un proceso diferente para las PAS

 

EL recuerdo de un amigo sensible del pasado

 

Cuando estaba en el instituto, conocí a un chico llamado Drake. En aquella época, era el empollón de la clase. Hoy diría que era una PAS.
Sin embargo, Drake tenía bastantes más problemas que ése. Había nacido con un defecto cardíaco congénito, con epilepsia, con un montón de alergias y con una piel muy clara que no podía tolerar la luz del sol. Incapaz de practicar deporte alguno, ni siquiera de estar al aire libre, Drake estaba totalmente marginado entre los chicos de su edad. Naturalmente, se aficionó mucho a la lectura y, para cuando llegó a la adolescencia, le
apasionaban las ideas. También le apasionaban las chicas, al igual que a la mayoría de los chicos de su edad.
Evidentemente, las chicas no querían saber nada de él. Supongo que nosotras no nos atrevíamos a agradecer sus atenciones; su necesidad de aceptación lo hacía demasiado intenso. Y, además, hubiera supuesto la muerte social de cualquiera de nosotras. Pero, de cualquier modo, él se enamoraba de una tras otra de una forma tímida y ávida, lo cual lo convertía en objeto de burla. Para algunos de sus compañeros, lo más destacable del curso era poder hacerse con alguno de los poemas de amor no correspondido de Drake, y leerlo en voz alta delante de todos.
Afortunadamente para él, se encontraba en el programa para alumnos superdotados, lo que le granjeó mayor aceptación por parte nuestra. Admirábamos sus ensayos y sus comentarios en clase, de manera que nos sentimos orgullosos de él cuando recibió una beca para una universidad de gran prestigio.
Supongo que el cambio de vida del instituto a la universidad debió de causarle más miedo que a cualquiera de nosotros. Eso supondría vivir día y noche con otros de su misma edad, con personas iguales a las que le habían hecho la vida imposible en el pasado. Evidentemente, no pudo rechazar la beca, pero, ¿qué iba a ser de él? ¿Y cómo iba a encarar tener que dejar su protector hogar y el apoyo médico?
La respuesta llegó tras las primeras vacaciones de Navidad. La misma noche en que volvió a su dormitorio en la universidad, Drake se ahorcó.

 

Las PAS y la sanación de las heridas psicológicas

 

No pretendía asustarlo con esta historia. Drake fue una persona que tuvo muchas dificultades, pero las PAS rara vez terminan así sus días.
No obstante, para que este capítulo cumpla su cometido, tiene que advertir además de confortar. Los resultados de mis investigaciones dejan claro que las PAS que se enfrentaron en su infancia y adolescencia a dificultades extremas van a afrontar un mayor riesgo de ansiedad, depresión y suicidio, mientras no reconsideren tanto su pasado como su rasgo y empiecen a curarse las heridas. Las PAS con problemas actuales graves necesitan ofrecerse también una consideración especial a sí mismas. Simplemente, las no PAS no llegan a comprender muchos de los aspectos sutiles y revulsivos de estas situaciones. Su rasgo, de por sí, no es un defecto; pero, al igual que una máquina o un instrumento afinado con precisión, o al igual que un animal bien criado de fina raza, usted necesita un trato especial. Y muchos de ustedes han recibido un cuidado mediocre o incluso perjudicial en la infancia.
En este capítulo, hablaremos de las distintas formas de tratar con los problemas del pasado y del presente, principalmente a través de la psicoterapia en un sentido amplio. También hablaremos de los pros y los contras de la psicoterapia para las PAS que no tienen problemas importantes, de los diferentes enfoques, de cómo elegir un terapeuta y aspectos relacionados. Pero comenzaré con el tema de las heridas de infancia.

 

¿Cuánto énfasis hay que poner en la infancia?

 

No creo que nuestra vida psicológica se pueda reducir a lo que nos acaeció mientras crecíamos. Está el presente (las personas que nos influyen, la salud física, el entorno) y también hay algo dentro de nosotros que nos mueve hacia delante. Como dije en el capítulo 6 acerca de la vocación, creo que todos tenemos parte de una pregunta que responder por nuestra generación, un trabajo que nos permita avanzar un poquito en nuestros tiempos. Y, aunque un pasado difícil pueda parecer en principio un obstáculo para que podamos vivir nuestro propósito existencial, hay veces en que también le presta un buen servicio a ese propósito. O, incluso, es el propósito: experimentar y comprender plenamente determinado tipo de problema humano.
Quiero resaltar también un error común de muchos psicoterapeutas, de aquellos que aún no entienden el «mecanismo» de las PAS. Naturalmente, tales terapeutas buscan algo en la infancia de una PAS que pueda explicar los «síntomas» que se dan en una escala que es normal para nosotros. Quizá piensan que la PAS se está retirando «demasiado», dando cuenta de sentimientos disociativos «sin motivo alguno», mostrando una ansiedad «excesiva» o «neurótica» y problemas «poco usuales» en el trabajo, en las relaciones íntimas o en la sexualidad. Contar con una explicación siempre supone un alivio, tanto para el terapeuta como para el cliente, aunque haya que recurrir a alguien que nos hizo algo malo que luego olvidamos o subestimamos.
Creo que las personas cuyos verdaderos problemas tienen su inicio en este rasgo (quizá malentendido o mal manejado) se alivian y mejoran rápidamente cuando descubren los detalles básicos de su sensibilidad. Es posible que aún quede mucho por hacer en terapia, como la reestructuración de experiencias y aprender a vivir con el rasgo, pero el enfoque cambia de forma natural.
También creo que las personas no saben de qué hablan cuando dicen: «¡Oh, venga! La infancia es difícil para todos. Ninguna familia es perfecta. Todo el mundo tiene un secreto vergonzante en el armario. Me parece infantil que la gente esté yendo años y años a terapia. Mira a sus hermanos. Los mismos problemas. Y, sin embargo, no se lo toman tan a pecho. Les va bien en la vida».
No todas las infancias son iguales. Hay infancias verdaderamente horribles. E incluso pueden diferir dentro de la misma familia. Los análisis estadísticos de la influencia del entorno familiar sobre niños diferentes en la misma familia no muestran superposición alguna112. Sus hermanos vivieron una infancia totalmente diferente. Ustedes tuvieron posiciones distintas dentro de la familia, diferentes experiencias tempranas e, incluso, en cierto sentido, padres diferentes, dado que los adultos cambian con las circunstancias y con la edad. Por último, usted era altamente sensible.
Los que nacieron altamente sensibles se ven más afectados por todo Además, aquel que sea el más sensible en la familia suele convertirse en el foco de atención. Y, especialmente en una familia trastornada, el sensible suele convertirse en el vidente de la familia, por ejemplo, o el armonizador, el prodigio, la diana, el mártir, el paciente, el padre, o el débil cuya protección se convierte en el objetivo vital de algún otro. Mientras tanto, la necesidad añadida del niño sensible, la de aprender a sentirse seguro en el mundo, pasa inadvertida.
En resumen, si le parece que la «misma» infancia o una infancia «buena» ha sido más dura para usted que para otros hermanos u otras personas con un pasado similar, créaselo. Y si piensa que necesita terapia para sanar sus heridas de infancia, búsquesela. Cada infancia tiene su propia historia, y merece ser escuchada.

