Escena II
PEPITO y MERCEDES.
MERCEDES (Por el fondo.)
¿Y Severo?
PEPITO No se aparta
ni un momento de su hermano.
Mucho pensé que le amaba,
pero no a tanto creí
que su cariño llegara.
¡Si sucede lo que temo!…
MERCEDES ¿Y tu tío?
PEPITO Sufre y calla.
Algunas veces, «¡Teodora!»,
dice con voz ronca y áspera;
«¡Ernesto!», dice otras veces,
y entre las manos la sábana
arruga. Después se queda
inmóvil como una estatua,
en el espacio vacío
fija tenaz la mirada
y helado sudor de muerte
su frente copioso baña.
De pronto la calentura
vigor le presta; en la cama
se incorpora; escucha atento:
dice que «ella» y «él» le aguardan;
se arroja, quiere venir,
y sólo a fuerza de lágrimas
y de súplicas, mi padre
consigue calmar sus ansias.
¿Calmar? No; ¡que por sus venas
lleva su sangre abrasada,
las iras del corazón,
del pensamiento las llamas!
Vamos, madre, que da angustia
ver la contracción amarga
de su boca; ver sus dedos
crispados como dos garras;
y aquel cabello en desorden,
y aquellas pupilas anchas,
me parece que codician
y beben desesperadas
todas las sombras que flotan
alrededor de su estancia.
MERCEDES ¿Y tu padre al verle?…
PEPITO ¡Gime
y jura tomar venganza!
Y también dice «¡Teodora!»
Y también «¡Ernesto!» clama.
¡Quiera Dios no los encuentre,
porque si los encontrara,
quién sus enojos disipa,
quién sus furores ataja!
MERCEDES Tu padre es muy bueno.
PEPITO Mucho.
Pero con un genio, ¡vaya!…
MERCEDES Eso sí, muy pocas veces,
muy pocas veces se enfada,
pero como llegue el caso…
PEPITO ¡Es un tigre de Bengala!…
salvo el respeto debido.
MERCEDES Siempre con razón sobrada.
PEPITO No sé si siempre la tiene:
pero esta vez no lo falta.
¿Y Teodora?
MERCEDES Arriba queda.
Quiso bajar… ¡y lloraba!…
¡Una Magdalena!…
PEPITO ¡Ya!
¿Arrepentida o liviana?
MERCEDES No digas eso; ¡infeliz!
¡Si es una niña!
PEPITO Que mata,
inocente y candorosa,
dulce, purísima y mansa,
a don Julián. De manera
que si vale tu palabra,
y es una niña, y tal hace
casi al borde de la infancia,
deja a los años correr
y Dios nos tenga en su gracia.
MERCEDES Ella casi no es culpable.
Tu amiguito, el de los dramas,
el poeta, el soñador
¡el infame! fue la causa
de todo.
PEPITO Si no lo niego.
MERCEDES ¿Y por dónde anda?
PEPITO ¡Pues anda!
ERNESTO Ernesto a estas horas corre
por las calles y las plazas,
huyendo de su conciencia
y sin poder evitarla.
MERCEDES ¿Pero la tiene?
PEPITO Es posible.
MERCEDES ¡Qué tristezas!
PEPITO ¡Qué desgracias!
MERCEDES ¡Qué desengaño!
PEPITO ¡Cruel!
MERCEDES ¡Qué traición!
PEPITO ¡De mano airada!
MERCEDES ¡Qué escándalo!
PEPITO ¡Sin igual!
MERCEDES ¡Pobre Julián!
PEPITO ¡Suerte aciaga!