido, unos niveles unificados y una alta calidad en la práctica. En resumen, habría que establecer un nivel de excelencia y aceptar como base de esta nueva profesión unos requisitos muy exigentes. Esto, desde luego, tardaría muchos años en conseguirse, y sus resultados serían lentos, ya que el prejuicio antiastrológico del establishment es muy poderoso. No obstante, sin una oportunidad profesional para que los astrólogos inteligentes y capaces puedan practicar su actividad como si fuera cualquier otra y ganarse la vida de una manera razonable, ¿cómo podrá la astrología atraer y conservar a las personas que pueden hacerla prosperar y crecer y que están capacitadas para ofrecer los servicios astrológicos expertos con los que el público tiene derecho a contar?