 

Cómo sobrevivió Dan

 

Al principio, las respuestas de Dan a mis preguntas eran las típicas de una PAS, si bien parecían extremas. Se consideraba muy introvertido y experimentaba una considerable necesidad de estar solo durante mucho tiempo. Le disgustaba la violencia bajo cualquier forma. Me dijo que dirigía la oficina contable de una gran agencia caritativa, donde pensaba que era apreciado por ser amable y «diplomático». Para él, la mayoría de las situaciones sociales eran agotadoras. Pero, entonces, la entrevista volvió a su desagrado por la violencia.
Dan recordaba haber tenido frecuentes riñas con su hermano, que lo tiraba al suelo, para después golpearlo y patearlo. (El abuso entre hermanos sigue siendo una de las formas de violencia doméstica menos estudiada.)
Mientras tanto, yo me preguntaba qué otra cosa iba mal, es decir, por qué se había permitido tal intimidación en la familia. Le pregunté si su madre lo había considerado un niño sensible.
—No lo sé. No era una mujer muy atenta.
Bandera roja. Y, como si leyera mis pensamientos, prosiguió:
—Mi madre y mi padre no eran nada efusivos.
Afirmé con la cabeza.
—De hecho, eran más bien singulares. No recuerdo nada positivo de ellos. Ni abrazos ni nada de eso.
Entonces, su estoicismo se derrumbó. La historia reveló la enfermedad mental de la madre, nunca tratada.
—Depresión crónica. Esquizofrenia. Decía que la gente que aparecía en la televisión le hablaba a ella.
Alcoholismo de parranda: sobria de lunes a viernes, «bebía y se iba» de viernes noche a domingo por la mañana.
—Mi padre también era alcohólico. Él le pegaba a mi madre. La golpeaba. Siempre se perdía el control.
La madre siempre le contaba la misma historia cuando bebía, la de su propia madre, una inválida fría e introvertida; la de las personas que la cuidaron, una sucesión de criadas y niñeras; la de las enfermedades de su padre, y la de haber sido obligada a quedarse sola con él, día tras día, en su lenta agonía de muerte. (Es muy frecuente esta historia: carencia de afecto en la infancia, generación tras generación.)
—No dejaba de sollozar mientras me contaba la historia. Era una buena mujer. Ella era la sensible. Mucho más que yo.
Y sin darse un respiro:
—Pero era tan despiadada. Siempre me encontraba el talón de Aquiles. Tenía un arte increíble para eso.
(No todas las PAS son unos santos.)
Dan estaba forcejeando con la terrible ambivalencia que se desarrolla cuando la única persona que protege a un niño es a su vez peligrosa.
Dice que se escondía, siendo niño, en los armarios, bajo la tina de la bañera, en el automóvil de la familia, en determinado alféizar de una ventana. Pero, como en la mayoría de estas historias, hubo una persona que constituyó la diferencia salvadora. Dan tenía a su abuela paterna, una mujer rígida que era «fanática de la limpieza». Pero, tras la muerte de su marido, se convirtió en compañera del pequeño Dan.
—Uno de mis primeros recuerdos es el de estar con tres mujeres, todas de sesenta y tantos años, jugando a la canasta. Yo sólo tenía seis años, y apenas podía sostener las cartas. Pero ellas necesitaban un cuarto jugador y, cuando yo jugaba a la canasta, me convertía en otro adulto, y me sentía importante, y podía decirles cosas que no podía decir a nadie más.
La abuela le proporcionó la estabilidad crucial que precisa un niño altamente sensible para desarrollar estrategias de supervivencia.
Dan también tenía una magnífica capacidad de recuperación.

 

