HERRAMIENTAS DE MINDSIGHT 3

Tiempo compartido y conversación reflexiva

En esta sección vamos a centrarnos en la habilidad reflexiva, que consiste en trazar mundos interiores de otros y la naturaleza de nuestra comunicación recíproca. Esta sintonización con los sentimientos, los pensamientos, los recuerdos, las creencias, las actitudes y las intenciones de los demás hace que los otros se «sientan sentidos» por ti. Y este sentimiento, esta sensación de unión, que yo llamo «tiempo compartido», es el punto de partida básico para conseguir que funcionen bien las relaciones cercanas. Al centrarnos también en cómo nos comunicamos estamos prestando atención a la calidad de la conexión que tenemos con otras personas y posibilitando que mejoren nuestras relaciones.

En los adolescentes se produce de manera natural un cambio profundo cuando se enfrentan, y se hacen adeptos, a investigar más y más facetas diferentes de la vida. Hacerte con una visión interior clara de quién eres en las conexiones con los demás es uno de los principales objetivos de esta etapa de la vida. Tal vez sea por esto por lo que la amistad es tan increíblemente importante entre los adolescentes: se convierte en un medio para la autoobservación y la invención de sí mismos.

Las relaciones en las que te sientes sentido por otra persona –cuando sientes que otra persona percibe y respeta tu mundo interior, tu mente– son las piedras angulares de la salud. Tal vez reconozcas que las conexiones con algunos de tus amigos tienen estas características y son maravillosas para tu vida. Tal vez sientas que otras relaciones rara vez son así, o peor aún, hacen que te sientas mal por lo que eres.

Cuando reflexionamos acerca de la vida interior de otros, cuando participamos en conversaciones reflexivas y sintonizamos con la mente de otra persona, más allá de sus comportamientos, nos unimos a otros y la percepción de nosotros mismos se expande. La vida resulta plena. Una sensación positiva de amor y afecto surge entre nosotros y en nuestro interior. Sentirse sentido es la experiencia fundamental para una relación segura, ya sea entre amigos, con la pareja, entre profesores y estudiantes, o padres y sus hijos, incluidos los adolescentes mayores. Es la reflexión lo que nos permite aportar a nuestra vida esa experiencia crucial de sentirse sentido.

Un método fundamental de conectar con los otros de manera integradora es lo que podemos llamar la «conversación reflexiva» o «diálogo reflexivo». Gran parte de lo que pasa en los colegios, y hasta en las atareadas vidas de muchas familias modernas, no ofrece una oportunidad a estas importantes conversaciones. Tanto si eres un adolescente como si eres adulto, contar con estas habilidades reflexivas en tu juego de herramientas para la vida es una gran adquisición. Antes que nada, vamos a examinar cómo pueden haber influido en nuestra forma de conectar con otros los patrones de relación con nuestras figuras de apego de los primeros años.

Comprender cómo nuestros modelos configuran el presente

Nuestras experiencias de apego con los padres crean un punto de partida donde aprendemos las primeras lecciones sobre cómo manejarnos con nuestras emociones, cómo reflexionar sobre nuestra vida interior y cómo tener conversaciones reflexivas con otros. En muchos sentidos, estas relaciones afectivas dan forma a la dirección inicial que tomará nuestra singladura en estos viajes. Una vez que estas lecciones tempranas han configurado las partes más profundas del cerebro, nuestros circuitos emocionales, arrancamos en nuestro periplo como adolescentes en un mundo más amplio. Reflexionar sobre esas relaciones nos puede aportar libertad, a la edad que sea, para vivir la vida que queramos en vez de vivir la vida que han elegido para nosotros.

Es conveniente para ti, como adulto o como adolescente, llegar a comprender el historial de tu vida para poder estar en tus relaciones tan plenamente presente como sea posible. Esto significa reflexionar sobre tus relaciones del pasado con el entorno de tu vida familiar y preguntarte cómo han influido esas experiencias en tu desarrollo. Saber cómo has llegado a entender quién eres y qué te ha hecho ser así no solo es importante para tu bienestar personal, sino también para saber cómo evolucionará a lo largo de tu vida la buena marcha de tus relaciones con otros, incluyendo a tus hijos presentes o futuros.

