Conclusión

Yosotros y la integración de la identidad

Hemos llegado muy lejos en esta conversación sobre la adolescencia. No puedo saber lo que sientes tú al ver que esta exploración no va a tardar mucho en terminar, pero a mí me da pena que esté acabándose y, al mismo tiempo, estoy eufórico por el territorio que hemos recorrido.

Nuestra adolescencia es una etapa de gran integración, de integración de los múltiples elementos que nos componen. Durante este importante período de la vida, la segunda docena de años, exploramos la naturaleza misma de lo que somos. Y mientras entretejemos la esencia de la adolescencia –la chispa emocional, el intenso interés social, la búsqueda de novedades y el impulso hacia la exploración creativa– con la persona en la que nos estamos convirtiendo, estamos pasando por un proceso que de ninguna manera acaba cuando cumplimos los veinticuatro años. La integración de la identidad es un viaje que dura toda la vida para definir lo que tiene valor en tu vida en el presente y en los años venideros.

Hace algún tiempo empecé a pensar acerca de la gran necesidad humana a la que nos enfrentamos en ese momento de nuestra historia de desplazar nuestro interés del «yo» al «nosotros». Creo que, como habitantes de este planeta, el mundo necesita que dejemos de preocuparnos tan solo por nosotros mismos y que, en vez de eso, empecemos a pensar en devolver algo, o regalar algo, al planeta. Creo que es nuestro deber ayudar a otras personas y proteger la Tierra. Es interesante ver que numerosos estudios secundan la idea de que cuanto más ayudamos a los demás, más sanos y felices nos volvemos.

En una conferencia que di sobre este tema, una de los estudiantes que asistía al seminario se sintió muy irritada por esta idea del «yo al otros». Me dijo que estaba trabajando mucho en los diversos aspectos de su integración personal, como encontrar la manera de entender su historial de apegos y crear la integración de sus recuerdos y un relato coherente de las primeras experiencias de su vida. Decía que no quería abandonar la búsqueda de su camino hacia la comprensión de su vida individual para desplazar su foco de atención en un «nosotros». Escuché sus preocupaciones con interés y me di cuenta de que la expresión del «yo al nosotros» tal vez implicaba algo más extremo de lo que yo estaba intentando expresar. Entonces le sugerí que pensara que esta idea era más bien desplazarse «del solo yo al también nosotros». Aunque la expresión no sonaba tan bien, por lo menos contenía la integración deseada en su núcleo, una integración que podía aceptar la importancia de nuestra vida personal individual además de nuestra vida interdependiente y conectada.

Pero entonces empecé a pensar en cómo se podría describir en una sola palabra la idea de una identidad definida por el cuerpo, un «yo», al abrirse a y a formar parte de una identidad mayor, un «nosotros». Le ofrecí a aquella joven el siguiente término, que también quiero compartir contigo:

Yosotros.

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Éste es el término que he llegado a adoptar para describir sucintamente la integración de la identidad. Abarca la idea de ir más allá de nuestra mismidad individualizada y definida por el cuerpo y de vincularnos a todos juntos como miembros de un todo más grande, de una mismidad definida por el nosotros. Yosotros, como término y como concepto, se define por el yo y el nosotros, de manera que no es necesario abandonar la importante diferenciación entre la identidad personal y una identidad interconectada. Las dos son diferentes, las dos son importantes. Conectarlas en nuestra vida es la clave que puede ayudarnos en este viaje hacia la integración de la identidad.

Pero ¿por qué necesitamos esa idea de un yosotros en el mundo?

Hay estudios que demuestran que cuanto más individualizado y aislado sea nuestro sentido del yo, menos felices somos y menos sanos estamos. Cuando definimos un yo limitado por los confines de nuestro cuerpo aprisionado por la piel, limitamos nuestro sentido de pertenencia al grupo y del significado de la vida. Sin embargo, en nuestra cultura moderna, en Internet, en nuestras vertiginosas vidas contemporáneas, hay muchas cosas que refuerzan esta visión de que la identidad es un atributo definido por el cuerpo. Hay estudios que demuestran claramente que cuando mantenemos relaciones de apoyo mutuo y ayudamos a los demás somos más felices y estamos más sanos. Las investigaciones demuestran incluso que gente que ha recibido un dinero disfruta de una felicidad más duradera cuando usa ese dinero para beneficiar a otros en vez de quedárselo para ella.

Aceptar el yosotros significa, asimismo, que experimentamos la sensación de formar partes de un todo mayor, de participar en un propósito superior en la vida que nuestro viaje personal aislado. El yosotros engloba la idea de la espiritualidad y de que la vida tiene un significado más profundo. Pero es importante destacar que estar conectado con algo más grande que nosotros mismos no significa que debamos descartar nuestro yo personal. Lo que tenemos que hacer es sencillamente expandirlo para incluir también en él una identidad interconectada. Eso es integración. Eso es yosotros.