—Mi madre solía sentarse y sermonearme así: «¿Por qué te esfuerzas Unto? Nunca vas a ser nadie. No vas a tener ocasión de serlo». Y yo me empeñaba aún más en desafiarla.
ti ser altamente sensible no descarta en modo alguno ser, a su manera, un tenaz superviviente. Y eso era lo que necesitaba Dan, tal como descubrí a lo largo del resto de la historia.
A los catorce años, Dan encontró un trabajo. Dan solía acudir a un hombre con el que trabajaba porque era una persona culta que le hablaba como a un adulto.
—Yo confiaba en él, pero terminó acosándome sexualmente.
(Una vez más, no es el único caso en el que se dan abusos, ya que es la situación vital la que los hace más probables. Con la infancia que había tenido Dan, el hambre de cercanía e intimidad debió de llevarlo a no percibir las señales sutiles de peligro. Por otra parte, Dan debió de tardar en protegerse, dado que no tenía modelos de comportamiento que seguir, pues nadie se había cuidado de él.)
—De aquello aprendí una cosa —dijo Dan encogiéndose de hombros—: «Una vez pasas por eso, ya te pueden echar todo lo que quieran encima, que no te va a afectar. Pero has de pasar por eso.»
Dan se casó con su amor de la infancia, que había tenido una familia tan perturbada y caótica como la suya. Pero ellos se empeñaron en que su familia funcionara, y lo han conseguido durante veinte años. Su éxito se debe en parte al hecho de haber establecido unos límites firmes con las dos familias, la de él y la de ella.
—Ahora sé cómo cuidar de mí mismo.
Parte de lo aprendido le llegó durante los tres meses de psicoterapia que había hecho el año anterior, cuando cayó en una depresión profunda. También había leído muchos libros de psicología de la codependencia y sobre adultos hijos de alcohólicos. Sin embargo, no asistía a terapias de grupo. Al igual que muchas PAS, prefería no revelar su vida en una sala llena de extraños.
—Lo más importante fue darme permiso para hacer lo que yo necesitaba hacer, para reconocer mi sensibilidad y respetarla, para proyectar calma en el trabajo, una calma positiva y orientada a las soluciones. Pero cuidando de no buscar demasiado en el exterior como alguien o algo que no siento dentro.
Porque dentro...
—.. hay un agujero negro. Hay veces en que no encuentro ninguna razón para seguir viviendo. Me importa poco vivir o morir.

 

Luego, en el mismo tono monocorde, me dijo que tenía un amigo, un psiquiatra, alguien muy atento, y otros dos amigos orientadores. Y me dijo que era consciente de la riqueza resultante de la combinación de su sensibilidad con su experiencia vital.
—Hay cosas que me conmueven profundamente. No me gustaría perderme el intenso gozo que me generan —sonrió abiertamente—. Aunque también hay mucha soledad, y hace falta más tiempo para apreciar lo doloroso de la vida. Pero la vida está compuesta de ambas cosas. Estoy buscando una respuesta espiritual.
Así sobrevive Dan.

 

¿Y qué hay de su pasado?

 

Al final de este capítulo, tendrá ocasión de evaluar su propia infancia y de pensar acerca de lo que hubo en ella. Me gustaría repetir los hallazgos de mis investigaciones, de los que ya hablé en el capítulo 4: las PAS se ven más afectadas por una infancia turbulenta en el sentido de que, como adultos son más ansiosas y depresivas. Tenga en cuenta también que, cuanto más temprano en la vida comenzó u ocurrió el problema, y cuanto más estuvo arraigado en el comportamiento de la principal persona que cuidó de usted, normalmente su madre, más profundos y duraderos serán los efectos. Debe hacer usted acopio de una gran paciencia consigo mismo durante toda su vida. Se curará, pero a su modo y con algunas cualidades que quizá no hubiera desarrollado si no hubiera tenido esos problemas. Por ejemplo, usted será más concienzudo, más complejo, y comprenderá mejor a los demás.
No olvidemos las ventajas de ser sensible en la infancia, incluso en una familia problemática. Es probable que usted optara por la retirada y la reflexión, en lugar de implicarse plenamente. Como Dan con su abuela, quizá supiera intuitivamente hacia dónde volverse en busca de ayuda. Y puede que, como compensación, haya desarrollado unos vastos recursos internos y espirituales.
La persona más anciana a la que entrevisté pensaba incluso que las almas destinadas a una vida espiritual eligen una infancia difícil, que eso las lleva a trabajar en su vida interior mientras los demás se centran en una existencia más normal. O como lo expresó una de mis amistades: «Durante los primeros veinte años, se nos da el plan de estudios. En los veinte siguientes, lo estudiamos». ¡Y para algunos de nosotros ese plan de estudios es el equivalente a una licenciatura Oxford!
Como adultos, las PAS suelen disponer de una personalidad adecuada para el trabajo interior y la sanación. Hablando en términos generales, su aguda intuición le permite descubrir los factores ocultos más importantes. Tiene usted un acceso mayor a su propia conciencia y, por tanto, una percepción más aguda de la conciencia de los demás y de cómo se ven afectados. También puede desarrollar un buen sentido del proceso en sí: cuando tener empuje y cuando retirarse. Lo mueve a usted una gran curiosidad por la vida interior y, por encima de todo, tiene una gran integridad. Y mantiene su compromiso con el proceso de individuación, por difícil que sea enfrentarse a determinados momentos, a determinadas heridas o determinados factores.
Si es usted una de las muchas PAS que ha tenido una infancia difícil o un difícil presente, explore sus opciones.

 

Los cuatro enfoques

 

El «pastel» de los métodos de sanación se puede cortar de muchas maneras, en trozos grandes o pequeños, con autoayuda o con ayuda profesional, con terapia individual o de grupo, tratándose usted solo o tratando a toda la familia en bloque. Pero podemos cubrir el campo sirviéndonos cuatro pedazos grandes: el cognitivo-conductual, el interpersonal, el físico y el espiritual.
Algunos terapeutas utilizan los cuatro, y quizá sean los mejores. Pero pregunte cuál es su pedazo favorito personalmente, mencionando estos cuatro de forma explícita. Es una lástima perder el tiempo en terapia con alguien cuya filosofía básica no sea la que usted realmente habría preferido.

 

El enfoque cognitivo-conductual

 

La terapia breve cognitivo-conductual, dirigida a aliviar los síntomas concretos, es la más accesible a través de los seguros y los planes de atención sanitaria. Este enfoque es «cognitivo» porque trabaja sobre lo que usted piensa, y es «conductual» porque trabaja sobre el modo en que usted se comporta. Suele ignorar los sentimientos y los motivos inconscientes. Todo esto significa que es práctica, racional y clara.