Para un individuo con un modelo de apego evitativo la dependencia de otras personas puede hacer que tenga la sensación de que es un hombre o una mujer débil. Este modelo crea un estado interior de pensamiento aislado, de ser analítico sin experimentar demasiados sentimientos. Si los adultos que nos rodean han pasado por alto nuestra vida interior –si no muestran interés o amabilidad por lo que nos está pasando– puede resultarnos muy doloroso e incluso provocar un sentimiento de vergüenza. Como en todos los modelos de apego, la vergüenza aparecen cuando no establecemos con nuestros cuidadores conexiones en las que podamos confiar. A pesar de que la vergüenza puede restringir nuestra libertad para conectar, es posible superar esa limitación sabiendo que puede ser sencillamente una respuesta emocional a las faltas de conexión del pasado.

Reflexionar sobre nuestro propio viaje nos ofrece en muchos sentidos la oportunidad de hacer la cosas de diferente manera con nuestros hijos. Sin estas conversaciones reflexivas tan importantes, cualquier persona puede sentirse sola y desconectada. Las emociones nos pueden servir de brújula en nuestro viaje por la vida –ayudándonos a saber cuándo dar un giro o, en última instancia, adónde ir. Tanto si nos desbordan en el momento de la interacción con el adolescente que vuelve a casa del colegio y se pasea por ella con gesto adusto como si somos el adolescente y nos desbordan cuando intentamos convencer a nuestros padres de que nos dejen embarcarnos en una aventura que estamos deseando vivir, las valoraciones internas de lo que es importante o no llegan de sitios de los que es posible que ni siquiera nos demos cuenta. A veces tenemos fuertes bloqueos que nos impiden ver lo que son esas emociones. Si hemos recurrido a una adaptación para bloquear sentimientos, como hace aproximadamente una quinta parte de la población con historial de evitación, eso tiene un gran impacto en cómo podemos conocer nuestro mundo interior –y los de los demás.

Para otros, los que tienen un historial de apego ambivalente, ya hemos visto que el aluvión de sentimientos de las zonas más profundas del sistema nervioso al ascender hacia el hemisferio derecho de la expresión no verbal puede crear una sensación de encontrarse sobrepasado. Si éste es tu caso, ya hemos visto que reflexionar acerca del pasado y favorecer el equilibrio con el enfoque más distante y analítico del hemisferio izquierdo de la historia vital puede ser una estrategia importante para cambiarte la vida. A veces, el sistema amplificado del apego con historial ambivalente puede hacer que las interacciones estén marcadas por una ansiedad intensa acerca de la fiabilidad de la conexión que está teniendo lugar. Tomarse el tiempo para reflexionar sobre este modelo y el hecho de que sea una adaptación a las relaciones invasivas o inconsistentes que tuviste en el pasado puede ayudar a proporcionarte el peso interno para que ahora te embarques abiertamente en conversaciones reflexivas.

Tener un historial de experiencias de apego desorganizado en el que tal vez te hayas sentido aterrado por tu figura de apego te ha dejado una tendencia a disociar, a disociar tu discurrir de pensamientos, sentimientos y recuerdos habitualmente fluidos al interactuar con otros y reflexionar interiormente. Sé paciente contigo mismo. La disociación es una consecuencia de haberte sentido aterrado, y puede ser aterradora a su vez. Escribir el diario, la reflexión y estar abierto a lo que te ocurre por dentro pueden ser puntos de partida muy convenientes para el camino hacia la curación y la conexión con los demás. Saber que el cerebro sigue cambiando a lo largo de toda la vida y que las relaciones curativas de todo tipo, incluso las que tienes contigo mismo, pueden favorecer el crecimiento de una nueva integración te proporciona una sensación de fortaleza, esperanza y dirección. Si necesitas tiempo simplemente para serenarte cuando las cosas se ponen demasiado intensas, busca la manera de pedirlo con un entendimiento mutuo de que eso es lo que necesitas cuando te embarcas en una conversación reflexiva.

En la evitación no podemos bloquear solamente un tipo de sentimiento. Cuando incomunicamos un sentimiento, generalmente los incomunicamos todos. Y con la ambivalencia y el desbordamiento de los sentimientos también nos sentimos incapaces de conectar con otros y estar plenamente presentes con ellos. Si tenemos una tendencia a fragmentar en respuesta a las interacciones intensas, a disociar con un historial de apego desorganizado, aprender a llevarnos bien con nuestro mundo emocional interior es un punto de partida interesante para abrirnos a los sentimientos de los demás. Es evidente que cada uno de estos modelos de apego inseguro tiene emociones en su centro. Y la emoción es en sí misma un proceso que se da no solo en nuestro interior, sino entre nosotros. Así que no te sorprendas si tener un modelo de apego inseguro hace que las conversaciones reflexivas te resulten difíciles. ¡No pasa nada! La clave está en la amabilidad y la paciencia. Reflexionar sobre los sentimientos en nuestro interior guía nuestras decisiones e incluso nos permite saber el significado que tienen las cosas en nuestra vida. Reflexionar sobre los sentimientos con otros nos ayuda a unir las mentes, a conectar con los demás de maneras profundamente significativas.

