Escena XI
TEODORA, ERNESTO, SEVERO, PEPITO. La disposición de los personajes es la siguiente: Ernesto, en pie, en el centro. Teodora, en la puerta del cuarto de don Julián. Cerrándole el paso, Severo, que sale un momento después que Pepito.
PEPITO ¿Dónde vas?
TEODORA (Con desesperada ansiedad.) ¡Le quiero ver!
PEPITO ¡No es posible!
SEVERO ¡No se pasa!…
¡Esa mujer en mi casa!…
¡Pronto… arroja a esa mujer!… (A su hijo.)
¡Sin compasión!… ¡Al instante!
ERNESTO ¿Qué dice?
TEODORA ¡Yo desvarío!
SEVERO ¡Aunque tu madre, hijo mío,
se ponga de ella delante,
has de cumplir mi mandato!
¡Aunque suplique!… ¡Aunque implore!
Si llora… nada. ¡Que llore!
(A su hijo con ira reconcentrada.)
¡Lejos… lejos… o la mato!
TEODORA ¡Julián manda!…
SEVERO ¡Julián, sí!
ERNESTO ¿Su esposo?… ¡No puede ser!
TEODORA ¡Verle!…
SEVERO Pues le vas a ver,
y después… ¡huye de aquí!
PEPITO ¡Padre!… (Como queriendo oponerse.)
SEVERO Deja… (A Pepito, separándole.)
TEODORA ¡Si no es cierto!
PEPITO ¡Si es horrible!
TEODORA ¡Si no es cierto!
SEVERO ¡Ven, Teodora!… ¡Ven y mira!
(La coge por un brazo, la lleva a la puerta del cuarto de don Julián, levanta el cortinaje y señala al interior.)
TEODORA ¡Él!… ¡Julián!… ¡Mi Julián…! ¡Muerto!…
(Dice esto retrocediendo en ademán trágico y cae desplomada en el centro.)
ERNESTO ¡Padre! (Cubriéndose el rostro.)
(Pausa. Severo los contempla con mirada rencorosa.)
SEVERO (A su hijo señalando a Teodora.)
¡Arrójala!
ERNESTO (Poniéndose delante del cuerpo de Teodora.)
¡Cruel!
PEPITO ¡Señor! (Dudando.)
SEVERO (A su hijo.) Es mi voluntad.
¿Dudas?
ERNESTO ¡Piedad!
SEVERO ¡Sí, piedad!
¡La que ella tuvo con él!
(Señalando hacia dentro.)
ERNESTO ¡Ah! ¡Que mi sangre se inflama!
¡Saldré de España!
SEVERO No importa.
ERNESTO ¡Moriré!
SEVERO La vida es corta.
ERNESTO ¡Por última vez!
SEVERO No; llama. (A su hijo.)
ERNESTO ¡Qué es inocente! ¡Lo digo!
y lo juro!
PEPITO ¡Padre! (Como intercediendo.)
SEVERO (A su hijo, señalando con desprecio a Ernesto.)
¡Miente!
ERNESTO ¿Me arrojas a la corriente?
¡Pues ya no lucho, la sigo!
Qué pensará, no presiento,
(Señalando a Teodora.)
del mundo y de tus agravios,
que mudos están sus labios,
y duerme su pensamiento.
Pero lo que pienso yo
eso… ¡lo voy a decir!
SEVERO ¡Inútil no has de impedir
que yo mismo…
(Queriendo aproximarse a Teodora.)
PEPITO (Conteniéndole.) ¡Padre!…
ERNESTO ¡No! (Pausa.)
Nadie se acerque a esta mujer, es mía.
Lo quiso el mundo; yo su fallo acepto.
Él la trajo a mis brazos: ¡ven Teodora!
(Levantándola y sosteniéndola en sus brazos, en este momento o en el que el actor crea conveniente.)
¡Tú la arrojas de aquí!… Te obedecemos.
SEVERO ¡Al fin!… ¡Infame!
PEPITO ¡Miserable!
ERNESTO Todo.
¡Y ahora tenéis razón!… ¡Ahora confieso!…
¿Queréis pasión?… Pues bien: ¡pasión, delirio!
¿Queréis amor?… Pues bien: ¡amor inmenso!
¿Queréis aún más?… Pues más: ¡si no me espanto!
¡Vosotros a inventar!… ¡Yo, a recogerlo!
¡Y contadlo!… ¡Contadlo!… ¡La noticia
de la heroica ciudad llene los ecos!
Mas si alguien os pregunta quién ha sido
de esta infamia el infame medianero,
respondedle: «¡Tú mismo y lo ignorabas,
y contigo las lenguas de los necios!»
¡Ven, Teodora! La sombra de mi madre
posa en tu frente inmaculada un beso.
¡Adiós!… ¡Me pertenece! ¡Que en su día
a vosotros y a mí nos juzgue el Cielo!
(Hace el movimiento de llevarse a Teodora en brazos desafiando a todos con la mirada y el ademán. Severo y Pepito, en primer término, en la actitud que se crea conveniente.)