 

Se le preguntará en qué quiere trabajar. Si su queja es que suele estar ansioso, se le enseñarán las últimas técnicas de relajación o de biofeedbdck * Si usted le tiene miedo a cosas concretas, se le expondrá a ellas de forma gradual hasta que supere sus miedos. Si está deprimido, se le enseñará a examinar sus creencias irracionales, como la de que «todo es inútil», «nadie te quiere», «no deberías cometer errores», etc. Sí usted insiste en estas creencias y sigue deprimido, se le enseñarán formas de detención de tales pensamientos.
Si no se implica usted en tareas concretas que podrían ayudarlo psicológicamente, como arreglarse y salir todos los días o hacer amigos, se le ayudará a marcarse metas en torno a esto. Aprenderá todas las habilidades que necesite para alcanzar esos objetivos y cómo recompensarse a sí mismo cuando lo haga.
Si tiene problemas con el estrés en el trabajo, un divorcio o problemas familiares, lo ayudarán a reestructurarlos sobre la base de realidades e ideas que le permitan hacerles frente.
Quizás estos métodos no parezcan demasiado profundos ni sofisticados, pero suelen funcionar y merece la pena probarlos. Las habilidades aprendidas serán valiosas aunque no lo resuelvan todo, y el incremento de la confianza en sí mismo que supone resolver un problema suele llevar a una mejora general en la vida.
Además de aprender estas técnicas durante la psicoterapia, también podrá descubrirlas en los libros. Pero, normalmente, es mejor disponer de un preparador atento que lo lleve paso a paso. También pueden ayudarse mutuamente usted y un amigo o amiga, pero los profesionales tienen mucha más experiencia. En concreto, suelen saber cuándo hay que saltar de un enfoque a otro.

 

El enfoque interpersonal

 

La psicoterapia de orientación interpersonal es aquella en la que la mayor parte de la gente piensa cuando se habla de «psicoterapia». Ejemplos de estas terapias son la freudiana, la junguiana, la de relaciones objétales, la Gestalt, la rogeriana o terapia centrada en el cliente, la de análisis transaccional, la existencial y la mayoría de las terapias eclécticas. Todas ellas suponen charlar y hacer uso de las relaciones entre usted y otra persona o personas, con frecuencia un terapeuta, pero a veces un grupo o un orientador.
Es probable que existan cientos de teorías y de técnicas en este ámbito, de modo que tendré que hablar en términos generales. Además, la mayoría de los terapeutas utilizan una combinación de ellas que se adapte a las necesidades del cliente. Sin embargo, los énfasis son diferentes. Algunos hacen de la relación un espacio seguro para explorarlo todo. Otros lo ven como un lugar donde proporcionarle una experiencia nueva de una antigua sujeción, una nueva imagen mental de lo que esperar en las futuras relaciones íntimas. Otros dicen que es un espacio para llorar el pasado y dejarlo ir, encontrándole significado; otros, que es un lugar para observar e intentar nuevas conductas, y otros más lo ven como un lugar para explorar su inconsciente hasta que alcance una mayor armonía con él.
Usted y su terapeuta trabajan juntos los sentimientos de usted acerca del terapeuta, de otras relaciones, de su historia personal, de sus sueños (quizá) y de cualquier otra cosa que pueda surgir. No sólo aprenderá de lo que se habla, sino que también aprenderá a llevar a cabo este tipo de trabajo interior por sí solo.
¿Inconvenientes? Uno puede hablar y hablar y no llegar a ninguna parte, si el terapeuta no está cualificado o su verdadero problema se halla en algún otro sitio. El terapeuta tiene que comprender sus propios asuntos en un alto grado. Puede llevar años repasar y trabajar sus antiguas relaciones, la relación con el terapeuta y las relaciones actuales. Pero, a veces, tiene lugar un gran progreso en muy pocos meses, como ocurrió con Dan.

 

El enfoque físico

 

Entre los enfoques físicos se incluyen el ejercicio, mejorar la nutrición o cuidar las alergias alimentarias, la digitopuntura, los suplementos de hierbas, el masaje, el taichi, el yoga, el rolfing, la bioenergética, la biodanza y, cómo no, los medicamentos, especialmente los antidepresivos y los ansiolíticos. De hecho, la mayor parte de los enfoques físicos de hoy en día suponen una medicación prescrita por un psiquiatra, tema que abordaremos en el capítulo 9.
Todo lo que se le haga al cuerpo generará un cambio en la mente.
Y eso es lo que esperamos en el caso de los fármacos diseñados específicamente para ese propósito. Pero olvidamos que el cerebro, y por tanto el pensamiento, también puede cambiar mediante el sueño, el ejercicio, la nutrición, el entorno y el estado de las hormonas sexuales, por citar unos cuantos factores que normalmente pueden estar bajo nuestro control. También es cierto que todo lo que se le haga a la mente generará un cambio en el cuerpo (la meditación, contar nuestros problemas a un amigo o, simplemente, ponerlos por escrito)113. Cada sesión de «terapia de charla» debe provocar un cambio en el cerebro. Así, no debería de sorprendemos que las tres formas de terapia de las que he hablado hasta el momento (la cognitivo-conductual, la interpersonal y la física) hayan demostrado ser igualmente eficaces en el tratamiento de la depresión114. De modo que la elección es suya.

 

El enfoque espiritual

 

En los enfoques espirituales se halla todo aquello que las personas hacen para explorar los aspectos no materiales de sí mismas y de su mundo. Los enfoques espirituales nos confortan, nos dicen que en la vida hay más cosas que las que vemos, sanan o hacen más llevaderas las heridas que recibimos del mundo, nos recuerdan que no estamos atrapados en esta situación, que hay más opciones, o que, quizás, incluso haya un orden o plan por detrás de todo, un propósito.
Además, cuando nos abrimos a un enfoque espiritual, solemos comenzar a tener experiencias que nos convencen de que, verdaderamente, hay algo más ahí que merece la pena conocer. Entonces, desearemos un enfoque espiritual de la terapia, pues cualquier otra cosa parecería que está excluyendo un importante aspecto de la vida.
Hay terapeutas cuya orientación es principalmente espiritual. Asegúrese de preguntar antes de comenzar y ver si es compatible el sendero espiritual particular de esa persona con el suyo. O puede buscar a algún miembro del clero, un director espiritual u otra persona estrechamente relacionada con su propia religión o práctica espiritual. En este caso, explore con cuidado si tienen una preparación psicológica adecuada para llevar a cabo el trabajo que van a acordar.