Las preguntas sobre la autoreflexión de la tercera parte van a ser una revisión importante para encontrar una manera de potenciar tus habilidades del tiempo interior. Cómo aprendamos a relacionarnos con nuestra vida emocional es un punto de partida crucial para adquirir un conocimiento profundo y la posibilidad de crecimiento.

EJERCICIO DE MINDSIGHT A: Reflexionar sobre cómo tus modelos de apego condicionan tus conversaciones reflexivas

Para este ejercicio debemos volver a las preguntas mindsight acerca de tus experiencias de apego de la tercera parte (páginas 191-195). Revisa el modelo o modelos de apego que hayas tenido en tu vida, ya haya sido seguro, evitativo, ambivalente o desorganizado. Puedes haber tenido uno más presente, o cualquier combinación de los cuatro. Sea la que haya sido tu combinación de modelos, te invito a plantearte cómo han influido en tu manera actual de conectar con los demás aquellas experiencias de apego y los modelos que desarrollaste en respuesta a éstas. ¿Cómo han influido esos modelos de apego en tu habilidad para estar presente para ti y para los demás? ¿Cómo influyen estos modelos en tu capacidad para sintonizar con tu propio mundo interior, o con el mundo interior de otros? ¿Tienes la experiencia de sentirte sentido? ¿Te sientes conectado con otros de una manera que posibilita que emerja en ti la sensación de confianza?

Estas reflexiones pueden ser un ejercicio importante para potenciar tu conciencia de la contribución que posiblemente estés haciendo a la calidad de comunicación con los demás. Ahora te voy a animar a que pienses que tienes el conocimiento para desempeñar un papel más vital en tus relaciones del que tal vez hayas estado teniendo en este momento. Recuerda que tus modelos de apego posiblemente hayan condicionado cómo conectas y te comunicas con los otros, ¡pero esos modelos se pueden cambiar! O sea que la gran noticia es que con tu nueva conciencia de ti mismo puedes desarrollar las herramientas necesarias para tener maneras más satisfactorias de conectar con los demás y contigo mismo.

Reflexión, integración y los orígenes de la empatía

El tiempo interior favorece la integración personal. Y el tiempo compartido cataliza la integración interpersonal. Como ya hemos visto, una de las experiencias principales durante la adolescencia es que el cerebro se vuelve más integrado. La clave está en que, mientras que estos cambios integradores parecen desarrollarse a su debido tiempo y nosotros no tenemos la capacidad de alterar de forma significativa este ritmo, lo que sí podemos, de hecho, es estimular el cerebro cuando le llega el momento de sufrir estos cambios genéticamente programados y conformados por la experiencia para que se den en una dirección de mayor riqueza integradora.

Lo que ocurre en la familia, con los amigos, en el colegio e incluso en el entorno cultural de nuestro vecindario y de una sociedad más extensa puede condicionar la forma en que se desarrolla el cerebro.

Pero ¿cómo se posibilita una integración mayor en tus relaciones con los demás?

Es posible que la reflexión no cambie la llegada del crecimiento integrador, pero sí puede cambiar la profundidad y la riqueza de dicho crecimiento.

Y lo más genial es que, como sucede con la integración personal, tanto si eres un quinceañero como si ya has cumplido los noventa años, estos ejercicios de tiempo compartido refuerzan la integración en el contexto de tus relaciones independientemente de la edad que tengas.

Cuando te das un tiempo compartido estás reflexionando sobre tu vida mental interior. Esto significa que percibes y eres consciente de las sensaciones de tu cuerpo, sientes tus sentimientos, piensas tus pensamientos, recuerdas tus recuerdos. Cualquier cosa que surja en tu experiencia subjetiva dejas que penetre en la conciencia y simplemente estás presente mientras emerge. Eso es la reflexión interior. Cuando hiciste los ejercicios de la respiración consciente y de la Rueda de la Conciencia, ya tuviste una aproximación a lo que puede ser centrar la mente en las experiencias internas subjetivas.