El yosotros tiene otra faceta que es imprescindible mencionar aquí. Las personas y el planeta tienen una necesidad perentoria de atención. Cuando observamos el crecimiento de la población humana y las dificultades que este plantea en cuestión de salud, alimentación, aire y agua, y el imparable ascenso de la necesidad de medicamentos, ropa y alojamiento en la familia humana, y cuando nos damos cuenta de que otros seres vivos están sufriendo y desapareciendo a causa de lo que los humanos le estamos haciendo al planeta, somos conscientes de que hay un montón de problemas que tenemos que intentar resolver colectivamente.

Los adolescentes tienen mucho que ofrecer a nuestro mundo en relación con su empuje y su ingenio para encontrar soluciones nuevas a estos importantes problemas globales. Pero, para hacer esto, la gente joven necesita el apoyo de los mayores; tienen que sentir que se respeta el impulso de sus mentes emergentes para defenderse y descubrir caminos creativos que tal vez contribuyan a abrir nuestra mente a formas nuevas de enfrentarnos a estos tiempos convulsos.

Trabajando creativamente y en colaboración con sus comunidades y con sus familias y centros de estudios, la generación emergente podrá tener la visión para desviarse de la pura memorización de hechos y datos y crear formas más imaginativas y válidas que sirvan de estímulo a su generación y a las generaciones futuras. Seremos capaces de impulsar los cambios que necesita esta nueva era a través de la educación y del importante papel que desempeña la familia, y así el mensaje de los adolescentes pasará a nuestras colectividades y de éstas a toda la sociedad en que vivimos. Hay mucho que hacer, pero cuando pongamos nuestro ingenio al servicio de la lucha contra los complejos problemas globales como el hambre, la enfermedad y la violencia, la polución, el cambio climático y la desaparición de plantas y animales en nuestro ecosistema, lo lograremos. Colaborando en vez de intentar únicamente vencer o aniquilarnos unos a otros, prevaleceremos como sociedad humana que vive en un mundo interconectado.

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Cuando juntamos nuestras habilidades y la pasión y el conocimiento individuales en beneficio de un todo mayor, estamos maximizando nuestras oportunidades de resolver los problemas prácticos y morales del mundo. Y digo «moral» aquí porque encontrar un medio para trabajar juntos con el fin de resolver las dificultades colectivas es un imperativo moral. Compartimos el mismo aire, la misma agua, el mismo hogar, nuestro planeta Tierra. Un buen planeta es difícil de encontrar, por eso ahora tenemos que cuidar todos juntos de éste. Ha llegado el momento de encontrar una identidad nueva para hacer frente todos juntos a estos tiempos decisivos.

Para un adolescente estas ideas pueden parecer inalcanzables, lo sé. Puede que incluso le parezcan irrelevantes. Las menciono cuando estamos a punto de despedirnos porque creo firmemente que nuestra necesidad individual de sentido y de pertenencia a un grupo con el fin de sentirnos felices y satisfechos con la vida puede cumplirse con efectividad ampliando la definición de nuestra identidad. Es una victoria segura. Avanzar hacia el yosotros nos hará más felices y también le dará al mundo la oportunidad de luchar por ser más saludable. Estoy convencido de que las dificultades del mundo podrán abordarse con mayor efectividad intentando expandir nuestro sentido de la identidad más allá de un yo aislado.

Albert Einstein dijo una vez que la idea de un yo aislado era una «ilusión óptica» que conduce a todo tipo de problemas en el mundo y en la vida. Una ilusión es un engaño de los sentidos, una visión que no tiene coherencia con la realidad. Cuando nos vemos a nosotros mismos como aislados no estamos aceptando la realidad de nuestra naturaleza interdependiente e interconectada. No estamos integrando nuestra identidad con el mundo a gran escala del que formamos parte fundamental. Es muy posible que nuestros mayores retos tanto individuales como colectivos se muestren en realidad como el caos y la rigidez de esta integración deficiente, un estado creado por el sentimiento humano de identidad aislada que considera que la felicidad se alcanza mediante las propiedades materiales y que el consumo infinito es posible en este planeta de recursos limitados.

La integración de la identidad nos ayuda a recordar que debemos diferenciar nuestro yo corporal de nuestro yo interconectado, y luego nos ayuda a vincularlos. Nos recuerda que nuestra mente se nutre tanto de nuestro cuerpo y cerebro como de las relaciones con las demás personas y con nuestro planeta. ¿Por qué iba a importarle realmente a un adolescente o a un adulto integrar su identidad? Para todos nosotros, esa segunda docena de años de vida –tanto si estamos en ella ahora mismo como si estamos intentando mantener su esencia en nuestra vida– contienen las características esenciales que tal vez sean lo que necesitamos para desviar el curso de la salud del planeta hacia una dirección positiva. La integración del yosotros puede recurrir a la esencia de la adolescencia para aprovechar la chispa emocional que alimenta nuestro sentido básico de estar vivos en este viaje vital, no solo mientras somos quinceañeros sino hasta los últimos años de nuestra adolescencia y en la edad adulta. Podemos aprovechar el poder de nuestra implicación social para hacer tormentas de ideas e intentar encontrar conexiones más profundas y valiosas que sustenten y enriquezcan nuestra vida. Con el interés por la novedad podemos convertir la vida en una aventura que transforme lo corriente en extraordinario, descubriendo todos los días de nuestra vida los aspectos únicos de nuestra experiencia. Y con las exploraciones creativas que estimulan a nuestra mente inquisitiva a pensar de formas nuevas, a percibir con ojos renovados e innovar a través de contribuciones originales a los retos básicos del mundo, podemos afrontar los problemas que se presenten con una actitud de potencial, propósito y posibilidades. Es así como esta pequeña palabra, yosotros, nos permite ver el poder de la diferenciación y la vinculación. Y nos recuerda en qué dirección podemos ir todos juntos si estimulamos y prolongamos la esencia de la adolescencia a lo largo de toda nuestra vida.