 

Las PAS y el enfoque cognitivo-conductual

 

En cuanto a cómo se adaptan estos cuatro enfoques a las PAS, lo que importa, evidentemente, es cómo se adaptan a usted en concreto. Pero aquí no hay mucho que decir. En determinados aspectos, probablemente todas las PAS deberían someterse a los métodos cognitivo-conductuales Como ya dijimos en el capítulo 2, las PAS se benefician del pleno desarrollo de los sistemas cerebrales que nos permiten controlar dónde situamos nuestra atención y cómo manejar los conflictos entre los sistemas de activación y detención-comprobación. Al igual que con los músculos, estos sistemas de atención son, probablemente, más fuertes de forma intrínseca en algunos. Pero todos podemos desarrollarlos, y el enfoque cognitivo-conductual es el mejor «gimnasio» de la ciudad.
Sin embargo, es un enfoque muy racional que, en términos generales, está desarrollado por no PAS, que, a veces, en su fuero interno, creen que las personas sensibles son un poco estúpidas e irracionales. Esta actitud por parte de un terapeuta o del autor de un libro puede rebajar su autoestima y elevar la activación, especialmente si usted no consigue alcanzar el nivel u objetivo que ellos le marcan. Se dará por hecho que este objetivo es «normal», pero quizá sea normal para ellos o para la mayoría de las personas, con lo que ignorarán las diferencias en el temperamento. Sin embargo, un buen terapeuta cognitivo-conductual sintonizará con las diferencias individuales así como con la importancia de la autoestima y de la confianza en sí mismo en todo trabajo psicológico.
Por otra parte, las PAS suelen preferir un enfoque más «profundo» o más intuitivo, en lugar de centrarse en los síntomas superficiales. Pero precisamente este sesgo nuestro contra lo práctico y los «pies en el suelo* puede ser un buen motivo en sí mismo para explorar este enfoque.

 

Las PAS y el enfoque interpersonal

 

La psicoterapia interpersonal atrae poderosamente a las PAS, y podemos aprender mucho de ella, pues nos permite descubrir nuestras capacidades intuitivas, nuestras profundidades; nos capacita para las relaciones íntimas; y, con algunos métodos interpersonales, logra que nuestro inconsciente se convierta en nuestro aliado, en lugar de ser una fuente de síntomas.
Los inconvenientes son que las PAS pueden quedarse demasiado tiempo en una terapia interpersonal debido a que somos muy buenos trabajando todos estos detalles. Sin embargo, un buen terapeuta insistirá en que hagamos nuestro trabajo interior solos, cuando interprete que estamos preparados. Las PAS también pueden utilizar este tipo de terapia para evitar salir al mundo, aunque un terapeuta competente no permitirá que eso ocurra.
Por último, normalmente aparece una fuerte atracción por el terapeuta con el que hacemos todas estas exploraciones (lo que se llama transferencia positiva o idealizadora). Para las PAS, eso suele ser algo especialmente fuerte, que puede hacer muy cara la permanencia en la terapia y casi imposible de afrontar.

 

Más acerca de la transferencia

 

En realidad, con cualquiera de estos enfoques puede producirse una fuerte sujeción o transferencia positiva hacia el o la terapeuta, por lo que creo que merece algún comentario más.
Las transferencias no siempre son positivas. Se cree que se trata de la transferencia de sentimientos reprimidos que tuvo usted alguna vez hacia otras personas importantes en su vida, de manera que también es posible la ira, el miedo y todo lo demás. Pero normalmente predominan los sentimientos positivos, incrementados por la gratitud hacia el terapeuta, la esperanza de ayuda y el desplazamiento de todo tipo de sentimientos sobre esta diana.
Una transferencia positiva fuerte conlleva muchas ventajas. Al querer ser como el terapeuta o resultar de su agrado, usted cambiará hasta un punto que, de otro modo, jamás se hubiera atrevido a acometer.
Al afrontar el hecho de que el terapeuta no puede ser su madre, su amante o un amigo para toda la vida, usted se enfrenta a una amarga realidad y aprende a manejarla. Al percatarse de la naturaleza de los sentimientos (esta persona parece perfecta, sería una delicia estar con él o ella), usted puede pensar adónde puede dirigir estos fuertes sentimientos de un modo más adecuado. Por último, puede ser bonito disfrutar de la ayuda y la compañía de alguien que le gusta tanto a usted.
Sin embargo, la transferencia puede ser el equivalente de un intenso amorío con una persona que no le corresponde. (Y si su terapeuta le corresponde, sería un comportamiento poco ético. Se ha equivocado usted de terapeuta y va a necesitar más ayuda profesional para poder salir de esa situación, dado que, probablemente, usted no podrá hacerlo solo) Como tal, puede ser una experiencia inesperada, indeseada y dura. Una transferencia potente afecta a su autoestima en el sentido de que puede sentirse totalmente dependiente y avergonzado. También afecta a aquellos que están cerca de usted, por la profunda sujeción que le provoca esta nueva persona. Y si la transferencia prolonga su terapia, afectará también a su bolsillo. Todo esto es algo que hay que tener en consideración, y el momento de hacerlo es antes de iniciar la terapia.
Existen muchas razones por las cuales la transferencia puede ser más fuerte en una PAS. En primer lugar, porque la transferencia es más fuerte cuando el inconsciente quiere que se hagan grandes cambios, pero el ego no puede o no quiere hacerlos. Las PAS suelen precisar de cambios muy vastos con el fin de estar más afuera, en el mundo, o menos, o con el fin de «liberarse» de su sobresocialización o la aceptación de sesgos culturales contra ellas, o simplemente para llevarse mejor con este aspecto de su personalidad. En segundo lugar, la psicoterapia contiene todos los elementos descritos en el capítulo 7 que llevan a la gente a enamorarse, y las PAS se enamoran con más intensidad. El terapeuta elegido o la terapeuta elegida deberá parecerle, obviamente, deseable, entendido/a y capaz. Le dará la sensación de que usted le gusta y usted compartirá con él o ella todo lo que temía que nadie querría escuchar o aceptar (todo aquello que usted temía, incluso temía el mero hecho de pensarlo). Y esto hace que la situación tenga altas dosis de activación.
No estoy sugiriendo en modo alguno que evite usted la terapia porque puede desarrollar una fuerte transferencia; de hecho, puede ser una señal de que aquélla es necesaria. Y en manos de un terapeuta competente, la transferencia se convertirá en la mayor de las fuerzas de cambio. Pero queda advertido de la sujeción prematura, con el primer terapeuta que se encuentre, o pasará de largo el punto donde puede recibir el máximo de beneficios de esta persona en particular.