026.png

Ahora vamos a explorar cómo podemos reflexionar acerca del mundo interior de otros y de nuestras conexiones con ellos. Uno de los objetivos principales de tomarse un tiempo compartido es embarcarse en un diálogo reflexivo que tenga como tema la experiencia interior de todos los incluidos en la comunicación. En las conversaciones reflexivas todas las personas participantes pueden compartir lo que sienten, piensan, recuerdan, esperan, sueñan, creen o perciben. Estas conversaciones nos conectan entre nosotros de manera que nos sentimos sentidos y vistos, y, como consecuencia nos podemos sentir más auténticos y reales. Las conversaciones reflexivas le dan más sentido a la vida y nos permiten sentirnos parte de algo más grande que la percepción aislada de nuestro yo.

¿Hay algo que no se pueda decir en una conversación reflexiva? Yo creo que cualquier cosa que pertenezca al mundo interior de las personas y se exprese de manera respetuosa y amable está dentro de los límites. ¿Por qué respetuosa y amable? El respeto implica que aceptamos las diferencias entre nosotros y los demás. El respeto también significa que no alejamos de nuestro lado a las personas que son diferentes a nosotros, sino que trabajamos para aumentar la vinculación a pesar de las diferencias. Con la amabilidad respetamos y favorecemos las vulnerabilidades de unos y otros, creando un espacio seguro en el que nos podemos abrir con sinceridad. Mostrar respeto por los otros y ser amable con ellos son dos ingredientes esenciales para que funcionen las conversaciones reflexivas.

Otro aspecto importante de la conversación reflexiva es la observación de los patrones en nuestra manera de comunicarnos y de conectar con los demás. Hay estudios sobre el cerebro que demuestran claramente que la reflexión, individual o en comunicación con los otros, estimula la activación y el desarrollo de la corteza prefrontal hacia un crecimiento integrador. Cuando estudiamos los mecanismos de funcionamiento de la mencionada conciencia del autoconocimiento interior y la conciencia dirigida a los otros, descubrimos que lo que se activan son las zonas integradoras prefrontales y las áreas relacionadas, incluido el sistema de neuronas espejo que nos permiten captar los sentimientos de otros en nuestro interior y nos capacitan para identificarnos con otra persona.

Cuando sintonizamos con otra persona y dejamos que los sentimientos del otro configuren nuestras propias sensaciones internas, creamos lo que se llama «resonancia». Cuando resonamos con otro conseguimos sentir sus sentimientos al mismo tiempo que somos más conscientes de los nuestros. Esta conciencia incluye nuestras sensaciones corporales además de las emociones. Nos volvemos más conscientes de nosotros mismos. Cuando sintonizamos con la vida interior de otro podemos crear una comunicación comprensiva, una comunicación llena de empatía y cariño. Esta conexión es la esencia de una relación saludable y de apoyo mutuo basada en el respeto, la amabilidad y la compasión por ambas partes. Las conversaciones reflexivas posibilitan la unión con otros desde el interior.

Aprender a ser más reflexivo puede ayudar a cualquiera, independientemente de la edad, a desarrollar un cerebro más integrado. Para los adolescentes que atraviesan esos importantes años en los que el cerebro sufre la influencia de la experiencia para sentar los cimientos de la integración, trabajar en estas habilidades puede ser particularmente beneficioso. Aprender a relacionarse con los otros de manera significativa haciendo uso de las conversaciones reflexivas del tiempo compartido puede ayudar a los adolescentes a volverse más resistentes y flexibles a los cambios y los retos de la vida –¡y es bueno que uno se haga resistente tan temprano como sea posible! Así que ahora vamos a poner en práctica un ejercicio pensado para ayudar a los adolescentes a convertirse en conversadores reflexivos y expertos en mindsight.

EJERCICIO DE MINDSIGHT B: Conversaciones reflexivas

Piensa en una persona presente en tu vida que consideres que saca lo mejor de ti. Deja que tu conciencia se llene con la manera que tenéis de interactuar. Ahora piensa en otra persona que saca lo peor de ti. Compara los dos patrones que tienes en cada una de esas relaciones. ¿Qué papel desempeñan, o no desempeñan, las conversaciones reflexivas en cada una de ellas? En qué sentido han participado –o no han participado– el respeto a las diferencias y el cuidado de las conexiones en las relaciones con cada una de esas dos personas de tu vida.