E. B. White escribió: «Si el mundo fuera solo seductor, la cosa sería muy fácil. Si solo fuera difícil, no habría problema. Pero yo me despierto todas las mañanas dividido entre el deseo de mejorar el mundo y el deseo de disfrutar de él. Esto complica la planificación del día».

Mejorar el mundo es una intención encomiable, pero si lo entendemos como una obligación de «salvar» el mundo puede convertirse en algo demasiado abrumador, un objetivo totalmente inalcanzable. En cambio, tal vez podemos simplemente plantearnos servir al mundo, ayudar al planeta y a otras personas con relaciones e interacciones de una en una. El hipotético resultado de mejorar y salvar el mundo puede ser un deseo muy ambicioso, pero no se puede garantizar; el acto de servir es un objetivo que podemos abarcar, algo que es posible conseguir. El otro impulso que sintió White me parece igualmente importante. Deberíamos respetar nuestro deseo de aportar alegría a la vida y nunca debemos dejar de saborear el mundo. O sea que tal vez esta manera de abrazar los dos impulsos naturales tal vez pueda ser nuestro enfoque integrador: servir y saborear. Integrar nuestra vida consiste en diferenciar y unir estos dos objetivos que, a pesar de que en muchos sentidos están separados, contribuyen a una vida plena de disfrute y conexión, de placer y propósito. Podemos disfrutar de nosotros mismos y de los demás; podemos divertirnos y explorar la vida, el mundo y las relaciones. Podemos encontrar maneras de ayudar a los demás, de reducir el sufrimiento, de curar el planeta. Servir y saborear. El yosotros puede ayudarnos a alcanzar este equilibrio.

La poetisa Maya Angelou, parafraseando un antiguo proverbio chino, nos recuerda que no tenemos que esperar a tener todas las soluciones antes de expresarnos, antes de participar en una historia colectiva compartida de nuestra vida. «Un pájaro no canta porque tenga una respuesta, canta porque tiene una canción.» A medida que entramos en la adolescencia y más adelante, nos llega el momento de conectar con otros, de compartir las canciones de la vida mientras avanzamos juntos en este viaje del yosotros.

De adolescentes ¿cómo podemos saber que estamos teniendo éxito en el empeño de vivir nuestra vida plenamente? ¿Y cómo podemos saber los adultos que estamos protegiendo la mente emergente de la nueva generación con éxito, y también que estamos conservando en nuestra vida la esencia de la adolescencia? Un poema de Bessie Anderson Stanley arroja luz sobre lo que podría ser una adolescencia exitosa y cómo puede enriquecer el resto de nuestra vida la esencia de la adolescencia:

ÉXITO

Reír a menudo y amar mucho;

ganar el respeto de personas inteligentes y el afecto de los niños;

lograr la aprobación de críticos sinceros y soportar la traición

[de los falsos amigos;

apreciar la belleza;

ver lo mejor de los otros;

darse uno mismo;

dejar un mundo un poco mejor, bien a través de un hijo sano,

[un jardín o la solución de un problema social;

haber jugado y reído con entusiasmo y cantado con júbilo;

saber que al menos una vida ha sido mejor porque tú has vivido;

esto es haber tenido éxito.

Al llegar a nuestros últimos instantes juntos deseo toda la vitalidad y la autenticidad que ofrece la adolescencia, a aquellos que todavía están en ese período de la vida y a aquellos ya la han pasado pero tienen la oportunidad de abrazar su esencia durante el resto de la vida. Que consigas con éxito que la esencia de la adolescencia prospere a lo largo de toda tu vida. Que la chispa emocional ilumine tu vida; que la implicación social estimule la inteligencia colectiva y la acción colaborativa; que el interés por la novedad te permita aferrarte al privilegio y a la emoción de esta aventura de la vida; y que las exploraciones creativas te ayuden a imaginar y a construir el mundo de mañana en el que todos nos sentiremos orgullosos de vivir durante generaciones y generaciones. Espero que encuentres maneras de saborear y de servir, de compartir las canciones de la vida y de integrarte de formas nuevas y auténticas en la vida que te espera por delante. ¡Que lo disfrutes!