 

Las PAS y el enfoque físico

 

Las PAS se pueden beneficiar especialmente de los enfoques físicos cuando necesitan detener una situación psicológica que amenaza con iniciar una espiral de descontrol físico y mental. Es posible que usted no pueda dormir, que se sienta cansado y deprimido, o terriblemente ansioso, o lodo a la vez. Las causas de esta espiral descendente pueden variar en gran medida. Yo he visto cómo una solución física, normalmente la medicación, trabaja en las depresiones provocadas por un virus, un fracaso laboral, la muerte de una amistad íntima o por haberse adentrado en temas dolorosos en psicoterapia. En todos los casos, tenía sentido detener la espiral físicamente, debido a que no había modo de que la persona pudiera pensar de otra manera hasta que el organismo estuviera más tranquilo.
El método más habitual es la medicación. Pero también he visto a una PAS detener la misma espiral tomándose unas vacaciones y yéndose a un lugar tropical que no conocía, olvidándose de los problemas por un tiempo. Al volver, la persona asumió los asuntos problemáticos desde una perspectiva y una fisiología más frescas. En otro caso, en vez de irse de viaje, la persona volvió de las vacaciones para detener la espiral de ansiedad; lo que necesitaba era menos estimulación. La intuición puede ser una buena guía para saber exactamente lo que necesita hacer físicamente a fin de cambiar su química mental.
Un tercer caso respondió a una cuidadosa orientación nutricional. Todos los seres humanos difieren enormemente en sus necesidades nutricionales y en los alimentos que conviene que eviten, y las PAS parecen variar aún más que el resto. Especialmente si padecemos de una activación crónica, vamos a necesitar nutrientes suplementarios justo cuando es más probable que estemos prestando poca atención a estos temas. Quizá perdamos incluso el apetito o tengamos malas digestiones, con lo que estaremos recibiendo ciertamente poco de lo que necesitamos a partir de nuestra ingesta. Un buen asesoramiento nutricional es muy importante para las PAS.
Hay un aspecto en el que parece que variamos menos, y es en lo rápido que nos venimos abajo cuando tenemos hambre. Así pues, haga comidas pequeñas pero regulares, por muy ocupado o distraído que pueda estar. Si es usted una PAS con un gran desorden en las comidas, no le quepa duda de que se encamina hacia un grave problema si no lo resuelve, y existen muchos recursos disponibles para resolverlo.
Quiero mencionar también la poderosa influencia que ejercen las fluctuaciones en los niveles de las hormonas reproductoras, las cuales, sospecho una vez más, afectan más a las PAS. Y lo mismo se puede decir de la producción de hormonas tiroideas. Todos estos sistemas están entrelazados, y afectan al cortisol y a los neurotransmisores cerebrales de forma espectacular. Una pista que indique que el problema puede ser de tipo hormonal lo constituyen los inexplicables cambios de humor por los cuales usted se siente perfectamente bien en un momento dado y un rato después todo parece desesperante e inútil. O también las oscilaciones similares que se pueden dar en la energía o la claridad mental
Sin embargo, para cualquier enfoque físico, desde los medicamentos hasta el masaje, ¡no olvide que usted es muy sensible! En la atención con medicamentos, pida que inicialmente se le prescriba la dosis mínima Elija con esmero a su cuidador corporal y háblele de antemano acerca de su sensibilidad. El solo hecho de mencionárselo le va a recordar a esta persona una buena parte de las experiencias tenidas con personas similares, y así él o ella sabrán muy bien qué hacer. (Si no fuera así, es probable que no pueda trabajar usted con esta persona.)
Sea consciente de que también pueden darse transferencias fuertes con los cuidadores corporales, al igual que con los psicoterapeutas; y esto es especialmente cierto si trabajan también sobre sus asuntos psicológicos. De hecho, esta combinación puede ser tan intensa que yo creo que suele ser poco deseable, al menos para PAS. El anhelo porque te sostengan, te conforten y te comprendan se puede explorar, y hasta cierto punto gratificar, tanto por las palabras como por el tacto. Pero recibir ambas cosas de la misma persona puede ser demasiado para tanto como usted está anhelando, y puede confundirlo y perturbarlo mucho.
Si su terapeuta trabaja tanto con sus pensamientos como con su cuerpo, sea especialmente cuidadoso en conocer las credenciales y las referencias de la persona en cuestión. Debería tener años de preparación en psicología interpersonal, no sólo en trabajo corporal.