En la primera parte de este ejercicio, busca a la persona que saca lo mejor de ti. A ver si puedes encontrar el momento para expresarle sencillamente tu gratitud por la relación que mantenéis. Puedes filtrar tu mente y hacerle saber a esa persona lo que sientes y lo que esa conexión significa para ti. Deja que la sensación positiva de conexión te llene dedicando un tiempo a empaparte de esa sensación de cercanía. El agradecimiento es un recurso muy poderoso para reforzar las experiencias positivas que tenemos en la vida. Compartir ese agradecimiento con otra persona es una manera muy eficaz de aumentar la conexión positiva interpersonal.

Ahora, imagina cómo podrías intentar mejorar tu relación con la persona que saca lo peor de ti. ¿Qué harías de forma diferente? ¿Cómo podrías comunicarte con esa persona de manera que estuviera más en sintonía con la conversación reflexiva y la integración? ¿Crees que podrías intentar poner en marcha este nuevo enfoque de vuestra relación? Para tu primer intento en este sentido, prueba a elegir a alguien con quien quizá hayas mantenido una relación estable durante mucho tiempo, una relación que en el pasado pudo estar basada en la confianza pero recientemente ha sufrido un cambio que necesita un intento de corregir la dirección. Puede haber sido un malentendido o una oportunidad perdida para conectar. Ten presente que a veces intentar tender la mano puede ser duro. Pero, a pesar de que establecer un cambio en la forma de comunicación puede ayudar, en ocasiones no da buenos resultados. Así que estate preparado aceptando la incertidumbre inherente a cualquier relación: no podemos saber con exactitud cómo va a responder la otra persona. Pero el tiempo compartido te permite centrarte en el proceso, y eso ya es un importante punto de partida. Plantéate escribir algunos de los pensamientos que se te vienen a la cabeza antes y después de hacer este ejercicio. Y recuerda, siempre puedes elegir cómo quieres que sea tu relación con los demás. Nunca es demasiado tarde para mejorar las cosas.

El papel que desempeñamos en la creación de nosotros mismos dentro de las relaciones

Todos desempeñamos un papel a la hora de establecer las características de nuestras relaciones interpersonales. Aquí tenemos un acrónimo que nos puede ayudar a recordar el papel o la parte esencial que desempeñamos en el cuidado de las relaciones con otros. Este papel supone que estamos presentes, sintonizados, resonamos y creamos confianza. Éste es el papel que ejercemos para ayudar a crear una vida mental más equilibrada para nosotros y para todos aquellos con los que conectamos.

Nuestra vida mental florecerá si nos tomamos en serio ese papel que depende de nosotros. ¡Esto no significa hacerlo de una manera rígida, sino entretenida y con intención! Cuando tratamos a los adolescentes con este respetuoso papel que interpretamos como adultos, les estamos ofreciendo una invitación que los capacita para cultivar su propia mente. Y cuando nosotros, adolescentes, tratamos a los adultos con presencia y sintonía, cuando estamos abiertos a la resonancia con lo que nos están comunicando los adultos de nuestra vida, entonces se puede establecer la confianza entre las generaciones. Es una experiencia de dos direcciones.

Formar parte de la vida de otros puede no ser fácil al principio si esto no ha sido parte de tu propia experiencia en los primeros años de vida. Aprender a estar presente en este sentido no solo ayuda a las relaciones con los demás; estudios recientes han demostrado que estar presente mejora también nuestra salud psicológica. Puede que esto suene más a ciencia ficción que a hechos científicos, pero investigaciones rigurosamente realizadas revelan que si podemos estar presentes en nuestra experiencia, si podemos tener conciencia plena de lo que está pasando tal y como está pasando, entonces mejoraremos nuestro sentido subjetivo del bienestar y potenciaremos el funcionamiento del sistema inmunológico ¡y hasta conseguiremos que nuestras células vivan más tiempo! Aprender a estar presente reduce el estrés y hasta disminuye los efectos del envejecimiento en esos remates del extremo de los cromosomas, los telómeros. Otro aspecto de estos estudios descubre sorprendentemente que aprender a estar presente no solo nos hace más sanos, sino también más felices. ¡Nuestras células nos van a agradecer que aprendamos a estar más presentes en nuestra vida!

O sea que estamos hablando de un beneficio seguro. Con la presencia no solo estarán en mejor forma nuestro cuerpo y nuestra mente, sino que además este modo de estar abierto y reflexivo ante los otros en el papel que desempeñamos en la comunicación también va a conseguir que nuestras relaciones mejoren. Cuerpo, mente y relaciones se potencian con la presencia; así es como estar presente en la vida ofrece un beneficio asegurado.

La reflexión es la clave para crear presencia y conexión.

EJERCICIO DE MINDSIGHT C: Reparar rupturas

Si tienes una discusión con un amigo o con un miembro de tu familia, puede ser de gran ayuda reflexionar sobre lo que ha pasado y luego dar el paso de intentar repararlo. En este ejercicio, reflexiona acerca de tus relaciones actuales y piensa en una en la que se haya dado una ruptura reciente. Puede haber sido sutil o intensa, pero es posible que esta desconexión entre la otra persona y tú necesite una reparación. Déjame que te guíe a través de algunas ideas básicas sobre la reparación, y te invito a que luego busques a esa persona para establecer una conversación reflexiva para volver a conectar.

Reparar una ruptura en una relación significa que das un paso hacia esa persona y reconectas con ella. Si tienes una ruptura pendiente con amigos o miembros de la familia, piensa de qué manera podrías volver a conectar con ellos. Antes de compartir tu propia experiencia, a ver si se te puede ocurrir alguna manera de entender la suya. Un método efectivo de empezar es expresar con palabras tu interés en volver a conectar; esto puede romper el hielo y poner las cosas en marcha.

A veces los padres hacemos cosas que provocan una ruptura en la conexión, por lo general cercana, que tenemos con nuestro niño o adolescente. Es nuestro deber reflexionar sobre esas rupturas y hacer los esfuerzos necesarios para reparar y reconectar después de haber pedido perdón por nuestra contribución al conflicto. Otra lección a aprender es que en ocasiones hacemos cosas que en realidad no queremos hacer. El cerebro tiene su zona superior prefrontal que nos ayuda a darnos cuenta de las cosas. Pero algunas veces las áreas límbicas inferiores, el tronco del encéfalo y las zonas corporales condicionan directamente nuestro comportamiento sin la intervención de la influencia calmante y filtrante prefrontal. Se nos puede ir la olla y perder los papeles. En la sección del Circuito Inferior de mi libro Ser padres conscientes hablo de la importancia de la ruptura y de la reparación con respecto a los niños más pequeños. Déjame que te diga que la reflexión es esencial en la reparación de rupturas con aquellos que nos importan a cualquier edad. De hecho, durante la adolescencia, dado que puede haber tantas dificultades, debería ser un tema central que mantuviera siempre abiertas las líneas de comunicación, especialmente cuando se dan las inevitables rupturas en la conexión.

Contemplar las rupturas como una oportunidad para conectar de nuevo y no solo como un peso o un problema en la vida nos puede ayudar a enfocar esos momentos difíciles como ocasiones para crear integración cuando ésta se ha roto. Me consta que con mis dos adolescentes hacer esto nos ha permitido que las conexiones permanecieran fuertes. Y a través de nuestras interacciones ellos también han aprendido a desarrollar mindsight en su propia vida. Dominar el poder de las conversaciones reflexivas nos da una herramienta básica, un medio esencial de conectar con las cosas que importan de verdad, que hacen que la forma en que nos relacionamos los unos con los otros sea profunda y auténtica.

027.png

Bueno, consiste en lo siguiente. Cuando estés listo, puedes tantear a otra persona para ver si es un buen momento para hablar con él o ella acerca de lo que está pasando. Puedes exponer que te gustaría reconectar y, cuando llegue el momento, buscar un sitio tranquilo para tener un diálogo reflexivo. Escucha lo que se dice, no juzgues. Es esencial estar abierto a la otra persona para dejar que ésta se sienta sentida y para que tú entiendas verdaderamente lo que puede estar pasando. Uno de los elementos más duros tal vez sea abandonar la idea de que tú tienes razón y de que la otra persona está equivocada. Escucha, asimila la perspectiva de la otra persona y sé consciente de que el camino de la reconexión pasa por el mutuo entendimiento. Cuando llegue el momento puedes compartir tu experiencia sin emitir juicios, utilizando el lenguaje del «yo», con frases como «Yo sentía que…» o «Yo pensaba que…», en vez de «Tú hiciste que me sintiera…» o «Tú no hiciste…». Es esencial dejar que cada uno tenga su espacio en el diálogo para expresarse y que se le escuche plenamente.

Aunque la reparación no es fácil –y una ruptura añadida puede resultar dolorosa– merece la pena intentarse. Asegúrate de tener la mente en el estado receptivo antes de empezar, para que puedas estar abierto a cualquier cosa que surja en la conversación. Las reparaciones no consisten en que uno tiene la razón y otro no, sino en dos personas que simplemente comparten sus experiencias.