 

Las PAS y los enfoques espirituales

 

Los enfoques espirituales suelen resultar muy atrayentes para la mayoría de las PAS. La casi totalidad de las PAS a las que entrevisté y que habían necesitado algún tipo de trabajo curativo interior habían recurrido a enfoques espirituales. Uno de los motivos de esta atracción de las PAS por lo espiritual es nuestra inclinación natural a mirar hacia dentro. Otra es que tenemos la sensación de que podríamos dominar las situaciones angustiosas si pudiéramos calmar nuestra activación viendo las cosas de otra manera (la trascendencia, el amor, la confianza). La mayoría de las prácticas espirituales tienen por objeto alcanzar precisamente este tipo de perspectiva, y muchos de nosotros hemos tenido experiencias espirituales que, ciertamente, han sido tranquilizadoras.

 

Sin embargo, existen algunos inconvenientes —o al menos peligros— en cualquier enfoque espiritual, especialmente cuando se sigue de forma exclusiva. En primer lugar, quizás estemos evitando otras lecciones, como la de aprender a llevamos bien con la gente o a comprender nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y sentimientos. En segundo lugar, también pueden darse transferencias positivas hacia líderes o movimientos espirituales, y suele ocurrir que estos líderes y movimientos no están capacitados para ayudarlo a ir más allá de esta clase de idealización excesiva. Incluso puede ocurrir que la fomenten, dado que estos sentimientos lo predisponen a usted para todo lo que ellos le puedan sugerir, sugerencias que ellos tienen por seguro que son buenas para usted. No estoy hablando sólo de «cultos». Se puede sentir el mismo tipo de idealización excesiva por un sacerdote encantador de una parroquia.
En tercer lugar, la mayoría de los senderos espirituales hablan de la necesidad de sacrificar el yo, el ego, los deseos personales de uno. Unas veces la persona tiene que abandonar el propio yo en manos de Dios, otras veces en manos del líder (lo que a menudo es más fácil, pero bastante más cuestionable). Yo creo que llega un momento en la vida en que está ciertamente bien adoptar algún tipo de sacrificio de la perspectiva del ego. Hay algo de cierto en el punto de vista oriental de que los deseos del ego son la fuente del sufrimiento y que mirar hacia atrás, a nuestros problemas personales, nos distrae del presente, de nuestra verdadera responsabilidad, y nos impide preparamos para lo que está por delante, más allá de lo personal.
Sin embargo, he visto a muchas PAS abandonar su ego demasiado pronto. No es un sacrificio difícil cuando una piensa que su ego no vale la pena, y si usted conoce a alguien que se las ha ingeniado de verdad para abandonar el ego, esa persona brilla ante usted con tal espiritualidad que no puede sino querer hacer lo mismo, pero el fulgor carismático no es una garantía. Puede reflejar, simplemente, una vida tranquila, libre de estrés y disciplinada (algo muy raro en nuestros tiempos). El fulgor de santidad quizá no deje de ser un embrollo psicológico, social y, a veces, incluso moral. Puede ser como si todo fuera muy brillante escaleras arriba, pero oscuro y descuidado en los pisos inferiores.
La verdadera redención o iluminación, en la medida en que se pueda alcanzar en este mundo, proviene de un gran esfuerzo que no elude los arduos asuntos personales. Para las PAS, quizá lo más difícil no sea renunciar al mundo, sino implicarse y sumergirse en él.
¿Es útil la psicoterapia para PAS sin problemas concretos de infancia o madurez?

 

Si no tiene usted traumas graves o heridas de infancia que curar, puede que piense que con lo aprendido en este libro no precisa de más ayuda en su vida, al menos por ahora.
Sin embargo, la psicoterapia no se ocupa sólo de resolver problemas o de aliviar síntomas. También se ocupa de ofrecer ideas y sabiduría, y de enseñarle a estrechar lazos con su inconsciente. Claro está que usted puede aprender mucho sobre el trabajo interior en otros sitios (libros, seminarios, conversaciones). Muchos terapeutas buenos, por ejemplo, escriben libros y dan cursos. Pero al tener una mente, una intuición y una vida interior tan profundas, las PAS suelen obtener mucho de la psicoterapia, pues ésta no sólo valida estas cualidades sino que también las afina aún más. Y a medida que se desarrollan estos tesoros, la psicoterapia se convierte cada vez más en un espacio sagrado. No hay nada como ese espacio.

 

Especialmente para PAS: el análisis junguiano y la psicoterapia de orientación junguiana

 

La forma de psicoterapia que yo recomiendo a la mayoría de las PAS es la terapia de orientación junguiana, o análisis junguiano, que sigue los métodos y objetivos de Cari Jung. (Sin embargo, si existen traumas de infancia con los que trabajar, hay que asegurarse de que el terapeuta junguiano esté preparado también en estas áreas.)
Jung, en su enfoque, resaltaba el inconsciente, al igual que todas las «psicologías profundas», como en los enfoques del psicoanálisis freudiano y de relaciones objetales, todos los cuales se engloban dentro de la categoría de «enfoques interpersonales». Pero el enfoque junguiano añade la dimensión espiritual, al comprender que el inconsciente está intentando llevamos a alguna parte, procurando expandir nuestra conciencia más allá de la estrecha conciencia del ego. Los mensajes nos llegan a todas horas, en forma de sueños, síntomas y comportamientos que el ego considera problemas; lo único que hay que hacer es prestar atención.
El objetivo de la terapia o análisis junguiano es, en primer lugar, proporcionar un contenedor en el que examinar, a salvo, todo el material rechazado o atemorizador. El terapeuta es como un consumado guía en el desierto. En segundo lugar, el terapeuta también le enseña al cliente a sentirse en el desierto como en casa. Los junguianos no buscan cura, sino que la persona se impliquen de por vida en el proceso de individuación a través de la comunicación con los reinos interiores.
Debido a que las PAS están en contacto tan estrecho con el inconsciente, con sueños tan vividos y con una atracción tan intensa hacia lo imaginario y lo espiritual, no van a poder florecer en tanto no sean expertas en esta faceta de sí mismas. En cierto modo, el trabajo profundo junguiano es el terreno de cultivo de la actual clase de consejeros reales.
Usted se encuentra en «análisis junguiano» en el momento en que acude a un analista junguiano, alguien que ha sido preparado en algún instituto de formación junguiana. Normalmente, los analistas son ya terapeutas competentes y están capacitados para hacer uso de cualquier enfoque que pueda parecer beneficioso; pero, obviamente, ellos prefieren el enfoque de Jung. Los analistas junguianos esperan poder trabajar con usted durante varios años, quizá dos veces a la semana, y normalmente cobran más debido a su preparación extra. También puede acudir a alguien que no sea analista, a un psicoterapeuta de orientación junguiana, pero tendrá que preguntarle qué tipo de preparación hay detrás de ese «junguiano». Los hay que han leído mucho sobre el tema, que han hecho cursos, residencias, o han afrontado un largo análisis personal; este último punto es especialmente importante.
Hay institutos junguianos de formación que ofrecen tarifas reducidas para aquellas personas que estén interesadas en acudir a alguien que todavía está aprendiendo (un «analista candidato» o «interno de psicoterapia»). Son personas que están cualificadas y tienen un gran entusiasmo; es decir, puede encontrar una ganga. El único problema es que encontrar alguien que acople con su personalidad, algo que se considera esencial en el trabajo junguiano, puede ser más difícil de conseguir.
Por otra parte, tenga cuidado con los junguianos de trasnochadas actitudes sexistas u homófobas. La mayoría de los junguianos tienen actitudes armónicas con su cultura, más que con la cultura suiza victoriana de Jung. Se los estimula para que piensen con independencia. El mismo Jung dijo en cierta ocasión: «Gracias a Dios, soy Jung y no un junguiano». Pero hay unos pocos que todavía siguen las estrechas ideas de Jung acerca del género y de las preferencias sexuales.

 

Algunas observaciones finales acerca de las PAS y la psicoterapia

 

En primer lugar, no sea complaciente y cometa el error de soportar a un terapeuta que hace de sí mismo o de sí misma el centro del proceso. El psicoterapeuta debe ser un contenedor lo bastante grande como para que usted no esté dándose golpes constantemente con su ego.
En segundo lugar, no se deje encandilar por la intensa atención personal (algo que encontrará en la mayoría de los buenos terapeutas) de las primeras sesiones. Tómese tiempo para comprometerse.
En el momento en que haya comenzado el proceso, dese cuenta de que exige un duro trabajo y que no siempre es agradable. Una fuerte transferencia es sólo un ejemplo de las fuerzas inexplicables que se desencadenan cuando le decimos a nuestro inconsciente que es libre para expresarse un poco.
A veces, la psicoterapia se hace demasiado intensa, sobreactivadora (se parece más a un caldero hirviendo que a un contenedor seguro). Si eso ocurre, usted y su terapeuta tendrán que ver cómo controlar eso. Puede que incluso usted necesite un respiro, que algunas sesiones sean más tranquilas, de apoyo, superficiales. En realidad, ese respiro puede acelerar su progreso, aunque parezca que lo está ralentizando.
En su sentido más amplio, la psicoterapia es un conjunto de senderos que llevan hacia la sabiduría y la totalidad. Si es usted una PAS con una infancia turbulenta, es casi esencial que tome ese sendero, pues el trabajo profundo puede convertirse en una especie de patio de recreo para la PAS. Mientras que los demás se sienten perdidos, nosotros nos sentimos allí como en casa. Este desierto grande y hermoso nos hace viajar por todo tipo de terrenos. Podemos acampar alegremente por un tiempo con algo valioso (libros, cursos y relaciones), nos hacemos acompañar de expertos y aficionados que vamos descubriendo a lo largo del camino... Es una magnífica tierra.
No deje que las actitudes de la sociedad lo intimiden cuando digan que su decisión es su último capricho o la conviertan en objeto de comentarios irónicos. Hay algo allí para las PAS que, muchas veces, los demás no pueden valorar plenamente.

 

• Trabaje con lo que ha aprendido •
La evaluación de las heridas de la infancia

 

Si usted sabe que su infancia fue razonablemente feliz y que no fue accidentada, puede pasar por alto esta evaluación, o puede utilizarla para darse cuenta de su buena suerte e incrementar su compasión hacia los demás. Óbviela también si ya ha trabajado todos los asuntos de su infancia hasta llegar a un satisfactorio presente.
Para el resto, una tarea como ésta puede resultar perturbadora, de modo que sáltesela si tiene la impresión de que no ha llegado el momento de meterse en tales indagaciones acerca de su historia. Por lo demás, ponga una estrella si eso ocurrió en los primeros cinco años, dos estrellas si ocurrió antes de los dos años. Si la situación se prolongó durante mucho tiempo (defina mucho tiempo del modo que le parezca a usted correcto), haga un círculo alrededor de la marca de control o de las estrellas, y haga lo mismo si le parece que el acontecimiento todavía domina su vida.
Estas pequeñas marcas de control, estrellas y círculos le proporcionarán un indicio acerca de dónde se hallan los asuntos más graves, sin tener que ponerles números.
—Sus padres estaban inquietos ante las señales de su sensibilidad y/o lo hicieron bastante mal a la hora de abordarla.
—Fue usted un niño no deseado.
—? Fue atendido por muchos cuidadores que no eran sus padres o por otros familiares cariñosos.
—Fue sobreprotegido en contra de sus deseos.
—Se le obligó a hacer cosas que temía, prescindiendo de su propio sentido de lo que estaba bien para usted.
—Sus padres pensaban que había algo básicamente defectuoso en usted, física o mentalmente.
—Fue usted dominado por un padre, una hermana, un hermano, un vecino, un compañero de clase, etc.
—Abusaron sexualmente de usted.
—Lo maltrataron físicamente.